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Sin margen de maniobra: por qué el shock energético global golpea más fuerte a la Argentina del ajuste libertario

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe traza tres escenarios de impacto inflacionario derivados del encarecimiento energético global. En el peor de los casos, Argentina podría sumar 2,5 puntos porcentuales adicionales a su inflación anual de 2026, una presión que se monta sobre una economía que ya acumula años de ajuste y tarifazos.

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CEPAL advierte que la guerra en Medio Oriente podría sumar hasta 2,5 puntos a la inflación argentina en 2026.

El incremento de los precios energéticos a causa del conflicto bélico en Medio Oriente podría aportar entre 0,9 y 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual de Argentina en 2026, según advirtió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en un informe reciente. La advertencia sitúa al país en un escenario de presión adicional sobre los precios internos en un contexto ya de por sí crítico, marcado por el ajuste energético acumulado desde diciembre de 2023 y los compromisos fiscales con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Tres escenarios, un mismo problema

El reporte de la CEPAL construyó su análisis sobre una metodología del banco de inversión Goldman Sachs, que pondera la participación de los productos energéticos en las canastas de consumo de cada país y asume un traspaso del 60% de las variaciones de los precios internacionales de los combustibles a los precios finales al consumidor. En ese marco, el organismo trazó tres escenarios posibles para la región y cuantificó el impacto para Argentina en particular.

En el escenario 1, que contempla una suba del 25% interanual en el precio de la energía durante 2026, el impacto sobre la inflación argentina se estima en 0,9 puntos porcentuales. El escenario 2 proyecta un aumento del 38% en los combustibles, lo que elevaría el impacto a 1,4 puntos porcentuales. El más severo, el escenario 3, prevé un alza del 67% en el precio del barril, con un efecto inflacionario de 2,5 puntos porcentuales sobre la economía argentina.

Para el conjunto de la región, el rango de impacto estimado oscila entre 0,3 y 4,6 puntos porcentuales, con diferencias significativas según la estructura de cada canasta de consumo y el grado de regulación de los precios internos de los combustibles en cada país.

El impacto sobre Argentina: más allá del número

La CEPAL subrayó que «el impacto efectivo dependerá del grado de traspaso a los precios internos así como de las medidas de mitigación implementadas, por lo que podría ser menor en aquellos países que han activado mecanismos de amortiguación fiscal o cuyo traspaso sea menor al supuesto del 60%». Sin embargo, el margen de maniobra del gobierno de Javier Milei en ese sentido es acotado: la política de eliminación de subsidios energéticos, que acumuló subas superiores al 525% en servicios y transporte desde el inicio de la gestión, deja poco espacio para amortiguar nuevos shocks externos.

El organismo también advirtió que «en los próximos meses, el impacto del aumento del precio del petróleo en la inflación dependerá de la evolución de los precios internacionales, del grado en que sus variaciones se trasladen a los precios internos de los combustibles y de los efectos de segunda ronda en aquellos productos de los cuales los combustibles son un insumo relevante». A esto se suma otro canal de transmisión: el encarecimiento del petróleo «también podría tener un impacto en la inflación a través del aumento del costo de los productos importados y de los fletes internacionales», precisó la CEPAL.

Un piso alto: el contexto que agrava la presión

La advertencia de la CEPAL no llega en el vacío. Argentina arrastra una inflación interanual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) superior al 32% según datos del INDEC de marzo de 2026, mientras que los combustibles registraron subas del 10,4% en abril último según estimaciones de consultoras privadas. El costo de la energía y el transporte, que lidera las subas acumuladas desde diciembre de 2023, configura una inercia inflacionaria que opera como piso difícil de perforar.

En ese escenario, cualquier shock externo, como el que proyecta la CEPAL en sus escenarios 2 y 3, podría neutralizar los avances registrados en la desaceleración del índice mensual y generar nuevas presiones sobre el poder adquisitivo de los sectores de ingresos fijos. El impacto sobre los salarios reales y el consumo popular sería directo e inmediato, especialmente en los rubros de transporte, calefacción y alimentos procesados, donde los combustibles funcionan como insumo transversal.

La variable geopolítica agrega una capa de incertidumbre adicional. La dinámica del conflicto en Medio Oriente, con su potencial de escalar o distenderse según la evolución de las negociaciones y los enfrentamientos militares, convierte cualquier proyección en un ejercicio de escenarios con márgenes de error considerables. Lo que la CEPAL deja en claro es que el canal de transmisión entre los precios internacionales del petróleo y la inflación doméstica argentina existe, opera y puede amplificarse según las decisiones de política interna que adopte el gobierno.

Puntos clave

  • La CEPAL estima que la suba de precios energéticos por el conflicto en Medio Oriente podría agregar entre 0,9 y 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual argentina de 2026.
  • El organismo trazó tres escenarios basados en alzas del 25%, 38% y 67% en el precio de la energía, con impactos crecientes sobre los precios internos.
  • La metodología asume un traspaso del 60% de las variaciones internacionales de combustibles a los precios al consumidor.
  • El gobierno Milei eliminó los subsidios energéticos acumulando subas superiores al 525% en servicios y transporte, lo que reduce el margen de amortiguación frente a shocks externos.
  • El impacto podría profundizarse a través de los fletes internacionales y el encarecimiento de productos importados, según advirtió la CEPAL.

