Proyecto
Pullaro impulsa la baja de imputabilidad, pero a los 14 años le voló la cabeza a un amigo jugando a la ruleta rusa
El gobernador de Santa Fe sostiene que «un chico de 14 años sabe perfectamente lo que hace y tiene que pagar». Pero él mismo, a esa edad, mató a Javier Romero de un balazo en la cabeza y nunca fue investigado. Hoy empuja un proyecto que, aplicado a su caso, lo habría condenado de 10 a 25 años de prisión.
— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.
★ Maximiliano Pullaro es uno de los gobernadores más fervientes impulsores de la baja de edad de imputabilidad en Argentina. Desde su lugar como mandatario de Santa Fe, ha declarado en reiteradas oportunidades que «un chico de 14 o 15 años sabe perfectamente lo que hace» y que «el que comete un delito tiene que pagar», como arenga Patricia Bullrich, “el que las hace las paga”, sin importar su edad.
Sin embargo, la biografía del gobernador radical esconde un episodio que contradice brutalmente su postura actual: a los 14 años, Maximiliano Pullaro mató a su amigo Javier Romero, de 13 años, de un balazo en la cabeza mientras jugaban a la ruleta rusa en su casa de Hughes, provincia de Santa Fe. Nunca fue investigado, nunca fue juzgado, nunca pagó por ese crimen.
El caso que Pullaro mantiene en silencio
El 6 de septiembre de 1989, en el pueblo de Hughes, Maximiliano Pullaro tenía 14 años cuando Javier Romero murió de un disparo en la cabeza. Según la investigación publicada por Revista Anfibia en agosto de 2024, firmada por el periodista Osvaldo Aguirre, Pullaro sacó un revólver calibre 22, lo cargó con una bala y se puso a jugar a la ruleta rusa con su amigo.
Silvina Romero, hermana de Javier, relató a Anfibia los detalles de aquel día: «Fue después del almuerzo. Mi hermano estaba con un nene de su misma edad, Pedro Torres, y salieron a tomar un helado. En la heladería se encontraron con Pullaro, quien los invitó a jugar en su casa con videojuegos».
Según el testimonio de Pedro Torres, el único testigo del hecho, Pullaro «sacó un arma que estaba sobre un ropero, un revólver calibre 22, y lo cargó con una bala. Se puso a jugar a la ruleta rusa con mi hermano y gatilló varias veces hasta que salió la bala y quedó alojada en la cabeza de Javier».
Javier Romero falleció en el Sanatorio Delta de Rosario. Lo que siguió fue un encubrimiento sistemático: no hubo reconstrucción del hecho, no hubo autopsia y, lo más turbio, el certificado de defunción consignó que la muerte se produjo «por una enfermedad».
La madre de Javier, María Cristina Mighetto, firmó poco después un documento en el que renunció a ejercer derechos e iniciar acciones, en el marco de un juicio civil rápidamente cerrado entre abogados de ambas familias.
«Le dijeron a mi mamá que el juicio no iba a prosperar porque el certificado de defunción decía muerte por enfermedad y le pagaron una indemnización con la que ella hizo nueve nichos en el cementerio de Hughes, uno para mi hermano y los otros para el resto de la familia», contó Silvina Romero a Anfibia.
Amalia Granata hizo público el caso
En marzo de 2025, la diputada provincial Amalia Granata llevó el caso a la televisión durante una entrevista en el programa de Daniela Ballester en C5N, en pleno debate sobre la baja de la edad de imputabilidad.
Granata expuso la contradicción: Pullaro impulsa una ley que lo habría condenado a varios años de prisión por un hecho que él mismo cometió a los 14 años y por el que nunca rindió cuentas.
El gobernador respondió escuetamente en una entrevista con Radio EME en abril de 2025: «Son cosas que se dicen para herir» y «prefiero no responder agravios, la política debe mirar hacia adelante». O sea, nunca desmintió categóricamente el episodio.
La postura inflexible de Pullaro: «tiene que pagar»
A pesar de su historia personal, Pullaro se ha convertido en uno de los principales voceros de la mano dura contra menores que delinquen. Sus declaraciones recientes no dejan lugar a dudas.
Tras el asesinato de Jeremías Monzón en enero de 2026, Pullaro declaró: «Estoy completamente de acuerdo (con la baja). Lo vengo planteando desde que fui ministro de Seguridad. Nosotros pensamos que el que comete un delito lo tiene que pagar. Este chico tiene que pagar, no puede quedar impune lo que hizo».
En rueda de prensa del 23 de enero de 2026, el gobernador reforzó su postura: “No podemos evaluar que un chico de catorce o quince años no comprende las acciones que va a llevar adelante”. “El juzgamiento o la pena tiene que ver principalmente con el delito cometido y no con la edad de quien comete ese tipo de delito”, sostuvo Pullaro con certeza.
En entrevista con Infobae (29 de enero de 2026), Pullaro planteó: «Como ministro de Seguridad tuve el caso de un chico de 13 años que tenía en su haber cinco asesinatos. Un chico de 13 años con 5 asesinatos, ¿qué hacemos?«
Según sus propias palabras, desde hace 6 o 7 años (2018-2019, cuando era ministro de Seguridad del gobierno de Lifschitz) impulsa esta postura, aunque «fui muy criticado por todo lo que era el sistema garantista judicial y político que había en la República Argentina».
La lógica del proyecto: «el delito, no la edad»
Los impulsores de la baja de edad de imputabilidad sostienen que los menores son utilizados por bandas criminales para cometer delitos graves aprovechando la inimputabilidad que les otorga la ley actual.
