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Entrevista

Exclusivo: habló la mamá de Iara Rueda

Desde Jujuy, Mónica Cunchila cuenta en primera persona la dolorosa odisea de la búsqueda de su hija.

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Por Marina Caivano y Maria Paula Amoure.

Mónica Cunchila, la mamá de Iara Rueda, en una entrevista exclusiva con El Argentino, detalló el calvario que vivieron ella y su familia, desde la desaparición de su hija, hasta su triste aparición sin vida. Mónica nos contó la desidia que padeció a manos del estado provincial, el desinterés, la falta de empatía y el «ninguneo» de las fuerzas policiales de Jujuy y la justicia.

«Mi hija ha hecho el sacrificio ella de irse, pero que tenga un propósito, y que sea esta ley», expresó la madre de Iara y sus palabras nos interpelan como sociedad, pero sobre todo cuentan en primera persona el dolor de una mujer que espera que exista un verdadero cambio en la provincia, en relación a la búsqueda de personas y la violencia de género.

En un clima de absoluto respeto, sororidad, compañerismo y sobre todo mucho dolor, logramos comunicarnos con la mamá de Iara por videoconferencia. La charla fue extensa, no fueron necesarias muchas preguntas, ella tenía muchas ganas de contar su historia, la historia de Iara.

Nos costó -casi desde el comienzo de la nota- contener las lágrimas, Mónica sollozaba, se contenía, lloraba, gritaba de bronca y de dolor y volvía a llorar. Su indignación fue la nuestra. Nos atravesaba, como mujeres, como feministas. Nos hermanaba. Solo queríamos escucharla y recordarle, una vez más, que no estaba sola, que nos tenemos.

¿Cómo vivió las movilizaciones que reclaman justicia y verdad por Iara?

«Ese día que me enteré que falleció mi hija todo Palpalá se levantó –cuenta la mamá de Iara-, todo Palpalá hizo una marcha en homenaje a mi hija, yo sé que todo el pueblo se despertó y no hay nadie, ningún padre, nadie tiene que pasar por el calvario que yo pasé. Yo creo que hasta el vecino quiere poder salir tranquilo y mandar a su hijo a vóley, a inglés o a la escuela y tener la tranquilidad de que no vayas a llegar a casa y que no esté. Hoy en día nos vemos obligados los papás y las mamás a salir a trabajar, imagínate la desesperación de hacer la denuncia y que te digan que la vieron acá o la vieron allá y sentís que nadie hace nada, te volvés loca».

«mi hija dejó un propósito, y el propósito es que no nos callemos más».

«Entonces, después de ese día que fui a ver el tema del funeral de mi hija, se organizó la marcha en la provincia y sabés que me puse orgullosa, me dije yo sé que no la tengo, que ella está allá en el cielo, yo en ese momento odié a Dios porque se la llevó, pero cuando ví que tanta gente se juntaba pidiendo justicia y pidiendo que no pasen más estas cosas, sabés que me puso feliz porque mi hija dejó un propósito, y el propósito es que no nos callemos más. Y el propósito es que nos cuidemos, vecino, entre todos. Si vemos algo, colaboremos, informemos, no esperemos que aparezca como apareció mi hija –dice mientras llora– Horrible fue que te digan que está enterrada, que está atada. Pero así como mi hija, hay muchos desaparecidos».

«Como que recién se han despertado y se han puesto a trabajar, han unificado criterios. Pero con mi hija no, han esperado tanto que ahora mi hija no está».

«Yo creo que mi hija es un angelito que de ahora en más va a cuidar a todos los chicos. Me da alegría saber que hace pocos días han desaparecido chicas acá en Monterrey y Palpalá, pero sabés que con las movidas han aparecido. Como que recién se han despertado y se han puesto a trabajar, han unificado criterios. Pero con mi hija no, han esperado tanto que ahora mi hija no está«, se lamenta Mónica y rompe en un llanto imposible de contener.

