DDHH
Censura en la exESMA: Milei sacó la imagen de Néstor Kirchner bajando el cuadro de Videla
Patovicas amenazaron a los
trabajadores del predio, mientras el gobierno busca frenar el recital de Milo J.
La Secretaría de Derechos Humanos retiró la gigantografía del expresidente en un acto de censura. Patovicas amenazaron a los trabajadores del predio, mientras el gobierno busca frenar el recital de Milo J.
Un símbolo de la memoria, censurado por el gobierno de Milei
En un nuevo ataque a las políticas de memoria, verdad y justicia, funcionarios del gobierno nacional ordenaron retirar de la exESMA la gigantografía que inmortalizaba el momento en que Néstor Kirchner ordenó bajar el cuadro del dictador Jorge Rafael Videla en el Colegio Militar.
La medida, ejecutada por la Secretaría de Derechos Humanos encabezada por Alberto Baños, fue denunciada como un acto de censura a horas del recital de Milo J, el joven artista comprometido con la defensa de los DDHH.
Las amenazas contra trabajadores
El episodio no solo incluyó la eliminación de un símbolo clave de la reconstrucción de la memoria, sino también amenazas y hostigamiento a los trabajadores del predio.
Testigos registraron cómo una decena de patovicas custodiaban la escena y amedrentaban al personal, advirtiendo que, si no quitaban la imagen, ellos mismos la destruirían.
Un ataque con un trasfondo político claro
El recital de Milo J en la exESMA, donde presentará su nuevo trabajo 166, habría sido el detonante para que el gobierno de Javier Milei avanzara con esta medida.
Desde el espacio Liberpueblo señalaron que el objetivo era que la imagen de Kirchner no fuera vista por los miles de jóvenes que asistirán al show.
Esta no es la primera vez que Milei y su gabinete atacan los espacios de memoria. Su gobierno ha impulsado un ajuste sobre los organismos de derechos humanos, desfinanciando programas y deslegitimando los juicios de lesa humanidad.
Denuncia de ATE Capital
El secretario general de ATE Capital, Daniel Catalano, denunció el hecho y advirtió que la memoria de un pueblo “no se borra ni se perdona” con este tipo de acciones.

También apuntó contra el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, a quien acusó de intentar “proscribir, despedir, ocultar y desaparecer”.
Por su parte, el exsecretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla, hijo de desaparecidos, responsabilizó directamente a Alberto Baños por esta decisión y recordó que “la historia no se borra”. Además, destacó que las políticas impulsadas por Néstor y Cristina Kirchner fueron clave para que hoy más de 1.200 genocidas estén condenados.
Hostigamiento y amenazas contra los trabajadores
El retiro de la gigantografía no fue solo un acto simbólico. Según denuncias, patovicas enviados por la Secretaría de Seguridad amenazaron a los trabajadores del predio con despedirlos si se oponían a la orden.
Desde los espacios de memoria señalaron que este hecho forma parte del vaciamiento sistemático que Milei ejecuta sobre la exESMA, desfinanciando su mantenimiento y buscando deslegitimar su rol como sitio de memoria.
La situación se torna aún más grave en un contexto donde el gobierno nacional niega los crímenes de la dictadura y funcionarios cercanos al presidente reivindican públicamente a los represores, incluso la propia vicepresidenta.
Un ataque que busca borrar la historia
El retiro de la imagen de Kirchner no es un hecho aislado, sino parte de una política más amplia de negacionismo y persecución a los organismos de derechos humanos.
A pesar de estos ataques, las organizaciones y trabajadores de la exESMA insisten en que la memoria sigue viva en la sociedad. Como advirtió Pietragalla, por más esfuerzos que haga el gobierno de Milei, “la historia no se borra”.
DDHH
«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump
Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.
Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump
El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.
El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse
Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.
La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.
El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».
Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»
El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.
La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.
El caso argentino que expuso la crisis humanitaria
Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.
La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.
El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.
La lógica del miedo y sus límites
El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.
Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.
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