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Consejos para mejorar la eficacia de los barbijos caseros contra el coronavirus

Recomiendan hacerlos con dos o tres capas y un ajuste que permita que el aire ingrese siempre a través de la mascarilla para mejorar su eficacia.

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Recomiendan hacerlos con dos o tres capas y un ajuste que permita que el aire ingrese siempre a través de la mascarilla para mejorar su eficacia.

Por Natalia Concina

Desde hace más diez meses el uso del barbijo casero es parte de la vida cotidiana, sin embargo su confección sigue generando dudas y por eso los especialistas recomiendan hacerlos con dos o tres capas y un ajuste que permita que el aire ingrese siempre a través de la mascarilla para mejorar su eficacia.

El debate en relación a la calidad de los barbijos (o mascarillas) se reavivó estas semanas a partir de que Austria y Alemania prohibieron el uso de barbijos caseros en espacios públicos y, en su defecto, indicaron el uso de quirúrgicos o FFP2 (similar al N95), en tanto que Francia emitió una recomendación en el mismo sentido.

«Si las mascarillas tipo FFP2/N95 son las mejores, ¿por qué no las usamos todos y dejamos de complicarnos la vida buscando alternativas?. La respuesta es sencilla: porque no hay mascarillas de ese tipo para todos. Ni las había en marzo, ni las hay ahora, ni las habrá en mucho tiempo», indicó la española María Tapia, doctora en Bioquímica y Biología Molecular y una de las investigadoras que siguió con atención el tema de barbijos.

En diálogo con Télam, Tapia señaló que «hay varias formas de mejorar la eficacia de una mascarilla de tela: con un tejido más tupido y con más capas» en tanto que alertó que «el ajuste es al menos tan importante como el material».

«Una mascarilla de tela bien diseñada debe tener una tela resistente al agua, múltiples capas (al menos dos o tres) y un buen ajuste facial. Es imprescindible incluir un material flexible para ajustarla al caballete de la nariz. También es importante que las puntadas y las costuras sean ajustadas y herméticas», brindó como primeros consejos en su página https://mariaitapia.medium.com/.

Por su parte, las y los investigadores de Conicet que desarrollaron la tecnología de los barbijos Atomp-Protect (con componentes antivirales, fungicidas y antibacterianos) Roberto Candal, Silvia Goyanes, Griselda Polla y Ana María Llois explicaron a Télam que «desde el punto de vista de la filtración, depende del tipo de tela que se use para la fabricación de un barbijo; por ejemplo, las telas no tejidas de materiales como el polipropileno, generalmente tienen una mayor eficiencia de filtración que las telas tejidas».

Y continuaron: «Algunos autores sugieren combinar diferentes telas para mejorar la filtración. Por ejemplo, la combinación de telas sintéticas (idealmente no tejidas) o seda con telas de algodón mejora la capacidad filtrante pero la mejora dura hasta que se descarga la tela sintética o la seda, perdiendo el efecto electrostático».

Además añadieron que «más capas de la misma tela podrían mejorar la capacidad de filtración, pero por otro lado si se ponen muchas capas se hace difícil la respiración. Esto es importante porque un barbijo que afecta mucho la respiración resulta incómodo y el usuario se ve impulsado a acomodarlo con las manos o, directamente, se lo quita. Por eso los barbijos sociales deben cumplir con requisitos de respirabilidad».

En el mismo sentido, Tapia recordó que «si las mascarillas impiden directamente el paso del aire, éste se irá por arriba, abajo o los costados porque el aire siempre busca salir o ingresar donde encuentra menos resistencia por lo que puede ser contraproducente».

Los materiales de confección

A la hora de describir materiales filtrantes, la investigadora española describió que recientemente se compararon 44 barbijos de distintos materiales: «Los mejores fueron los diseñados para filtrar aerosoles (mascarillas médicas y bolsas de aspiradora) y los textiles esponjosos, como, por ejemplo, la felpa, el vellón o forro polar, el fieltro, el algodón con el que se fabrican las vendas y el terciopelo. La muselina de algodón y la microfibra también eran aceptables», contó.

Para medir qué capacidad de filtro tiene un barbijo caseros, Tapia describió una técnica sencilla: llenar una botella con pulverizador con agua de la canilla, sostener el barbijo 8 a 10 centímetros de distancia de un espejo (sin que lo toque) y rociar una vez: «Si el espejo se humedece mucho, el tejido no es adecuado», indicó.

El ajuste es importante

En relación al ajuste, el aire sólo debería pasar a través del barbijo y para lograr eso se pueden utilizar diferentes accesorios como una banda de goma que permita la adherencia completa a la cara o la colocación de una media de nylon sobre el barbijo que por un lado añade una capa de un material electrostático y por el otro mejora la adherencia.

Los barbijos que no están recomendados son aquellos de materiales claramente porosos, como pueden ser los tejidos al crochet, o los que tienen válvulas porque permiten la salida de los aerosoles.

Recomendación de la OMS

Según la Organización Mundial de la Salud, los barbijos caseros deben contener tres capas: una capa interna de material absorbente, como el algodón; una capa intermedia de material no absorbente y que no esté tejido, como el polipropileno, y una capa exterior de material no absorbente, como el poliéster o una mezcla que contenga poliéster.

Cualquiera sea la tela, Candal, Goyanes, Polla y Llois explicaron que «además de cubrir completamente la nariz y la boca los barbijos no debe tocarse ni acomodarse con las manos y si por algún motivo eso sucede (para acomodarlos o removerlo), inmediatamente hay que lavarse o aplicarse alcohol al 70% o alcohol en gel».

