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Opinión

Polémica en el barro

Todo es político. Alguien alguna vez dijo que el gran filósofo francés Michel Foucault lo había dicho, algo que quizás dijo, pero seguramente ebrio en una fiesta cargada de excesos. Aunque seguramente nunca lo dijo, o quizás sí, pero que en todo caso no importa.

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Por Santiago González Casares @filosofopueblo

Diligite inimicos vestros

Todo es político. Alguien alguna vez dijo que el gran filósofo francés Michel Foucault lo había dicho, algo que quizás dijo, pero seguramente ebrio en una fiesta cargada de excesos. Aunque seguramente nunca lo dijo, o quizás sí, pero que en todo caso no importa. Lo cierto es que alguien lo dijo y varios lo creímos, porque Foucault lo había dicho, pero sobre todo porque era cierto. Lógico, todo es político, toda relación humana es alguna forma de cooperación (zoon politikon), reconoce algún orden de las cosas, ciertas jerarquías sin duda y, sobre todo, asignar ciertos roles, cada uno debe encontrar el lugar que le corresponde y que más prefiere habitar. Esta organización de lo común no parece ser otra cosa que la política, la administración de la cosa pública, dirimir lo común. De la misma manera puede un gobierno ser pensado como una casa (la casa común de Francisco y de la definición misma de la economía), también una solución dentro de una pareja o resolver un conflicto con un amigo, con la organización de un evento, todas estas instancias pueden requerir los buenos servicios del arte de la guerra por otros medios (Von Clausewitz), la gracia de la teoría y la técnica política, su táctica y su estrategia. Hasta la puedo aplicar en un partido de fútbol, no solo en su funcionamiento deportivo, sino en todo aquello que está por fuera del estadio, del potrero, en otras canchas donde la pelota si se mancha, ¿y de qué? Pues de política.

¿Pero esto es tan así? ¿TODO es política? Si así fuere, todas las cosas deberían resolverse y responder a las mismas lógicas. Aquí nuevamente, la hipótesis es fuerte, es cierto que todo hábitat común entre humanos requiere la elaboración de un discurso (logos) y establecerse en algún territorio políticamente delimitado. Sin embargo, en las relaciones humanas a veces parecería haber cosas anteriores, preeminentes a las relaciones entre comunes. La primera que se me viene a la cabeza es la erótica, un problema en el amor no puede resolverse políticamente, si así fuésemos a hacerlo, el problema volvería. Y tampoco lo político es un problema ético, por el mismo problema, en la política no existe el bien y el mal, solo lo realizado y tampoco en la responsabilidad para con el otro puedo especular, y en la política vale todo. La estética también logra escapar (al menos esencialmente) a la lógica política, ya que la entrega a la gratuidad que implica el perseguir la belleza (esteta) impide aplicar a ella el discurso político (logos) que no distingue entre bello y feo. Carl Schmitt agregaría también a la economía, la política no dirime entre lo rentable o no rentable, lo no lo útil o ineficaz, aunque los límites de estas definiciones últimamente aparecen borrosos. Pero todos sabemos que, un economista cuando se le hace una pregunta seria, siempre se excusa y se apoya en que la solución es política, no pueden entonces ser lo mismo, no pueden obedecer a la misma lógica.

La política no solo no es todo, sino que es pocas cosas, en realidad es una sola (ciencia política), la política es identificar al enemigo, eso es lo exclusivamente pertinente al dominio de lo político, cada una de las alianzas que se forjen, cada una de las coaliciones que se gesten en tiempos electorales deberán elegir un enemigo para poder entrar en el reino de lo político.

Esto es clave, ¿no? ¿Se entiende? Si quiero hacer política no me peleo con el compañero, ese no puede ser mi enemigo (inimicus). Mirar para adelante, no a los costados, ¿no? Y delante está el enemigo, y no es cualquier enemigo, no es el que me ofende ni con el cual frecuentemente me peleo. Ese es un enemigo personal, individual. El otro, del que estamos hablando aquí, es el enemigo de la comunidad, el enemigo público (hostis, polemios), el enemigo de los amigos, de los que queremos, con los compartimos este suelo.

El enemigo que amenaza nuestra supervivencia. Al parecer, esta distinción no es algo evidente, al parecer, debemos recordarla una y otra vez. Aquel que logre identificar al enemigo político podrá encarnar la palabra del pueblo, interpretarla y así poder reclamar su organización y asegurar su triunfo.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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