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Trabajo esclavo en las cárceles: detalles sobre el nuevo plan de Bullrich
Nada nuevo, presos que realizan trabajo forzado en cárceles: ¿Se trata de un programa de rehabilitación o de simple explotación? ¿Quién se beneficia realmente con esta iniciativa del gobierno de Milei?
El Gobierno de Javier Milei impulsa un polémico proyecto para que las personas privadas de su libertad trabajen en las cárceles del país. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, anunció la iniciativa que ya se encuentra en marcha a modo de prueba piloto en el Complejo 4 de mujeres de Ezeiza.
Según Bullrich, el objetivo es promover la «rehabilitación y reinserción social» de los presos mediante la adquisición de habilidades laborales. Sin embargo, el trasfondo del plan y las condiciones laborales de los internos abren una serie de interrogantes que ponen en jaque las justificaciones oficiales.
El argumento del Gobierno
Patricia Bullrich defendió el proyecto como una medida amparada en «una doctrina de nuestra Constitución y del Código Penal». Según sus declaraciones radiales, el esquema busca que los presos resarzan a las víctimas, a la vez que dona el 30% de lo que ganen en las cárceles. “Queremos que haya vagancia cero”, aseguró la ministra, insistiendo en que es injusto que los presos tengan un salario mínimo.
El programa inicial en Ezeiza incluye tareas de mantenimiento, como la pintura de las instalaciones, una actividad que se replicará en otros complejos penitenciarios del país. Además, se prevé la implementación de sistemas biométricos para controlar los horarios de los internos, y la clasificación de los presos permitirá asignarles diferentes tareas en función de su perfil.
Trabajo esclavo encubierto
Si bien el Gobierno insiste en que esta medida busca mejorar las oportunidades de reinserción, el proyecto presenta elementos preocupantes. La imposición de un régimen laboral para personas privadas de su libertad puede derivar en un sistema de explotación encubierta. Bullrich reconoció que se retendría el 30% de lo ganado por los presos, lo que se suma a su afirmación de que el salario mínimo en estas condiciones es «injusto».
Aquí surge una cuestión ética central: ¿quién se beneficia realmente de este trabajo? Si los internos son obligados a trabajar en condiciones de semiesclavitud, con un salario inferior al mínimo y sin derechos laborales claros, es evidente que la principal ventaja recae en el sistema penitenciario y, por ende, en el Estado o posibles empresas involucradas en estas labores.
Además, no hay detalles suficientes sobre los convenios que podrían existir con el sector privado, lo que podría abrir la puerta a la explotación masiva de una mano de obra barata y sin protección.
¿Una medida que favorece al sistema?
La iniciativa de Bullrich, en lugar de centrarse en la rehabilitación genuina, parece consolidar un esquema en el que las cárceles se convierten en fábricas de trabajo forzado. Al ser presentados como una forma de «donación» hacia las víctimas, los trabajos que realizan los presos pierden su carácter voluntario y refuerzan una estructura de opresión sobre un sector extremadamente vulnerable de la sociedad.
La intención de «erradicar la vagancia» detrás de este proyecto no solo invisibiliza las causas profundas de la marginalización de los presos, sino que también desvía la atención del análisis sobre cómo este modelo podría profundizar la desigualdad. Las cárceles, lejos de ser centros de reinserción social, se convierten en espacios donde los derechos humanos se diluyen a favor de un sistema económico que se beneficia de su situación de encierro.
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Palantir, el gran hermano de Trump: la empresa que rastrea migrantes enfrenta una rebelión interna
Empleados de la compañía tecnológica cuestionaron públicamente, en canales internos, los contratos con el ICE y el rol de la firma en operaciones militares. La dirección respondió borrando mensajes y exigiendo acuerdos de confidencialidad.
Palantir: la empresa de vigilancia masiva que enfrenta una rebelión ética interna
★ La empresa de análisis de datos e inteligencia artificial Palantir Technologies atraviesa una profunda crisis interna. Empleados actuales y exfuncionarios cuestionaron el rumbo ético de la compañía tras conocerse su participación activa en la política migratoria de la administración Donald Trump y su posible involucramiento en operaciones militares con víctimas civiles, según informó la revista especializada Wired.