«Pero ella dejó ese propósito -continúa-. Y cada vez hay más marchas. Acá en los pueblos chiquitos de Jujuy todo el mundo se levantó, y eso que dicen que nosotros somos récord, la gente dijo basta. Y a mí me fortalece el afecto de la gente. Viste que una mamá si te tocan un hijo, vos te transformás, sos una leona. Yo tengo tres nenas más, cómo puedo dejarlas andar en bicicleta sin saber si viene un pervertido y se la lleva como hicieron con mi hija. ¿Qué seguridad te dan de que si vas y denunciás se van a hacer las cosas bien?«

«Le costó la vida pero esto es un principio, hay un antes y un después.».

«Yo quiero que cambien los protocolos y las ordenanzas. Por qué no despejamos los lugares esos yuyales, colectivos abandonados que pueden ser aguantaderos, que ahí pueden meter a chicos, violarlos, etc. Pero qué te dicen cuando les decís si pueden retirarlos, te dicen ‘estamos esperando la orden de un juez’. Pero esperamos a que pase algo para movernos. Hagan las cosas que tienen que hacer. Si hay baldíos, si hay montes de yute, casas botadas. Colaboremos vecinos. Acá en el barrio dónde apareció el cuerpito de mi hijita, los vecinos han tenido que poner cada uno de su bolsillo, un tendal de cable y han puesto la iluminación. Los vecinos hoy han alquilado una máquina, han limpiado todo ese yuyal, hoy se ve de punta a punta todo eso. Le costó la vida pero esto es un principio, hay un antes y un después».

«Yo siempre digo: ¿Qué te cuesta poner la firma y decir ‘si, vayan y limpien’? Acá me dicen ‘te vamos a dar 20.000 pesos”, ¡pero la vida de nadie sale 20.000 pesos! –exclama Mónica-, una prefiere estar bien, tener a tu hija, saber que está, pero sabés que feo es ver a la noche su cama vacía. Mi hija veía ese dibujito Cebollín, tocaba la guitarra, ya no está –dice la madre en Iara mientras llora incontenible-. Les grité y les supliqué que pongan los perros, que pongan los drones, para qué tiene la Provincia drones, canes de rastreo, ¿para qué estén guardados? No, es del pueblo y cuando el pueblo lo necesita tienen que dárselo, por qué esperaron tanto. Y ahora ya no está mi hijita, una nena de 16 años que ya no va a ser mamá, ya no va a ser tía, ya no va a ser abuela, cómo le decís a sus hermanas, calmate, no llores, no, no se puede».

«donde se encontró a mi hija, el día anterior también fueron los vecinos de acá junto con mi esposo. No estaba el cuerpo de mi hija. Y ahí apareció el cuerpo después. ¡plantado!»

«Le pido a la gente, a toda la Argentina, ¡no paremos! Yo no hablo de violencia –explica-, mi hija era calma, yo no pido que vayan y que pinten, con que llevemos carteles, no solamente por mi hija, tantas chicas desaparecidas. La chica Cesia, imagínate la desesperación de esa mamá que no sabía dónde estaba su hija, y así muchas chicas, la chica Gabriela, de acá de Palpalá, que desapareció un día después que mi hija, un rastrillaje que tenían que hacer los vecinos más bien que se comprometa la Policía, que se comprometa el Municipio, no, los vecinos salían con machetes, en el yuyaral donde se encontró a mi hija el día anterior también fueron los vecinos de acá junto con mi esposo. No estaba el cuerpo de mi hija. Y ahí apareció el cuerpo después, plantado. Ahora dicen ‘justo se cortó la luz’. ¡Justo se cortó la luz cuando mi hija desaparece en la parada! ¡Justo se cortó la luz y no hay ningún video! ¡No hay nada! Ahora apareció un testigo que le dijo al comisario: ‘Yo vi una chica, me parece que era ella la que estaba ahí’, pero a mi no me escucho, no me hizo caso, si ese día hubiese cerrado todo yo tendría a mi hija y no estaría pidiendo que gritemos, que gritemos que esto cambie».

Desde ese momento que vas y haces la denuncia y pedís desesperadamente que la busquen, ¿cuánto tiempo pasó hasta que actuaron? 

