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Sin unidad no hay 2023, la unidad sola no alcanza

El oficialismo corre el riesgo de convertir a la unidad en un fetiche.

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Por Demetrio Iramain

Tras la media sanción que la Cámara de Diputados dio al programa de acuerdo con el FMI, el Frente de Todos parece crujir.

A la votación legislativa dividida le sucedieron cruces entre Aníbal Fernández y Andrés “Cuervo” Larroque, y un documento suscripto por múltiples referentes de la política, la cultura y la comunicación, que remarcó la importancia de mantener unido el bloque oficialista en ambas Cámaras, para evitar el retorno del neoliberalismo a la Argentina.

Aunque, ¿está en duda, acaso, la necesidad de la unidad?

El factor determinante que constituye la cohesión dentro del Frente de Todos no parece estar en debate. Lo que sí pareciera estarlo es la moderación que hasta aquí exhibió el gobierno que encabeza Alberto Fernández.

Por este caminito se llegó al deprimente resultado electoral de noviembre último, por más remontada entre las PASO y las generales que el oficialismo haya conseguido.

Los protagonistas del Frente de Todos seguramente saben que sin unidad no hay 2023, pero sólo con unidad no alcanza. Y ahí está la cuestión.

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El oficialismo corre el riesgo de convertir a la unidad en un fetiche. Una foto con valor en sí mismo. Una condición con vida propia. Sería un error.

La unidad tiene su dinámica. Obturarla no parece el mejor camino.

Porque la unidad no da de comer. No paga la tarjeta, ni el alquiler. No genera, per se, expectativas sociales.

La unidad que sirvió para vencer a Macri debe ser un punto de partida para gobernar, que es «hacer», como alguna vez dijo Cristina. Ese reto comprende, esencialmente, mejorar la distribución del ingreso. Abreviar la concentración de riqueza. Democratizar el reparto de la renta.

Y todas las disputas que ese desafío implica, sean ellas en el Poder Judicial, o los medios, o en los dos. La política es eso. Todo lo demás, cartón pintado.

Ahora bien, ¿se puede hacerlo con los condicionamientos que importa el acuerdo con el FMI? ¿Exponer el debate no es, acaso, urgente y necesario?

En 2019, cuando Cristina anunció sorpresivamente cuál sería la fórmula presidencial y nominó a Alberto como candidato, la actual vicepresidenta advirtió la inconveniencia de que la convocatoria a votar al Frente de Todxs (aún no se llamaba así) terminara en una nueva frustración, porque, dijo, eso «nos llevaría al peor de los infiernos».

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Pero atención: tan inconveniente como caer en una nueva frustración es ya ni siquiera tener expectativas. Esa sensación de imposibilidad es pasto para la antipolítica.

En aquel mensaje fundacional de este tiempo político, Cristina llamaba a construir algo mucho más grande que una coalición electoral, ante la dramática situación que dejaba el macrismo.

¿Qué purismo le quieren enrostrar entonces a quienes discrepan públicamente con el acuerdo con el FMI?

Ya lo había advertido la misma Cristina en 2018, en la sede de SMATA, cuando se reencontró con Moyano. Entonces planteó que ante el deterioro en curso, «habrá que sumar fuerzas políticas que tal vez no fueran populares pero sí democráticas».

En esa tensión continuamos y sobre sus vaivenes marcha la gestión de gobierno, agravada por la pandemia, después la derrota electoral, y ahora la guerra en Europa.

Si hay guerra los empresarios aumentan los precios. Si hay paz, aumentan los precios. Si exportan más, también. Si exportan menos, también.

Ponerle un límite al ansia voraz del empresariado sigue siendo el desafío de los gobiernos populares. La eficacia de ese límite define cuán moderado o desenfrenado será ese gobierno, no sus enunciados.

La demanda de 2019 fue alta; la expectativa, enorme, pero también es cierto que el gobierno sigue careciendo de los fierros para llevarla adelante tal y como nos gustaría. El deseo limita con la realidad. La frontera de los sueños es la correlación de fuerzas en el Congreso.

Los años del macrismo, mal que nos pese, produjeron un nuevo escenario, que forzó a una nueva configuración del campo popular urgida por las circunstancias. Una vieja derecha con modos novedosos articuló exitosamente intereses muy retrógrados, transnacionales, financieros y parasitarios, con legítimas ansias populares muy bien trabajadas por los propios verdugos de ese pueblo.

El país que quedó es totalmente otro. Y tras 2 años y 3 meses de gobierno popular el escenario no fue modificado sustancialmente. Esa contingencia es, a la vez que un condicionante, un motivo para acelerar. Al nuevo contrato social que reclamaba Cristina en 2019 le queda chico ya ganarle a Macri.

Si el pueblo pierde en 2023 lo que estará en juego no será ya la unidad o no del Frente de Todos, sino la supervivencia de la Nación Argentina tal como la conocemos. Pero atención: ¿sigue siendo la mesura el mejor camino para evitar el desastre?

Análisis

Cuba: ¿en el ojo de la tormenta?

Argentina ¿se une al bloqueo contra Cuba?.

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Por Stella Calloni

En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.

“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».

En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.

En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.

Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.

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