Análisis
Buena pregunta, pero tengo hambre
Los juegos del hambre parece ser la película que nos quieren hacer vivir Milei y Caputo, y al igual que en la famosa saga, para sobrevivir se propone una pelea entre pares, hermanos, laburantes que padecen una política económica opresiva que solo se basa en que cada día podamos consumir menos.
Por Martín Epstein*
Es jueves, y en su habitual conferencia de prensa, el vocero presidencial Manuel Adorni responde “Es un tema largo, puede hasta sonar aburrido, pero tengo sueño”. Con tono entre jocoso y pendenciero esa es la respuesta que da un funcionario público frente a la consulta de un trabajador de prensa respecto a la situación económica del país. Ese mismo día, trabajadores de colectivos en el AMBA eran empujados por la patronal a impulsar una medida de fuerza extrema a través de un paro por retención de tareas para no perder salario en términos nominales (o sea ganar menos cantidad de pesos de un mes a otro) frente a la inacción de un gobierno nacional que, lejos de intentar mediar en los conflictos obrero patronales se propone incentivarlos.
Los juegos del hambre parece ser la película que nos quieren hacer vivir Milei y Caputo, y al igual que en la famosa saga, para sobrevivir se propone una pelea entre pares, hermanos, laburantes que padecen una política económica opresiva que solo se basa en que cada día podamos consumir menos. Trabajadores de un sector, en este caso transporte de pasajeros que, luchando por lo que les corresponde, se encuentren con otros laburantes enfrentándolos por no poder viajar es una escena que lamentablemente llegó para quedarse en la Argentina libertaria.
Es miércoles, y en la mañana distintas organizaciones sociales se nuclean en el centro de la ciudad más rica del país a reclamar por la inacción de un gobierno nacional que desde que asumió allá por diciembre del 2023 se dedica a congelar y eliminar partidas presupuestarias de toda índole. Comida reclaman los y las trabajadoras de la economía popular. Comida para los comedores, para familias, para pibes y pibas que no tienen asegurado un plato caliente por día. Comida para cuidar a los viejos, que tampoco llegan.
Aunque parece que esta vez van a tener alguna respuesta por parte de la inhumana ministra de capital humano, todo termina en una nueva emboscada y se desata una represión con una virulencia extraordinaria: balas de goma, palos y gas lanzados por una policía que tiene orden de despejar la calle a toda costa nos remontan a las peores imágenes que recordamos de aquel fatídico diciembre de 2001. De a cinco agarran a uno y lo muelen a palos. De a 7 se llevan a otro arrastrándolo por la calle. Uno le pega una patada artera por la espalda a una señora que llevaba unas bolsas. Otra vez nos encontramos con trabajadores, en este caso uniformados, que también están perdiendo con salarios cada día más magros, que se enfrentan a trabajadores que sólo quieren conseguir comida.
Duele esta Argentina que están fomentando. Duele el individualismo que celebran. Duele ver pibes con hambre y familias desesperadas por la inacción del Estado.
*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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