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Mujeres

Dos siglos de lucha: la historia obrera y feminista del #8M

La celebración del Día Internacional de la Mujer nació de la lucha obrera, marcada por la tragedia de 146 trabajadores asesinados en una fábrica textil de Nueva York. Desde Mary Wollstonecraft en 1792 hasta el Paro Internacional de Mujeres, la jornada condensa más de dos siglos de reivindicaciones feministas.

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★ La historia del Día Internacional de la Mujer es inseparable de la historia de la lucha de clases, del movimiento obrero y de la barbarie capitalista que costó la vida a decenas de trabajadoras encerradas deliberadamente en fábricas incendiadas. Lo que hoy se conmemora cada 8 de marzo tiene su origen en las contradicciones de las relaciones de producción y en la resistencia de las mujeres trabajadoras que, desde principios del siglo XX, transformaron sus reclamos particulares en una lucha internacional por la igualdad.

Si bien las relaciones de género y sus contradicciones fueron abordadas desde la antigüedad, no fue hasta la modernidad que las mujeres tomaron en sus propias manos la problemática y comenzaron a hacer públicos sus reclamos y reivindicaciones, desafiando siglos de subordinación naturalizada.

Mary Wollstonecraft: la primera feminista de la modernidad

Mary Wollstonecraft, con su obra «Vindicación de los derechos de la mujer» publicada en 1792, instaló los principios del feminismo moderno. Esta escritora y filósofa inglesa, madre de Mary Shelley (la autora de Frankenstein) y compañera de William Godwin (pionero del movimiento anarquista), fue la primera en distinguir y argumentar que las mujeres no son por «naturaleza» inferiores al hombre y que ambos géneros deberían «recibir la misma educación» y ser considerados, de la misma manera, como «seres racionales».

Wollstonecraft cuestionó frontalmente la ideología dominante de su época, que justificaba la subordinación femenina apelando a supuestas diferencias naturales e inmutables entre hombres y mujeres. Al plantear que la inferioridad de las mujeres era producto de la educación diferenciada y no de la biología, abrió el camino para las luchas emancipatorias posteriores.

Con Wollstonecraft considerada como la primera feminista de la modernidad, la chispa de las reivindicaciones de género fueron poco a poco propagándose, principalmente entre las mujeres anarquistas, para más tarde llegar a toda la clase trabajadora y el movimiento obrero.

La tragedia de Triangle Shirtwaist: 146 trabajadores asesinados

El 25 de marzo de 1911 ocurrió una de las tragedias que marcaría para siempre la historia del movimiento obrero y del feminismo. En la fábrica textil Triangle Shirtwaist Co, ubicada en Nueva York, 123 obreras perdieron la vida a causa de un incendio provocado por los dueños de la fábrica, junto con 23 hombres, en su mayoría jóvenes inmigrantes de Europa del Este e Italia.

Los trabajadores se encontraban en el marco de una huelga por mejores condiciones de trabajo cuando fueron encerrados intencionalmente en las instalaciones que, posteriormente, fueron incendiadas con todas sus trabajadoras dentro. Este crimen patronal, perpetrado para quebrar la organización sindical y disciplinar a la fuerza de trabajo, es considerado uno de los desastres industriales más grandes de la historia de la ciudad de Nueva York y de todo Estados Unidos.

El siniestro de Triangle Shirtwaist Co expuso brutalmente las condiciones de explotación extrema que enfrentaban las trabajadoras textiles: jornadas extenuantes, salarios miserables, hacinamiento en talleres insalubres y patronales dispuestas a asesinar antes que ceder derechos laborales.

Las socialistas proclaman el Día de la Mujer Trabajadora

Dos años antes de la tragedia, en 1909, el Partido Socialista de Estados Unidos ya había declarado el 28 de febrero como el Día de las Mujeres Socialistas. Esta iniciativa buscaba visibilizar las reivindicaciones específicas de las mujeres trabajadoras dentro del movimiento obrero y vincular la lucha por la igualdad de género con la lucha anticapitalista.

