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Consumo

Pan, almacén y hambre: el consumo popular en caída libre con la economía libertaria

Las ventas de pan cayeron un 60% y las de facturas un 80% desde diciembre de 2023. Las panaderías cierran, los almacenes de barrio resisten a duras penas y las empresas de consumo masivo acaban de enviar nuevas listas de aumentos. La Secretaría de Comercio no los recibe desde marzo de 2024.

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El-Argentino- Panaderos propusieron congelar el precio del pan hasta el 1 de enero-.
El mercado que "todo lo ordena" destruyó 17.000 empleos panaderos y no tiene respuestas para los comercios de barrio.

En los barrios populares del conurbano y de las ciudades del interior, el pan dejó de ser lo que era: un alimento cotidiano, accesible, de compra diaria. Hoy es un bien que se raciona, que se compra en menor cantidad y con mayor culpa. Los números que aportan los propios comerciantes del sector confirman lo que se percibe en cualquier panadería de barrio: el derrumbe del consumo popular no es una tendencia ni una proyección, es un hecho consumado y en aceleración.

Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo y referente de la Cámara de Industriales Panaderos de la Provincia de Buenos Aires (CIPAN), aportó los datos más crudos del sector: la venta de pan cayó un 60% desde diciembre de 2023, mientras que el despacho de facturas y pastelería se contrajo un 80% en el mismo período. Solo en lo que va de 2026, la venta de pan acumula una baja adicional del 40%.

La zanahoria que nadie alcanza

Pinto sintetizó el mecanismo de empobrecimiento con precisión de quien lo vive desde el mostrador: «Hoy la gente te compra lo que puede, no lo que quiere. Todo aumentó entre un 800 y un 1.200% y la poca gente que tiene trabajo, en las paritarias arregla aumentos del 2% o el 2,5%. Mientras tanto, todos los meses las cosas aumentan a un 8%. Así, inevitablemente, nunca vas a llegar; siempre vas a ir corriendo detrás de la zanahoria».

La fotografía del sector es desoladora. Desde diciembre de 2023 hasta agosto de 2026, el precio del pan aumentó aproximadamente un 400% en varias zonas del país, mientras que el salario mínimo creció apenas un 141% en el mismo período. La consecuencia directa de esa brecha: unas 3.000 panaderías cerraron en todo el país, alrededor de 670 solo en la provincia de Buenos Aires, con la destrucción de 17.000 puestos de trabajo.

El cuadro se completa con el aumento sostenido de los costos internos del sector: materias primas, mantenimiento de maquinaria, energía e impuestos, todos rubros que avanzaron muy por encima de cualquier pauta salarial posible para los trabajadores de la industria.

El post-Mundial y la nueva ola de aumentos

En los almacenes de barrio, la dinámica fue levemente diferente pero no menos preocupante. Según Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros bonaerense, el Mundial de fútbol generó una suerte de tregua que sostuvo la actividad en niveles positivos durante julio. Pero esa mejora circunstancial ya terminó, y lo que viene genera alarma en todo el sector.

En lo que va de agosto, las principales empresas de consumo masivo enviaron listas de precios con aumentos que Savore calificó de «abusos tremendos»: Arcor aumentó un 10% generalizado y La Virginia subió entre un 5% y un 10%. Los aceites registraron incrementos que el referente describió como «descabellados» y el azúcar también se sumó a la tendencia alcista. «Cuando empieza a aumentar uno, se enciende la mecha y no para. Ahora hay que ver cómo repercute esto en el sueldo del laburante», advirtió.

En el primer semestre, los precios al por mayor en el rubro de alimentos y bebidas medidos por el INDEC acumularon una suba del 11,2%, mientras que la energía eléctrica se disparó un 36,7% en el mismo tramo, según datos oficiales del organismo.

Córdoba: la catástrofe sin piso

En Córdoba, la situación de los almaceneros es incluso más crítica que en el Gran Buenos Aires. El IETSE, instituto de estadísticas del Centro de Almaceneros local, registró una caída del volumen de ventas del 8,3% en julio comparadas con el mismo mes de 2025. El denominado «efecto Mundial» incidió en los hábitos de consumo de julio, pero fue insuficiente para revertir la tendencia estructural.

