Legislativo
Monteoliva profundiza el cerco a la prensa: armó un “corralito” para periodistas en el Congreso
Con el argumento de proteger la integridad física de los trabajadores de prensa, la cartera de Seguridad fijó zonas de exclusión y emitió recomendaciones que condicionan la cobertura periodística durante el debate de la reforma laboral. Las medidas se implementan tras el caso Grillo y con la amenaza de aplicar la ley antiterrorista.
— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.
★ El Ministerio de Seguridad de la Nación difundió este martes 17 de febrero un protocolo de restricciones para periodistas que cubran las jornadas de protesta frente al Congreso durante el debate de la reforma laboral. A través de su cuenta oficial en la red social X, la cartera conducida por Alejandra Monteoliva estableció que durante los días 18, 19 y 20 de febrero el personal de prensa deberá ajustarse a un perímetro específico y advirtió que las fuerzas de seguridad actuarán conforme al protocolo vigente ante cualquier episodio de violencia.
El comunicado oficial señaló que «estas medidas permiten resguardar la integridad de los periodistas y el buen desarrollo del operativo», al tiempo que solicitó respetarlas. Sin embargo, este tipo de disposiciones suele ser cuestionado por organizaciones de trabajadores de prensa como una limitación a la libertad de movimiento necesaria para registrar el accionar policial en manifestaciones sociales.
Zona delimitada para móviles y trabajadores de prensa
El documento oficial dispuso la creación de una zona exclusiva para el estacionamiento de móviles periodísticos ubicada sobre la avenida Hipólito Yrigoyen al 1700, lado par. Según la cartera de seguridad, este emplazamiento tiene como objetivo preservar la integridad física de periodistas, camarógrafos y personal de apoyo durante las tres jornadas.
La resolución ministerial recomendó explícitamente evitar posicionarse entre eventuales focos de violencia y el personal de las fuerzas de seguridad afectado al operativo, con la intención de reducir situaciones de riesgo en el marco de la cobertura periodística. Esta directiva, presentada como una forma de prevenir exposiciones directas a hechos violentos, genera interrogantes sobre qué considera el ministerio como «foco de violencia» y quién determina esa calificación en tiempo real.
Contexto de tensión y antecedentes represivos
Las medidas se implementan en un momento de fuerte tensión política por el tratamiento de la reforma laboral, donde se prevé una masiva movilización y un despliegue policial de gran escala en los alrededores del Palacio Legislativo. La gestión de Monteoliva adelantó que denunciará por «terrorismo» (invocando la Ley 26.734) a quienes protagonicen incidentes, ratificando una línea de intervención que en ocasiones anteriores resultó en agresiones a trabajadores de prensa.
El protocolo se difunde ocho meses después de que el fotógrafo Pablo Grillo sufriera un traumatismo craneoencefálico severo tras recibir el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno durante la represión del 12 de junio de 2024 frente al Congreso. Grillo se presentó recientemente como querellante y pidió investigar la cadena de mando de Gendarmería y el accionar de la exministra Patricia Bullrich, quien justificó el operativo sosteniendo que «las acciones correctas pueden tener consecuencias».
Discrecionalidad y control de la información
La ambigüedad sobre qué se considera un foco de violencia otorga un margen de discrecionalidad a las fuerzas de seguridad para determinar dónde pueden ubicarse los periodistas. Para sectores críticos, estas zonas asignadas funcionan como un mecanismo de control que dificulta la visibilidad de los hechos de represión, al alejar a los testigos directos de la línea de contacto entre los manifestantes y la policía.
La organización del dispositivo de seguridad para estas jornadas incluye un operativo especial de ordenamiento con directrices específicas para la circulación y el trabajo de los medios. Desde la cartera señalaron que el emplazamiento definido busca prevenir peligros, pero no especificaron qué acciones tomarán si los trabajadores de prensa deciden cubrir desde otras ubicaciones para cumplir con su labor informativa.
