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Mujeres

León XIV en el #8M exigió erradicar la violencia de género y cese de bombas en Medio Oriente

El Papa estadounidense expresó su solidaridad con las mujeres que sufren violencia en el Día Internacional de la Mujer y advirtió sobre el peligro de escalada bélica en Irán. Pidió que la educación de los jóvenes sea central en la prevención y que no se minimicen las agresiones.

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★ El Papa León XIV expresó este domingo, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, su solidaridad y sus oraciones a todas las mujeres que sufren formas de violencia, tras el rezo del Ángelus dominical. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el pontífice estadounidense renovó el compromiso de la Iglesia por el reconocimiento de la igualdad y lamentó que el género femenino sea blanco de ataques sistemáticos.

«Lamentablemente, muchas mujeres siguen siendo discriminadas desde la infancia y sufren diversas formas de violencia. A ellas, en modo especial, les expreso mi solidaridad y mis oraciones», manifestó León XIV ante la multitud presente en la plaza de San Pedro.

El mensaje del Papa se da en un contexto global donde la violencia de género persiste en niveles alarmantes. En Argentina, por ejemplo, distintos observatorios registraron 262 víctimas fatales de violencia de género durante 2025, una cada 33 horas, evidenciando que el fenómeno trasciende fronteras y requiere respuestas coordinadas a nivel internacional.

La violencia como contradicción a valores de igualdad

A través de una carta publicada en la revista mensual «Plaza de San Pedro», el Santo Padre respondió a la inquietud de una fiel italiana sobre la violencia de género, subrayando que las mujeres suelen ser asesinadas por representar valores que contradicen una mentalidad de dominación.

Esta afirmación del pontífice coloca la violencia machista no como un fenómeno aislado o individual, sino como expresión de un sistema de dominación patriarcal que castiga a las mujeres cuando cuestionan o desafían los roles de subordinación que se les imponen.

En su escrito, León XIV instó a «implementar proyectos específicos para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer», enfatizando que el camino debe iniciarse «por la educación de los jóvenes». Esta propuesta sitúa la prevención en el centro de las políticas públicas, reconociendo que la violencia de género no se erradica solo con respuestas punitivas posteriores al crimen, sino con transformaciones culturales profundas que deben comenzar en la infancia.

No minimizar ni justificar la violencia

El Papa fue categórico al pedir que no se minimicen las agresiones: «Nunca debemos subestimar un acto de violencia, y no temamos denunciarla, incluyendo ese clima de justificación o que atenúa o niega la responsabilidad».

Esta advertencia del pontífice apunta a un problema estructural en el abordaje de la violencia de género: la persistencia de discursos sociales que minimizan, justifican o relativizan las agresiones contra las mujeres. Frases como «algo habrá hecho», «era un ataque de celos» o «lo provocó» forman parte de ese clima de justificación que León XIV denuncia explícitamente.

El llamado a no temer denunciar resulta particularmente relevante en contextos donde las víctimas enfrentan barreras institucionales, desconfianza en el sistema judicial, temor a represalias o presiones familiares y sociales para no visibilizar la violencia. Según datos de Argentina, solo el 15% de las víctimas de femicidio había denunciado previamente a su agresor, lo que evidencia las enormes dificultades que enfrentan las mujeres para hacer efectiva la denuncia.

Medio Oriente: el Papa exige el cese de las bombas

En el mismo mensaje dominical, el Papa dedicó un espacio crítico a la situación geopolítica en Medio Oriente, exigiendo que cesen las bombas ante el temor de que el conflicto se extienda a naciones vecinas como el Líbano.

Con evidente preocupación por los reportes que llegan desde Irán, León XIV expresó su «profunda consternación» por la escalada bélica y advirtió sobre el peligro de que el conflicto arrastre a otros países de la región.

«Que cese el estruendo de las bombas, que callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se pueda escuchar la voz de los pueblos», sentenció el pontífice, quien encomendó su súplica a la Virgen María para guiar a la región hacia la reconciliación y la esperanza.

