Análisis
Hongos mágicos: ceremonias, autocultivo y la capacidad de sanar sintiendo
Después de 40 años de prohibiciones, la psilocibina vuelve a encontrar su espacio, autoculitvadores aseguran que Dios existe, pesa cuatro gramos y vive en un taper.

Por Manu Campi | @manucampimaier
La casa de verano a trescientos metros y María que espera. —Quizás vuelva más tranquila—, suspira con cuatro gramos de ‘hongos mágicos’ en una bolsita de papel madera arriba de la mesada de la cocina. July, todavía parada frente un mar sin magia, heredera del berretín del trabajo de papá alta gama, cierre centralizado y losa radiante, a los diecinueve, corredora de la Bolsa de Valores, a los veinte la camioneta y a los veintiuno, vieja con una deuda millonaria y ganas de morirse.
La psilocibina se encuentra, únicamente, en algunos tipos de hongos, llamados psilocibios u hongos mágicos. Su uso terapéutico y espiritual tiene registro desde la civilización azteca, pasando por la popular María Sabina en México, hasta sanadoras de la Península Ibérica donde se encontraron pinturas rupestres de hombres con cabezas en forma de hongos, hace aproximadamente 6 mil años. Sin embargo, en la Convención de la ONU sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 fueron prohibidas, paulatinamente, a nivel global.
Desde entonces, estudios y aplicaciones en medicina y psicología se vieron interrumpidos bajo la engañosa bandera de la guerra imperialista contra las drogas, en donde el enemigo real no fue otro que el concepto de juventud y libertad que la generación beat traía consigo desde fines de los ’50, principios de los ’60, hasta bien entrados los ’70.
July volvió descalza con arena debajo de los pies fríos y húmedos, con la misma voluntad que tienen aquellos con ganas de morirse, pero que no encuentran –ni buscan–coraje a tal fin. Abrió la puerta y se derrumbó en cámara lenta sobre el sillón de mimbre sin sacar la vista de la mesada. Las manos de María le recogieron los pelos y un rulo atorado en la comisura de la boca.
—“No me jodas, estoy lista” —dijo July, ahora sentada al borde del sillón, casi sobre el mimbre.
Movió con el dedo índice los hongos retorcidos y secos sobre la palma de la mano de María. El gusto amargo la tomó por sorpresa y, antes de levantarse, su amor le dio un pedacito de chocolate. Fue al baño y se lavó la cara quitando así el último vestigio de lo que alguna vez fue. Se miró en un espejo devastador, dejó caer la campera en el piso del baño, se ató el pelo y volvió al sillón.
—Para que mierda hago esto, las soluciones mágicas no existen —gritó, María. July, en silencio, le preparó un té de canela.
A fines de los años ’50, el mundo occidental entró en contacto con los hongos psilocibios a través del escritor pionero en botánica, Gordon Wasson, el micólogo Roger Heim y el químico Albert Hofmann, padre del LSD. Estos, consiguieron extraer e identificar la psilocibina y psilocina, en la composición de hongos recogidos por la tribu Mazateca durante una expedición a México. Aquel análisis se publicó en el ’57 en la revista Life, bajo el título “Seeking the Magic Mushroom”.
Al artículo, que popularizó la sustancia psicodélica en los ’60 a través de la cultura hippie, se lo consideró, más que como un ensayo sobre una droga, como una puerta abierta hacia la espiritualidad. Mucho tuvo que ver con aquella caracterización popular, a los responsables de la revolución pacífica de los ’60: el escritor Ken Kesey, el maestro espiritual Richard Alpert y al psicólogo, investigador, activista y escritor, Timothy Leary –considerado en aquel entonces el hombre más peligroso de Norteamérica–, quien sostenía que la experiencia psicodélica “es un viaje a nuevas esferas de la conciencia. Los alcances y el contenido de las experiencias no tienen límites, pero su rasgo característico es la trascendencia de conceptos verbales, de las dimensiones de espacio y tiempo, y del ego o la identidad (…) la droga no produce la experiencia trascendente, meramente actúa como una llave química que abre la mente, libera el sistema nervioso de sus patrones ordinarios y estructuras”.

Por su parte Wasson, quien llevaba ya más de 25 años estudiando el papel cultural de los hongos en Asia, en su primer viaje a México en 1953 preguntó a los aborígenes sobre los efectos de los hongos y estos le respondieron: “Lo llevan ahí donde Dios está”. Así, y guiado por la reconocida chamán María Sabina, la noche del 29 al 30 de junio participó activamente de una ceremonia en Oaxaca, siendo primer occidental europeo contemporáneo en ingerir los hongos santos.