Poco después, en agosto de 1910, la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas amplió el alcance de la celebración al proclamar esa jornada como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Las socialistas marcaron a ese día como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres y el objetivo era promover la igualdad de derechos con los hombres, el derecho al voto y el fin de la opresión social, laboral y también en el ámbito familiar. Esta triple dimensión (política, laboral y familiar) reconocía que la subordinación de las mujeres no se limitaba al ámbito productivo, sino que atravesaba todas las esferas de la vida social.

La primera celebración: 19 de marzo de 1911

Luego de la proclama de las mujeres socialistas, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, donde además de exigirse equidad sobre el sufragio universal, se reclamó por el derecho a ocupar cargos públicos, por el acceso a la formación profesional, por el trabajo legítimo y la no discriminación laboral.

Unos días más tarde, la conmoción internacional por el crimen de la fábrica textil Triangle Shirtwaist Co determinó el escenario para que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora adquiriera una dimensión aún mayor, vinculando definitivamente la lucha feminista con la lucha obrera y anticapitalista.

Por qué se eligió el 8 de marzo

Aunque la tragedia de Triangle Shirtwaist Co ocurrió el 25 de marzo, no se eligió esa fecha para la conmemoración. En cambio, se escogió el 8 de marzo por relacionarse con otra lucha protagonizada por mujeres trabajadoras: una huelga en la fábrica textil Cotton de Nueva York, desarrollada el 8 de marzo de 1908.

Esta elección respondió a tres motivos: por tratarse de una huelga protagonizada por mujeres, por ser también en la industria textil y por haberse desarrollado en la misma ciudad, Nueva York. De esta manera, el 8 de marzo condensaba la memoria de las luchas obreras femeninas previas a la tragedia de 1911.

En 1914, Alemania, Suecia y Rusia conmemoraron por primera vez y de manera oficial un 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer. Una nueva fecha para la celebración que conservó la impronta que marcaron las socialistas: que fuera una jornada de lucha por los derechos de las mujeres, no una fecha de celebración vacía de contenido político.

El 8 de marzo y la Revolución Rusa

En Petrogrado, Rusia, el 18 de febrero de 1917, en plena Guerra Mundial y en vísperas de la Revolución, la gigantesca fábrica Putilov cerró dejando a 30.000 trabajadores en situación desesperada, lo que derivó en un fuerte reclamo y una huelga masiva.

Veinte días más tarde, el 8 de marzo, se celebraron una serie de manifestaciones con motivo del Día Internacional de la Mujer, movilizaciones que generaron una fuerte tensión. La situación alcanzó un álgido tono político y económico y al día siguiente, el 9 de marzo de 1917, los cosacos tenían la orden de reprimir las manifestaciones obreras.

Pero las imágenes previas de ver a las amas de casa mendigando pan fueron la gota que derramó el vaso y en un marco de hastío general, la fuerza de choque imperial se negó a atacar al pueblo que había tomado las calles. Esta insubordinación militar, provocada en parte por la movilización del 8 de marzo, marcó un punto de inflexión en el proceso revolucionario ruso.

Alexandra Kollontai y las conquistas bolcheviques

Después de la Revolución de Octubre, una destacada miembro del Partido Bolchevique, Alexandra Kollontai, logró grandes reivindicaciones y leyes para la mujer, como que fuera legal el divorcio y el aborto, y también consiguió que el 8 de marzo se considerase fiesta oficial en la Unión Soviética.

Estas conquistas representaron avances extraordinarios para la época: el derecho al divorcio permitía a las mujeres escapar de matrimonios forzados o violentos, mientras que la legalización del aborto reconocía la autonomía de las mujeres sobre sus propios cuerpos, décadas antes de que estos derechos fueran conquistados en Occidente.

A pesar de los logros de Kollontai y las mujeres rusas, durante varias décadas esa jornada fue laborable. Sin embargo, el 8 de marzo de 1965, por decreto del Presidium del Sóviet Supremo de la Unión Soviética, se declaró esa fecha como no laborable, consolidando el reconocimiento estatal de la importancia de esta conmemoración.

