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Cambio climático

COP30 en Brasil: la cumbre climática busca un acuerdo urgente para evitar el colapso global

Líderes mundiales debaten en Belém la movilización de 1,3 billones de dólares anuales y la urgencia de actualizar los planes de reducción de emisiones para no superar el límite de calentamiento de 1,5°C.

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COP30 en Brasil: líderes mundiales se reúnen para combatir el cambio climático

La 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) comenzó en Belém, Brasil, y se extenderá hasta el 21 de noviembre. El evento reúne a líderes mundiales, científicos y organizaciones de la sociedad civil para debatir acciones prioritarias con un objetivo claro: evitar que el aumento de la temperatura global supere el límite de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París de 2015.

La agenda se centra en la presentación de nuevos planes nacionales de acción climática (NDC), los avances en los compromisos financieros asumidos en la COP29 y la discusión sobre el futuro de los combustibles fósiles. Bajo la presidencia brasileña, la cumbre busca promover una “tarea colectiva”, o mutirão en vocablo indígena, para subrayar la importancia de la participación de todos los sectores, desde comunidades originarias hasta líderes empresariales.

La urgencia de los recursos financieros

La magnitud del desafío es monumental. Según información de la ONU, se requieren al menos 1,3 billones de dólares en inversiones climáticas anuales para 2035. Sin una acción urgente, los científicos advierten que las temperaturas globales podrían aumentar entre 2,3°C y 2,8°C para finales de siglo, lo que provocaría que vastas regiones se volvieran inhabitables debido a inundaciones, calor extremo y el colapso de los ecosistemas.

El eje de las negociaciones será el Informe de la Hoja de Ruta Bakú-Belém, que detalla cinco prioridades para movilizar recursos. Entre ellas se destacan el fortalecimiento de fondos multilaterales, la mejora en la cooperación para gravar actividades contaminantes y la conversión de deuda soberana en inversión climática. Esta última medida, según sus impulsores, podría desbloquear hasta 100.000 millones de dólares para los países en desarrollo.

Una brecha de ambición que debe cerrarse

Otro punto crítico en la agenda de Belém es la última ronda de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN), los planes que detallan cómo cada país reducirá sus emisiones de gases de efecto invernadero. Para cumplir la meta de 1,5°C, las emisiones globales deben reducirse en un 60% para 2030. Sin embargo, las CDN actuales solo contemplan una reducción del 10%.

La falta de compromiso es evidente: de las 196 Partes del Acuerdo de París, solo 64 habían presentado sus CDN actualizadas a finales de septiembre. Durante las conversaciones preparatorias en Alemania, numerosos países advirtieron que esta brecha de ambición debe cerrarse en la COP30.

Además, se espera la aprobación de 100 indicadores globales para monitorear el progreso en la adaptación al cambio climático. Aunque 172 países ya cuentan con planes de adaptación, 36 de ellos están desactualizados. El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió que el financiamiento para esta área debe multiplicarse por doce para 2035 para satisfacer las necesidades de las naciones en desarrollo.

Finalmente, la COP30 impulsará el Programa de Trabajo para una Transición Justa, con el objetivo de garantizar que las medidas climáticas no profundicen la desigualdad. Organizaciones de la sociedad civil exigen un “Mecanismo de Acción de Belém” para coordinar estos esfuerzos y ampliar el acceso a tecnología y financiamiento para los países más vulnerables.

Cambio climático

El Super Niño se fortalecerá hacia fin de año y podría extenderse hasta abril de 2027

Los pronósticos climáticos anticipan un período de lluvias abundantes y tormentas durante el verano. El impacto más fuerte se concentraría entre diciembre de 2026 y enero de 2027, con especial atención sobre el Litoral y el noreste argentino.

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El fenómeno conocido como Super Niño podría alcanzar su etapa de mayor intensidad hacia fines de 2026 y extender sus efectos durante los primeros meses de 2027. Los modelos climáticos prevén un verano con precipitaciones superiores a las habituales en distintas regiones de Sudamérica, con posibles consecuencias sobre los ríos y las zonas que ya registran crecidas.

De acuerdo con el Centro de Predicción Climática de EEUU, dependiente de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el evento se fortalecería hasta fin de año y mantendría una intensidad fuerte a muy fuerte durante el trimestre enero-marzo de 2027. El organismo estimó una probabilidad superior al 83% de que se concrete ese escenario, según el informe publicado el 8 de octubre.

Para la Argentina, el período de mayor impacto se ubicaría entre diciembre y enero, en coincidencia con una etapa de lluvias importantes en el centro y el norte del país.

Hasta cuándo podría extenderse el Super Niño

Las proyecciones no establecen una fecha precisa para el final del fenómeno. El meteorólogo de Meteored Mauricio Saldívar señaló que el Super Niño podría prolongarse sobre la cuenca del Plata «hasta al menos abril».

En la misma línea, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anticipó en su actualización de septiembre una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista, al menos, hasta febrero.

De todos modos, los pronósticos estacionales permiten identificar tendencias generales, pero no anticipar con exactitud cuándo se producirá cada tormenta ni qué intensidad tendrá en una localidad determinada.

Cuáles serán las provincias más afectadas

Según el meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, las áreas argentinas que podrían recibir las precipitaciones más abundantes son:

  • Misiones.
  • Corrientes.
  • Entre Ríos.
  • Este de Formosa.
  • Este de Chaco.
  • Noreste de Santa Fe.

El escenario de lluvias intensas también alcanzaría a los estados brasileños de Santa Catarina, Paraná y Río Grande do Sul, además de Uruguay y el este de Paraguay.

La atención sobre los ríos Paraná y Paraguay

Uno de los principales puntos de preocupación es el posible impacto de las precipitaciones sobre las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay.

Las lluvias abundantes en las provincias del Litoral y en los territorios vecinos podrían trasladarse a esos cursos de agua y provocar crecidas aguas abajo. Por eso, el seguimiento del fenómeno no se limita a los registros de precipitaciones: también resulta importante observar la evolución de los niveles de los ríos.

El desarrollo del Super Niño durante los próximos meses será clave para evaluar la magnitud de sus efectos. Mientras tanto, los organismos meteorológicos mantienen bajo observación la evolución de las condiciones del Pacífico ecuatorial y sus posibles consecuencias sobre el clima regional.

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