Esta experiencia lo marcaría profundamente: “Pude permite ver más claramente de lo que el ojo perecedero mortal puede ver, perspectivas más allá de los horizontes de esta vida, viajar hacia atrás y adelante en el tiempo, entrar en otros planos de existencia, incluso conocer a Dios (…) “ahora veo por primera vez sin la mediación de mis ojos mortales”
En los años siguientes consiguió diversas muestras de ejemplares de Psilocybe. En 1956 se asociaron con el eminente micólogo francés Roger Heim, quien pudo clasificar 14 especies distintas y posteriormente cultivar algunas de ellas en su laboratorio de París. En 1957, Heim envío 100 gramos de ejemplares cultivados y desecados de Psilocybe mexicana, para su análisis químico a Hofmann. Su estudio, publicado en la Revista Catalana de Micología, –vol. 37: 75-85; 2016. 77–, puso de manifiesto que existía una relación química muy estrecha entre el LSD y los principios activos de los hongos alucinógenos. Hofmann probó 32 ejemplares secos de Psilocybe mexicana que pesaban 2.4 gramos, una dosis media, según las pautas indígenas.

En una traducción del informe original sobre el experimento, que tuvo lugar en 1957, dice: “Treinta minutos después de haber ingerido los hongos, el mundo exterior comenzó a sufrir una extraña transformación, el esfuerzo voluntario de ver las cosas en sus formas y colores de costumbre resultó ineficaz (…) a la hora y media, cuando la intoxicación estaba en su auge, una cascada de imágenes interiores, la mayoría de motivos abstractos, que cambiaban rápidamente de forma y de color, alcanzó un grado tan alarmante que temí ser arrastrado hacia este remolino de forma y color hasta disolverme y, al cabo de 6 horas, el sueño terminó. No tuve idea alguna de la duración de este estado psíquico. Mi vuelta a la realidad cotidiana fue percibida como un feliz retorno a una casa vieja y familiar, de vuelta de un mundo extraño y fantástico, pero sumamente real”.
La típica casa de refugio atlántico bonaerense, postrada debajo de un techo a dos aguas con tejas rojas, dos cañas de pescar en un paragüero al lado de la puerta de entrada, la mesa de pino y el sillón de mimbre de dos cuerpos frente a la tele de tubo, parecía esconderse detrás de un pequeño farol que iluminaba tenue la alfombra de entrada y apenas el parque. Ahora hablaban de cualquier cosa, que el frío, que hay que arreglar la pata de la cama, que qué comemos mañana. Ana la miraba con una sonrisa mientras iba y venía ordenando un poco y, después de tomarse un vaso de agua, levantó la campera de Ferny del suelo del baño que, Sentada sobre el sillón reparó en la funda cuadrille de los almohadones. Ana le dijo algo en voz muy baja, pero la oración se fue perdiendo luego de tres o cuatro palabras.
—No hay…soluciones…mágicas —susurró July en el mismo momento en que sus ojos escupían las primeras lágrimas pasando la rompiente de sus ojos cerrados.
La psilocibina debajo de la piel modificó por completo su percepción sensorial sobre las cosas, los objetos y María. Un aura en torno a las luces retorcía la forma de los muebles, pero con una clara capacidad de entender su entorno geométrico, repetitivo y superpuesto. En un estado de absoluta sinestesia escuchó los colores, vio el sonido de la heladera y el de un grillo escondido en alguna parte de la casa, en tanto descubría el peso de su propia saliva. Media sonrisa la encontró ahora de pie, en el medio del living, acariciando el respaldo de una de las sillas, la distorsión del tiempo y el espacio la mantuvo cautiva hasta que su percepción sensorial la fundió con el entorno.
Las superficies empezaban a retorcerse superponiendo la percepción visual con formas geométricas repetitivas, alterando los colores y modificando la manera en que el percibía los sonidos. La distorsión sobre el tiempo y el espacio entre alucinaciones visuales más complejas, ahora con los ojos abiertos o cerrados, pero en cuadro, enfocada, y llorando sin rastro de angustia, de tristeza, o de aquella vieja frente al mar con ganas de morirse. El corazón latía cada vez más fuerte, un escalofrío la incorporó de golpe con los ojos abiertos cargados de pupilas en constante dilación. Se quitó las zapatillas con los pies, solo para descubrir que el piso se arqueaba y se retraía como si fuera un torso desnudo con un marcado ánimo de respirar. El color de la mesa de pino se perdió entre la pequeña fuente con frutas de plástico apoyada sobre un mantelito ovalado color naranja. La casa era ahora geométricamente perfecta, igual que los sonidos de los caracoles que la volvían de vuelta al mar.
