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Análisis

Bullrich le ganó la pulseada a Larreta y es la candidata presidencial de JxC

En una interna caliente de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich logró una victoria holgada respecto Horacio Larreta, imponiéndose por 6 puntos sobre su adversario de la coalición.

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El-Argentino-Jorge Macri, Patricia Bullrich, Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta.

Por Andrea Reyes

Este domingo 13 de agosto se llevaron a cabo las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en todo el país, con más de 35 millones de electores habilitados para votar de los cuales participó el 68,3% del padrón.

La contienda de las elecciones internas en que se midieron Horacio Larreta y Patricia Bullrich culminó con un contundente triunfo a nivel nacional a favor de la ex ministra de seguridad, con 16,96% sobre 10,97% que consiguió el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires De esta manera, Bullrich junto al diputado Luis Petri avanzan hacia las elecciones generales del 22 de octubre.

Con el 27,94% a nivel nacional, Juntos por el Cambio se ubica detrás de la fuerza política de La Libertad Avanza con Javier Milei, que obtuvo el 31,09%; mientras que Unión por la Patria consiguió el 26,51% de los votos.  Después del caos y aquellas diferencias “éticas” que venían sosteniendo los protagonistas, quedaron atrás.

Todos se mostraron juntos y unidos. Lo que pasó, pasó. Ahora todos son uno tratando de consolidar la coalición de Juntos por el Cambio. En este marco, los primeros en subirse al escenario y agradecer fueron Jorge Macri, candidato a Jefe de Gobierno porteño por JxC, y el economista, Martín Lousteau, luego de una reñida diferencia de poco menos de un punto a favor del ex intendente de Vicente López.  

En el turno de subir al escenario Patricia Bullrich, no hubieron globos ni baile, pero sí la candidata a presidente por JxC fue eufóricamente recibida por los militantes que cantaban “Patricia, presidente”. La ex ministra de seguridad habló brevemente y expresó: “Tenemos la oportunidad de conducir y liderar un cambio profundo para la Argentina, dejando atrás a la corrupción y abrir paso la austeridad”.

A su vez,  agradeció a Larreta y Morales “por su trabajo en esta elección. Los vamos a convocar a todos, para ganar las elecciones generales y ser el gobierno que les cambie la vida a los argentinos”. Por otro lado, reconoció el sorprendente triunfo en las PASO de Javier Milei; lo felicitó por “la elección enorme que hizo”. 

En este mismo sentido, Horacio Larreta confirmó su lineamiento y apoyo a su compañera de Juntos por el Cambio, sostuvo: “Vamos a honrar los valores que propusimos. Hoy estamos más juntos que nunca”. Por su parte, como era de prever Mauricio Macri estuvo acompañando a sus candidatos y, como líder del PRO, celebró el triunfo de Patricia Bullrich: “La argentina está entrando en un cambio de era”. Y agregó: “Estamos planteando un cambio de décadas y requiere de mucho coraje como el que tiene Patricia”.    

El Conurbano y la Ciudad fueron clave para la contienda nacional

La ciudad de Buenos Aires, que es el baluarte del PRO desde hace 16 años, fue el escenario de una disputa muy peleada entre los dos candidatos, Jorge Macri y Martín Lousteau, replicándose esta contienda a nivel nacional entre Patricia Bullrich y Horacio Larreta. El mismo escenario se observó en el conurbano bonaerense.

Rodríguez Larreta apostaba a que la candidatura de Santilli lo empuje a un triunfo relevante en la provincia de Buenos Aires para inclinar la balanza de la pelea nacional a su favor, sin embargo, el candidato que se impuso fue Néstor Grindetti de la mano de Patricia Bullrich, actual intendente de Lanús.   

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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