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El espíritu de Minsk ha llegado a Venezuela

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein.

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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

La experiencia me ha enseñado que no todos los políticos pueden llegar a ser estadistas, hay una distancia entre una cosa y la otra. Básicamente la diferencia viene dada por la capacidad que desarrollan algunas personas para administrar y conducir un país “en las buenas y en las malas”. En este marco hay dos ámbitos que forjan las condiciones que permiten transformar a un político cualquiera en estadista: la seguridad y defensa, en general el manejo y dirección de las fuerzas armadas y la guía de la política exterior.

En el pasado, las relaciones exteriores se manejaban inequívocamente a través de las cancillerías haciendo uso del arte de la diplomacia. Esa función ha perdido fuerza y validez en los tiempos recientes cuando la tecnología permite a los jefes de Estado comunicarse de manera directa y casi segura sin que los temas tratados pasen por los ministerios de relaciones exteriores y las embajadas y sin necesidad del encuentro presencial directo que significa enormes gastos y mucho tiempo útil que se pierde durante los viajes. Ello, sobre todo, tiene mayor validez cuando se trata de los vínculos entre países amigos.

Pero cuando el campo de lo que se debate emana de diferentes perspectivas desde el punto de vista de los sustentos filosóficos, políticos, culturales y, en general, de los intereses nacionales de cada país, el contacto personal y la impronta directa que proporcionan los líderes, juegan un papel fundamental en la toma de decisiones y en la firma de los acuerdos. 

La diplomacia es el arte del engaño sutil y la hipocresía natural de los que muchas veces tienen que fingir una amistad ausente cuando se busca información y se hacen planes de cooperación que coadyuvan a la defensa, desarrollo y sostenimiento del proyecto político del país que se representa. Más allá de que países mediocres recurren a la banalidad de representantes diplomáticos que en el desempeño de sus funciones no apuntan a los objetivos trazados, sino a lo trivial, superficial, pueril e insignificante, la diplomacia sigue siendo un instrumento valedero para conseguir los objetivos estratégicos del Estado.

En este ámbito, el papel de los líderes es trascendental. Hasta ahora, valores universalmente reconocidos como el honor, la confianza, la dignidad, el respeto y la honestidad entre otros, eran puestos sobre la mesa para tratar acuerdos y diferencias. Pero la propia crisis del sistema internacional emanado de la sociedad capitalista global -que entre otras cosas tiene profundo carácter ético- ha comenzado a hacer poco creíbles tales valores. Al contrario, se intenta minimizar el papel de la diplomacia para reforzar el instrumento de la fuerza como mecanismo de imposición y exacerbación de los intereses de los países poderosos en detrimento de la paz mundial, la gobernabilidad y la búsqueda de acuerdos que solucionen los grandes problemas que aquejan a la humanidad.

Lo anterior ha quedado en evidencia tras las declaraciones de la ex canciller federal alemana Angela Merkel quien dio a conocer que los Acuerdos de Minsk de 2014 fueron un intento de darle tiempo a Ucrania, a fin de que este país se fortaleciera para servir como ariete de la OTAN contra Rusia. Merkel afirmó que: «Todos sabíamos que era un conflicto congelado, que el problema no estaba resuelto, pero fue precisamente eso lo que le dio a Ucrania un tiempo precioso”. Es decir, Occidente no usó la diplomacia para la paz, sino para la guerra.

Estos planteamientos fueron refrendados por el expresidente francés François Hollande: «Sí, Angela Merkel tiene razón en este punto». Hollande manifestó que de hecho, el ejército ucraniano de hoy está mejor entrenado y asegurado desde el punto de vista material lo cual era “mérito de los Acuerdos de Minsk, que dieron al ejército ucraniano esta oportunidad«.

Tales confesiones provocaron innumerables comentarios… y también silencios. En la propia Europa, el presidente serbio, Aleksandar Vucic, afirmó que estas declaraciones cambiaban radicalmente la imagen de los hechos [en relación a Ucrania] y planteaban la cuestión de la confianza. Agregó que para él esa era una señal de que no debía confiar.

Vucic es el líder de un país secesionado por la acción directa de la OTAN que no encontró mejor manera que inventarse un país para obtener un territorio que deseaba tener bajo control en los Balcanes. Ante esta situación, fue inevitable que el canciller serbio estableciera una clara similitud entre los acuerdos de Minsk y los tratados de Bruselas que fijaron la forma de relacionarse entre Serbia y la auto denominada república de Kosovo, los cuales según él, “han resultado fraudulentos”.

