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Evo Morales volvió a Bolivia

El ex presidente emprendió la vuelta a su país tras dejar la ciudad jujeña de La Quiaca. Hablo ante su pueblo en Villazón y encabeza «la caravana triunfal» de cientos de vehículos que lo acompañarán durante dos días, hasta Cochabamba. LAS IMÁGENES.

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El ex presidente emprendió la vuelta a su país tras dejar la ciudad jujeña de La Quiaca. Hablo ante su pueblo en Villazón y encabeza «la caravana triunfal» en la que participan cientos de vehículos que lo acompañarán durante dos días, hasta Cochabamba.

El ex presidente de Bolivia, Evo Morales, volvió a pisar la tierra de su patria a casi un año de iniciar su exilio en México y la Argentina y un día después de que la fórmula presidencial de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), asumiera el Ejecutivo luego de arrasar en los comicios del mes pasado.

El expresidente cruzó a las 10 (hora de Bolivia) por tierra el paso fronterizo desde La Quiaca hacia Villazón, luego de ser despedido en la ciudad jujeña por el presidente Alberto Fernández.

Antes de cruzar la frontera, en un acto colorido y emotivo, le agradeció al mandatario argentino. «Alberto me salvó la vida y eso nunca lo voy a olvidar», enfatizó emocionado.

Ya en Villazón, el depuesto mandatario indígena fue recibido con un acto, tras lo cual iniciará una caravana que lo llevará hasta la provincia de Chapare, del departamento de Cochabamba, donde forjó su carrera política.

“Hoy es un día importante en mi vida, volver a mi patria que tanto quiero me llena de alegría”, publicó hoy Morales en su cuenta personal de Twitter.

El expresidente (2006-2019), de 61 años, regresó a su país un día después de la investidura de su delfín político Luis Arce y algunas horas antes del 10 de noviembre, en que se cumple un año del día en que fue derrocado por un golpe de Estado.

«Llegó el momento de partir, aunque una parte de mí se quedará en este país para siempre», expresó Morales en un video publicado en Facebook, titulado «¡Gracias, hermanas y hermanos argentinos. Una parte de mi corazón se queda en Argentina para siempre!».

Morales había anunciado que volvería a su país el 11 de noviembre, el mismo día que salió de Bolivia un año atrás, y aseguró que no formará parte del Gobierno de Arce, sino que se limitará «cuidar los principios ideológicos» de su partido.

El ex presidente abandonó Bolivia después de unas elecciones en las que el escrutinio oficial lo dio como ganador, pero en las que la Organización de Estados Americanos (OEA) denunció «irregularidades», avalando denuncias de fraude de la oposición.

Sin embargo, esas irregularidades jamás fueron probadas y, por el contrario, estudios académicos en Estados Unidos mostraron que la victoria del MAS había sido limpia.

La amplia victoria del binomio conformado por Luis Arce y David Choquehuanca en los comicios del 18 de octubre de este año, con más del 55% de los votos, «es la mejor prueba de que no hubo fraude el año pasado», sino un «golpe de Estado», evaluó Morales.

Durante este año Bolivia estuvo sumida en una crisis política, económica y social bajo el mandato de facto de Jeanine Áñez, bajo cuyo Gobierno se realizaron numerosas denuncias contra el líder del MAS.

Sin embargo, una semana después de los comicios, la Justicia boliviana anuló una orden de detención y la imputación por un caso de terrorismo y concedió un pedido de libertad presentado por la defensa del expresidente. Según se explicó, el magistrado tomó esa decisión porque la citación por edictos se realizó sin cumplir los procedimientos.

Un mes antes, Interpol había rechazado por segunda vez una solicitud de detención del expresidente cursada por el Gobierno de Áñez, al considerar que los delitos de sedición y terrorismo del que se lo acusaban tenían una connotación política.

Morales llegó el domingo a La Quiaca, frontera con Bolivia, en un vuelo que partió desde Buenos Aires. Por la noche se reunió con su ex vicepresidente Álvaro García Linera y el presidente Alberto Fernández, quien por la tarde había asistido en La Paz a la asunción de Luis Arce y David Choquehuanca.

“Mañana Evo volverá a su casa, que es donde nunca debió haber salido”, dijo ayer Fernández al reunirse con Morales.

Horas antes, Morales visitó a la líder de la agrupación Tupac Amaru, Milagro Sala, en su casa de San Salvador de Jujuy, quien le aseguró: «Ustedes son un ejemplo de lucha para nosotros».

Desde Villazón, Morales partirá al frente de una caravana de autos e iniciará un recorrido de 1.100 kilómetros en dos días, que incluirá actos en varias localidades. El objetivo es llegar el miércoles a Chimoré, exacatamente un año después de haber salido de su país.

El exmandatario abandonó Bolivia el 11 de noviembre de 2019, obligado a renunciar para evitar que la asonada militar y policial, combinada con la oposición a su Gobierno, terminara en un baño de sangre peor que el registrado hasta ese momento.

Tras un breve paso por México, Morales ingresó a la Argentina gracias a la gestión de Alberto Fernández, que en al momento del golpe era presidente electo y funcionó como un garante de la salida segura del mandatario derrocado, de su vicepresidente Álvaro García Linera y de varios miembros de su Gabinete.

DDHH

El costo de la violencia migratoria de Trump: miedo, deportaciones y falta de trabajadores en Florida

La eliminación del estatus de protección temporal para cientos de miles de haitianos ya impacta en Key West, donde miles de trabajadores dejaron sus empleos o evitaron salir de sus casas por temor a ser detenidos. Un informe oficial también reveló condiciones denunciadas como inhumanas en un centro de detención de migrantes llamado «Alligator Alcatraz».