«Todo se demoró, pasaron cinco días, hasta que hicieron algo. Desde el primer día a la noche, cuando recibimos un mensaje que decía que habían visto una chica que se la estaba llevando acá cerca un hombre, yo llame al jefe y me dijo: ‘ya, ya vamos a ir, si’. Al otro día me traje al comisario a mi casa y el testigo dijo ‘tengo miedo de hablar’, pero el comisario le tomo los datos y le mostró la foto, y ahí se perdió otro día más. Luego me pasaron a casos especiales e iniciaron otra vez las actuaciones, en vez de trabajar en conjunto y pedirle al juez o al fiscal que firme lo que tenga que firmar, no se, que cierren los tres barrio, limpiamos el barrio y el que no nos deja entrar a la casa es que algo esta escondiendo –señala Mónica en referencia a las pesquisas-. Pero no se hizo así, entonces, según la autopsia, ese día la matan a mi hija».

«El comisario rodríguez INSISTÍA que era un chiquilinada, que iba a aparecer. igual, si se hubiese ido con el noviecito mi hija era menor de edad, tenia 16 años y TENÍAN la OBLIGACIÓN de buscarla».

«Todos insistían ‘¿seguimos con el noviecito?’, pero aunque se hubiese ido con el noviecito mi hija era menor de edad, tenia 16 años y tenían la obligación de buscarla. Pero no, me decían hay que esperar. Les dije que desde el primer día me llaman y me cortan, ninguno me hizo caso. Y después, cuando pasa a delitos complejos me dicen que van a venir con los canes a las seis de la mañana ¿y a que hora vinieron? se pregunta mientras llora desconsolada, a las once de la mañana, cuando toda la gente estaba por marchar para que aparezca mi hija».

«Insistían que mi hija estaba ahí en un hotel, y yo les decía no es mi hija. Insistí con el informe del celular, porque ahí esta la clave. A ella la engañaron con el tema de un trabajo practico y la sacaron de casa. ¿Y que pasa cuándo le digo del celular? que ‘eso se demora mucho, que ya, que espere, que claro’…, pero si hubiese sido el hijo de un diputado, el hijo del gobernador, ya hubiese aparecido ese informe. No me pueden decir que ellos se demoran en todo. El comisario Rodríguez me dijo “es una chiquilinada, ya va a aparecer”.

«Después encuentran el celular de mi hija y me llaman para que vaya a buscarlo y cuando llego estaban todos ahí, sentados, sin hacer nada –relata indignada-. Escucho que entre ellos se preguntan: ‘¿Cuántos fuimos afectados? Dos turnos nada más, y mañana solamente trabaja un turno’. ¡No podés! –dice Mónica en referencia a la inacción de los uniformados-. Era una niña, desapareció una persona, no podés afectar solamente dos turnos. Y así, el domingo el comisario me avisa que ya está programado: ‘Ya conseguimos la gente para hacer rastrillaje'» -relata la mamá de Iara en referencia al operativo que inicia el día lunes-. «Y que casualidad –añade-, que cuando empiezan el rastrillaje, a las ocho de la mañana, una hora después aparece mi hija».

«mi hija era una adolescente de 16 años que le costó la vida y la gente está cansada que pase esto y que pasen estas cosas acá en jujuy».

¿Cree que las personas que están detenidas son las personas culpables y que hay de cierto en que conocían a Iara? 

«Es la primera vez que los veo, pero mi hija no se, no se cual será el motivo porque a mi hija la venían estudiando, esto no es de ahora. Mi hija esa semana me dijo “mama me quieren comprar el trabajo practico”, y la agarraron y a ella la engañaron. Al otro día estuvo con su hermana y bueno, yo no las conozco a esas personas, no se por que le han hecho este daño porque esta gente lo tiene todo premeditado. Porque ellos después dentro de la cárcel están bien, comen tienen techo, todo pero yo no la voy a tener más a mi hija, pero si tengo que pedir bueno, la cadena perpetua. Si dicen que ellos son, será porque las pruebas lo dicen, el informe del celular, insisto con el celular, insisto con que el informe ha sido muy tarde, no estamos en la era de piedra, no han querido trabajar, no han querido hacer las cosas bien, si vos no querés trabajar andate a tu casa y quedate ahí».

¿Qué opina del tratamiento en la Legislatura del Proyecto de Ley de Emergencia en Violencia de Género? ¿La han convocado para participar?

