Cultura
Lo que pasó en el INCAA
Luis Puenzo desconoció la autoridad del ministro y obligó al Presidente a echarlo vergonzosamente. Las repercusiones.
Por Víctor Bassuk (Cineasta. APRI -Asociación de Productores y Realizadores Independientes).
El lunes 11 de abril un grupo de trabajadores y estudiantes de cine nos auto-convocamos frente al INCAA para hacer oír las voces de descontento por una gestión que repudiaba el sector audiovisual en su totalidad. Muchos exigían la renuncia de su titular, el director de cine Luis Puenzo. Otros fuimos a exigir un cambio en las políticas que se estaban implementando, sin importarnos en particular la figura de quien lo lleve a cabo. De todos modos, todos -absolutamente todos- formamos parte de una manifestación pacífica y democrática.
Los principales puntos del reclamo eran:
Una participación más activa, comprometida y comunicada en lo mas perentorio sobre un tema que angustia al cine y a otros sectores de la cultura que es la urgente prórroga de la caducidad de las asignaciones específicas que conforman una parte sustancial del presupuesto del INCAA. Se trata de una ley de 2017 que determinaba que el dinero de algunos impuestos que financiaban los distintos organismos de ayuda a la Cultura en 5 años vaya directamente a rentas generales. Los organismos afectados son el INCAA (cine), el INT (teatro), el INAMU (música) y la CONABIP (bibliotecas populares). O sea, en diciembre de este año estos organismos quedarían desfinanciados.
Otro reclamo fuerte se refiere a un Decreto que Puenzo envió al ejecutivo para la firma y que establece los presupuestos medios de las películas nacionales y los porcentuales de esos montos en los que colabora el INCAA. En este proyecto se actualizaban los montos (un hecho positivo y muy reclamado por el sector) pero se establecían los porcentuales de modo que las producciones más caras eran sensiblemente más favorecidas que las más humildes, eliminando de ese modo la producción independiente y favoreciendo a aquellas que tuvieran parte de su costo garantizado. Beneficiando, de este modo, solo a aquellas que estuvieran ligadas a las grandes plataformas (Netflix, Amazon, Disney, por ejemplo). Un claro modo de eliminar la soberanía cultural.
Los demás puntos: darle lugar a los organismos de cogobierno del INCAA a que realicen sus funciones (que estaban claramente obturados), llamado a concurso en la escuela del Instituto, puesta en marcha de la Cinemateca y Archivo Fílmico (CINAIN), y otras urgencias postergadas por ineficiencia o por convicciones.
Unos doscientos pacíficos trabajadores y estudiantes de cine se juntaron frente al INCAA, donde los mas categóricos desplegaron un cartel con la leyenda: Fuera Puenzo. Nada que la Democracia ni nuestra constitución no garanticen. Y resalto nuevamente lo ordenada y pacífica que fue la manifestación.
De pronto, y sin nada que lo justificara, una cantidad desproporcionada de policías metropolitanos, armados y preparados como para enfrentar un cartel importante de narcotraficantes, rodeó a este grupo y comenzó a golpear a mansalva, encarcelando al azar a 3 estudiantes. Uno de ellos fue metido preso por un lado de un patrullero y bajó cómodamente por la otra puerta, logrando, en un gag digno de una película cómica, escaparse de esta brutalidad solo justificable por un Horacio Rodriguez Larreta que ya entró en campaña a competir las internas del salvajismo con sus opositores del PRO.
La reacción del Ministro de Cultura Tristán Bauer llegando inmediatamente a impedir mayores agresiones y a liberar los presos injustamente, (a los que se había sumado Juan Mascaró, presidente de una asociación de documentalistas), evitó que el episodio llegara a mayores.
Luego vino lo que hemos visto por todos los medios: Luis Puenzo desconociendo la autoridad del Ministro y obligando al Presidente a echarlo vergonzosamente, los medios cuestionando la validez de los organismos de Cultura, los brutos de siempre queriendo retrotraer la historia a tiempos previos a la Declaración Universal por la Diversidad Cultural de UNESCO, el rédito político que quiere sacar la peor derecha utilizando los medios más serviles para instalar la idea de que todo fue una interna del kirchnerismo por el territorio.
Hoy, tal vez a expensas de este escándalo, el poder político de la Cultura nacional se puso, por fin y tal como se reclamaba, al frente de esta agenda de prioridades para defender nuestra identidad.
Cultura
Sadin alertó en Buenos Aires: la IA es una “nueva forma de muerte”
El filósofo francés presentó su libro El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero y advirtió que la inteligencia artificial generativa expulsa al otro y desposee de capacidades a las personas. Sobre Javier Milei, afirmó que “el presidente entendió todo” y pidió prohibir esta tecnología en las escuelas.
“No podés ser anticapitalista y usar ChatGPT, hay una contradicción”. La frase, lanzada ante un teatro porteño, resume el tono de la advertencia del filósofo francés Éric Sadin sobre la inteligencia artificial generativa: una tecnología que, según planteó, desposee a las personas de sus capacidades y expulsa al otro de la vida cotidiana.