El nivel de pesimismo entre los comerciantes cordobeses no tiene precedentes recientes: el 4,7% de los almaceneros estima que su negocio será insostenible en tres meses si la curva de ventas no levanta; un 7,8% cree que puede resistir entre tres y seis meses; un 19,1% considera que aguantará entre seis meses y un año. Solo el 68,4% cree que podría seguir un año más. Es decir, más de tres de cada diez almaceneros cordobeses no ven un horizonte de supervivencia más allá de doce meses.

El gobierno que no atiende

Lo que más desconcierta a los comerciantes, según coinciden los referentes del sector, no es solo la magnitud de la crisis sino la indiferencia del gobierno nacional como política deliberada. Martín Pinto describió la única reunión que el sector tuvo con la Secretaría de Comercio: en marzo de 2024, funcionarios del área informaron que «nunca iban a pisar precios ni a dar subsidios porque la decisión era dejar que el mercado ordene todo en libre competencia, aunque muchos queden en el camino». Desde esa reunión, la Secretaría no volvió a citar al sector.

Los comerciantes aseguran que solicitaron nuevas reuniones para tratar el deterioro del mercado, pero el feedback de las autoridades fue completamente nulo. La respuesta oficial, en los hechos, fue el silencio; la misma actitud que el presidente Javier Milei y varios de sus funcionarios adoptaron esta semana frente a la situación de millones de argentinos asfixiados por el endeudamiento con el sistema financiero y las redes de prestamistas informales.

La paradoja política es evidente: el proyecto de renovación del gobierno libertario depende de los votos de los mismos sectores populares que hoy no pueden comprar pan. Pero la administración insiste con el rumbo, aparentemente convencida de que la destrucción es un paso necesario hacia un equilibrio que, para miles de comerciantes de barrio y sus clientes, llega demasiado tarde.

Una crisis que ya cubría este medio

Este cuadro no surgió de la nada. En julio de 2026, este medio informó sobre la caída del consumo masivo en supermercados, autoservicios y kioscos a partir de datos del INDEC correspondientes a junio, con retrocesos interanuales que iban del 1,6% en autoservicios al 4,6% en almacenes de barrio y kioscos. En mayo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) ya había alertado sobre 12 meses consecutivos de caída en las ventas minoristas de pequeñas y medianas empresas. Los datos que ahora aportan los propios industriales panaderos y los almaceneros confirman que la tendencia no solo no se revirtió sino que se profundizó con la nueva ola de aumentos de agosto.

Puntos clave

  • Las ventas de pan cayeron un 60% y las de facturas y pastelería un 80% desde diciembre de 2023.
  • Cerraron unas 3.000 panaderías en el país y se perdieron 17.000 puestos de trabajo en el sector.
  • Arcor aumentó un 10% y La Virginia entre 5% y 10% en agosto, encendiendo una nueva mecha inflacionaria.
  • El 31,6% de los almaceneros cordobeses no ve horizonte de supervivencia más allá de un año.
  • La Secretaría de Comercio no recibe al sector panadero desde marzo de 2024.

Consumo

La mitad del país es clase baja: los propios aliados del PRO documentan el fracaso social del ajuste de Milei

Un informe de la Fundación Pensar, elaborado con datos de la consultora Moiguer, desnuda la nueva pirámide social del país: el 50% de la población integra la clase baja, el 6% concentra el 34% de la riqueza y la clase media se parte entre quienes aún esperan y quienes ya cayeron. El ajuste libertario no igualó hacia arriba: fragmentó hacia abajo.

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Detrás del relato oficial sobre la desaceleración inflacionaria y la estabilización macroeconómica, un informe elaborado por la Fundación Pensar con base en estudios de la consultora Moiguer trazó un mapa social que contradice la narrativa del éxito libertario: la Argentina de 2026 es una sociedad profundamente fracturada, donde la mitad de su población pertenece a la clase baja, la clase media histórica se desintegra en dos franjas con experiencias antagónicas y una elite minoritaria concentra una porción desproporcionada de la riqueza generada.

El documento, publicado a fines de julio de 2026, no proviene de un espacio opositor: la Fundación Pensar es el think tank vinculado al PRO, lo que otorga a sus conclusiones un peso político adicional. Aun desde ese ángulo, el diagnóstico es lapidario.

Fundación Pensar.

