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Una mujer que sufrió violencia de género pasará a ocupar el trabajo de su expareja

Valeria Juárez ocupará el puesto de su victimario su ex pareja, Héctor Fabián Mendoza, de 41 años, en el Municipio de Santa Rosa, en La Pampa, luego de que quedara firme la sentencia en su contra.

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Valeria Juárez ocupará el puesto de su victimario su ex pareja, Héctor Fabián Mendoza, de 41 años, en el Municipio de Santa Rosa, en La Pampa, luego de que quedara firme la sentencia en su contra.

Por Rita Soublé

El municipio de Santa Rosa, la capital de La Pampa, se convirtió en el primero del país en implementar políticas de reparación con perspectiva de género, con una ordenanza que permitió incorporar a una mujer en situación de violencia a la planta municipal para ocupar el lugar de trabajo de su victimario, cuando este fue condenado por agredirla y terminó siendo exonerado.

Se trata de Valeria Juárez, que se convirtió en la primera mujer en el país en ocupar el puesto de trabajo de su victimario, en la municipalidad de Santa Rosa, luego de que quedara firme la sentencia por violencia de género de su expareja, Héctor Fabián Mendoza de 41 años, y que por ello fuera exonerado.

La decisión se enmarca en la Ordenanza 6305, sancionada el 27 de enero de este año por el Concejo Deliberante de Santa Rosa «y responde a una decisión política asumida por el intendente, Luciano di Nápoli, quien nos propuso una gestión con políticas de género transversales a todo el municipio», declaró a Télam la directora de Políticas de Género y Diversidad, Gabriela Bonavitta.

«Estábamos ante una situación, la de las mujeres víctimas de violencia de género, que demandaba resolución y, en ese contexto, se avanzó disponiendo que el agente municipal que reciba una sentencia firme por violencia de género será exonerado y la mujer víctima de violencia que así lo requiera, podrá hacer uso de la vacante en el municipio», explicó.

Al respecto, Bonavitta opinó que «es una política con perspectiva de reparación, sobre todo por la posibilidad concreta de acceder a un empleo estable, partiendo de que estadísticamente las mujeres y disidencias sexuales somos las más perjudicadas en el campo laboral, no accedemos de la misma manera que los varones heteros y hay una desigualdad salarial por igual tarea».

«Muchas veces la dependencia económica suele ser un impedimento para cortar el vínculo con el agresor, porque de ahí se desprenden la necesidad de contar con una vivienda y resolver lo cotidiano; en ese sentido un Municipio que escuche a quienes pueden denunciar las situaciones de violencia y tome este tipo de determinaciones, no solo constituye un hecho histórico y esperanzador sino que también es un mensaje concreto para los agresores: la tolerancia con la violencia de género es cero», sentenció.

La funcionaria municipal también consideró que esta medida, que hoy comenzó a implementarse en el municipio capitalino, «es un paso más de muchos otros que estamos dando para avanzar en eliminar la violencia por motivos de géneros de mujeres y diversidades sexo genéricas, como por ejemplo el avance en la implementación del cupo laboral travesti trans y el incremento del equipo de profesionales, la capacitación permanente y el trabajo articulado con otras áreas del estado».

«Hoy me siento feliz, consciente que valió la pena luchar acompañada por mis compañeros y compañeras de militancia y con la ayuda psicológica de las áreas de género», confiesa a Télam Valeria, santarroseña de 34 años y madre de tres hijos: Ludmila de 14, Lucas de 11 y Emilia de 7, los dos primeros de su primera pareja y la más pequeña de la última.

En su lugar de trabajo, una oficina de la municipalidad de Santa Rosa donde ingresó en reemplazo de su victimario hace pocas horas, señala que «aún me cuesta creer lo que estoy viviendo. Tener trabajo y que él esté preso es un contexto inimaginable para mí, después del calvario que me hizo vivir y del que pensé que nunca iba a salir».

La mujer recordó que con el padre de sus hijos mayores también sufrió violencia, en ese caso fue psicológica: «Todo el tiempo me hacía sentir la peor, me acusaba de prostituirme con todos los hombres que conocía y no había manera de hacerle entender que estaba equivocado», comenta.

La relación con el agresor

Ya separada, cuenta que comenzó a tener una relación con su vecino, Mendoza, de 41 años. Vivía al lado de su casa con un hijo. Meses después, quedó embarazada y ambos decidieron seguir adelante.

