Proyecto
Federico Sturzenegger y su primer proyecto: la “Hojarasca”
El objetivo de esta iniciativa es eliminar alrededor de un centenar de regulaciones que supuestamente quedaron “obsoletas” y que, según el nuevo ministro, “afectan los derechos de propiedad”.
El flamante titular de la cartera de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, presentó su primer proyecto denominado «Ley Hojarasca». El objetivo de esta iniciativa es eliminar alrededor de un centenar de regulaciones que supuestamente quedaron «obsoletas» y que, según el ministro, «afectan los derechos de propiedad».
Anuncio oficial y expectativas
Federico Sturzenegger anunció a última hora del viernes que presentará este proyecto en el Congreso de la Nación como parte de su plan ministerial. «La semana que viene o la otra vamos a estar yendo al Congreso, porque se retoma la agenda legislativa, y vamos a arrancar con una ley que le damos el nombre de Hojarasca», informó tras su jura en el Salón Blanco de Casa Rosada. El economista de 57 años explicó que «son varias decenas de leyes y esperamos un muy lindo debate en el Congreso».
Contexto y declaraciones
El proyecto «Ley Hojarasca» forma parte de lo que Sturzenegger describió como una «segunda agenda» en el plan del Gobierno, centrado en la «transformación del Estado». El ministro subrayó la importancia de reducir el gasto público: «Está esa famosa frase del Presidente que es ‘no hay plata’ y me parece que es importante recalcarla, porque tenemos que entender que lo que gasta el sector público es un peso que alguien paga con impuestos».
Planes y medidas complementarias
En paralelo, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el ministro de Economía, Luis Caputo, enviaron al Congreso el informe de avance sobre el Presupuesto 2025. Los cuatro ejes principales de este presupuesto serán:
- Equilibrio fiscal, desaceleración de la inflación y mejora del balance del Banco Central, incluyendo el «fortalecimiento de las reservas internacionales».
- «Acompañamiento social sin intermediaciones», con el objetivo de déficit fiscal cero y énfasis en la reducción del gasto político para priorizar el sostenimiento de ingresos de los sectores más vulnerables.
- Modernización y achicamiento del Estado coordinado desde el ministerio de Desregulación y Transformación.
- Mayor y mejor equipamiento represivo para las fuerzas de Seguridad y Defensa.
Puntos clave del proyecto “Hojarasca”:
- Federico Sturzenegger presentó el proyecto «Ley Hojarasca».
- Eliminarán alrededor de un centenar de regulaciones obsoletas.
- El objetivo es proteger los derechos de propiedad.
- La iniciativa se presentará en el Congreso la próxima semana.
- Sturzenegger resaltó la necesidad de reducir el gasto público.
- Guillermo Francos y Luis Caputo enviaron el informe del Presupuesto 2025 al Congreso.
- Los ejes del presupuesto incluyen equilibrio fiscal, modernización del Estado y equipamiento de Seguridad y Defensa.
Géneros 🟣
Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.
Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”
El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.
Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.
Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia
La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

“Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.
Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.
Construir un problema inexistente
La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.
Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.
Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.
El miedo como política pública
Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:
- Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
- En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.
En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.
La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.
Convenciones internacionales vulneradas
La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.
Mencionó dos marcos normativos clave:
- Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
- Convención de Belém do Pará
Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.
Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.
Datos incómodos para el oficialismo
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.
Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.
Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad
El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:
- Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
- Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
- Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
- Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.
En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.
Una disputa de fondo: voz o silencio
Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.
Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.
Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.
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