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Judiciales ⚖️

Caso Luciano: «no existe la opción de que el arma del policía se haya disparado sola»

Aseguró Judith, madre de la víctima, mientras continúan las declaraciones de testigos en la instancia judicial.

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La madre de Luciano Olivera, el adolescente de 16 años asesinado el último viernes de un balazo en el pecho por policías que lo persiguieron porque aparentemente se negó a detenerse en un control en la ciudad balnearia de Miramar, aseguró este lunes que ese día «había un circo de policías» en el lugar del hecho y remarcó que «no existe la opción de que el arma se haya disparado sola».

En tanto, fuentes judiciales indicaron que durante la mañana declaró como testigo en el marco de la investigación del hecho uno de los amigos de la víctima que estaban con él la madrugada del crimen, mientras que para mañana está previsto que lo hagan los familiares con los que el adolescente convivía.

A su vez, mañana comenzarán las pericias pedidas por la fiscal del caso, Ana María Caro, titular de la Unidad Funcional de Instrucción descentralizada de Miramar, que buscarán determinar si funcionaba correctamente el arma perteneciente al policía imputado por el hecho, Maximiliano González (25).

«Lo único que queda es esperar justicia. Un circo de policías era. Todos sabían lo que se había hecho y sabían lo que se iba a venir. Mientras traían más policías, los únicos que estábamos éramos yo, mi pareja y los amigos del nene, ¿qué podíamos hacer? «, dijo este mediodía Judith, mamá de la víctima.

Además, la mujer contó que los policías trasladaron rápidamente del lugar al acusado de ser el autor del disparo, y denunció que los agentes la agredieron físicamente a ella cuando «pedía explicaciones» por lo sucedido.

«Cuando descubro que mi hijo tenía un balazo en el pecho, me levanté y ellos me pegaron. Pedía respuestas y nadie me decía nada. Yo estuve toda la noche arriba de mi hijo y de a momentos me levantaba para pedir explicaciones y me pegaban. No me hablaban, me pegaban», relató la madre del adolescente, quien dijo que, como consecuencia de los golpes, tuvo que ser internada el domingo en un centro de salud por «fuertes dolores en las costillas y la espalda».

En en marco de la causa, la madre y padrastro del joven declararán mañana como testigos en la sede de la fiscalía en Miramar, según confirmó a Télam Cintia Aristegui, madrina de la víctima, quien es además integrante de la Policía Bonaerense y también brindará testimonio.

Además, desde mañana a las 10 se harán en el Instituto de Ciencias Forenses de Mar del Plata, dependiente del Ministerio Público, las pericias para determinar si la pistola Bersa 9 milímetros utilizada por el efectivo detenido funcionaba correctamente.

También será peritada la vaina servida del proyectil, que fue hallada en el lugar, mientras que el plomo que perforó la remera, el buzo, la campera que la víctima llevaba puestos, y que atravesó su cuerpo, no pudo ser localizado durante los rastrillajes llevados a cabo tras el hecho.

Fuentes cercanas a la investigación indicaron además que este lunes se inició en el Cuerpo de Ayudantía Técnica a la Instrucción de la Fiscalía General el análisis de decenas de cámaras privadas relevadas en las cuadras que duró la persecución de Olivera por parte de uno de los patrulleros involucrados, y el Municipio de General Alvarado aportó además imágenes tomadas por dispositivos del sistema de monitoreo público.

La fiscalía intentaba además determinar el origen de una imagen que circuló desde el día del crimen por redes sociales, tomada supuestamente durante el momento en que Olivera fue baleado, que no fue sumada a la investigación por desconocerse su procedencia. En caso de ser identificado el autor de ese registro podría ser citado por la fiscalía a brindar declaración como testigo.

Los investigadores aguardaban además el informe definitivo de la autopsia al cuerpo de Olivera, que podría conocerse sobre el fin de la semana, y también el resultado de las pericias toxicológicas sobre la extracción de sangre realizada al imputado, que serán practicadas en una sede de la Asesoría Pericial del Poder Judicial bonaerense.

Por otro lado, el abogado defensor de González, Lautaro Resúa, aseguró que al efectivo acusado de asesinar a Luciano «se le escapó el tiro» y que en ningún momento «le apuntó» con su arma reglamentaria a la víctima.

«González refiere en todo momento que nunca apuntó con su arma; sí que la llevaba montada, pero que no apuntó hacia el cuerpo de Luciano», indicó el letrado en diálogo con el canal Todo Noticias.