«Un día, me llevó en el auto a un supermercado. Yo iba con mis dos hijos atrás y estaba embarazada de cinco meses. Me bajé hacer unas compras y tardé mas de una hora. Cuando salí lo vi furioso, no paraba de gritarme y golpeaba el auto con los puños.

«Me aterró y cuando subí, arrancó a toda velocidad y yo le decía que parara pero no lo hizo, ese día me día cuenta que era otra persona», confesó. «Luego de otros muchos episodios como ese, realmente tenía terror y fue ahí cuando salí a pedir ayuda porque sentía que me iba a matar», contó.

A las situaciones de violencia le siguieron más denuncias, restricciones domiciliarias que no cumplía; la tobillera electrónica, fue demorado varias veces pero solo durante algunas horas y luego volvía a su casa y continuaban las amenazas. A eso se sumó un juicio porque él sostenía que la pequeña no era hija suya como sí lo determinó el ADN y, finalmente, un proceso reclamando la tenencia de la menor.

En ese contexto pidió ayuda: primero, psicológica, con el equipo interdisciplinario de género de la municipalidad; y luego, comenzó a relacionarse con integrantes de la Corriente Clasista Combativa (CCC) de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE), que ciertamente fueron para ella «los y las pilares que la ayudaron a salir adelante».

«Sinceramente es indescriptible lo que una vive, –confiesa con la voz quebrada– te sentís nada, con la autoestima por el piso, por eso es importante este tipo de ordenanzas, que da herramientas para seguir, que otorgan derechos, que nos empoderan, porque ellos siempre se manejan con total impunidad y gran parte de la policía o jueces no nos visibilizan, hasta que terminamos muertas».

«A las mujeres que sufren violencia y muchas me escriben, les aconsejo no aislarse, es lo que ellos quieren; les digo que pidan ayuda psicológica pero también que busquen amigas, compañeras que las contengan, que busquen las herramientas para reconstruirse, porque es la única manera de salir de un calvario y de sobrevivir», concluye Valeria.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

Diversidad

El ánima y el ánimus contra Milei: la gran oportunidad trans

Por Alejo Brignole.

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Por Alejo Brignole*

La agresión brutal contra las trabajadoras trans en los Bosques de Palermo madrugada del domingo 1 de noviembre de 2026, no puede entenderse como un hecho policial aislado, un mero brote de locura individual o un emergente azaroso de ciertamarginalidad nocturna.

En la Argentina actual, este tipo de ataques representa el espejo de la violencia social planificada desde las estructuras del poder formal. La agresión física en el espacio público es el correlato directo y material de una violencia discursiva e institucional que expresa diariamente el Poder Ejecutivo. Es decir, Javier Milei y su psicótico y sumiso entorno. 

Cuando el Estado desmantela las políticas de protección, estigmatiza las identidades diversas y valida el sálvese quien pueda como única brújula moral, el tejido social se desgarra y legitima la violencia y el odio contra los sectores históricamente más vulnerados.

Para diseccionar la profundidad de esta ofensiva cultural y económica, resulta útil recurrir a las herramientas que la psicología profunda y la sociología política nos han legado. En su vasta obra sobre la estructura de la psique, Carl Gustav Jung describió el ánima como el correlato femenino inconsciente en el hombre, y el ánimus como el elemento masculino inconsciente en la mujer. Y, –creo yo– estas dos energías arquetípicas, resultan sincréticas –cooperativas y complementarias– en el género trans. 

Estas categorías no representan meros roles de género biológicos, sino fuerzas energéticas, arquetipos de sensibilidad, acción, receptividad y logos que habitan en el inconsciente colectivo. Autores contemporáneos que han analizado la intersección entre psicoanálisis y política (como los teóricos de la Escuela de Frankfurt) señalan que el capitalismo tardío —en su versión ultraindividualistay de mercado— exaltan la violencia masculina (el ánimus) como modelo social y operante. Por la misma razón, el modelo de Milei exalta un ánimuspatológico: una racionalidad instrumental desalmada, una competitividad destructiva, el culto a la fuerza abstracta del dinero y un desprecio absoluto por el cuidado mutuo, que tradicionalmente se asocia al principio del ánima, lo femenino y dador de vida.