Desde el inicio del segundo mandato de Trump, Palantir se convirtió en una pieza clave del aparato represivo del gobierno estadounidense. La empresa firmó contratos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y su tecnología, en particular la aplicación denominada ELITE, se usa para identificar, rastrear y deportar a inmigrantes en situación irregular, según reveló en febrero el portal especializado Hipertextual en base a material interno del ICE.
La chispa que encendió el debate
Las tensiones escalaron en enero de 2026, tras la muerte de Alex Pretti, un enfermero abatido por agentes federales durante una protesta contra el ICE en Minneapolis, según reportó DiarioBitcoin en base a fuentes internas de la empresa. A partir de ese hecho, trabajadores de distintos equipos empezaron a exigir explicaciones a la dirección sobre el alcance real del vínculo de Palantir con esa agencia.
En un canal interno de Slack, un empleado escribió que la relación con el ICE había sido ocultada durante la era de «Trump2» y reclamó transparencia sobre el uso del software en tareas de identificación y apoyo a deportaciones. Otro trabajador fue más directo: «En mi opinión, ICE son los malos. No me enorgullece que la empresa para la que tanto disfruto trabajando forme parte de esto», declaró según reprodujo Wired.
La respuesta de la empresa fue reveladora: Palantir eliminó los mensajes varios días después, bajo el argumento de evitar filtraciones. Luego organizó sesiones de preguntas y respuestas, pero condicionó el acceso a información sensible a la firma de contratos de confidencialidad. Según los propios empleados consultados por Wired, la medida fue percibida como un intento de silenciar las críticas, no de afrontarlas.
De socialista a ideólogo del autoritarismo
El giro de la empresa es inseparable del giro ideológico de su CEO. Alex Karp, cofundador de Palantir, se definía hasta hace pocos años como socialista y apoyó candidatos demócratas como Joe Biden. Sin embargo, desde 2024 se convirtió en un aliado estratégico de Trump y comenzó a defender públicamente políticas de corte autoritario y militarista.
En los últimos días, Karp publicó un manifiesto de 22 puntos en X (ex Twitter) desde la cuenta oficial de la empresa, con un fuerte contenido nacionalista y militarizado, que volvió a generar malestar interno. Varios empleados expresaron vergüenza en canales de Slack y relataron que conocidos les preguntaban al respecto, según Wired.
Un historial que no engaña
La crítica interna llegó tarde, aunque no deja de ser significativa. Palantir fue fundada en 2003, en el contexto posterior a los atentados del 11 de septiembre, bajo la narrativa del antiterrorismo. Desde entonces acumuló denuncias por violaciones a los derechos humanos.
Ya en 2020, Amnistía Internacional alertó sobre las prácticas de la empresa. La consultora MSCI le otorgó una puntuación de 2 sobre 10 en libertades civiles. Y su fundador, Peter Thiel, declaró abiertamente que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles», según reportó El País.
La tecnología de Palantir también fue señalada como parte de operaciones militares en las que murieron civiles. La firma tuvo participación en acciones bélicas con víctimas mortales, entre ellas niños.
La pregunta que no debería sorprender
Que los empleados de Palantir se pregunten hoy si son «los malos de la película» revela, antes que una crisis de conciencia colectiva, la profundidad del autoengaño que sostiene a ciertas corporaciones tecnológicas. La empresa eligió su nombre, palantir, de las piedras videntes que en El Señor de los Anillos usa el villano Saruman para comunicarse con Sauron. Esa elección, lejos de ser inocente, fue siempre una declaración de intenciones.
La pregunta relevante no es si son los malos. La pregunta es cuánto tiempo más podrán seguir haciéndose esa pregunta sin responderla con hechos.
Puntos clave
- Palantir firmó contratos con el ICE y su tecnología se usa activamente para rastrear y deportar migrantes en Estados Unidos.
- Empleados cuestionaron internamente la relación de la empresa con el ICE; la dirección eliminó los mensajes y exigió acuerdos de confidencialidad.
- El CEO Alex Karp publicó un manifiesto de 22 puntos con contenido nacionalista y militarista desde la cuenta oficial de Palantir.
- Amnistía Internacional ya alertó en 2020 sobre las prácticas de la empresa; la consultora MSCI le dio 2 sobre 10 en libertades civiles.
- El fundador Peter Thiel declaró que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles».
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