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Opinión

Del harakiri electoral a la recuperación de la iniciativa política

Un involuntario harakiri electoral el 13 de agosto multitudes empobrecidas apostando a una propuesta cuya paradójica vocación es la de arrojarlas al desamparo, convirtiéndolas en víctimas  de su propia apuesta.

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Por Oscar R. González

Pocas veces como ahora los nubarrones ensombrecieron tanto el panorama político argentino. Fruto de múltiples e incontables circunstancias objetivas pero también de errores de cálculo, sangrientas disputas intestinas e imprevisiones incomprensibles, un sujeto desquiciado y advenedizo pudo irrumpir electoralmente por la hendija despejada por la incompetencia de un gobierno ensimismado y la saña de una oposición salvaje.

Esa perversa combinación permitió que millones de ciudadanos y ciudadanas pudieran creerse llamadas a ejercer, por la legítima vía del sufragio, una contundente expresión de ira, desengaño y desapego institucional.

Así protagonizaron un involuntario harakiri electoral el 13 de agosto multitudes empobrecidas apostando a una propuesta cuya paradójica vocación es la de arrojarlas al desamparo, convirtiéndolas en víctimas  de su propia apuesta. Sería injusto juzgar a la atribulada masa de votantes irascibles por su estruendosa opción comicial en favor del libertino, como también sería impropio desconocer  la trama infernal que heredará el gobierno actual, fruto de la política de saqueo planificado e impiadoso llevado a cabo por el anterior.

Tampoco sería razonable excluir del análisis las obvias repercusiones de la interminable pandemia, de las circunstancias internacionales y de las brutales circunstancias climáticas como la reciente sequía. Pero ninguna de esas consideraciones, por más atenuantes que aparezcan, justifican la desidia e impericia oficial que campeó en estos años, con la dramática impavidez de una gestión aislada y absorta, sin iniciativa ni audacia, transcurriendo sus días en la ensoñación de un poder tan formal como inexistente.

Resistir como sea la anacrónica novedad del neofascismo, rehabilitar la esperanza popular en el rol de la acción política admitiendo la caducidad de muchas prácticas partidarias, renovar la confianza en las instituciones republicanas haciéndolas participativas y no simplemente rituales, reconfigurar el papel regulador del Estado exigiendo políticas de bienestar, son algunos de los desafíos de ésta nueva etapa.

Si no se alcanzan aquellos objetivos con voluntad implacable, si no se abjura radicalmente de la indolencia burocrática que permitió la infiltración del virus neofascista, sobrevendrá una larga noche de regresión económica, retroceso cultural, penuria social y violencia represiva.

Por eso el deber de todas las tradiciones y linajes democráticos, de los herederos del verdadero liberalismo democrático, de todas las identidades que se propician políticas de inclusión social y vigencia de los derechos individuales y sociales -peronismo, radicalismo, socialismo, socialcristianismo, progresismo, movimientos sociales y enclaves culturales- están obligados a congregarse más allá de los matices, en una opción común que hoy expresa, en el plano electoral, Unión por Todos. Ex diputado nacional y secretario de Relaciones Parlamentarias. Militante Socialista en Unión por la Patria.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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