Política 📢
Carrió sacudió a Juntos por el Cambio y se adelantó a la pelea por las candidaturas
A lo largo de la semana dio varios reportajes para pedir «reglas decentes» en JxC y cuestionó a dirigentes como Gerardo Morales, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, Gerardo Milman, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Cristian Ritondo, entre otros.
La mediática e intensa irrupción de Elisa Carrió en la vida interna de Juntos por el Cambio (JxC), repartiendo acusaciones hacia los principales dirigentes de la coalición opositora, generó un clima de fuerte debate interno, y adelantó la discusión de las candidaturas.
Carrió apareció esta semana en varios reportajes en los que pidió «reglas decentes» en JxC, cuestionando a dirigentes como Gerardo Morales, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, Gerardo Milman y Cristian Ritondo, entre otros.
En sus cuestionamientos hacia sus propios pares de la coalición, Carrió dijo que JxC «tiene que estar conformada por decentes» y señaló que «no puede haber más negocios», al criticar a los dirigentes que podrían alcanzar acuerdos con Sergio Massa o el peronismo. Incluso, llegó a apuntar a la vida privada de uno de ellos.
La principal referente de la Coalición Cívica logró así un fenómeno que hacía varios meses no se daba en la oposición: que «palomas» y «halcones», cada uno con su estilo, se unieran para cuestionarla en duros términos.
Desde el «Basta Carrió» de Patricia Bullrich, pasando por «el límite son los agravios» de Larreta, a la dirigente la salieron a repudiar todos.
Morales, el gobernador de Jujuy y titular de la UCR, le dijo a Carrió que «no vale todo» y la acusó de irresponsable. Incluso el otro presidenciable del radicalismo, Facundo Manes, que no suele meterse en el debate de la coyuntura, cuestionó los proyectos «personalistas y narcisistas».
Quien quedó afuera de la repartija de cuestionamientos de la líder de la Coalición Cívica fue el expresidente Mauricio Macri, quien se limitó a decir que no compartía los agravios a figuras de Juntos por el Cambio.
En este escenario, y tras las respuestas públicas, la oposición se embarcó en un fuerte debate interno sobre porqué Carrió hizo lo que hizo, cuál fue su objetivo y si contó con el aval de algún dirigente en su raid mediático.
Varias fuentes partidarias consultadas por esta agencia coincidieron en que la aparición de Carrió repite un ‘modus operandi’ ya conocido de su historial: salir a cuestionar a dirigentes de la oposición para colocar en su lugar, en las listas del año que viene que comienzan a discutirse, a los propios referentes de la Coalición Cívica.
«Pegar para negociar», resumen la estrategia, y muchos señalan que Mauricio Macri, como la misma Carrió dijo en alguno de los reportajes, estaba al tanto de que ella iba a salir con esta andanada de cuestionamientos.
Cerca del expresidente afirman, sin embargo, que Macri no avaló estas agresiones personales a varios políticos propios, algunos de los cuales tuvieron lugares claves en el mismo Gobierno del exmandatario.
Sin embargo, Carrió y Macri sí comparten la idea de un futuro Gobierno de Juntos por el Cambio sin concesiones o negociaciones con el peronismo, en particular con el sector del nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, cuestión que la propia dirigente se encargó de precisar en sus múltiples apariciones de esta semana.
Las fuentes consultadas también señalaron que si bien dentro de Juntos por el Cambio todos los sectores están acostumbrados a estas irrupciones polémicas de Carrió, en esta oportunidad se quebró un límite y describen como «hartazgo» la situación generada.
En este contexto, varias fuentes analizan que la aparición de Carrió es un intento por mejorar el posicionamiento interno de una Coalición Cívica hoy desdibujada ante los múltiples candidatos del PRO para 2023 en todas las categorías y un radicalismo que ganó protagonismo.
El otro efecto que se generó es un adelantamiento de las discusiones de candidaturas y cuáles son los lugares que realmente tendría que tener la Coalición a la hora de armar las listas.
A pesar del fuerte clima de convulsión interna, nadie cree entre todos los consulados que la sangre llegue al río y finalmente se produzca un quiebre en Juntos por el Cambio en el cual la Coalición Cívica rompa con la estructura de la cual la propia Carrió es una de las fundadoras.
Sin embargo, hay quienes creen que «hay que pagarle a Carrió (en términos de lugares en las listas) lo que vale, y no lo que ella supone que vale».
Estos temas fueron conversados en un almuerzo que el viernes al mediodía mantuvieron los principales referentes del PRO en un restaurante de la Costanera.
En este esquema de adelantar las discusiones, en el partido amarillo creen que en los próximos meses tienen que definir quién será su candidato presidencial: si juega Larreta, Bullrich o si Macri patea el tablero y va por su «segundo tiempo».
El PRO tiene que definir, tras el Mundial de Qatar, quién irá a las PASO para enfrentar al radicalismo y creen que con dos candidatos en esa instancia debilitan sus chances.
Elecciones
El PL reconoció el triunfo de Lula pero Bolsonaro quiere anular la elección que perdió por más de 4 millones de votos
El presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, aceptó el resultado oficial, pero pidió explicaciones por las impugnaciones del senador. Lula ganó con el 51,79% y Flávio Bolsonaro anticipa que pedirá anular los comicios, en línea con el historial de su padre, condenado a 27 años por intento de golpe.