Por su parte, el exvicecanciller austriaco, Heinz-Christian Strache afirmó que las confesiones de Merkel y Hollande hacen dudar en la palabra de los políticos europeos. Strache, un político de la extrema derecha austríaca aseveró que daba miedo la franqueza con la que Merkel hablaba del tema,  agregando que “de tal modo los líderes europeos solo están destruyendo cualquier fundamento para tenerles confianza”.

No obstante a ello, y a pesar de todas estas certezas, la ONU que bajo el mandato de Guterres se ha transformado en un apéndice de las políticas de Estados Unidos, Europa y la OTAN -como era de esperar- apeló al silencio. El portavoz del secretario general, Stéphane Dujarric con el descarado argumento de que ello se debería dejar al “análisis histórico a los periodistas, exfuncionarios e historiadores», no quiso hacer comentarios sobre las declaraciones de Merkel y Hollande, insuflando más fuerza a la idea de que la ONU tiene hoy un secretario general para la guerra no para la paz.

En otro ámbito del mismo asunto se debe colocar el acuerdo nuclear con Irán conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA por sus siglas en inglés) al que Joe Biden, durante su campaña electoral, prometió reincorporarse, tras haber sido firmado por Obama y abandonado por Trump. Biden nombró a Robert Malley como enviado especial a Irán para supervisar las negociaciones que condujeran a renovar el JCPOA. Sin embargo, Malley hizo todo lo contrario. 

El periodista y analista geopolítico brasileño especializado en Asia Occidental y Central, Pepe Escobar aseguró que el JCPOA “era esencialmente un clon del acuerdo de Minsk” por lo que Washington ganaba tiempo para reconfigurar su política hacia Irán y el Asia Occidental. En este caso, según el mismo Escobar: “Teherán nunca cayó en la trampa” toda vez que el líder iraní, el ayatolá Seyyed Ali Jamenei,  a quien califica como “un inteligente estratega geopolítico”, siempre tuvo claro que nunca debía confiar en Estados Unidos porque “sabía intuitivamente que quienquiera que sucediera a Obama –la halcona Hillary o, como sucedió, Trump– al final no respetaría lo firmado y ratificado por las Naciones Unidas”.

Tal práctica que, como se observa, se ha hecho habitual en la política exterior de Estados Unidos, ahora cobra presencia en Venezuela y las negociaciones que se han realizado en México entre el gobierno y el sector terrorista de la oposición apoyado por Washington. En esa medida, Venezuela debería tomar nota de lo ocurrido porque en realidad tales reuniones son expresión de una negociación indirecta entre los gobiernos de Caracas y Washington manejados de esa forma por este último porque no ha encontrado la manera de justificar ante su opinión pública que su política de derrocamiento del presidente Maduro fracasó estrepitosamente y ahora debe negociar con quien realmente tiene las riendas del poder en el país. 

Para ello, utiliza al sector más retrógrado, violento y antidemocrático de la oposición venezolana mientras que simultáneamente, ha hecho uso de todos los recursos e instrumentos con que cuenta en su arsenal,  el último de los cuales fue eliminar el “gobierno interino” manteniendo sin embargo, un ”parlamento interino”, ambos inconstitucionales e inexistentes en la práctica. En los hechos, lo que se produjo es un cambio en la conducción de la jefatura de la banda delictiva, pero manteniendo la práctica de la infracción bajo otra figura. Tal decisión encontró eco en la mayoría del sector terrorista, sobre todo porque Guaidó no hacía una distribución eficiente y equitativa de los recursos obtenidos del robo.

No obstante, Washington sigue “exigiendo” que se mantengan las conversaciones en México. Ciegos, sordos y mudos por no tener embajada en Caracas, se aferran a lo único que tienen para “mantener” su presencia política en Venezuela. Todo ello ocurre cuando, las medidas coercitivas adoptadas contra Rusia se han revertido y han generado un verdadero desastre económico para ellos y sus aliados. Tampoco le pueden explicar a su opinión pública porque se han visto obligados a ceder y aceptar que una empresa petrolera estadounidense comience a operar en Venezuela.

Por eso insisten en que sus peones mantengan la farsa de México. Es Estados Unidos el que puede hacer efectivo el acuerdo de desembolsar los 3.2 mil millones de dólares secuestrados, no la oposición terrorista, sin embargo, fueron estos los que lo negociaron. Pero no, al igual que en Minsk, en Bruselas y en el caso del JCPOA, ha sido evidente que Washington está ganando tiempo mientras logran lo que ahora es su objetivo tras el fracaso del expediente de la violencia y el terrorismo: tratar de unificar a la oposición, billete en mano mediante, para que acuda a las elecciones de 2024 con un candidato único.