La voz de los pueblos frente a la escalada militar

El pedido del Papa para que «se abra un espacio de diálogo en el que se pueda escuchar la voz de los pueblos» constituye un llamado a priorizar la diplomacia sobre la intervención militar y a incorporar las demandas de las poblaciones civiles que sufren las consecuencias de los conflictos bélicos.

Esta posición se inscribe en la tradicional línea pacifista del Vaticano, que históricamente se opone a las soluciones militares en los conflictos internacionales y promueve el diálogo, la negociación y el respeto al derecho internacional como vías para resolver disputas entre naciones.

La mención específica de Irán y el Líbano como países en riesgo evidencia la preocupación vaticana por una posible expansión del conflicto en Medio Oriente, región que concentra tensiones geopolíticas, intereses de potencias globales y una población civil que ya ha sufrido décadas de guerras.

Dos violencias estructurales: género y guerra

La decisión del Papa de vincular en un mismo mensaje la violencia de género y la violencia bélica no resulta casual. Ambas formas de violencia responden a lógicas de dominación, ejercen poder sobre cuerpos vulnerables (mujeres en un caso, poblaciones civiles en el otro) y se sustentan en discursos que naturalizan, justifican o minimizan las agresiones.

Al exigir la erradicación de la violencia contra las mujeres y el cese de las bombas en Medio Oriente en un mismo pronunciamiento, León XIV traza un paralelismo entre ambas formas de violencia estructural, sugiriendo que la construcción de una cultura de paz requiere enfrentar tanto la violencia machista como la violencia militar.

El contexto argentino: 262 víctimas fatales en 2025

El llamado del Papa a erradicar la violencia de género resuena especialmente en Argentina, donde el año 2025 cerró con 262 víctimas fatales según distintos observatorios, y donde el desmantelamiento de políticas públicas de género profundizó las desigualdades y la vulnerabilidad de las mujeres.

El recorte del 23% en los recursos ejecutados para la línea 144, la eliminación del programa de construcción de jardines de infantes, el ajuste del 41,71% sobre la moratoria previsional y la reforma laboral que suprimió el reconocimiento de las tareas de cuidado componen un escenario donde la violencia de género se agrava por la falta de herramientas estatales de prevención y protección.

En ese contexto, el pedido del Papa de «implementar proyectos específicos para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer» contrasta radicalmente con las políticas de desfinanciamiento que se vienen aplicando en Argentina, donde 7,5 de cada 10 programas destinados a reducir brechas de género fueron recortados o eliminados.

Educación de los jóvenes: la prevención como política de Estado

La insistencia de León XIV en que el camino para erradicar la violencia de género «debe iniciarse por la educación de los jóvenes» plantea un desafío que excede lo discursivo y requiere políticas públicas concretas: educación sexual integral en todos los niveles educativos, formación en perspectiva de género para docentes, contenidos curriculares que cuestionen los estereotipos machistas y programas específicos de prevención de la violencia.

Esta mirada preventiva contrasta con los enfoques exclusivamente punitivos que proponen solo endurecer penas para los agresores, sin intervenir sobre las causas culturales y estructurales que generan la violencia. El Papa reconoce que sin transformación cultural, las respuestas penales resultan insuficientes.

Puntos clave:

• El Papa León XIV expresó su solidaridad con las mujeres que sufren violencia en el Día Internacional de la Mujer y renovó el compromiso de la Iglesia por la igualdad

• Instó a implementar proyectos específicos para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer, con foco en la educación de los jóvenes

• Pidió que no se minimicen las agresiones y que no se tema denunciarlas, incluyendo el clima de justificación que atenúa responsabilidades

• Exigió el cese de las bombas en Medio Oriente y pidió abrir espacios de diálogo para escuchar la voz de los pueblos afectados

• Expresó profunda consternación por la escalada bélica en Irán y advirtió sobre el peligro de que el conflicto se extienda a países vecinos como el Líbano ★

Espectáculos 🎭

Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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