Puntos clave
• El Ministerio de Seguridad fijó una zona exclusiva para móviles periodísticos en Hipólito Yrigoyen al 1700 durante los días 18, 19 y 20 de febrero
• La cartera recomendó evitar posicionarse entre focos de violencia y las fuerzas de seguridad, sin definir claramente qué constituye un foco de violencia
• Las medidas se implementan ocho meses después de la agresión a Pablo Grillo, quien se presentó como querellante contra la cadena de mando de Gendarmería
• Monteoliva adelantó que denunciará por terrorismo a quienes protagonicen incidentes, invocando la Ley 26.734
• Organizaciones de prensa cuestionan estas disposiciones como limitaciones a la libertad de movimiento necesaria para la cobertura periodística ★
Cultura
Más destrucción de Milei: buscan derogar la Ley que protege a las librerías
Un anteproyecto impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado propone eliminar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. Libreros, editoriales y entidades del sector alertaron que la medida favorecería la concentración del mercado, pondría en riesgo a las librerías independientes y afectaría la bibliodiversidad en la Argentina.
El Gobierno nacional impulsa un anteproyecto para derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera y la iniciativa encendió las alarmas en toda la cadena del libro. Desde editoriales, librerías independientes y cámaras del sector advirtieron que la eliminación de la norma favorecería la concentración del mercado, reduciría la oferta editorial y pondría en riesgo cientos de comercios dedicados a la venta de libros en todo el país.
La iniciativa fue elaborada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, y apunta a eliminar una legislación vigente desde hace más de dos décadas que establece el precio único de venta al público para los libros.
Qué establece la Ley de Defensa de la Actividad Librera
La Ley 25.542, sancionada en 2001 y vigente desde 2002, obliga a que cada libro tenga el mismo precio de venta en cualquier librería del país, independientemente del canal comercial donde se adquiera.
La norma contempla excepciones para determinadas operaciones, como descuentos de hasta el 10% durante ferias del libro o ventas a bibliotecas e instituciones culturales, y rebajas de hasta el 50% para compras destinadas a programas públicos de distribución gratuita. También excluye a libros usados, de colección, artesanales, descatalogados o importados a precio de saldo.
El objetivo de la ley fue evitar que grandes cadenas comerciales o plataformas con mayor poder económico utilicen los libros como producto de atracción mediante descuentos imposibles de igualar para las librerías independientes.
El sector advirtió por el impacto de la derogación
La posible eliminación de la norma recibió un amplio rechazo de las principales entidades vinculadas al mundo editorial.
Desde la Cámara Argentina del Libro (CAL) sostuvieron que el precio único «es la herramienta fundamental para proteger a las librerías independientes y a las editoriales pymes frente a la concentración del mercado», además de garantizar el acceso federal a la lectura y preservar la bibliodiversidad.
En la misma línea, la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI) consideró que la iniciativa constituye «un ataque contra la cultura» y remarcó que cada librería representa un espacio de encuentro, promoción de nuevos autores y desarrollo de la industria editorial.
La Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, también expresó su preocupación y afirmó que la legislación permitió sostener durante más de veinte años una amplia red de librerías independientes en todo el territorio nacional, reconocida internacionalmente por su diversidad y alcance.
Advierten por el futuro de las librerías de barrio
Libreros de distintas provincias coincidieron en que la derogación pondría en desventaja a los comercios independientes frente a las grandes cadenas y plataformas de venta online.
María Eugenia Ajamil, responsable de Boutique del Libro de Ushuaia, sostuvo que la normativa permitió que libros de editoriales pequeñas llegaran a todos los rincones del país y alertó que, sin esa protección, «solo sobrevivirán los títulos más rentables».
En el mismo sentido, Giselle Ale, titular de Fray Mocho y Libros de la Arena, de Mar del Plata, recordó que la ley «no le cuesta un peso al Estado» y aseguró que garantiza condiciones equitativas de competencia entre librerías independientes, cadenas comerciales y plataformas digitales.
Desde el sector también remarcaron que la experiencia internacional muestra que, en los países donde se eliminó el precio único del libro, desaparecieron numerosas librerías independientes y el mercado quedó concentrado en pocos actores, con una oferta editorial más reducida y menos espacio para autores emergentes y editoriales de menor escala.
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