Entrevista
“A Lucas me lo cazaron”
Este jueves comienza el juicio contra los policías porteños que el 17 de noviembre de 2021 persiguieron y acribillaron a Lucas González.
Por Néstor Llidó
Este jueves comienza el juicio contra los policías porteños que el 17 de noviembre de 2021 persiguieron y acribillaron a Lucas González
Héctor “Peka” González repite la frase, una y otra vez, en el convencimiento sobre lo sucedido con el crimen de su hijo, a manos de una brigada de la Policía de la Ciudad. “A Lucas me lo cazaron”, afirma basado en las evidencias que constan en la investigación del caso del asesinato del chico de apenas 17 años, ocurrida después de salir junto a un grupo de amigos de un entrenamiento en el club Barracas Central, donde jugaba en las divisiones inferiores.
Este hombre joven, camionero de profesión, no busca “verdad” pues hay sobradas muestras sobre la responsabilidad de ese grupo de policías en el homicidio de Lucas González y su posterior encubrimiento. Tampoco “memoria”, al tratarse de un hecho reciente que está a flor de piel desde aquella mañana del 17 de noviembre de 2021, pero si “justicia”, que espera llegue en el juicio que se inicia mañana
Allí se presentará “Peka” González para dar su testimonio, sobre cómo se enteraron de lo sucedido con su familia en la humilde vivienda del barrio San Eduardo de Florencio Varela, pero fundamentalmente para contar ante Tribunal quien era el mayor de sus tres hijos. De sus sueños, de ese amor compartido por la pelota, de esas ganas de ser alguien en la vida caminando recto y proyectar su futuro en una cancha como ese mediocampista por derecha que iba a llegar a Primera, luego de haber pasado su niñez en el baby fútbol del club San Pedro y las infantiles de Racing Club y Defensa y Justicia, antes de fichar por Barracas Central.
Se quiebra al recordar ese último contacto con Lucas, que no fue el habitual ya que se había quedado dormido y debió salir apurado rumbo a la práctica, por eso no pudieron compartir “el mate cocido con las pepas” de cada desayuno. Mantiene la fortaleza de esa lucha diaria del trabajador esforzado para que a los suyos no les falte nada, y admite; “a nosotros nos arruinaron, nosotros ya perdimos”. “La pérdida de un hijo no se supera, el daño que nos causaron es irreparable, pero esta gente no puede andar suelta por la calle. Nunca más, para que esta desgracia no se repita, que nadie se cree dueño de la vida del otro porque lleva una gorrita, porque no les gustó la cara y en esa discriminación ponerlo en un lugar de sospechoso”, le dijo Héctor González a EL ARGENTINO.

Gatillo fácil, violencia institucional, la consigna “ni un pibe menos, ni una bala más” formaban parte de una realidad que, de repente, atravesó la vida de esta familia. Los tiros efectuados por tres oficiales de la Policía de la Ciudad mataron a Lucas González y el posterior encubrimiento, pretendiendo simular un enfrentamiento armado, se derrumbó ante las pericias y el relato de los tres pibes que lograron sobrevivir a ese ataque brutal, además del aporte de valientes testigos.
A pocos días de tener que “revivir todo” en las audiencias ante el Tribunal Oral Criminal Nro. 25, resulta ocioso preguntar qué espera del juicio, pero la respuesta surge en la charla. “Solo queremos que paguen lo que corresponde, que los jueces sepan entender y estén a la altura. Confió en que la Justicia ponga la condena que merecen los asesinos de mi hijo”, afirmó en medio de la preocupación por el estado de salud de su esposa, esa compañera “carne y uña”, como la define.
Cintia López, la mamá de Lucas, ha sido nuevamente internada por estos días, tras un nuevo intento de quitarse la vida con la ingesta de pastillas. “Está en manos de profesionales que hacen todo lo posible para que salga adelante y acá estamos. Salgo a la cancha cada día, a ponerle el pecho”, revela Héctor, quien como “jefe de familia” se ocupa del cuidado de la casa, y de acompañar a la escuela a Valentina (de 15 años) y Tiziano (10), sus otros dos hijos.
En sus expresiones hay un agradecimiento “a los vecinos, a los amigos, a mucha gente que nos ha brindado su apoyo desde el día que mataron a Lucas. En especial al doctor Gregorio Dalbón, que es nuestro abogado y también el de los papás de los chicos que se salvaron de esos policías asesinos y de los que quisieron tapar todo”.
“A todo lo que el mundo sabe que pasó, creo que en el juicio se van a dar cuenta que fue peor todavía, es que cuesta imaginar tanta saña, tanta alevosía, como los persiguieron y les tiraron a matar”, rememora, para finalizar enfáticamente con el: “A Lucas me lo cazaron”.
América Latina
«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana
El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.
Por Fernando Roperto
El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.
Una lectura que va a fondo
Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.
La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.
Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción
Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.
El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.
Arte y política en la Revolución Cubana
El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».
El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.
El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento
Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.
Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.
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