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Análisis

Putin: “Otan ya no oculta su naturaleza agresiva”

El mandatario afirmó que la actividad de la OTAN ha aumentado “marcadamente” y que se “han desplegado fuerzas masivas de EEUU, incluidos aviones militares”, en las fronteras rusas.

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Por Manu Campi | @manucampimaier

En ese sentido, enfatizó que el número de tropas de la alianza en Europa oriental y central no solo que “aumentó” sino que Finlandia también ha sido “arrastrada a la OTAN.

Mientras que se planea que Suecia se una al bloque recordó que en 1991 Occidente prometió a Mijaíl Gorbachov no ampliar la OTAN hacia el Este y dijo: «Bueno, aquí lo tienen. Este es el tipo de socios que mienten descaradamente en cada paso».

Según el jefe de Estado, el carácter agresivo del bloque ya no se esconde detrás de formulaciones defensivas y advirtió que “al mismo tiempo, la naturaleza agresiva no está oculta, las afirmaciones de superioridad global están directamente consagradas en los documentos doctrinales de EEUU”.

“Rusia era el único garante de Ucrania”

Durante el discurso en una reunión ampliada de la junta directiva del Ministerio de Defensa del día de ayer, remarcó que su país era el único garante de la “soberanía y la integridad de Ucrania”. Además, subrayó que “muchos presidentes” de Ucrania occidental desean que sus territorios “regresen a Polonia, Rumania o Hungría”.

En esa línea mencionó que Ucrania recibió todas sus tierras después de la Segunda Guerra Mundial, ya que Iósif Stalin cedió parte “le dio todo a Ucrania y que “las personas que viven allí, o al menos muchas de ellas, quieren volver a su patria histórica.

Y los países que han perdido esos territorios, como Polonia, “sueñan y ven la manera de recuperarlos”. En este sentido, solo Rusia podría ser garante de la integridad territorial de Ucrania», sostuvo Putin.

Esfuerzos para hacer colapsar a Rusia

Además, el presidente ruso enfatizó que su país hizo “todo lo posible” a lo largo de “décadas” para construir relaciones normales con Ucrania, y declaró que lo considera «un pueblo fraternal».

De esa manera, señaló que, antes de la separación de la Unión Soviética, Occidente ya “trabajaba” para hacer colapsar a Rusia. Tras el colapso, los países occidentales comenzaron a trabajar “activamente porque creían que Rusia, habiendo perdido su potencial, no volvería a sus posiciones geopolíticas anteriores». Así, remarcó que los esfuerzos occidentales por descomponer al país, trataron de “desgarrar a todos los Estados del espacio postsoviético”.

EE.UU. reiteró su apoyo a Israel

A pesar de la condena de la comunidad internacional, con sendas denuncias de violaciones de DDHH contra el régimen sionista, el secretario de Defensa estadounidense llegó a Israel para tapar con el dedo al sol.

Se trata de Lloyd Austin, quien arribó a dicho país en la mañana del lunes y afirmó en su primera declaración a la prensa que el “compromiso férreo» con Israel, mientras que continúa el conflicto en la Franja de Gaza, es incuestionable.

Obviando las 19.453 víctimas fatales y 52.286 heridas de nacionalidad palestina, los titulares de Defensa de ambos Estados se mostraron consolidados «en intereses, valores y objetivos».

En ese sentido, el norteamericano confirmó que el “apoyo” es “firme e inquebrantable” hacia su par hebreo, que lleva 76 días bombardeando Gaza.»Seguiremos trabajando juntos por un futuro más seguro para Israel y más brillante para los palestinos”, declaró Austin.

La conferencia de prensa junto a su par israelí, Yoav Gallant, se dio un día después del ataque sobre el campamento de refugiados gazatí, Jabalia, con un saldo de cien palestinos muertos. Increíblemente, el jefe del Pentágono se limitó a llamar a la protección de civiles durante el conflicto y a que se aumente la ayuda humanitaria a la Franja de Gaza.

Con Hamás como excusa, a quien acusó de utilizar civiles como “escudo humano” y de no representar los intereses de los palestinos, aseguró que su país seguirá “ayudando” a Israel a repatriar a los rehenes capturados por el grupo ‘terrorista’ palestino.

Por su parte, Gallant manifestó que EEUU e Israel «nunca han estado tan determinados y alineados» en sus «intereses, valores y objetivos comunes» como ahora y aseguró que la victoria israelí sería «una victoria para el mundo libre».

La depredación sobre el territorio palestino, la falta de recursos, la calidad y cantidad de refugiados de los últimos 75 años, la masacre indiscriminada de mujeres y niños, el sometimiento y la cárcel a cielo abierto más longeva de la historia contemporánea, parece no entrar en la agenda discursiva de ambos Estados.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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