La paciencia de los venezolanos se está agotando. No se van a esperar seis ni tres años cuando Biden ya no esté a cargo de la administración para que confiese (como Merkel y Hollande respecto de Minsk) que en México solo estaba ganado tiempo. No se necesita esperar para saber que el senil Biden como todos los presidentes de Estados Unidos es un mentiroso, se sabe sí, que la diplomacia de Estados Unidos no se sustenta en valores ni principios, solo en la imposición y la fuerza. Ya Venezuela, su pueblo y su gobierno los conoce, han aprendido y sabrán como actuar.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Opinión

Banderazo en el Obelisco por las Malvinas y la Soberanía

La agrupación Peronismo por la Soberanía convoca a un banderazo por la Soberanía. Con Gabriel Berrozpe y otros referentes, piden mantener vivo el espíritu de Malvinas defendiendo la Soberanía nacional.​

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Este 2 de abril, nos convoca una causa que atraviesa generaciones: la memoria, el respeto y la lucha por la soberanía argentina sobre nuestras queridas Islas Malvinas. Estamos construyendo una unidad. Un Encuentro por la Soberanía entre muchas organizaciones y ciudadanos libres y concientes de los duros y desafiantes tiempos que vivimos.

Pero no estaremos en el Obelisco solo para recordar. Nos reuniremos, flameando banderasargentinas, para reafirmar con firmeza y sin ambigüedades, que la causa Malvinas está viva. Más viva que nunca. Y que defenderla hoy implica mucho más que una consigna: implica enfrentar, con claridad, todos los factores que debilitan nuestra soberanía nacional.

Porque Malvinas no es una causa aislada. Es el símbolo más profundo de una disputa que atraviesa toda nuestra historia: la disputa entre liberación o dependencia, entre colonia o nación.

Porque es símbolo, es bandera. Decimos que nadie es libre en una Nación que no se realiza, por loque resaltamos que nuestra querida Nación Argentina se realizará, cuando ondee la bandera celestey blanca en su suelo e imperen el trabajo y la justicia social en todo el territorio. Seremos sujetos libres, cuando nuestra Nación sea definitivamente libre.

También vamos por las empresas que abusan de nuestra riqueza compartiéndola con los usurpadores. Con cada uno calcularemos cuánto nos deben. Es un delito imprescriptible el que cometen.

En ese camino, la doctrina de no alineamiento con los países poderosos, sigue siendo una guía vigente y necesaria. Una Argentina que no se subordine a potencias ni a intereses financierosinternacionales. Una Argentina que planifique su desarrollo y decida su destino con autonomía. Sin embargo, en los últimos años hemos visto avanzar decisiones que van en sentido contrario.

La llamada “Ley Bases” ha significado un retroceso profundo en la capacidad del Estado para administrar la economía y proteger el interés nacional. Bajo el argumento de la modernización, se habilitan privatizaciones, se debilitan controles y se entrega soberanía en áreas estratégicas. La ley Bases derogó el autoabastecimiento de hidrocarburos que establecía la anterior ley, y se retiró la intervención del Estado en los precios del combustible, sujetandolos al precio internacional a pesar de que somos productores y tenemos reservas importantes.

Este gobierno impone, a fuerza de dádivas a las administraciones provinciales y represión a los trabajadores, un modelo de flexibilización laboral que no genera trabajo digno, sino precariedad. Se ataca al sistema previsional, debilitando el derecho de nuestros jubilados. Se desarticulan lasconvenciones colectivas, que son una herramienta histórica de defensa de los trabajadores.

Y así, se debilita el corazón mismo de la soberanía popular: el trabajo. Un Pueblo sin trabajo, mal remunerado, vive la tristeza de no encontrar el rumbo necesario. Porque no hay patria soberana con un pueblo empobrecido. No hay nación libre sin cumplir las premisas levantadas por nuestro Papa Francisco de “paz, pan, tierra, techo y trabajo”.

También vemos con preocupación el avance sobre nuestros bienes comunes. La presión sobre normas de protección ambiental, como la ley de glaciares, abre la puerta a la explotación indiscriminada de recursos estratégicos. La tierra, el agua, el litio, la energía, están siendo subordinados a intereses externos mediante concesiones y beneficios impositivos, para las empresasextranjeras, mientras aquí se burlan de las empresas nacionales que quiebran porque dicen que no tienen “competitividad”. Ayudan a las empresas extranjeras que vienen a saquear los recursos naturales estratégicos y aplastan a las empresas argentinas que producen en la industria y generan trabajo.