En este escenario de devastación material y simbólica, el género trans adquiere una centralidad no solo identitaria, sino estrictamente geopolítica y revolucionaria. Al romper con el modelo cultural binario y transitar con audacia las fronteras de lo masculino y lo femenino, las identidades transencarnan una confluencia única de las energías del ánima y del ánimus. No se trata de una fusión pasiva, sino de una síntesis dialéctica y disruptiva: la fuerza y la determinación para disputar el espacio público (atributos masculinos) unidas a la profunda empatía, la lógica del cuidado comunitario y la defensa de la vida (atributos del ánima femenina).

Como explican teóricas de la talla de Judith Butler en Deshacer el género (libro de 2004), los cuerpos que desafían las normas matrices del Estado no solo ponen en crisis la noción biológica del sexo, sino que desestabilizan las estructuras de dominación que sostienen al propio sistema económico. La existencia trans es, en sí misma, un acto de resistencia colectiva frente a la homogeneización que el capital necesita para disciplinar a la fuerza de trabajo.

Esta síntesis arquetípica dota a la comunidad transde una potencia política inédita en este momento histórico de la Argentina. Frente a un gobierno que avanza en la destrucción planificada del Estado nacional, las instituciones públicas, las universidades y los sistemas de salud, la resistencia no puede limitarse a los viejos métodos de la política tradicional y burocrática, muchas veces domesticada por el miedo o la conveniencia. El sujeto trans, habituado a sobrevivir en los márgenes y a construir redes de subsistencia allí donde el mercado solo ofrece exclusión, posee la agudeza social necesaria para diagnosticar la crueldad del régimen actual. Por lo tanto, no se trata únicamente de reclamar cupos o derechos sectoriales; el desafío histórico actual es asumir un rol de vanguardia y conducción en un frente amplio de resistencia popular. ¡Hoy el colectivo trans tiene del poder de salir todo junto a la calle y decir “¡Fuera Milei, aunque nos cueste la vida”!

Esta oportunidad histórica de liderar una transformación profunda no puede concretarse de manera aislada. La potencia política del movimiento trans encuentra su aliada natural y estratégica en las feministas: aquellas mujeres realmente politizadas que entienden que la emancipación no pasa por el feminismo liberal de gestión o de mera representación institucional, sino por la lucha de clases, la defensa del territorio y la soberanía popular.

Autoras fundamentales como Silvia Federici, en su célebre libro Calibán y la bruja, han demostrado históricamente cómo el desarrollo del capitalismo requirió el disciplinamiento violento de los cuerpos de las mujeres y la destrucción de los lazos comunitarios. La convergencia entre el feminismo popular politizado y el movimiento transrepresenta la unión de las fuerzas que el sistema necesita atomizar para reinar. Cuando la combatividad de las mujeres organizadas en los barrios, las fábricas, las aulas y las calles se articulecon la insurgencia vital de las identidades trans, se dará forma a un bloque histórico capaz de impugnar de raíz el proyecto neofascista.

El horizonte de esta alianza es nítido y urgente: la defensa del Estado nacional frente a su desmantelamiento total y el desplazamiento, mediante la movilización popular y legítima contra un gobierno que aniquila a una Nación entera. La pulverización de los salarios, el hambre planificadaen los comedores populares, el abandono de los pacientes oncológicos y la entrega de los recursos naturales a los capitales transnacionales configuran un escenario de tierra arrasada que compromete la supervivencia misma de las futuras generaciones. Ante la magnitud de este ataque, la respuesta debe ser proporcionalmente contundente. La organización popular tiene el derecho y el deber ético de poner freno a la barbarie y recuperar las riendas del destino común, barriendo con los experimentos teóricos que utilizan a la población como material de descarte.

La historia enseña que las grandes transformaciones y las revoluciones no surgen de los despachos oficiales ni de los consensos biempensantes de las élites, sino de las periferias, de los cuerpos agredidos que deciden decir basta y organizar su rabia. El dolor por las compañeras atacadas en los Bosques de Palermo debe transformarse en combustible político y en lucidez estratégica. La confluencia arquetípica de las energías psíquicas y sociales en el sujeto trans, sumada a la experiencia acumulada del feminismo popular y combativo, ofrece a la Argentina la oportunidad de construir una alternativa política real. Es la hora de consolidar ese frente unificado en las calles, de disputar el sentido de la Patria y de liderar una reacción colectiva que acabe con este modelo necrófilo… ¡Serán quizás, ustedes, hermanas trans, las elegidas para la liberación nacional! 

Ojalá no pierdan esta histórica oportunidad.

*Alejo Brignole es escritor, analista internacional y miembro de la “Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad».

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