La ONU incorpora el 8M en 1975

Una década más tarde, en 1975, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también comenzó a celebrar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Y en diciembre de 1977 proclamó definitivamente esa jornada como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Esta proclama de la ONU llevó a algunos países a oficializar este día dentro de sus calendarios. Esa adhesión fue creciendo con los años y en la actualidad son muy pocos los países que no conmemoran esa fecha oficialmente.

La incorporación del 8M al calendario oficial de la ONU significó, por un lado, un reconocimiento internacional de las luchas feministas, pero por otro lado también implicó un proceso de despolitización y neutralización de su contenido original, vinculado a la lucha de clases y al anticapitalismo.

El Paro Internacional de Mujeres: nueva etapa de lucha

En los últimos años, el 8 de marzo volvió a adquirir su carácter original de jornada de lucha y movilización. El Paro Internacional de Mujeres, que se realiza desde hace varios años, recuperó la tradición de las huelgas obreras femeninas que dieron origen a esta fecha.

El paro se constituye como una herramienta de lucha contra la violencia de género en todas sus manifestaciones, contra la precarización laboral que afecta especialmente a las mujeres, contra la desigualdad salarial y contra el desmantelamiento de políticas públicas de género.

Argentina: de Juana Azurduy a las luchas actuales

En la Argentina, la historia de las luchas de las mujeres también tiene raíces profundas. Las mujeres guerrilleras que seguían a Juana Azurduy peleaban la doble lucha: la nacional y la social. Por ser respetadas como ciudadanas por los dueños de la tierra, como bien lo expresara en sus cartas Martín Miguel de Güemes.

Esta tradición de lucha vinculada a la liberación nacional y social se proyecta hasta el presente, donde las mujeres argentinas enfrentan brechas estructurales que persisten pese a décadas de reivindicaciones.

Las brechas actuales en Argentina

Los datos actuales muestran que las conquistas siguen siendo insuficientes. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basándose en datos de la Encuesta Permanente de Hogares al tercer trimestre de 2025, la tasa de desempleo para las mujeres ascendió al 7,4%, frente al 5,9% de los varones.

Las mujeres representan el 64,2% de las personas con menores ingresos en el país, mientras que los varones concentran el 63% del sector de mayores ingresos. En el sistema tributario, las mujeres apenas representan el 32,8% de quienes tributan Bienes Personales y el 30% en el Impuesto a las Ganancias.

Estas desigualdades marcan que las mujeres son las que más sufren la desocupación, la precarización y el menor salario, reproduciendo en el presente las mismas injusticias que dieron origen al 8 de marzo hace más de un siglo.

La lucha continúa

Resulta fundamental seguir avanzando en la feminización del trabajo, en las organizaciones sociales, en los gremios y en la realidad cotidiana. Para seguir aquella pelea de las mujeres guerrilleras de Juana Azurduy, por la liberación nacional y por la liberación social.

El 8 de marzo no es una fecha de celebración vacía, sino una jornada de lucha que condensa más de dos siglos de resistencia feminista y obrera. Desde las 146 trabajadoras y trabajadores asesinados en Triangle Shirtwaist Co hasta las 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina durante 2025, la historia del 8M es la historia de una lucha inconclusa que continúa exigiendo igualdad, justicia y el fin de todas las formas de opresión.

Puntos clave:

• El 8 de marzo tiene su origen en la lucha obrera y socialista, marcada por la tragedia de Triangle Shirtwaist Co donde murieron 146 trabajadores encerrados e incendiados por los patrones

• Mary Wollstonecraft fundó el feminismo moderno en 1792 al argumentar que las mujeres debían recibir la misma educación que los hombres y ser consideradas seres racionales

• La Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas proclamó en 1910 el Día Internacional de la Mujer Trabajadora como jornada de lucha por la igualdad de derechos

• Alexandra Kollontai logró tras la Revolución Rusa la legalización del divorcio y el aborto, y que el 8 de marzo fuera fiesta oficial en la Unión Soviética

• En Argentina, las mujeres representan el 64,2% de las personas con menores ingresos y enfrentan una tasa de desempleo del 7,4%, evidenciando brechas estructurales que persisten ★

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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