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«En Jujuy estamos viviendo una dictadura»
Así lo dijo la dirigente social Milagro Sala. Habló sobre la persecución que se ejerce sobre su figura y denunció al gobierno de Gerardo Morales.
Milagro Sala lleva seis años y siete meses detenida de manera arbitraria. Su arresto–en enero de 2016– se fundó en una acusación por dirigir un acampe frente a la gobernación de Jujuy, donde acababa de desembarcar el actual gobernador jujeño, Gerardo Morales.
Luego llovieron las denuncias, los testigos comprados, las operaciones mediáticas. Está acusada de comandar una supuesta asociación ilícita y tiene otras 17 causas en su haber. La dirigente social sigue afirmando que Morales puso en marcha una persecución de la que todos saben pero nadie interviene.
En una entrevista exclusiva publicada por la cooperativa de Tiempo Argentino, la dirigente sostuvo que su situación personal «no es solo problema del presidente (Alberto Fernández). Esto es una cuestión que abarca a todo el aparato estatal. Ningún diputado o senador viene a ver qué está pasando en Jujuy. Esto no es nada nuevo. Muchas organizaciones sociales, que no tienen nada que ver con la Tupac Amaru ni conmigo, salieron a decir que la justicia de Jujuy es parcial y responde a los pedidos de Gerardo Morales. El gobernador maneja los tribunales como él quiere. Si los jueces no quieren obedecerlo, son destituidos con juicios políticos. Desde hace mucho denuncio estos manejos, pero a nadie parece importarle. «Cuando asumieron Alberto y Cristina pensé que la persecución iba a parar. Sin embargo está cada vez peor porque nadie interviene. Lo único que quiero es que revisen la Justicia de Jujuy.«
«Me hostigan e inventan causas en las que involucran a otras personas solo porque tuvieron contacto conmigo. No sé hasta dónde quieren llegar con esta agonía que nos están haciendo vivir. Estamos completamente desprotegidos», señaló.
Agregó que «muchas veces intentamos hablar y pedimos por favor que nos escuchen, pero nadie nos cree. Ellos inventaron tanto que le hicieron creer a la gente que lo que dicen es verdad. ¿De qué sirve que una se haya dedicado a ser honesta durante toda su vida si ellos se encargan de desprestigiarte?», se preguntó Sala.
Detalló además que el Ejecutivo jujeño conducido por Morales la investigan y usan a los medios en su contra. «Pero ¿por qué nadie investiga las mansiones que se construyeron los hijos de Gerardo y Freddy Morales? Porque la orden está puesta en que me destruyan a mí, a la negra coya. Con mi organización hemos construido cientos de obras que le mejoraron la vida a miles de jujeños. Ellos tienen infinidad de proyectos sin terminar, sin embargo los corruptos somos nosotros», denunció. «Todos sabemos que Morales ofreció plata y contratos para que muchos me apuntaran con el dedo», dijo Milagro.
Sobre el caso de las denuncias televisivas en su contra, Sala dijo que «lamentablemente, Shakira (Mirta Guerrero) es una víctima de Gerardo Morales. No puedo hablar mal de ella porque sé que la han quebrado. Estuvo seis años presa y ahora la compraron. También intentaron con Graciela López, pero no pudieron. Ella misma denunció que una funcionaria de Morales le ofreció trabajo a cambio de su testimonio. Además, le dijeron que le iban a dar un «libreto» para que sepa exactamente qué decir. Desde el 2017 todos los arrepentidos usan el mismo relato, eso no es casual. Morales maneja la justicia. Él es el que juzga, el que baja el martillo y el que te encarcela. Desde que llegó al poder, en Jujuy mandan los operadores políticos y los servicios de inteligencia«, sostuvo.
Explicó además que «Morales me usa para hacer campaña en Buenos Aires. Ahora dicen que tengo dólares y cuentas bancarias en el exterior. Si tengo todo eso ¿por qué no pueden demostrarlo? Me han acusado de cualquier cosa, pero ya basta, todo tiene un límite. Una cosa es que seamos rivales políticos, pero otra es que lleguen a maltratarme al punto de que quiera atentar contra mi propia vida».
Sobre las causas que se encuentran en manos de la polémica Corte Suprema de la Nación, Milagro se mostró escéptica: «Sinceramente, lo que diga la Corte, para bien o para mal, me tiene sin cuidado. Porque aunque la resolución del tribunal sea favorable, en Jujuy sigo teniendo otras 17 causas, todas armadas por el jefe de los fiscales de Jujuy, Sergio Lello Sánchez», expresó.
En el último tramo de la entrevista, Milagro confesó que fue «muy feliz cuando empezó a gobernar Néstor Kirchner, porque él vino a cumplir con las demandas por las que los 30.000 desaparecidos dejaron sus vidas. Muchas veces celebré no haber vivido activamente durante los ’70, porque seguramente hubiese sido una víctima más. Sin embargo, siento que en este momento estoy viviendo algo similar. Hoy puedo terminar de comprender todo ese sufrimiento. La peor tortura no es solo la física, los moretones se van dentro de un par de semanas. Lo que es imposible de borrar son las consecuencias psicológicas que deja el hostigamiento constante. Sin dudas, en Jujuy estamos viviendo una dictadura porque nadie puede cuestionar a nuestro gobernador sin que lo metan preso».
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A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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