Opinión
Sobre el egoísmo cosificado
«Lo que ellos ganan nosotros lo perdemos»: la columna de Gustavo Zapata para El Argentino.
Por Gustavo Zapata, secretario general de la CTA MHI
Los expertos en todo desfilan cocinando la sopa de confusión para remachar en la cabeza de los mortales falsedades y estafas. Una de ellas es convertir un mecanismo de escamoteo en una enfermedad sin vacuna. Esto es, convertir la inflación en un flagelo, una cosa con vida propia. Una de las mentiras producidas por todo el elenco de macristas, viejos liberales/conservadores y repetidas por no pocxs que entienden nada pero necesitan hablar mucho.
Y es descubrir el agua tibia, pero cada vez que intentan justificar la suba de los precios, como si lo decidieran las máquinas remarcadoras o fuera un fenómeno natural, se ocultan a los culpables de este mecanismo para quitarle a unos para quedárselo otros.
Cada persona que solo pueden vender su fuerza de trabajo al mercado (ese conjunto de mezquinas ingratitudes que convierten a la gente en objeto al servicio de la ambición y mejor vida de pocos) esta inerme ante la góndola, puesto de venta, descuento automático electronico o pago obligado de servicios, restando un poco de su necesidad para engordar el patrimonio de otros.
«En una tierra donde el miedo impera y nadie esta dispuesto a ganar menos, a costa de las mayorías atontadas por la niebla constante de sus comunicadores… subir los precios es una forma de que paguen todos por el temor o la angurria de algunos».
En época de guerras y sanciones, de robo a escala planetaria de los depósitos nacionales bajo la forma de congelamiento de activos, de corte de energía de países enteros y bloqueos a las exportaciones de alimentos y abonos agrícolas, seguro que estos recursos costarán más. En un país sobreendeudado por su clase dominante a través de su empleado del lujo con banda y pantalla, las monedas extranjeras para comprar lo necesario y sostener el crecimiento, será mas cara. En una tierra donde el miedo impera y nadie esta dispuesto a ganar menos, a costa de las mayorías atontadas por la niebla constante de sus comunicadores… subir los precios es una forma de que paguen todos por el temor o la angurria de algunos. Con un Estado desarmado para controlar eso y con funcionarios bajo amenaza de cárcel si tocan el patrimonio malhabido de sus dueños, atado por los jueces puestos adrede por esos mismos dueños, atacado por diarios, radios, programas de televisión y batallones de personas pagas para difamar…hacen falta pantalones y polleras de cuero.
Y no es que desconozcamos la cantidad de trabajadorxs que hacen esos productos o servicios consus manos e inteligencia, que requieren sueldos mejores. Hacen falta inversión en equipos y energía, transporte, alquileres e impuestos… impuestos que alimentan costos pero sirven para que funcione el Estado, un piso de derechos y servicios comunes a todxs. La irresponsabilidad elevada a opinión popular dice hoy que hay que bajar las obligaciones pero subir gasto público.. A esto nos ha llevado creerle a tramposos…
Lo que no se dice es la tasa de ganancia siempre excesiva y sin control de parte de los dueños. Ellos saben que la parte del león en otros lugares admirados rozan números escasos, pero igual suben a cifras de abuso en su propio país, nunca patria. Es decir: levantan como ejemplo los 10/20% que se gana en otros mercados pero someten a 40/50% a sus nativos.
Siempre se discute cuánto gana un trabajador: se denuncia el costo laboral, los patrones pretenden no pagar o pagar poco por obra social, despido inustificado, jubilaciones y otras cargas sociales que los hacen responsables de vivir del trabajo ajeno. Enriquecerse sin costo y, al modo de este sr de peluca e insulto fácil: no pagar impuestos, cargas, costos y si es posible ni sueldo, pero hacer uso de todos los mecanismos del Estado para eso. La novedosa propuesta es volver a antes de 1813, cuando empezamos a prohibir la esclavitud… y todavía no terminamos, viendo lo que se descubre en los pródigos campos argentos.
Entendamonos; la inflación es la forma en que los dueños de las empresas monopólicas se quedan con tu salario/jubilación/plan/subsidio cada vez que lográs (con pelea, negociación, movilización, protesta) un poquito más de respiro. Es un robo que el gobierno tolera porque no tiene la fuerza de poner en caja, porque desde los milicos en el 76 matando una generación de luchadores, el menemismo que privatizo las empresas publicas, el macrismo endeudando y destruyendo empresas y puestos de trabajo… hicieron sus deberes para que el círculo rojo concentrado decidiera más que el propio presidente.
Y qué tenemos que hacer cuando te roban? Esperar que llegue la policía? Entregar la billetera y listo? O defendernos colectivamente organizando la resistencia frente a estos delincuentes con cuenta en banco extranjero y dólares fugados al exterior?
Para combatir esto no sirve el diálogo. No se convence a tipos armados con remarcadora con palabras.r. Hace falta fuerza masiva, una amenaza de millones militando el boicot, la autoproducción y aliandonse con los que si entienden y trabajan en escala popular, Resistencia organizada a pagar lo que ellos quieren, controlando lo que gastan y poniendo límite a lo que ganan. No cuenten con los jueces macristas, sólo tenemos nuestra propia fuerza coordinada y por objetivos comunes.
Porque lo que ellos ganan nosotros lo perdemos.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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