En medio de este conflicto de intereses, hubo un récord de participación ciudadana y popular: Más de 100 mil personas se anotaron para la audiencia pública de la reforma de la Ley de Glaciares. Sólo habilitaron al 1% de los inscriptos. La ley favorece a las grandes mineras extranjeras, sin regalías ni beneficios destacables para la ciudadanía, en el marco de una creciente política de primarización de la economía.

La extranjerización de la tierra y la entrega de recursos no son hechos aislados: son parte de un modelo que concibe a la Argentina como proveedor de materias primas, no como una nación industrial y desarrollada. Denunciamos los incendios forestales intencionales de la Patagonia con el fines inmobiliarios, así como la entrega de las naciente de Ríos a Empresas de diversos Paises, de regalar el manejo del agua a la Empresa Mekorot, todas y muchas más acciones avaladas por el gobierno Nacional, gobiernos provinciales, políticos, jueces y medios de Comunicación. Eso es inconstitucional porque viola Los Pactos Internacionales de los Derechos Humanos, Sociales, Culturales y Ambientales.

¿Cómo olvidar, en las canchas de fútbol y las calles del Mundial -que dentro de unos meses se desarrollará en el peligroso país del Norte en guerra-, cuando digamos «Y los pibes de Malvinas que jamás olvidaré», si en Argentina tenemos un Presidente que venera a la matadora de soldados argentinos Margaret Tatcher?; ¿Cómo negar que nuestra cancillería viola sistemáticamente el mandato de la sangre y la historia, omitiendo las declaraciones y acciones que requiere nuestra Patria?

Los usurpadores ingleses de Malvinas hacen ejercicios militares en nuestras aguas u otorgan licencias pesqueras y petroleras, sin hacerse los reclamos correspondientes por parte del gobierno nacional.

Es el mismo gobierno que quiere abrir bases militares norteamericanas en la Patagonia, ocupando militarmente nuestra región pivote hacia la Antártida, a la vez que uno de los mayores reservorios de petróleo y gas del mundo. Recursos por los que actualmente se libra la guerra imperialista en Irán y por los que los mismos norteamericanos secuestraron un Presidente en el principal país petrolero de Sudamérica: Venezuela.

Mientras este gobierno del saqueo, la usura, los dirigentes narcos y la especulación financiera es débil con los poderosos y les entregan en bandeja de plata nuestros recursos, en la Argentina cierran las fábricas, los comercios, crecen los despidos y los aumentos de precios de los consumos de nuestro Pueblo.

A esto se suma el crecimiento acelerado de la deuda externa, que condiciona cada vez más las decisiones soberanas. La dependencia de organismos como el Fondo Monetario Internacional no es solo económica: es política. Limita, condiciona y busca subordinar a las futuras generaciones. Pero todos sabemos que esta deuda externa ilegal, no podrá ser pagada. No tiene avales institucionales, ni pasó por el Congreso, además de utilizarse para especulación y fuga de dinero por las empresas de donde provienen los mismos funcionarios del gobierno, especialmente el banco JP Morgan.

Y mientras tanto, se instala un discurso peligroso: el de destruir el Estado desde adentro. El propio presidente Javier Milei se ha definido como un “topo” que viene a destruir el Estado. Pero el Estado no es un enemigo de la Nación. Van de la mano. No puede haber Nación sin Estado. El Estado es la herramienta que tiene el pueblo para organizarse, para protegerse, para desarrollarse. Destruir elEstado es debilitar la soberanía. Es dejar a la Nación indefensa frente a los intereses más concentrados del mundo.

También asistimos a un alineamiento internacional que nos aleja de una política exterior soberana. El acercamiento automático a potencias como Estados Unidos y el alineamiento en conflictos ajenos, como en Medio Oriente haciendo seguidismo de Israel, nos alejan de una inserción inteligente y autónoma en el mundo. Milei dijo que “vamos a ganar la guerra” y que es el “Presidente más sionista del mundo”, asumiendo la identidad política colonialista que hoy tiene en vilo al mundo con las masacres de Gaza, entre otras.

Argentina no debe ser satélite de nadie. Debe ser protagonista de su propio destino. Y en este contexto, la causa Malvinas adquiere aún mayor profundidad. Porque no se puede reclamar soberanía sobre nuestras islas mientras se resigna soberanía en el continente. No se puede defender el Atlántico Sur mientras se entregan nuestros ríos, nuestros puertos, nuestro comercio exterior. El Canal Magdalena, la soberanía fluvial, el control de nuestras exportaciones, son parte de la misma lucha.

