Opinión
El triste engaño de los barriletes
Los barriletes son cada vez menos.
Los daneses ganaron las aguas. La expansión vikinga encontraba amparo, de la mano del caudillo noruego Hrolf Ganger mediando el siglo XI, en el noroeste de Francia. A diferencia de antepasados y contemporáneos, su idea de saqueo sobre las costas del mar del Norte y del canal de la Mancha cambió por la de un lugar donde asentarse. Con más de dos metros de altura, unos ciento cuarenta kilos y sin caballo que aguante, Hrolf caminaba.
Su primer campamento fue en la desembocadura del Sena en 896. Río arriba, tomó Ruan y asedió París en el 910. El rey francés, Carlos el Simple (879-929), cansado de contener los avances vikingos, le ofreció un arreglo que sería la base de la futura Normandía a cambio de que el invasor no permitiese que sus coterráneos sigan invadiendo las costas francesas. Con el tiempo, Hrolf tomó el nombre francés de Rollón el Caminante, abrazó el cristianismo, se casó con Gisela, hija del rey de Francia y se convirtió en el primer duque normando.

Esta antesala permite ubicar el sedentarismo vikingo sobre las costas francesas permitiendo que las posteriores generaciones tengan identidad compartida. El seis de enero de 1066, otro rey normando, Guillermo el Conquistador (10281-1087), invadió Inglaterra y, en la batalla de Hastings el 14 de octubre de 1066, se definió la ocupación normanda en la isla británica por unos cuatro siglos. El detalle de la batalla refiere a la manera y necesidad de comunicarse. Guillermo usó un antiguo invento chino para enviar señales a sus tropas listas para el ataque: el barrilete. Sin patente que nos acerque a su invención, algunos sostienen que un campesino perdió su sombrero a contraviento y de ahí la idea. Otros, que la intención del filósofo Mo Ti o Mozi (468-391 a. C) fue la de emular el vuelo de un pájaro. Como se quiera, en tiempos sin mensajería instantánea, el barrilete sirvió a la comunicación bélica y entretenimiento, pesca y meditación en tiempos de paz. No fue otro que Marco Polo quien llevó la novedad a Italia tras su visita a China. En el siglo XVIII y con fines más amplios, su uso estaba generalizado.

Benjamín Frankiln hizo lo suyo con el rayo y su ayudante. En Sumpango y Santiago Sacatepéquez, Guatemala, la Fiesta de los Muertos despliega barriletes gigantes para estar en contacto con los muertos. En Quebec, Festi-Volant de Grandes-Piles reúne a grandes y pequeños en sendas demostraciones aéreas. Así las cosas, y con su origen incierto, los barriletes son cada vez menos. La digitalización infantil no atiende la necesidad mecánica de sociabilizar con el medio ambiente. Los barriletes ya no llaman a los pibes. La comunicación ha cambiado, dramáticamente, en virtud de la soledad como base para el entretenimiento. El rápido impacto que ostentan las plataformas, y su poder de convencimiento, han conseguido engañar a un país entero. La propia naturaleza humana, canalizando democráticamente su descontento, alzó la voz de quienes se alimentan de este escabroso impacto.
Que el flamante presidente de la Nación haya sido forjado entre panelistas y redes sociales, donde no importa el contenido sino más bien la continuidad del mismo, ha dejado boquiabiertos a quienes no entendieron de que se trata el juego o, peor aún, a aquellos que viven de la confianza enceguecida y partidaria. Ahora, y con un penoso sorbo de realidad, la única autocritica que tengo a mano y en la cual no me cabe ningún tipo de duda es que, si estamos pendiendo de un hilo los barriletes no son ellos, somos nosotros.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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