Una pirámide que se invirtió

La nueva estructura social que describe el informe rompe con décadas de autoidentificación argentina como un país de clase media. Según el relevamiento de Moiguer, el 50% de la población integra hoy la clase baja, el 44% la clase media y apenas el 6% la clase alta. Ese 6%, sin embargo, concentra el 34% de la riqueza que produce el país, una proporción que ilustra con precisión el carácter regresivo del modelo económico en curso.

En ese segmento de mayores ingresos, el proceso de dolarización del ahorro y del consumo avanzó a ritmo acelerado: el informe señala que el 42% de los hogares de altos ingresos compró dólares durante el último mes, y que los depósitos privados en moneda estadounidense ya superan los 40.000 millones de dólares, uno de los niveles más elevados de los últimos años. La economía de ese sector, en síntesis, ya no opera sobre las mismas reglas que el resto.

La clase media ya no es una sola

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es la fractura interna de la clase media. Lo que durante décadas fue el rasgo distintivo y el orgullo identitario de la sociedad argentina hoy aparece dividido en dos franjas con realidades radicalmente distintas.

La denominada clase media alta mantiene aspiraciones de consumo similares a las de los sectores más acomodados, aunque sus ingresos retrocedieron 16 puntos respecto de 2023. Apenas el 18% de ese segmento mantiene una visión positiva sobre su situación económica y la del país.

El cuadro de la clase media baja es considerablemente más grave. El aumento del costo de los servicios públicos, el transporte y otros gastos fijos empujó a muchas familias hacia el pluriempleo como estrategia de supervivencia. El endeudamiento crece y comprime aún más la capacidad de consumo, generando un círculo de deterioro que retroalimenta la caída.

La clase baja: el sueldo que no alcanza y el temor que no cede

Para los sectores de menores ingresos, la estabilización macroeconómica que el Gobierno celebra llega vacía de contenido cotidiano. El informe señala que el aumento del precio de los alimentos y la falta de empleo condicionan la vida de millones de hogares. Según datos de la consultora CasaTres citados en el estudio, las familias de clase baja destinan alrededor del 30% de sus gastos a la compra de alimentos, siete puntos porcentuales más que el resto de los sectores.

Las cifras que emergen de la encuesta son contundentes:

  • El 73% afirma que el sueldo no alcanza para cubrir los gastos mensuales.
  • El 59% asegura que en 2027 votará por un cambio de gobierno.
  • El 49% reconoció haber resignado consumos habituales.
  • El 47% manifiesta temor a perder el empleo.
  • Solo el 17% considera que «lo peor ya pasó».

Cuatro Argentinas que no se tocan

La Fundación Pensar identifica cuatro grandes grupos que atraviesan el proceso económico de maneras inconmensurables entre sí. Los «ganadores tempranos» son quienes poseen patrimonio, dólares, propiedades o actividades vinculadas a los sectores más dinámicos: exportaciones, finanzas, tecnología. Son quienes sostienen los indicadores macroeconómicos positivos que el oficialismo exhibe.

Los «esperadores» son sectores medios formales y jóvenes que aún confían en que la estabilización llegará a sus bolsillos. Los «ajustados» son la clase media baja que perdió calidad de vida pero todavía no cayó en la pobreza, un equilibrio frágil y permanentemente amenazado. Y los «perdedores directos» son jubilados con haberes mínimos, trabajadores informales, empleados públicos, hogares pobres con niños y familias cuya subsistencia depende casi exclusivamente del mercado interno, el sector más golpeado por el modelo.

Esta segmentación no es un efecto colateral del ajuste sino, según el análisis del propio think tank del PRO, una consecuencia estructural del modelo. La desigualdad no es el precio transitorio de una transformación en marcha: es el resultado consolidado de políticas que protegen al capital concentrado y cargan el costo sobre los sectores medios y bajos. Los datos de la Fundación Pensar no dejan margen para otra lectura.

Los números de Pensar

  • El 50% de la población argentina integra hoy la clase baja, según el informe de Moiguer para la Fundación Pensar.
  • El 6% de la clase alta concentra el 34% de la riqueza generada en el país.
  • Los depósitos privados en dólares superan los 40.000 millones, con el 42% de los hogares de altos ingresos comprando divisas el último mes.
  • El 73% de los hogares de clase baja afirma que el sueldo no alcanza para cubrir los gastos mensuales.
  • El 59% de ese sector asegura que en 2027 votará por un cambio de gobierno.

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