Análisis
Un mes de las infancias atravesado por el sabor amargo de la desigualdad
María Elena Naddeo es vicepresidenta de la APDH, titular de Niñez y Género de la Defensoría del Pueblo.
Por María Elena Naddeo
En el mes de las infancias tenemos un fuerte sabor amargo que nos impide expresar alegría o esperanza. Nos falta una niña en la Escuela 11 del DE 5, muerta por el gradual deterioro de su salud. La convicción de que esta muerte era evitable es la misma que tenemos y hemos denunciado en otros ámbitos, en otras tierras. Alzamos nuestra voz por las chicas violentadas, abusadas sexualmente en los territorios de los pueblos originarios. La campaña contra el “chineo” es una propuesta de las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir a la cual adherimos con toda convicción. También en el Norte profundo las muertes infantiles no paran de ocurrir, sin conmover lo suficiente a los organismos públicos.
La muerte de la niña de Barracas ocurre en la ciudad supuestamente más rica del país. La sensación de impotencia e impunidad nos domina. Tenemos que denunciar que esta CABA de la riqueza es, al mismo tiempo, la ciudad de la más profunda desigualdad, y que en los barrios más humildes de Retiro, Barracas, Pompeya, Bajo Flores y otros, están agudizándose las condiciones de deterioro de la salud, de la educación y de la contención social de toda una generación de niñas, niños y adolescentes. Desde APDH, la red de APIABA, la Defensoría del Pueblo venimos reclamando mayores recursos para la atención de la niñez vulnerada. Los equipos de los CESAC, de las defensorías zonales, de los EOE están colapsados, lo decimos hace tiempo sin encontrar modificaciones sustanciales.
La pandemia hizo lo suyo, rompió redes y dispositivos que con mucho esfuerzo y capacidad creativa se enlazaban entre los programas, servicios y la comunidad. No fueron restablecidos por el Gobierno de la Ciudad, por el contrario, las políticas de atención primaria de salud, de las áreas programáticas hospitalarias han sido objeto de fuertes recortes y embates.
En lo inmediato es urgente un reconocimiento por parte de las autoridades ministeriales de la Ciudad de las limitaciones detectadas es imperioso restablecer las redes de salud y de salud escolar para prevenir tanto sufrimiento. No hacerlo constituye una fuertísima violación de derechos de las infancias.
Por Jesús Rivero
Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal.
Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.
En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.
Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma, en su cuaderno en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.
* escritor y activista político
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