—Te dije…boluda…no hay solu…mági… —se reía a carcajadas mientras se escuchaba a ella misma tratando de justificarse. Se reía y lloraba, como si el pus hubiese allanado el camino entre la piel del grano y el mundo exterior.
Así de mocosa, así de tranquila, terminó el viaje entre las tetas de María y la serenidad que portan los que consiguen la calma cuando miran el mar. Hace ocho años cultiva psilocibina, dicta talleres especializados de autocultivo casero y acerca a los hongos mágicos a las necesidades que el universo pone en su camino. Solo volvió a comer hongos mágicos una vez desde la noche de olor a mimbre, convencida de que la medicina ancestral está ahí, esperando.
—Pero…que fue de la deuda, cómo seguiste, cambiaste de laburo, ¿o qué? —pregunté ansioso.
—No sé de qué estás hablando —me contestó con ojos compasivos que rezongaban si acaso yo no había entendido nada. Cariño virtual y que esté bien, que cualquier cosa le avise y con media sonrisa, cómplice, tierna y suya.
En 2006, el neurocientífico, Roland Griffiths, descubrió que los usuarios que “usaron psilocibina en dosis bajas –2 gramos– sintieron alegría, felicidad extrema, actitudes positivas en sus estados de ánimo en relación a su sociabilidad y conducta, incluso dos meses después de consumir hongos psilocibios”. Además, dijo que los voluntarios mostraron “aumentos en distintas categorías de misticismo y estados de conciencia”, entre ellas, “sacralidad, conocimiento intuitivo, estado de ánimo positivo percibido en un nivel profundo”.
Sin embargo, el énfasis en la inteligencia ha marginalizado la importancia del rango total de la conciencia humana sobre su comportamiento. Si bien no es a menudo reconocido, las sustancias psicoactivas desempeñaron un papel significativo en la historia y la ciencia ayudando en tratamientos contra la depresión, trastornos de alimentación, adicciones, ansiedad, estrés y también como opción paliativa emocional sobre enfermedades terminales.
La ecuación es simple, el uso de psilocibina tiene resultados en muy corto plazo con dosis mínimas y representan el doble riesgo de, primero la libertad de elegir pensando y por fuera del aparato de salud prestablecido dejando las facturas debajo de la puerta y, segundo, la nula rentabilidad que esto representa al conglomerado farmacéutico global. La potencial amenaza hacia el paquete completo –benzodiacepinas, antidepresivos, etcétera– terminó por homologar la medicina en un único y rentable sentido en el cual –a modo de letargo– sirve a las corporaciones más que a los usuarios que, adoctrinados en masa, adoran comprar con el vuelto los chicles que se ofrecen a un lado de la caja.
Por citar dos ejemplos, el neuropsicofarmacologo inglés especializando en la búsqueda de fármacos que afectan el cerebro para tratar adicciones, ansiedad y la falta de sueño, David Nutt, sufrió un largo camino burocrático para llegar a hacer sus ensayos clínicos. Entre otras cosas publicó lo difícil que le ha resultó conseguir los permisos necesarios por parte de la Unión Europea y del gobierno británico para sus estudios. James Rucker, especialista del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, remarcó sobre la necesidad de dar “más facilidades a la investigación con estas sustancias”. Publicando en la prestigiosa revista científica British Medical Journal un artículo en el que pide la recalificación de estas sustancias para su uso científico.

Sol es chamana, tiene 28 años y, desde pequeña, percibe cosas por fuera de los dibujitos animados, o las manos de sus abuelos o el tinenti en el patio del colegio de guardapolvos blancos. Tiene una percepción sensorial sobre el entorno, aun en perfecta soledad, como si siempre estuviera acompañada. —Los ancestros están acá, ahí, en todas partes. Con nosotros, ahora, acá. La diferencia es que yo los percibo. Fue un camino de profunda búsqueda de respuestas. Quienes eran y por qué los sentía yo sola, fue el motor para empezar este camino —dice como si ella fuera su propia medalla.
A los 20 se dio cuenta que no era la única. En el chamanismo nórdico empezó a integrar lo que iba aprendiendo en el camino. Habla sobre la espiritualidad hecha carne a través del camino recorrido, de seres de luz como quien ve la mancha humedad en el techo del baño, o quien elige entre medialunas y sanguches de miga en la panadería y de la magia celta como si fuera parte de una cotidianeidad tan abrumadora como tangible.