El argumento central es que un menor de 14 o 15 años «comprende perfectamente» la gravedad de un homicidio, un robo con armas o una violación, y que por lo tanto debe responder penalmente por esos actos.
Los proyectos en discusión en el Congreso Nacional proponen:
- Bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años (algunos proyectos a 13)
- Juzgar según el delito cometido, no según la edad
- Establecer un régimen penal juvenil especial con penas reducidas
- Crear establecimientos especiales de detención para menores
Pablo Cococcioni, ministro de Justicia y Seguridad de Pullaro, fue más allá en enero de 2026: «Creemos que, respecto de los proyectos oficiales que están en discusión, deberíamos ir más lejos para habilitar la imputabilidad de menores, perforando el piso de los 14 años» para delitos aberrantes.
Pullaro se ha alineado políticamente con Patricia Bullrich, Javier Milei, Jorge Macri y Alfredo Cornejo en el impulso de este proyecto. El gobernador confirmó que si lo convocan al Congreso para el debate, «voy a estar presente» y va a plantear su posición.
La condena que Pullaro nunca cumplió
Si la ley que el gobernador impulsa hubiera estado vigente en 1989, Maximiliano Pullaro habría sido imputado y condenado por el homicidio de Javier Romero.
Según el análisis jurídico del caso, la carátula habría sido: Homicidio simple con dolo eventual agravado por uso de arma de fuego (Artículos 79 y 41 bis del Código Penal argentino).
El dolo eventual se configura cuando el autor se representa como posible el resultado muerte, acepta ese riesgo y actúa con total indiferencia. En el caso de la ruleta rusa, la doctrina penal argentina es unánime: constituye dolo eventual de homicidio, cuya pena en el régimen de adultos va de 10 años y 6 meses a 25 años de prisión.
Aunque en el proyecto libertario la pena probable consensuada en el régimen juvenil, según la iniciativa en discusión, establece una reducción de penas para menores: 5 a 12 años en establecimientos especiales.
Algunos juristas incluso podrían haber argumentado la figura de homicidio agravado por alevosía (Art. 80 inc. 2 CP), dado que la víctima estaba en situación de indefensión y confianza, lo que habría elevado la pena a prisión perpetua (reducida a 15-20 años en régimen juvenil).
La ironía es brutal: Pullaro impulsa una ley que, aplicada a su propio caso, lo habría condenado a varios años de prisión por un hecho que él cometió a los 14 años y por el que nunca rindió cuentas.
Mano dura con los menores, mano dura con los policías
La inflexibilidad de Pullaro no se limita a su postura sobre menores que delinquen. El gobernador también ha mostrado mano dura con los reclamos de la Policía de Santa Fe y del Servicio Penitenciario provincial, que en los últimos días protagonizaron protestas por mejoras salariales y condiciones laborales.
Agentes activos y retirados de la Brigada Motorizada y Orden Público se manifestaron este lunes y martes frente a la Casa de Gobierno en la capital santafesina y en Rosario, con cortes de tránsito y quema de cubiertas en reclamo de incrementos salariales.
La respuesta del gobierno provincial fue contundente: el ministro Pablo Cococcioni anunció que 20 policías serán pasados a disponibilidad «con retiro de arma y de chaleco antibala», acusándolos de «abandono de servicio», «acciones violentas» y vínculos con «sectores desplazados» de la policía vinculados a «delitos de corrupción gravísimos».
El abogado de los policías autoconvocados se presentó en la Casa de Gobierno sin cita previa y fue atendido por una funcionaria de segunda línea, mientras Pullaro se reunía con el gobernador. No hubo propuesta salarial concreta ni medidas específicas para atender los reclamos.
Los efectivos policiales trabajan en uno de los distritos más peligrosos de Argentina, con la tasa de homicidios más alta del país hasta hace poco tiempo. Exponen su vida a diario en las calles de Rosario, una ciudad que durante años fue devastada por el narcotráfico y la violencia armada.
Sin embargo, el gobierno de Pullaro respondió a sus reclamos con sanciones disciplinarias en lugar de diálogo, en una muestra de que la mano dura que pregona el gobernador no distingue entre delincuentes y trabajadores que exigen mejoras.
Puntos clave:
• Pullaro impulsa la baja de imputabilidad a 14 años sosteniendo que «un chico de esa edad sabe lo que hace y tiene que pagar»
• A los 14 años, Pullaro mató a su amigo Javier Romero (13) jugando a la ruleta rusa y nunca fue investigado ni juzgado
• Si la ley que impulsa hubiera estado vigente en 1989, Pullaro habría sido condenado a entre 5 y 12 años de prisión
• El caso fue documentado por Revista Anfibia en agosto de 2024 y expuesto públicamente por Amalia Granata en marzo de 2025
• Pullaro también muestra mano dura con los policías santafesinos que reclaman mejoras salariales: pasó a disponibilidad a 20 agentes sin ofrecer propuestas concretas ★
Géneros 🟣
Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.
Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”
El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.
Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.
Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia
La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

“Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.
Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.
Construir un problema inexistente
La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.
Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.
Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.
El miedo como política pública
Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:
- Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
- En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.
En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.
La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.
Convenciones internacionales vulneradas
La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.
Mencionó dos marcos normativos clave:
- Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
- Convención de Belém do Pará
Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.
Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.
Datos incómodos para el oficialismo
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.
Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.
Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad
El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:
- Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
- Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
- Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
- Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.
En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.
Una disputa de fondo: voz o silencio
Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.
Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.
Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.
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