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Los combustibles recaudan récord, pero los recursos siguen sin ir a las rutas

El impuesto a los combustibles se convirtió en el tributo que más recaudó en la gestión de Javier Milei, con un salto real del 240% desde noviembre de 2023. Sin embargo, un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) expuso la contradicción: mientras los ingresos para vialidad crecieron 91,2%, el gasto de la Dirección Nacional de Vialidad se desplomó 82,3% y el consumo de nafta sigue en caída.

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El Argentino Diario-Combustible-Nafta-Gasoil.
Cobran más por la nafta, pero ejecutan menos: la contradicción vial del gobierno de Milei.

El impuesto a los combustibles se disparó y se convirtió en la estrella recaudatoria de la gestión de Javier Milei, pero esa lluvia de pesos no aterriza sobre el asfalto. Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), el tributo es el que más creció desde el inicio del gobierno, en paralelo a un recorte feroz del gasto en vialidad y una caída sostenida del consumo de nafta. La paradoja no podría ser más elocuente: se cobra más que nunca, se ejecuta menos que nunca y las rutas quedan a la deriva.

Un impuesto que se triplicó

El reporte del IAG detalló que, desde el inicio de la gestión presidencial, el impuesto a los combustibles líquidos (ICL) subió 1387% en términos nominales, frente a una inflación acumulada del 329%. Descontado el efecto inflacionario, la carga impositiva sobre las naftas se disparó un 240%, lo que significa que el tributo prácticamente se triplicó. El ajuste impositivo superó con creces el índice general de inflación.

Esa escalada se nota en el surtidor. El peso de los impuestos directos en el ticket de carga pasó de representar el 8,9% del precio total en noviembre de 2023 al 20,1% en agosto de este año. Así, de los $2045 que cuesta hoy un litro de nafta súper en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, $411 corresponden puramente a impuestos. En noviembre de 2023, a precios constantes de hoy, el litro costaba $1333 y la parte tributaria era de apenas $120. El precio real del combustible en el surtidor subió un 53,4% desde el cambio de gestión.

Recaudación récord, gasto en picada

El incremento impositivo engrosó las cuentas públicas: el impuesto a los combustibles es el tributo cuya recaudación real más creció respecto de 2023, con una suba del 91% en el período de enero a agosto. Solo los Derechos de Exportación acompañaron ese crecimiento (+3,9%), favorecidos por la baja base que dejó la sequía histórica del 2023. En contraste, la recaudación de la seguridad social sufrió caídas notorias a raíz de la pérdida de puestos de trabajo.

Ahí aparece la contradicción central que el informe del IAG no dejó pasar. Pese a que Javier Milei sostuvo públicamente que «una ruta en buen estado salva tantas vidas como un auto seguro», las inversiones reales caminan en sentido opuesto. Entre enero y agosto de 2026, los ingresos reales por el impuesto de asignación específica destinado a vialidad aumentaron un 91,2% frente a 2023. En simultáneo, el gasto real devengado por la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) sufrió un recorte del 82,3%. De todos los fondos recaudados por el impuesto que le corresponden a Vialidad, la DNV ejecutó tan solo el 32,7%.

El desbalance es brutal: el gasto de Vialidad por todo concepto, incluyendo créditos externos y transferencias del Tesoro Nacional, terminó siendo incluso inferior a la suma teórica que le correspondía por la asignación específica del impuesto a los combustibles. El Estado cobra la plata, pero se niega a ponerla donde dijo que la pondría.

Consumo en caída y fronteras en llamas

Mientras la recaudación se dispara, la demanda se apaga. El consumo de nafta en los primeros siete meses de 2026 acumuló una caída del 5,26% frente al mismo período de 2023, lo que equivale a una pérdida neta de 314 millones de litros volcados al mercado local. Respecto del año pasado, el descenso en las ventas alcanza el 1,84%, según el reporte basado en estadísticas de la Secretaría de Energía.

La baja golpea a todas las provincias, aunque no con la misma intensidad. Mientras Buenos Aires y Neuquén fueron las menos afectadas, el impacto más severo se concentró en las zonas de frontera: Misiones encabezó el derrumbe con una caída del 32,48%, seguida por Formosa con una baja del 26,26%. El IAG explicó que el precio local de la nafta aumentó por encima del valor de los países vecinos, lo que anuló la conveniencia que atraía a la demanda fronteriza y provocó un desplome de las ventas.

El derrumbe tampoco discrimina por tipo de producto: frente a 2023, la nafta premium registró una caída del 7,3% en el consumo y la nafta súper una disminución del 4,5%. Menos combustible vendido, más impuestos cobrados y menos obra pública ejecutada. El gobierno de Milei logró convertir al surtidor en una caja recaudatoria, pero se olvidó de que el camino también conduce a algún lado.

Puntos clave

  • El impuesto a los combustibles líquidos subió 1387% en términos nominales y 240% en términos reales desde noviembre de 2023; el tributo se triplicó.
  • Los impuestos pasaron de representar el 8,9% al 20,1% del precio de la nafta; de los $2045 del litro de súper en CABA, $411 son tributos.
  • El impuesto a los combustibles fue el de mayor crecimiento de recaudación real respecto de 2023, con una suba del 91% entre enero y agosto.
  • Los ingresos reales para vialidad subieron 91,2%, pero el gasto de la DNV cayó 82,3% y ejecutó apenas el 32,7% de lo recaudado.
  • El consumo de nafta cayó 5,26% en los primeros siete meses de 2026; Misiones lideró el desplome con 32,48%.
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