«A mi nadie me ha llamado. Ojalá que esto sirva para un cambio. Que nos unamos los argentinos, que sea un bien para todos, es la única forma. Mi hija ha hecho el sacrificio ella de irse, pero tiene un propósito: el propósito es esta ley. Mi hija era una adolescente de 16 años y la gente está cansada que pasen estas cosas acá en Jujuy».

Finalmente, cabe recordar que, según el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades (MMGYD), Jujuy es de las provincias con más casos de violencia de género, donde ocurrieron diez femicidios en el transcurso de este año, cinco de ellos registrados entre el pasado 8 de septiembre y el 8 de octubre, la mayoría en medio de denuncias por desaparición.

Actualmente continúa el tratamiento en la Comisión Géneros de la Legislatura provincial del Proyecto de Ley de Emergencia de Violencia de Géneros. Resulta urgente que se tomen medidas prontas y efectivas en Jujuy, que se desarme el entramado patriarcal que desoye las voces de las familias de las víctimas, desestima sus denuncias y no actúa con la celeridad necesaria para salvar vidas de mujeres y niñas.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144 o mandá un mensaje al 11-5050-0147 para recibir ayuda de profesionales.

Entrevista

Caso Ángel: “Los jueces tendrían que pensar en las infancias: un error puede llevar a una muerte”

La Lic. Analía Gómez Malacalza, psicóloga y perito forense, sostiene que existen fallos “tibios” incluso frente a evidencias, donde no se escucha a los niños y las decisiones se toman “desde el adulto”. Cuestiona la prioridad de los procesos de revinculación en el Poder Judicial, advierte la falta de capacitación y recursos, y reclama políticas concretas de prevención desde el Estado.

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La muerte de Ángel Nicolás López, el niño de cuatro años que falleció en Comodoro Rivadavia, volvió a poner en el centro una pregunta incómoda: ¿Qué está fallando cuando quienes deberían proteger a las infancias no lo hacen?

La autopsia reveló que el niño presentaba al menos 22 golpes compatibles con agresiones físicas en la cabeza, correspondientes a episodios de violencia que habrían ocurrido en los días previos, según confirmó la Fiscalía.

Lic. Analía Gómez Malacalza

Por el hecho, la madre del niño, Mariela Altamirano, y su pareja, Michael González, permanecen detenidos e investigados por presunto homicidio agravado. A esto se suma un dato que complejiza aún más el cuadro: el padre del niño, Luis Armando López, había sido denunciado en 2025 por su pareja, Lorena Andrade, por presuntos episodios de violencia.

En diálogo con Radio Buenos Aires, Paula Wachter, directora de la Fundación Red por la Infancia, advirtió: “El 80% de la violencia sucede en donde los niños deberían estar más protegidos, en el hogar”. Y remarcó: “El mismo año que Lucio Dupuy perdió la vida, otros 56 chicos también murieron. Desde entonces hasta hoy, al menos 80 niños murieron en la misma circunstancia que Lucio y que Ángel; lo que pasa es que sus casos no trascendieron”. Y agregó: “Esto sucede en todo el país y tiene una escala aún más grave: desde que estalló el caso de Ángel, nuestra fundación recibió al menos 36 pedidos de ayuda”.

En ese marco, la pregunta deja de ser únicamente qué pasó con Ángel para volverse más amplia: qué señales no se vieron, qué intervenciones fallaron y qué responsabilidades quedan pendientes cuando se habla de infancias vulneradas.

Para profundizar en estas dimensiones, El Argentino dialogó con la Lic. Analía Gómez Malacalza, psicóloga y perito forense, magíster en Psicología Infantojuvenil (MN 34222).

-¿Qué implica que una infancia esté atravesada por situaciones de violencia?

-La infancia, a veces, se piensa como un asunto privado, pero en realidad es una responsabilidad compartida entre la familia, la comunidad y el Estado. Esto es fundamental para entender cómo se configura la afectación en la infancia.

El niño o la niña va a ir respondiendo en su vida psíquica de acuerdo al cuidado que reciba de estas tres instancias. No podemos pensarlo solo de manera individual ni únicamente desde la familia de origen, porque el cuidado de la infancia es una responsabilidad colectiva.

-En la sociedad sigue instalada la idea de “no te metas”. ¿Cómo impacta eso en la protección de las infancias?

