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Abrazan una escuela de CABA para exigir «no más ratas»

Padres, alumnos y docentes de la Escuela N° 22 Antonio Abraham Zinny, en Parque Chacabuco, Buenos Aires, convocaron a un abrazo simbólico al establecimiento para pedir soluciones ante la infestación de ratas en las instalaciones.

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La Escuela N° 22 Antonio Abraham Zinny, ubicada en el barrio porteño de Parque Chacabuco, convocó a la comunidad educativa a realizar un abrazo al establecimiento para exigir «no más ratas en la escuela».

Desde el año pasado se viene presentando el problema de la presencia de roedores en la escuela, pero últimamente la situación se ha agravado y las heces se han encontrado dentro de las aulas y sobre las carpetas de los estudiantes. Las familias solicitaron a las autoridades escolares la contratación de una empresa fumigadora o el pago de una limpieza, pero su solicitud fue rechazada.

La escuela cuenta con alrededor de 300 alumnos y alumnas, y hasta el año pasado contaba con seis auxiliares de limpieza, pero dos se jubilaron, lo que ha agravado aún más el problema. Las familias han informado la situación a la supervisión, pero la respuesta fue que «el Ministerio no nos da bola».

En respuesta a las denuncias, el Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires envió un correo a la comunidad educativa, informando que se reforzó el proceso de desratización en la escuela y sus alrededores, pero la respuesta no ha sido suficiente para las familias.

La comunidad educativa de la Escuela N° 22 Antonio Abraham Zinny ha decidido convocar a un abrazo a la escuela para hacer visible la problemática y exigir soluciones.

Las familias, alumnos y docentes se reunirán este jueves a las 7.45 en la sede de la institución, ubicada en Salas 565. Las autoridades escolares deberán tomar medidas urgentes para solucionar el problema, garantizando un ambiente seguro y saludable para los estudiantes y la comunidad educativa en general.

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Multitud en Balvanera: la fe urgente ante la crisis que desborda la ciudad

Cada 19 de abril, el barrio porteño de Balvanera se transforma en un punto de peregrinación masiva. Este domingo no fue la excepción: miles de fieles colmaron la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera para rendir culto a San Expedito, en una jornada atravesada por la devoción, la crisis social y la necesidad.

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Miles de fieles visitaron a San Expedito en Balvanera

Desde la medianoche, cuando se abrieron las puertas del templo, comenzaron a formarse filas que, en las primeras horas del día, ya superaban las dos horas de espera. La escena se repitió durante toda la mañana: velas encendidas, estampitas, promesas y rostros marcados por la urgencia.

Una convocatoria que crece en tiempos difíciles

El cronograma incluyó misas, bendiciones y momentos de oración, con un punto central en la procesión de la tarde, encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. La convocatoria volvió a mostrar el peso de la religiosidad popular en contextos de incertidumbre económica y social.

El párroco Walter Marchetti lo sintetizó en una frase que resonó entre los presentes: el pedido de este año fue “fuerza en la adversidad y paz que sane”, en un escenario global y local atravesado por conflictos, violencia y precariedad.

Historias mínimas, urgencias compartidas

Entre los peregrinos, las historias se multiplicaron con matices propios, pero con un hilo común: la necesidad de respuestas inmediatas.

  • Llegaron familias enteras desde el interior del país para agradecer o pedir trabajo.
  • Mujeres mayores repitieron el ritual de cada año, con promesas cumplidas y nuevas súplicas por la salud.
  • Jóvenes se acercaron por primera vez, empujados por situaciones límite.

Venimos a pedir por paz y trabajo”, resumió una peregrina. Otro fiel agradeció por la recuperación de su hijo. Los relatos, breves y cargados de emoción, expusieron una trama social donde la fe aparece como refugio ante la falta de certezas.

El peso simbólico de lo urgente

La figura de San Expedito (un mártir romano convertido al cristianismo) quedó asociada a las causas impostergables, a esas decisiones que no admiten demora. En ese sentido, su culto dialoga con una época marcada por la inmediatez, pero también por la fragilidad de las condiciones de vida.

La parroquia permanecerá abierta durante toda la jornada. Afuera, las filas continúan. Adentro, las velas siguen encendiéndose. En el medio, una postal que combina tradición religiosa y crisis de Milei: miles de personas que, en pleno corazón de la ciudad, buscan respuestas urgentes donde el Estado no llega o no alcanza.

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