La madre de la víctima rechazó rotundamente la versión de la defensa: «No existe la opción de que el arma se haya disparado sola. Y en caso de que existiera, viene todo mal desde arriba. Él lo estaba esperando con el arma en la mano. A la velocidad que venía Luciano, le dio tiempo a hacer todos los pasos que lleva disparar un arma».

Respecto del imputado, la fiscalía solicitó además documentación sobre capacitaciones y antecedentes laborales suyos. Por otra parte, la madre de Olivera dijo que «no quiere ver trabajando» al exjefe de la Policía de Seguridad Comunal de General Alvarado, el comisario Edgardo Vulcano, quien fue desplazado ayer de su cargo por el Ministerio de Seguridad provincial, con el objetivo de que la investigación del caso «se pueda realizar con todas las facilidades», según indicó una fuente oficial.

«Al comisario lo trasladaron. Ahora lo mandaron a un pueblo, y va a hacer la misma mierda que hizo acá. Yo no lo quiero ver más trabajando. Todo lo que me pasó hasta ahora fueron palabras. Yo quiero hechos», concluyó.

El asesinato de Luciano

El asesinato de Olivera se produjo en la madrugada del último viernes, cuando un patrullero con cuatro efectivos a bordo quiso identificar presuntamente al adolescente que se trasladaba a bordo de una moto Yamaha YBR 125 roja.

En circunstancias que aún son materia de investigación, efectivos que iban en otro móvil se cruzaron en su camino en la avenida 9, entre las calles 32 y 34, y luego de descender de esa unidad, González le efectuó un disparo con su arma reglamentaria.

Entrevista

EXCLUSIVO: Pablo Grillo y la vida después del disparo que lo dejó “casi contándola desde el cielo”

En una charla íntima, el fotógrafo cuenta sobre la vida después del ataque: el apoyo de su familia, lo espiritual, la ausencia de rencor y la esperanza de justicia. También recuerda sus comienzos con la fotografía y los sueños que lo empujan a seguir.

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El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

En una tarde de abril, de esas en las que el sol parece querer quedarse un rato más, la escena tiene algo de refugio: banderines colgados, una foto de Maradona y unos mates que circulan sin apuro. La charla es íntima. Pablo Grillo habla sin solemnidad, con una mezcla de liviandad y profundidad que atraviesa toda la conversación. 

“Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.

El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

Hoy estamos alucinante, ATR. Estamos bien. Que no es poco”, dice, después de un año que define como “de casi contarla desde el cielo”. Su vida, admite, ya no es la misma. Cambió el ritmo, cambió la forma de moverse y también ciertas rutinas que antes eran naturales. “Ya no hago los mismos recorridos que hacía antes de salir al barrio… no por cuestión de que no lo puedo hacer, sino que no sé cómo hacerlo”.

La transformación también se mete en lo cotidiano, incluso en lo afectivo. Hace quince años que está en pareja, pero todavía no volvió a verla. “Estoy esperando que me llegue el mensaje”, sin enojo, más bien con una calma que sorprende después de todo lo vivido.

La veo con otra carrera, con otro ritmo”, dice sobre la vida. Y, fiel a su forma directa de hablar, lo resume con una imagen brutal: “A lo mejor los noviazgos son para 20 años, o no… pero después te agarra un pelotudo, te pega un bombazo en la cabeza y te entierra”.

El día “D”

El 12 de marzo de 2025 no es un recuerdo lineal, pero tampoco se borró. Hay fragmentos nítidos: dos amigos, los únicos rostros conocidos entre la confusión, y la necesidad de no quedarse solo. “Cuando abría los ojos, eran los únicos dos que veía… los agarraba para que no me dejaran”.

El momento más crítico fue en la ambulancia. “Ahí sentí que me tenía que dejar hinchar las pelotas. Fueron 10 minutos”. Después, la intervención médica y el sistema de salud hicieron lo suyo: “Con toda la salud pública encima… me fui tranquilizando”.

No habla de miedo. Hace una distinción precisa: “Miedo no. Respeto. Respeto por lo que podría venir”.

Del gendarme que disparó (Héctor Guerrero) no tiene una imagen clara. No recuerda un gesto, ni una reacción. Sí, en cambio, una lógica: la de alguien que cumple un rol sin detenerse. Si lo tuviera enfrente, no imagina revancha. “Le tocaría el hombro y le diría: loco, tenés buena puntería, pero bajá un cambio. Bajá un cambio que tenemos vida por delante”.

