Opinión
El “pase sanitario” es legítimo
La restricción que implica la medida debe eliminarse ni bien se pueda, cuando haya desaparecido el peligro que se propone mitigar, pero no antes.
Por Guillermo Torremare
Todas las personas gozan del derecho a la mejor y más amplia atención posible de su salud. El Estado es responsable de brindar tal prestación. Así lo manda nuestra Constitución Nacional.
En el marco de la pandemia imperante el plan de vacunación en desarrollo es tributario de esa obligación estatal. Para la mayor eficacia del mismo y con el propósito de prevenir contagios, se ha dispuesto lo que se dio en llamar “pase sanitario”, que impide la concurrencia a lugares de congregación de personas a quienes opten por no vacunarse.
El “pase sanitario”, que es una restricción temporal a algunos derechos de las personas que optan por no vacunarse, es absolutamente legítimo. Lo es porque el Estado tiene la obligación de adoptar disposiciones de derecho interno para que su población goce de derechos básicos, en el caso que nos ocupa, del derecho a la salud.
Cualquier persona, en defensa de ese derecho, podría reclamar que el Estado tome este tipo de medidas. Es lógico que una o un vacunado espectador de un evento público no quiera compartir las gradas con quienes no lo están; es lógico que una o un estudiante que se vacunó no quiera compartir el aula con sus pares que decidieron no hacerlo. Ello se sobredimensiona si la o el vacunado es una persona con una patología de base a la que un eventual contagio puede complicar especialmente.
Invocar un pretenso derecho a la libertad y a la autonomía personal para oponerse al “pase sanitario” por parte de quienes optan por no vacunarse es una expresión de fuerte individualismo y falta de solidaridad social. No casualmente son las corrientes políticas de extrema derecha quienes esgrimen esos discursos.
La restricción que implica el “pase sanitario” debe eliminarse ni bien se pueda, cuando haya desaparecido el peligro que se propone mitigar, pero no antes. Mientras tanto, que quien no quiera vacunarse, no lo haga; pero que no genere riesgos para quienes sí lo han hecho.
Se trata, sencillamente, del principio enunciado en el primer artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Las personas, dotadas como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente las unas con las otras».
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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