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Opinión

¿Por qué hay que limitar el alquiler turístico?

El capitalismo digital en el siglo XXI diseñó, a través de lo que alguna vez  llamó “economía colaborativa”, un modelo de acumulación que avanzó en todo el mundo, sin regulaciones ni intervenciones de los estados.

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Por Mariana Collante

El capitalismo digital en el siglo XXI diseñó, a través de lo que alguna vez  llamó “economía colaborativa”, un modelo de acumulación que avanzó en todo el mundo, sin regulaciones ni intervenciones de los estados. Nick Srnicek, en su libro “Capitalismo de plataformas”, señala que Airbnb está dentro de la categoría: ‘plataforma austera’, una matriz de negocios que se puede resumir en la siguiente frase: “El mayor proveedor de alojamiento del mundo, no es titular de ninguna propiedad”. Es un intermediario.

La app aparenta no tener activos, pero sus activos son los datos, y el control del sistema. El resto está hipertercerizado, y funciona con un régimen de puntaje, que hace que el ofertante/propietario se esmere en satisfacer al consumidor, y corran por su cuenta los costos de inversión y mantenimiento. Este mecanismo de comercialización transforma la idea de vivienda-hogar-hábitat en un “servicio”. Este “servicio”, al limitar la oferta de vivienda para los residentes locales,  genera la suba de los precios de los alquileres.

El domingo pasado, 12 de marzo, los habitantes de la ciudad suiza de Lucerna votaron por la regulación de los alquileres de corta duración en las plataformas de tipo Airbnb y Booking. La reglamentación establece que los inmuebles sólo pueden rentarse bajo esta modalidad, 90 días al año.

Portugal también anunció medidas para intentar frenar la crisis habitacional. El 20 de febrero, el primer ministro Antonio Costa informó que no seguirán las “golden visas”, un programa que ofrecía pasaportes de la Unión Europea a ciudadanos extracomunitarios a cambio de inversiones, incluidas las inmobiliarias. Además, anticipó que el gobierno no otorgará más licencias para ofertar inmuebles en las plataformas de alquiler turístico.

Alemania desde 2016 tiene regulaciones muy severas para la renta en periodos cortos, y desde 2017 Francia le impuso un límite de 120 días por año a los propietarios que desean participar del negocio.

En nuestra región, a fines de febrero el gobierno uruguayo envió un proyecto de ley al Congreso para regular las viviendas de uso turístico,  y hace unos días, la senadora santacruceña por el Frente de Todos,  Ana María Ianni presentó un proyecto de ley para crear un registro nacional de alquiler temporario. La iniciativa plantea que todos los rentistas que pretendan comercializar viviendas para alquileres turísticos deberán registrarse y ser autorizados en el ámbito del Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación.

Gervasio Muñoz, presidente de la Federación de Inquilinos a nivel nacional, apoya el proyecto porque considera que “reglamentar el turismo es parte de un sistema integral de regulación de acceso a la vivienda”. A la vez, señala que se trata del inicio de un debate sobre el tema: “No están muy claras las sanciones que recibirán los propietarios y plataformas si no se cumple con la legislación, y tampoco habla de límites en el uso de la vivienda para el alquiler de corto plazo”. 

Vemos que varios países, calificados por muchos “países serios”, van por el camino de la regulación para que sus ciudadanos no vean limitado el acceso a la vivienda de alquiler. En Buenos Aires, el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta va en dirección contraria.  Este martes 14 de marzo participó de un reportaje en Radio con vos, y allí planteó su propuesta presidencial en materia de vivienda: Seguir soñando con la casa propia. Negó cualquier intervención en el mercado inmobiliario, y en el de alquiler turístico. De sus declaraciones se desprende que su propuesta no contempla ninguna política estatal para mejorar o resolver los problemas que tienen –hoy- las y los trabajadores para acceder a una vivienda.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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