Mientras este 2 de abril recordaremos a nuestros héroes de Malvinas, que lucharon por defender nuestro territorio, se cocina en los despachos del Ministerio de Economía la entrega de nuestros ríos De la Plata y Paraná. Quieren privatizar las vías navegables entregandolas a sus amigos, en una concesión amañada. Quieren hacer de nuestros ríos superautopistas de un comercio exterior por donde se llevan nuestra leche, nuestra carne y nuestros alimentos, horadando su lecho hasta profundidades que generarán una catástrofe ambiental, para los grandes barcos de las multinacionales.

Las empresas extranjeras que patrocina Milei y buena parte de la dirigencia vendepatria, controlan el comercio exterior y favorecen la dolarización que hace que aquí sea más caro comer los alimentos que producimos y que en otras partes del mundo gozan.

El Estado debe ejercer el comercio exterior, siendo parte del mismo y participando de la disputa de la renta, para redistribuirla. La flota mercante fluvial y de ultramar nacionales, son una prioridad.

La ciencia, la tecnología, la energía nacional, son parte de la misma lucha. Defender los trenes, los satélites, la energía nuclear, la industria siderúrgica, por decir algunas otras áreas donde los poderosos decidieron atacar, son parte de esa misma lucha, para lo que pretendemos estar hermanados.

Denunciamos la política de privatizaciones, de entrega del patrimonio público a las corporaciones internacionales y socios internos, que quieren quedarse con AySA, principal empresa del servicio de agua y saneamiento, así como enajenar Núcleo eléctrica argentina, empresa estatal encargada de generar energía eléctrica a través de la operación de las centrales nucleares en el país.

Este año también tienen en carpeta privatizar Transener (Compañía de Transporte de Energía Eléctrica en Alta Tensión S.A.) la empresa líder en Argentina dedicada al servicio público de transmisión de energía eléctrica en extra alta tensión. La empresa Belgrano Cargas, línea ferroviaria estatal argentina de carga, estratégica para el noroeste y noreste del país y SOFSE (Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado), encargada de operar el transporte de pasajeros.

Y por supuesto, la defensa nacional. La desmalvinización luego de la guerra de Malvinas en los años 80 y 90, incluyó el desarme y el achicamiento de nuestras capacidades militares, típico de una dirigencia derrotada y sometida para administrar la dependencia. Las torturas a los conscriptos durante la guerra fueron solo un ejemplo de una cúpula militar preparada para reprimir a su Pueblo.

Los Tratados de Madrid I y II fueron el correlato del Consenso de Washington a nivel mundial y delPacto de Olivos que dejó esta Constitución, antesala de la estrategia actual de fractura del territorio nacional. Sin fuerzas armadas sanmartinianas, no puede haber defensa real de la soberanía nacional.

Malvinas, el Atlántico Sur, la plataforma continental, son territorios estratégicos en disputa, con una parte usurpada, como usurpada están la economía, la administración del Estado, las partidas del presupuesto para la educación, las ciencias, la seguridad y los Estados provinciales.

Este 2 de abril, levantando las banderas argentinas en el obelisco, queremos resaltar que Malvinas es pensamiento estratégico, elaborado por nuestro Pueblo a lo largo de la historia; una suerte de alma de lo “argentino” que nos une por mucho más que sus valorables recursos y proyección geopolítica. Malvinas nos une.

Por eso jamás nuestro Pueblo será derrotado definitivamente, aunque vivamos estos momentos donde gobiernan los vendepatrias. El Pueblo vencerá, porque tiene esa fuerza que da la identidad argentina y malvinera, que nos guía a tiempos de gloria.

Por eso hoy, al recordar a nuestros héroes, no podemos quedarnos sólo en la emoción, que es saludable y necesaria. Tenemos que asumir la responsabilidad histórica que nos toca. Defender la soberanía en todas sus dimensiones. Defender el trabajo, la producción y la industria nacional. Defender el Estado como herramienta del pueblo. Defender nuestros recursos, nuestra tierra y nuestro futuro. Porque la soberanía no se declama: se construye. Y también se defiende. Con memoria. Con conciencia. Y con compromiso.

Porque las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Este jueves 2 de abril, a las 13 hs, te esperamos con tu bandera argentina y tu camiseta celeste y blanca, a luchar para que Argentina gane.

¡Patria si!, ¡Colonia no!

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