-Estamos instalados como sociedad en la cultura del “no te metas”. Eso genera un prejuicio social que lleva a pensar que lo mejor es no intervenir.

Por eso es clave trabajar en educación y prevención, para revertir esa lógica y que las nuevas generaciones entiendan que el cuidado implica intervención activa, no indiferencia.

Históricamente, el niño fue pensado como propiedad privada. Con el tiempo, ese paradigma fue cambiando y hoy se lo reconoce como sujeto de derecho, con avances como la Convención sobre los Derechos del Niño. 

Sin embargo, aunque esto está claro en el plano técnico y profesional, todavía no logra instalarse plenamente en la sociedad. Frente a esto, es necesario generar acciones concretas de prevención. Los distintos gobiernos deberían convocar a especialistas de la temática para diseñar políticas efectivas que permitan intervenir antes de que estos hechos ocurran.

-¿En qué fallamos los adultos cuando estas situaciones se repiten?

-Hay muchos actores sociales involucrados. Por un lado están los pares, la comunidad: vecinos, amigos, personas del entorno. Ante cualquier sospecha de que un niño pueda ser víctima de abuso o violencia, es fundamental conocer los protocolos y saber hacia dónde dirigirse para realizar una intervención.

Por eso es clave contar con herramientas claras, canales de denuncia accesibles -incluso anónimos-e incentivar la intervención social.

Por otro lado, están las escuelas. Deben existir protocolos de actuación ante un niño que llega golpeado a la institución: qué hace el equipo directivo, a quién se recurre y cómo se interviene.

El problema es que no en todas las provincias estos protocolos están actualizados o correctamente implementados. En muchos casos son precarios o antiguos, por lo que es necesario reforzar la prevención en las comunidades educativas.

La escuela interviene, pero muchas veces carece de herramientas al momento de activar los protocolos. Luego interviene el Estado, a través de una justicia que debería contar con equipos técnicos capacitados. Hoy nos encontramos con equipos que, en algunos casos, limitan o condicionan la escucha de lo que realmente ocurre.

A esto se suma una realidad estructural: el recorte presupuestario. Eso genera, por ejemplo, que un profesional deba realizar una cantidad excesiva de pericias mensuales, lo que impide trabajar con la profundidad necesaria.

-¿Qué piensa de la acusación hacia la psicóloga del caso Ángel?

-Cuando se apunta directamente contra la psicóloga, hay que considerar todas las aristas. Ese profesional muchas veces trabaja bajo presión, con salarios bajos y exigencias que no se condicen con la responsabilidad de su rol como perito judicial. Además, los tiempos de evaluación suelen ser muy acotados. A veces sería necesario realizar más entrevistas, aplicar técnicas adecuadas y contar con mayor tiempo para analizar cada caso. Esto no beneficia ni al profesional ni al niño. Y no es un problema aislado: se repite en distintas provincias del país. Hay pocos profesionales para demasiados casos. 

No se trata de justificar responsabilidades individuales, sino de abrir el debate. Si no, todo se reduce a buscar culpables, y eso no es constructivo.

-Está la Ley Lucio, pero algo falló. ¿Qué mecanismos de protección no se implementaron o fallaron en el caso Ángel?

-Es necesaria una capacitación obligatoria y una actualización permanente sobre las formas actuales de violencia en todas las áreas del Poder Judicial.

También debería existir un organismo o comisión que supervise cómo se trabaja en estos casos, porque hoy el sistema funciona de manera fragmentada: cada área actúa por separado, sin articulación.

El problema es que quien recibe la denuncia es quien debe resolver sobre la vida de un niño. Si bien existen mecanismos de detección temprana, faltan acciones efectivas de prevención.

En el caso Ángel, esas acciones no alcanzaron para evitar el desenlace. Por eso es necesario crear una comisión de seguimiento de casos para evitar que los expedientes queden aislados o fragmentados. Esto ocurre con frecuencia.

En Argentina existe la percepción de que la justicia es lenta, pero en estos casos, además de lenta, puede ser negligente. Cuando las víctimas son menores, el tiempo es crítico: en la vida de un niño, el tiempo corre en otra escala. Por eso, la intervención debe ser urgente. Se necesitan equipos mejor formados y recursos que hoy no alcanzan.

