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Análisis

“La gloria de Messi y de todos los argentinos”

Argentina conquistó su tercera corona mundialista y el capitán de la Selección alcanzó merecidamente el calificativo de astro del fútbol mundial.

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El-Argentino-Lionel Messi
El-Argentino-Gerardo Molina experto en Sport Business.

Por Gerardo Molina, experto mundial en Marketing Deportivo, analiza a Messi y a la selección campeón del mundo luego de 36 años.

“Nacimos para sufrir; y vamos a sufrir toda la vida…”. Rodrigo de Paul resumió en una simple frase el pensamiento de millones y millones de argentinos. El corazón explotado, las gargantas hinchadas y la voz que se extinguió con los gritos de felicidad al finalizar la tanda de penales. Porque si no es con sufrimiento no vale.

Argentina vuelve a ser Campeón del Mundo luego de 36 años. En un partido que fue una batalla épica, donde el equipo de Lionel Scaloni pasó por todos los estados de ánimo. El cierre tenía que ser con la sonrisa de Lionel Messi, los ojos clavados en el sector de la tribuna donde estaba su familia y los labios pronunciando dos palabra cortitas y punzantes que serán parte de su legado más preciado: «Ya está, ya está….».

Messi se metió en la historia grande del fútbol mundial. Era reconocido por todos sus logros y su vigente presente, marcando diferencias a los 35 años, pero le faltaba colgarse esa medalla de campeón y levantar la copa que muchas veces se resiste en llegar hasta las manos de los mejores.

A la «Pulga» le costó cinco mundiales e innumerables contratiempos. No fue en el 2014 porque el destino le tenía preparada otra sorpresa; soportó lo de Rusia con hidalguía y se contagió de un grupo humano y humilde de jóvenes jugadores que lo hicieron sentir único y lo defendieron en cada corrida, en cada trabada, en cada asistencia y en cada festejo de gol.

Festejos en Rosario, tierra natal de Messi, tras la clasificación de la Selección Argentina a la Final del Mundial.

Messi por fin se abrazó a la copa, la besó y se la dedicó a todos los argentinos, como lo soñó tantas veces.

Claro que también es admirable lo de Enzo Fernández, elegido el mejor del partido ante Francia; lo de Ángel Di María, recuperando la frescura que volvió locos a todos los franceses en el primer tiempo. Por su lado, el perfil que mejor le sienta, hizo estragos y se ganó la ovación cuando lo reemplazaron.

Por el «Dibu» Martínez, determinante en los penales y en ese mano a mano del final que paralizó muchos corazones -alguno hasta se habrá infartado-; por Rodrigo De Paul, con ese permanente derroche de energías; por Alexis Mac Allister, que se agigantó en las difíciles, y por Julián Álvarez, que los corrió a todos y no se guardó nada.

También por los bahienses Lautaro Martínez y Germán Pezzella, que aportaron su granito de arena aprovechando cada instante de su estadía en cancha, por los gladiadores de la defensa y los centrales (Romero y Otamendi) que impusieron presencia y se jugaron la vida en cada mano a mano.

Por todos y cada uno de los 26 integrantes de un plantel que con mucha inteligencia supo guiar Lionel Scaloni con su cuerpo de jóvenes técnicos -Aimar, Samuel y Ayala- para asumir un desafío grandioso. Sacaron chapa en la adversidad para tocar la gloria con las manos: primero ganando la Copa América en Brasil y luego la que todos los argentinos añoraban.

El camino no fue sencillo: del resbalón inicial ante Arabia Saudita, que sirvió para corregir, a un lento y progresivo crecimiento que se manifestó con México, Polonia, Australia, Países Bajos -en esa tanda de penales emocionante- y Croacia.

Y una final fue para el infarto. Lo ganaba con los goles de Messi y Di María en un primer tiempo brillante, de los mejores en finales mundiales de los últimos años. El equipo, literalmente, borró de la cancha a Francia y le marcó el camino de cómo se debe jugar un partido decisivo.

Pero los galos eran los últimos campeones y supieron reinventarse con los cambios. En los minutos finales sacaron conejos de la galera y aprovecharon que el goleador del la Copa, Mbappé, también es jugador de otra galaxia.

Se sufrió en el suplementario y cuando parecía sellada la victoria -el rebote de Lloris, tras el remate de Lautaro, que Messi convirtió en gol- otra vez un penal en contra que le puso suspenso a la definición.

Desde los doce pasos Argentina demostró personalidad, pateadores seguros y un arquero gigante que nos hizo revolcar de alegría.

«Cachete» Montiel decretó el triunfo con un tiro esquinado al palo derecho y las 35 mil almas presentes en el estadio Lusail de Qatar, que alentaron a la Selección durante todo el partido, explotaron en un abrazo interminable…

La fiesta terminó siendo completa. Argentina conquistó su tercera corona mundialista y Lionel Messi alcanzó merecidamente el calificativo de astro del fútbol mundial.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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