El propio partido de Flávio Bolsonaro reconoció la victoria de Lula da Silva, pero el senador sigue sin aceptar una derrota que las urnas dejaron sin discusión. La carta del Partido Liberal (PL) deja a la ultraderecha brasileña atrapada entre la aceptación institucional del resultado y el libreto de fraude que repite desde hace años.
Valdemar Costa Neto, presidente del PL, difundió este lunes una carta pública en sus redes sociales en la que sostuvo que el partido «reconoce el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral». Lula resultó reelecto en el balotaje del domingo con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, tras una remontada de más de cuatro millones de votos respecto de la primera vuelta del 4 de octubre, en la que el senador había terminado primero.
Un reconocimiento con letra chica
El texto del PL no cierra el conflicto: el partido pidió explicaciones formales sobre las impugnaciones que presentó Flávio Bolsonaro y denunció que el aumento del gasto público y de los beneficios sociales previo a la elección alteró la equidad de la contienda. Según la carta, en la segunda vuelta el resultado fue distinto en un escenario de «medidas fuertemente electoralistas, con impacto económico y social».
Flávio Bolsonaro, por su parte, rechazó la derrota y anticipó que pedirá la anulación de los comicios. Su reclamo se apoya en la decisión del máximo tribunal de extender a último momento el horario de votación, a raíz de una solicitud del oficialismo. En un video difundido en sus redes, el senador prometió «organizar a la oposición» para convertir al Congreso en una «fortaleza contra la barbarie» durante los «cuatro años más de Lula», y denunció un «complejo industrial de noticias falsas» y «abusos de poder político y económico sin precedentes». Es decir, cuestiona el mismo sistema electoral que lo había ubicado primero en la primera vuelta.
El PL, además, destacó su crecimiento parlamentario: logró 121 diputados federales, 29 senadores y seis gobernaciones. Una fuerza con ese peso en las instituciones intenta, al mismo tiempo, deslegitimar la elección que acaba de perder.
El libreto de la ultraderecha brasileña
La desconfianza hacia las urnas no nació este domingo. En 2022, Jair Bolsonaro pasó meses cuestionando la seguridad del sistema electrónico de votación, con acusaciones sin pruebas que ya habían sido refutadas, y tras perder ante Lula en el balotaje guardó silencio sin admitir la derrota. Durante meses se había negado a responder si aceptaría el resultado, y repitió que solo reconocería elecciones que considerara limpias.
Ese desconocimiento del voto popular terminó en violencia. El 8 de enero de 2023, miles de simpatizantes de Bolsonaro tomaron por la fuerza las sedes del Congreso, del Supremo Tribunal Federal y del Palacio del Planalto en Brasilia, con el objetivo de desconocer el triunfo de Lula. La Justicia brasileña concluyó que aquel asalto fue parte de un plan golpista más amplio.
El 11 de septiembre de 2025, la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión, por cuatro votos contra uno, por intento de golpe de Estado, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho y liderazgo de una organización criminal armada, entre otros delitos. Fue la primera vez que un expresidente brasileño recibió una condena por golpismo. El tribunal rechazó luego por unanimidad sus últimos recursos y la pena quedó firme. Además, el Tribunal Superior Electoral lo había declarado inelegible hasta 2030. Hoy cumple arresto domiciliario.
Su hijo hereda la estrategia en un momento delicado: este lunes, además, Flávio denunció que la Justicia le exigió entregar su pasaporte y le prohibió salir del país, en una medida que aún no tuvo confirmación oficial inmediata.
Trump y la sombra de Washington
El conflicto tiene también un capítulo internacional. En 2025, el gobierno de Donald Trump impuso aranceles punitivos a Brasil en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro. Antes de las elecciones, Trump recibió a Flávio en la Casa Blanca y lo elogió en su red Truth Social como «un joven inteligente que ama mucho a su país». Lula, por su parte, le había pedido al mandatario estadounidense que no se meta en las elecciones de Brasil, que son un asunto exclusivo del país.
Tras el balotaje, Trump aseguró que los comicios brasileños estuvieron «amañados», aunque advirtió: «Yo no tomé partido». La denuncia de fraude, según se informó, no estuvo acompañada de pruebas. Lula, en tanto, celebró su triunfo en el búnker del PT en San Pablo con una advertencia: «La gente no permitió que el fascismo gane».
En la región, el presidente argentino Javier Milei, que había respaldado a Flávio Bolsonaro en las redes durante la campaña, fue según se informó el único mandatario sudamericano que no reconoció la reelección de Lula. Mientras el resto de la región acepta el veredicto de las urnas, el bolsonarismo y sus aliados siguen sin hacerlo.
Lo que tenés que saber:
- El Partido Liberal reconoció el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, aunque exigió explicaciones sobre las impugnaciones de Flávio Bolsonaro.
- Lula fue reelecto con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro.
- Flávio rechazó la derrota y pedirá la anulación de los comicios por la extensión del horario de votación.
- Jair Bolsonaro cumple una condena firme de 27 años y tres meses por intento de golpe de Estado, tras el asalto del 8 de enero de 2023.
- Trump dijo que las elecciones estuvieron amañadas, mientras Milei, según se informó, no reconoció la reelección de Lula.
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