«En general el barbijo de tela conviene ser renovado cada cuatro horas y debe ser lavado luego de su uso», señalaron los investigadores argentinos, aunque en el caso de los diseñados por ellos, al tener propiedades autosanitizantes puede lavarse con menos frecuencia.

Si bien al comienzo de la pandemia se pensaba que los barbijos caseros sólo se utilizaban para que el usuario no propague sus gotas o aerosoles, en la actualidad algunos grupos de investigación, como el liderado por la norteamericana Linsey Marr, sostienen la hipótesis de que los barbijos (aún los de tela) -cuando reúnen los requisitos adecuados de materiales y ajuste- «podrían reducir el tamaño del incóculo viral al que están expuestas las personas», y por tanto servir como protección.

El uso de barbijo es sólo una de las herramientas de prevención para el coronavirus que se debe complementar con distancia social a más de dos metros, ventilación de ambientes, lavado frecuente de manos, evitar aglomeraciones y reuniones en espacios cerrados.

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Tos convulsa: 14 bebés muertos por el ajuste de Milei

El brote de tos convulsa que azota al país desde 2025 ya se cobró 14 vidas de menores de dos años, mientras el Gobierno nacional recorta fondos para vacunas y las provincias denuncian falta de dosis.

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#Vacunas que no llegan, bebés que mueren: costo del ajuste de Milei

Tres nuevos bebés de menos de dos meses murieron por tos convulsa o coqueluche en lo que va de 2026, según informó el Ministerio de Salud de la Nación, a cargo de Mario Lugones.

Con estas tres muertes, el total de fallecidos asciende a 14 desde que comenzó el aumento de casos en 2025, todos ellos menores de dos años. El Boletín Epidemiológico Nacional señala a la baja cobertura de vacunación como el factor determinante en una enfermedad que, vale recordarlo, es prevenible.

Un brote que supera todos los registros desde 2019

En las primeras 16 semanas de 2026 se notificaron 1.174 casos con sospecha de coqueluche, de los cuales 274 fueron confirmados. El propio documento oficial del Ministerio de Salud advierte que estas cifras «superan las registradas para el mismo período desde 2019, en línea con el ascenso observado durante 2025».

El mayor número de casos se concentró en el grupo de 0 a 5 años, con predominio en menores de 1 año, que representaron el 39,4% de los confirmados en el período analizado, especialmente en el subgrupo de menores de 6 meses, la población más vulnerable ante esta enfermedad.

Ninguno de los bebés en edad de vacunarse tenía sus dosis

Los datos del Boletín Epidemiológico son tan elocuentes como demoledores: ninguno de los cinco bebés fallecidos que ya tenían edad para ser inoculados contaba con registro de vacunación. De los siete menores de dos meses que aún no podían recibir su primera dosis, apenas dos madres registraban vacunación durante el embarazo. De otros dos casos no existen datos específicos en el Boletín.

De coberturas cercanas al 90% al derrumbe pospandemia

La caída no es nueva, pero se aceleró. Entre 2012 y 2016, las coberturas de vacunación en lactantes de 6 meses se mantuvieron cerca del 90%, mientras que en niños de 15-18 meses rondaban el 80%, y en embarazadas se acercaban al 70%.

A partir de allí comenzó el descenso, que se acentuó con la pandemia de COVID-19 y nunca se recuperó. En lo que va de 2026, los números son críticos: menos del 25% de cobertura en bebés, menos del 20% en niños de 5 y 11 años, y apenas el 25,5% en embarazadas. Las provincias, en tanto, denuncian falta y escasez de dosis tanto de vacunas de calendario como de campañas estacionales, incluyendo la antigripal.

«De a poquito se fueron sacando vacunas»

María Victoria Juárez, especialista en vacunas y ex trabajadora de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (DiCEI), fue contundente al describir el cuadro general: «Ahora tenemos brotes de tos convulsa, de hepatitis A, de sarampión, un caso de tétanos en una nena de 5 años sin vacuna (…) Nos decían ‘no vamos a sacar ninguna vacuna’. Bueno, por ejemplo, fiebre amarilla ya no hay para viajeros. Vacuna covid: menores de 12 ya no tienen porque no se compra más. De a poquito se fueron sacando vacunas. La falta de vacunas en tiempo y forma genera poblaciones susceptibles: los estamos dejando más en riesgo.»

Ajuste presupuestario en pleno brote: $63 mil millones menos para Salud

La fotografía sanitaria no puede leerse sin su contexto político. En las últimas horas, el Gobierno nacional formalizó una reestructuración del Presupuesto 2026 que recortó $63.021.299.401 en Salud Pública, con impacto directo en programas de medicamentos, tratamientos oncológicos y organismos sanitarios estratégicos.

El nuevo ajuste implica, entre otros recortes, $500 millones menos para vacunas, en pleno desarrollo de un brote que ya acumula 14 muertes infantiles. La motosierra de Javier Milei no discrimina: recorta vacunas con el mismo automatismo con que recorta universidades, obra pública y programas sociales.

La tensión es insostenible: el gobierno de Milei se retira del sistema de salud pública en el preciso momento en que la población más vulnerable, los bebés, paga con su vida las consecuencias de esa ausencia.

Lo que tienes que saber del abandono del Estado

  • 14 bebés menores de dos años murieron por coqueluche desde que comenzó el brote en 2025, tres de ellos en 2026.
  • En las primeras 16 semanas de 2026 se confirmaron 274 casos, cifra que supera todos los registros del mismo período desde 2019.
  • Ninguno de los cinco bebés fallecidos en edad de vacunarse tenía sus dosis al día.
  • Las coberturas actuales de vacunación son inferiores al 25% en bebés y al 25,5% en embarazadas.
  • El Gobierno recortó $63 mil millones en Salud Pública en 2026, incluyendo $500 millones específicamente en vacunas.
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