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La ofensiva migratoria impulsada por el gobierno de Donald Trump comenzó a tener consecuencias concretas en distintas comunidades de Estados Unidos. En Key West, Florida, la decisión de terminar con el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos haitianos provocó temor entre trabajadores que sostienen buena parte de la actividad turística de la ciudad.

Según una investigación publicada por The New York Times, el fin del TPS para los haitianos afecta a unas 330.000 personas que contaban con protección legal para vivir y trabajar en EEUU.

La medida no solo amenaza con modificar la situación migratoria de miles de familias. En Key West, una ciudad cuya economía depende fuertemente del turismo, ya comenzó a sentirse en restaurantes, hoteles, supermercados y otros servicios.

Trabajadores que dejaron de salir a la calle

Key West es una pequeña ciudad ubicada en el extremo sur de Florida. De sus aproximadamente 25.000 habitantes, un abogado especializado en inmigración estimó que al menos 5.000 son haitianos, según el informe del diario estadounidense.

La investigación del periodista David Ovalle, citada por The New York Times, describió un escenario marcado por el temor. Trabajadores haitianos que se desempeñan como personal de limpieza de hoteles, cocineros, conductores de aplicaciones y empleados de supermercados comenzaron a desaparecer de sus lugares habituales.

Algunos fueron detenidos y deportados. Otros dejaron de concurrir a sus trabajos o directamente permanecieron en sus casas, incluso cuando contaban con permisos laborales vigentes.

El miedo también modificó rutinas cotidianas. Muchos haitianos y otros inmigrantes hispanos dejaron de utilizar las bicicletas para trasladarse al trabajo, una práctica habitual en Key West, por temor a llamar la atención de las autoridades migratorias.

Una comunidad atravesada por el miedo

El diario también recogió testimonios de personas que viven en Key West. Frances Robles, periodista de The New York Times que reside en la ciudad, relató situaciones que observó en su entorno.

Entre ellas mencionó el caso de un peluquero que fue detenido durante más de un mes y finalmente enviado a su país de origen. También contó que una trabajadora de limpieza abandonó la ciudad y regresó a Nicaragua junto con su esposo.

La situación amenaza con profundizar una falta de trabajadores en una ciudad cuya economía depende del turismo. El período de menor actividad todavía no terminó y en los próximos meses se espera la llegada de visitantes que pasan el invierno en Florida.

El Gobierno defiende el fin del TPS

Frente a las críticas, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos defendió la decisión de poner fin a la protección temporal.

Según la respuesta enviada al New York Times, el organismo sostuvo que el “Temporary Protected Status” es exactamente eso: temporal y cuestionó que durante años haya funcionado, según su interpretación, como una forma de protección permanente.

El gobierno de Trump sostiene que el programa nunca fue pensado como una situación definitiva y que su aplicación debe ajustarse al carácter temporal establecido por la legislación.

“Alligator Alcatraz”: denuncian condiciones inhumanas

La investigación del New York Times también puso el foco en otro aspecto de la política migratoria de Trump: las condiciones de detención.

Un informe de la oficina del inspector general del Departamento de Seguridad Nacional analizó el funcionamiento de “Alligator Alcatraz”, un centro de detención ubicado en los Everglades que cerró durante el verano.

El organismo encontró incumplimientos relacionados con atención médica, alimentación, higiene y recreación.

Uno de los elementos más cuestionados fueron pequeñas estructuras metálicas utilizadas como “áreas de calma”, donde algunos migrantes permanecieron encerrados durante períodos de hasta una hora.

El informe identificó al menos un caso en el que una de esas estructuras fue utilizada como forma de disciplina contra una persona detenida por no cumplir una orden.

Los espacios tenían aproximadamente 18 pies cuadrados, una superficie similar a la de un pequeño baño y muy inferior al estándar nacional de detención de 75 pies cuadrados mencionado en el informe.

El organismo concluyó que esas condiciones “no se alinean con los estándares para un trato humano”.

Incluso los inmigrantes legales enfrentan dificultades

La investigación también abordó otro problema: las dificultades que enfrentan personas que se encuentran legalmente en Estados Unidos para demostrar su situación migratoria.

El periodista Minho Kim, de The New York Times, consultó a 35 abogados especializados en inmigración y encontró que algunos de sus clientes recibieron documentos oficiales fuertemente censurados o directamente respuestas en las que el Gobierno aseguró que determinados registros no existían.

Según los abogados consultados, esta situación puede dejar a personas con estatus legal en una posición de vulnerabilidad frente a los controles migratorios.

Uno de los casos citados es el de Cipriano Alarcon-Galvez, un ciudadano mexicano de 54 años que solicitó documentación relacionada con una petición de residencia presentada por su madre, ciudadana estadounidense naturalizada, en 1993.

Más de la mitad de los documentos que recibió estaban completamente censurados, según los registros revisados por el diario. Otra solicitud realizada por su madre permitió obtener copias de peticiones de residencia, pero la información correspondiente a sus hijos aparecía eliminada.

Alarcon-Galvez tiene cuatro hijas ciudadanas estadounidenses y vive desde hace décadas en California. Sin embargo, actualmente enfrenta un proceso de deportación.

Una política que ya modifica la vida cotidiana

Los casos recopilados por The New York Times muestran distintas consecuencias de la ofensiva migratoria de Trump: trabajadores que dejan sus empleos, familias que evitan salir de sus casas, personas detenidas y deportadas y dificultades incluso para quienes buscan demostrar que tienen derecho a permanecer legalmente en el país.

En lugares como Key West, el endurecimiento de los controles migratorios también comienza a impactar directamente sobre la economía local, especialmente en sectores que dependen de trabajadores migrantes.

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