Lo que lo sostuvo

En la reconstrucción, hay un sostén claro: su familia. Se aferra a su madre y a su padre, especialmente a su padre, a quien define como un referente. “Mi viejo es un líder para mí. Es un chabón que lo tengo ahí arriba. Y mi vieja también”, y agrega: “El chabón se cargó al hombro lo de los medios y salió en todos los medios”. También a su hermano, con quien creció entre discusiones y peleas típicas de la edad.

Los amigos ocupan otro lugar central. Los nombra con orgullo, como una red que creció incluso en medio de la adversidad. También aparece la ausencia de uno de ellos, que murió en un viaje. Una pérdida que atraviesa el relato con naturalidad, sin dramatizar.

A ese entramado se suma algo más difícil de definir. Grillo no se declara creyente en términos tradicionales, pero reconoce que algo cambió. Las muestras de afecto, los mensajes, las personas que rezaban por él lo llevaron a acercarse a una idea de lo espiritual. “Mucha gente venía y me decía, estamos orando por vos, entonces con esas cosas me fui aferrando un poquito más», comenta. “No es joda ser creyente”, resalta.

Contar y ser contado

La fotografía aparece como hilo de continuidad: “La cámara es un objeto que vi siempre”. Empezó de chico, casi como un juego heredado: su padre tenía una cámara y él la tomó como propia. De los cumpleaños y eventos familiares pasó a formarse y a construir un oficio.

Hoy se define como documentalista. Alguien que sale a buscar historias.

El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

Después de lo que vivió, esa mirada cambió. Ya no se trata solo de registrar, sino de entender mejor lo que está pasando. De anticipar, de leer el contexto.

También cambió su lugar: por primera vez, fue protagonista de una historia que otros contaron. Aun así, no hay rencor. “Cada uno actuó como tenía que actuar”, dice. Y agrega: “no siento rencor, y si lo siento, ya lo voy a liberar”.

Violencia institucional y la búsqueda de justicia

Cuando habla de política, el tono se vuelve más áspero. Recuerda la reacción pública de Patricia Bullrich y la indignación que le generó. Con Javier Milei es más directo, sin matices: “Es una basura”.

Cuestiona el rumbo del país y la dirigencia, y no oculta su posicionamiento político: se define abiertamente como “re-kirchnerista” y mantiene una identificación fuerte con Cristina Fernández de Kirchner, a quien incluso pudo saludar en una videollamada tras su internación y confiesa que le gustaría visitar.

En el plano judicial, su mirada apunta más arriba del autor material. Cree que el proceso no puede quedarse solo en quien disparó. “Agarraron al gendarme, pero las cabezas para arriba, bien, gracias”, dice. Y lo grafica con su propio lenguaje: “Están lavando los tuppers… y no es el único tupper”.

Lo que espera es claro: que la justicia avance y que lo haga de manera integral. “Lo tiene que hacer para que la gente vuelva a creer en ella”.

El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

Lo que viene

Después de pasar un año internado, volvió a su casa en marzo de este año. Pablo hoy se mueve con cierta cautela, pero también con decisión. Se siente acompañado, reconocido incluso por gente que no conoce. Eso todavía lo sorprende.

No volvió a la cancha -es hincha de Club Atlético Independiente, pasión heredada de su padre- por recomendación médica, pero tiene claro que quiere volver a hacer lo que hacía. Salir, estar, registrar. “Voy a ir al mismo lugar y voy a sacar las mismas fotos”, dice.

El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

Sueña con algo concreto: trabajar de fotógrafo, vivir de eso, que su trabajo sea valorado. Algo que antes le costaba decir y ahora no. También aparece un deseo más íntimo: volver a un lugar de su historia, Las Cañas, en Uruguay, donde pasaba los veranos con su familia. Un regreso que no tiene que ver con escapar, sino con recuperar algo propio.

“Valgo tanto”, dice. Y en esa frase, simple y nueva, parece condensarse todo lo que pasó.

El Argentino Diario-Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).
Entrevista exclusiva a Pablo Grillo (Foto: @Ludelmarmol).

Ping pong con Pablo Grillo

¿Messi o Maradona?

“Maradona”

¿Música?

“El rock and roll… y el reggae”

¿Qué es el barrio para vos?

“La vida. Me sacás del barrio y me sacás de la vida”

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