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Opinión

Posverdad e inteligencia artificial: los nuevos desafíos de las democracias

el mundo de la inteligencia artificial

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Por Antonio López Llovet

El 30 de noviembre de 2022, la empresa Open AI lanzaba su nuevo modelo de GPT, llamado ChatGPT 3, revolucionando no sólo el mundo de la inteligencia artificial, sino, sobre todo, la accesibilidad a ella por parte del público general.

Una vez hecho público, los usuarios que comenzaron a utilizar ChatGPT se multiplicaron por millones en pocas semanas, un récord que, según informó la sociedad suiza UBS, superó ampliamente a Facebook, Instagram y Tik Tok. A los pocos meses, este sistema que era ya de por sí revolucionario, tuvo su siguiente versión, ChatGPT 4.

Los avances exponenciales de esta inteligencia provocaron que numerosas personalidades del mundo de la tecnología y la filosofía levantaran la voz sobre los peligros que la inteligencia artificial supone para el ser humano. Sin embargo, los riesgos que denuncian como los miedos que han resurgido en el último tiempo tienen un enfoque que, al menos por ahora, presenta peligros más bien lejanos. El peligro no estaría tanto en la IA tomando las riendas de nuestras vidas al estilo Terminator, sino en la utilización que nosotros mismos les demos a las herramientas que nos brinda.

Vivimos en tiempos en los que las instituciones y las personas han perdido su credibilidad, sobre todo, en el ámbito político. Los candidatos outsiders que critican el statu quo se han multiplicado en el mundo, llegando a las grandes masas por haberse apalancado en la desconfianza respecto de la política o el establishment por parte de la población. Hicieron del descontento, su arma.

En este contexto, las redes sociales comenzaron una gran lucha por disputarse la verdad. El rol que ocupaban antaño los medios de comunicación masivos como el diario o los canales de televisión de noticias fue en parte reemplazado por las redes sociales como Twitter y WhatsApp. La difusión de fake news se volvió el arma contra los rivales políticos. La difamación, mucho más rápida y efectiva que la verdad, está transformando la forma de hacer política en el mundo. Cadenas de mensajes conspirativos inundan las casillas de WhatsApp tratando de construir relatos sobre tal o cual persona.

Esta tendencia, que ya comenzaba a mostrar sus primeros riesgos, se ve potenciada por la capacidad de la IA de crear imágenes, textos y voces idénticas a las de personas reales. En el último tiempo, imágenes falsas de Donald Trump siendo arrestado mostraron la increíble capacidad de Midjourney, una IA capaz de crear imágenes, de crear un producto que parezca verídico.

La accesibilidad que tenemos a la IA hace que estas herramientas de gran capacidad creadora se conviertan en un arma para cualquiera que sepa usarlas. Sólo hará falta pedirles el relato que queremos contar o la mentira que queremos difundir y tendremos toda una narrativa, con imágenes, textos y voces de gente que nunca siquiera pronunció esas palabras.

Por otra parte, los grandes grupos que antes tenían una amplia ventaja sobre la opinión pública se ven disminuidos ante la capacidad de viralización de ciertos individuos que logran llegar a un público masivo gracias a las redes sociales. Esto hace que la capacidad de crear narrativas no esté (solamente) monopolizada por los grupos de poder tradicionales sino que esté más “democratizada”.

La lucha por dominar la narrativa se vuelve aún más virulenta. La verdad, más escurridiza.

Ante la posibilidad de un colapso total de las instituciones que hasta hoy nos sostienen juntos, la necesidad de generar grandes acuerdos se vuelve imperativa. No sólo entre países, para darle un abordaje transnacional al tema, sino entre parlamentarios, para cuidar a la ciudadanía de las nuevas herramientas que están en manos de todos nosotros.  

La historia nos ha demostrado que los avances tecnológicos llegan más rápido que nuestra capacidad de reaccionar ante ellos. Con el poder nuclear, hicieron falta Hiroshima y Nagasaki para entender que su capacidad destructiva requería una regulación a nivel mundial. ¿Llegaremos a tiempo para dar respuesta a los peligros que los avances de la IA presentan? Una vez más, la humanidad será puesta a prueba y el destino de nuestros hijos dependerá de cómo respondamos a estos desafíos.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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