Sadin, escritor y pensador reconocido por su mirada tecnocrítica, presentó el miércoles en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires, su nuevo libro El desierto de nosotros mismos. El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial, publicado en español por Caja Negra Editora. El “desierto” del título es la desposesión de nuestros dones, de nuestras capacidades y de aquello que nos hace singulares. La editorial ya había publicado en el país otros títulos del autor, como La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2020) y La era del individuo tirano (2022).
La “antiargentinidad” y la expulsión del otro
El filósofo dedicó un tramo de su exposición a la cultura local. Sostuvo que “la Argentina es pasional, con un interés por el otro, por los miembros de la familia” y que esa pasión es “la calidad primera” del país. Lo planteó para explicar un fenómeno global que describió como “la evacuación del otro, la expulsión del otro”. Y le puso nombre: “La antiargentinidad es lo que se está produciendo en el mundo entero: el otro queda aparte”.
El planteo conecta con uno de los ejes del libro: un mundo que nos excluye, donde cada vez parece haber menos lugar para trabajar con otros mientras avanza la inteligencia artificial.
Las máquinas como “nueva forma de muerte”
La definición más dura llegó al hablar de las herramientas que producen texto. “Las máquinas que producen texto son una nueva forma de muerte, nos está rodeando y es un lenguaje tanatológico, que es el lenguaje de la muerte”, afirmó Sadin. Después interpeló al público con una pregunta: “¿Hay más muerte que la muerte?”. La sala, según el relato de la presentación, respondió con silencio.
El filósofo advirtió además sobre la manipulación de imágenes. “En un chasquido uno puede producir una imagen y crear manipulación”, dijo, y ejemplificó con un conflicto entre vecinos: se puede generar la imagen de alguien golpeando a otra persona. Para Sadin, “no hay más límites, hay un entorno que favorece la violencia”.
Recordó el caso de la fotografía falsa del papa Francisco con una campera: aunque se sabía que la imagen no era real, el episodio mostró la dificultad creciente para distinguir lo verdadero de lo falso. “No comprender si determinadas imágenes son reales o no, constituye un principio de una forma de sordera social”, sostuvo.
“Juez y parte”: la crítica a quienes diseñan la IA
Sadin cuestionó a quienes crean los sistemas de inteligencia artificial y a quienes los consultan como si fueran una autoridad. “Veo una infantilización del ser humano”, dijo, y planteó que se les pregunta a los diseñadores qué están haciendo “como si fuéramos niños”, cuando “ellos no son los que saben”. “Es hora de dejar de oír a quien es juez y parte”, afirmó, y aclaró que defiende “principios, no intereses”.
Rechazó el término “tecnofascismo” para describir el fenómeno y sostuvo que lo que está en juego es una “coalición de intereses”. Su llamado fue directo: “Contra los cínicos hay que movilizarse”.
Milei, la escuela y el “capitalismo asomático”
Sadin vinculó su lectura del presente con el gobierno de Javier Milei. “El presidente entendió todo”, afirmó. Según planteó, el mandatario no necesita de los argentinos y representa un Estado antagónico a la participación de la sociedad. La definición se suma a las miradas críticas sobre el proyecto libertario, aunque el filósofo la formuló en clave filosófica y dentro de una lectura global del avance tecnológico.
En el terreno educativo fue categórico: “Tendríamos que haber prohibido la IA generativa en la escuela porque estamos dejando que los niños se conviertan en personas que no saben escribir ni hablar en nombre propio”.
En el libro, Sadin describe un proceso de desposesión de nuestras capacidades que lleva dos siglos en marcha y que las IA generativas profundizan. Lo vincula con un “capitalismo asomático”, un sistema que busca “librarse de la presencia”, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. El autor advierte que la automatización del mundo podría ser total y que el vaciamiento del otro no sería repentino ni espectacular, sino mediante “pequeños toques”, casi silenciosos, que harían desaparecer prácticas ligadas a la “creatividad”, la “curiosidad por los demás” y la “potencia de alegría”.
El libro también recupera una anécdota del director japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Ante sus alumnos, Miyazaki habría dicho que nunca querrá incorporar esta tecnología a su trabajo y que la considera “un insulto a la vida misma”. Frente a ese escenario, la propuesta de Sadin es defender lo que nos hace humanos: la singularidad, los cuerpos, la capacidad de actuar y también el alma.
Lo que tenés que saber:
- Éric Sadin presentó El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires.
- Afirmó que las máquinas que producen texto son “una nueva forma de muerte”.
- Dijo que “el presidente entendió todo” al referirse a Javier Milei.
- Sostuvo que habría que haber prohibido la IA generativa en las escuelas.
- Sobre el libro, advirtió que el “capitalismo asomático” busca librarse de la presencia de cuerpos y mentes.
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