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Opinión

El animal mitológico

Las circunstancias lo exigen, lo ameritan, tendremos que hablar nuevamente de política.

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Por Santiago González Casares @filosofopueblo X

A Keli, gratiam tibi ago

Las circunstancias lo exigen, lo ameritan, tendremos que hablar nuevamente de política. Hace algunas semanas ya que no podemos evitar la coyuntura, los acontecimientos de público conocimiento, en este caso, las recientes elecciones generales, quizás más que nunca exigen ser llevadas a la idea. Se trata entonces de pensar la política, y una manera de hacerlo, esto de pensar la “cosa” política, es elevarla al Origen (Arjé), al Principio de la cosa. ¡Y vaya uno a imaginar! Una de las primeras definiciones de la política, de lo político, parte justamente del animal, el zoon politikon (animal político). No es casual entonces que, por estos días, anden sueltos por el país animales de todas las especies, hay gatos, liebres, libres, leones, tigres, patos. Quizás sea una coincidencia, quizás no, ¿quién sabe?; ¿Ud. que animal es? ¿Qué animal elige? Quizás una vez dentro de esa definición yace el mito fundador, ¿cuál es su fundamento? De aquí, quizás, Ud. y yo, amable lector, construimos nuestra realidad. El zoon politikon es el fundamento de lo político, y para Aristóteles, implica una definición del ser humano, aquel ser que se constituye en comunidad, que necesita de los otros para realizarse, y para eso se asocia en colaboración y solidaridad. Primera definición de lo político, primer fundamento.

Para Nietzsche también, el animal es fundacional, aunque no en el mismo sentido. El animal está asociado sin duda uno de los cinco conceptos fundamentales del pensamiento del alemán. Es una posible figura del superhombre (Unbermensch), así como lo es el niño o el artista. Se articula con las demás cuatro nociones fundamentales de su filosofía, pues el Ubermensch es el que logra vivir como si este instante fuera a eternamente recurrir, a volver a ocurrir una y otra vez (eterno retorno de lo mismo), es aquel que logra afirmar su propia existencia ejerciendo su “voluntad de poder”. Pero concentrémonos sobre el animal como mito fundador. ¿Por qué, y cómo logra el animal nietszscheano, convertirse en superhombre? El animal es capaz de olvidar, evita tanto la melancolía del pasado como la ansiedad del futuro, y logra vivir en el instante, aquí y ahora. Para esa fechoría, hay que saber olvidar. Para crear, hay que saber olvidar. Nietzsche en el Zaratustra ubica al animal, más específicamente al león, en el segundo nivel de la metamorfosis del espíritu. Es el que logra decir ¡No! a los mandatos morales de cualquier tipo, lo que, en estos tiempos, llamamos deconstrucción. El león es aquel capaz de negarse a lo que los preceptos sociales (Tu debes!) quieren hacer de él, consigue escapar a todo valor impuesto (revalorización de todos los valores). Aunque no es aún capaz de crear nuevos valores, el león es capaz de generarse la libertad para poder crear. 

Pero hay un animal mítico, que sί es capaz de crear valores nuevos, es más, crear nuevos valores, es su misión. Ese animal es el centauro, es este el fundamento de lo político en este país, es cuando el pueblo argentino se encuentra a sí mismo en comunidad. El pueblo es centauro cuando organiza la cosa común alrededor del trabajo para el bien común. Es cada vez que el pueblo se realiza y se apropia de sí mismo en una epopeya. El pueblo argentino tiene muchas, algunas tan recientes, y otras fundantes, como la Revolución de Mayo, el cruce de los andes, el 17 de Octubre, siempre fue capaz de reinventarse, de re-crearse. El centauro logra este milagro cada vez que hace efectiva la idea, que logra convertir la idea en materia, solo el centauro es capaz de tal hazaña. El centauro tiene la fuerza del animal, su potencia y al mismo el alma humana, única capaz de crear valores nuevos. Para Nietzsche, esto lo podía el niño, a través del juego, logra vivir en el instante sin antes ni después, sin causa ni consecuencia, solo juega por jugar. En ese instante, casi sin darse cuenta, el niño crea, desde la santa afirmación del instante, el gran comienzo. De la misma manera lo puede en centauro, volver a encarnar el mito. Volver.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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