Finalmente, es fundamental una justicia objetiva, sin sesgos ideológicos, ya que la protección de las infancias es una responsabilidad colectiva.

-Cuando hay denuncias cruzadas y no se escucha al niño, ¿qué ocurre en el sistema?

-Yo veo todo el tiempo un vicio judicial. Muchas veces los jueces, secretarios o actores del sistema ubican el conflicto exclusivamente en los adultos y lo encuadran como un “conflicto parental de denuncias cruzadas”. En ese proceso, se pierde al niño.

Esto expresa un enfoque adultocéntrico que desvía el eje del caso y deja al niño en situación de vulnerabilidad. Se termina dando más respuesta a los expedientes de los adultos que al cuidado del niño.

-¿Por qué muchas veces se prioriza el vínculo con los progenitores y los procesos de revinculación por sobre la escucha del niño?

-Hoy todavía existe una cierta omnipotencia en los ejecutores judiciales que, en algunos casos, toman decisiones desde su ideología o juicio personal, de manera equivocada y fuera de criterios éticos.

Se habla del interés superior del niño, pero en la práctica muchas veces esto no se cumple. Hay niños que han hablado y no se ha tomado en cuenta lo que dijeron, y las decisiones se resuelven desde el mundo adulto. Esto es moneda corriente.

Uno de los argumentos frecuentes es evitar “el mal mayor” de perder el vínculo o no obstruir procesos de revinculación. Sin embargo, hay límites claros: existen situaciones donde hay estructuras de personalidad psicopáticas, consumos problemáticos o incapacidades para el cuidado de un menor, y en esos casos no puede haber dudas.

Se observan fallos tibios incluso ante evidencias. En muchos casos, los niños no son escuchados porque se sostiene que el rol del decisor es inapelable: “yo tengo la razón”.

Por eso, es necesario trabajar profundamente. Los jueces en la Argentina deberían pensar las infancias. Un error puede llevar a una muerte, por lo que estos roles requieren ética, conciencia y capacitación permanente.

-¿Cómo se relaciona la violencia de género con la violencia infantil en los hogares?

-En el pasado se hablaba de violencia familiar. Luego se avanzó en la diferenciación de tipos de violencias, entre ellas la violencia de género, que es una de las más relevantes. Puede coexistir o no con situaciones de violencia hacia niños. En términos estadísticos, muchas veces aparecen vinculadas, pero no siempre se puede establecer una relación directa.

Es necesario un análisis complejo de cada grupo familiar, ya que las violencias son múltiples y no se explican de manera única.

Cuando se trabaja con víctimas infantiles o juveniles, el abordaje debe centrarse específicamente en la infancia y con perspectiva de derechos. Si bien existe la Ley Lucio, el caso Ángel obliga a reflexionar sobre qué medidas deben modificarse y qué acciones concretas deben implementarse. Sin embargo, no se observan hoy planes concretos de prevención impulsados desde los espacios legislativos, más allá de los discursos.

-¿A quiénes les importan realmente las infancias?

-Es una pregunta angustiante. Da la sensación de que las infancias aparecen muchas veces en contextos electorales o en discusiones legislativas puntuales, donde pueden ser utilizadas dentro de determinados proyectos políticos.

No veo, en general, una inversión real en prevención: ni en presupuesto, ni en tiempo, ni en planificación sostenida.

Síndrome del niño maltratado: señales tempranas

La Lic. Analía Gómez Malacalza nos comenta qué señales pueden dar cuenta de situaciones de maltrato en las infancias y adolescencias:

En general, suelen presentarse dos patrones de comportamiento: por un lado, tendencia al retraimiento o aislamiento, con posibles conductas de autolesión; por otro, cuadros de alta irritabilidad, con cambios bruscos en el comportamiento y ausencia de sonrisa espontánea.

Otro indicador importante es la alimentación. En muchos casos, la angustia se expresa a través de la pérdida de apetito y dietas deficientes. En otros, puede darse el fenómeno contrario: una ansiedad marcada que deriva en un aumento significativo de peso.En todos los casos, se trata de señales asociadas a distintos niveles de desequilibrio emocional y conductual que requieren atención.

Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.

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