—Los hongos me ayudan a comprender el mundo, me encontré conmigo con una verdad muy pura y muy fuerte. Como si hubiese despertado de un sueño profundo. No es ni bueno ni malo, es hacerse cargo de lo que uno piensa siente y hace. Es un camino de sanación. Un viaje con hongos abre muchos mundos, todos en eje —dice quien hace diez años que, como chamana, oficia ceremonias. —No es algo que yo haya pensado que vaya a pasar, no estaba en mis planes, la maestra no soy yo, es la medicina y, con respeto y propósito, una con el tiempo va teniendo herramientas. La sabiduría ancestral tiene herramientas indispensables. Estudió para ello chamanismo ancestral que no es otra cosa que la “comprensión de uno a través de una profunda conexión con la naturaleza y de dónde venimos. No es nuevo, sino más bien, prohibido e invisibilizado”. La psilocibina ayuda al desarrollo cerebral, “seguimos siendo una tribu con una potencia sanadora tremenda”. Sostiene que si tan solo “soltásemos nuestras expectativas estaríamos más predispuestos a nuestro entorno y a la comprensión de nuestra sociabilidad. Es maravilloso el poder que tienen muchos seres juntos queriendo sanar”. Durante la cuarentena, consultas sobre cuadros de estrés, depresión e insomnio, ascendieron de manera exponencial: “Hubo mucho tiempo para mirar hacia adentro y la gente buscó alternativas sobre lo que evidentemente ya no funcionaba”, dice en relación a las bocas de expendio de cruces verdes. “La cura no es una pastilla, tenemos una mirada sobre una nueva manera de concebir a la medicina tradicional porque directamente no sana. No queda otra que ir a las raíces, a lo que una vez como sociedad fuimos”.
Hija de generación de los ’60, creció en una familia donde aquel dejo de libertad estaba al alcance de la mano, en la trova cubana, en la biblioteca y en los debates de la prescripción sobre el pensamiento común, cortado de cuajo después del mayo francés, la descolonización en África, el asesinato del Che y las dictaduras latinoamericanas.
Respecto a las ceremonias, asegura que, a la fecha, no obtuvo otra cosa que “gestos de gratitud”. Si bien toma ciertos recaudos en relación a los participantes, asegura que las personas “que llegan” son las “que tienen que llegar”. —Espero que la psilocibina se legalice. Si uno lleva la sanación como bandera se encuentra con una comunidad más grande de lo que se cree —cierra con un dejo de desaliento, como si fuera preferible incurrir en la prepaga vendedora de ilusiones, rauda de recetarios y parrillera de guante blanco.
América Latina
Nulo desde el inicio. No es un acuerdo, es un robo
Por Elías Jaua Milano. El llamado acuerdo petrolero con Estados Unidos, anunciado por Donald Trump, se firmó bajo amenaza y sin aprobación de la Asamblea Nacional: para el autor, es nulo de toda nulidad.
Que el banal espectáculo político de todos los días no nos distraiga de lo sustantivo de la gravosa situación de tutelaje a la que estamos sometidos por la administración Trump. El llamado “acuerdo petrolero” es uno de esos temas sobre el cual debemos insistir en denunciar como nulo de toda nulidad, cuantas veces sea necesario, si queremos recuperar nuestra independencia y con esto la posibilidad de un desarrollo propio que genere bienestar a toda la familia venezolana.
El 3 de enero de 2026 en horas de la madrugada, Caracas, La Guaira y otras poblaciones de la costa central de Venezuela fueron atacadas con misiles, por fuerzas militares estadounidenses, sin previa declaración de guerra, de manera injustificada y desproporcionada. Tras secuestrar al Jefe de Estado en funciones, amenazaron al resto de las autoridades con un segundo ataque más destructivo y el aniquilamiento de estos si no aceptaban el plan del atacante. De acuerdo a las declaraciones de Donald Trump en horas de la mañana: “Las autoridades venezolanas están colaborando, en verdad no tenían otra opción”. Más adelante afirmó: “Vamos a dirigir al país hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”. Acto seguido amenazó: “Estamos preparados para realizar un segundo ataque mucho más grande si es necesario, así que estábamos preparados para una segunda incursión si era necesario. De hecho, suponíamos que sería necesaria una segunda incursión, pero ahora probablemente ya no lo sea”.
El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, compareció el 28 de enero de 2026 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos y en una respuesta sintetizó lo que se estaba haciendo en Venezuela: “Básicamente estamos administrando a Venezuela”. Posteriormente anunció desde la Casa Blanca el plan de las tres fases para administrar a Venezuela.
En este contexto de amenaza, coacción y administración colonial, en los meses que han transcurrido se han llevado a cabo nuevas incursiones militares, se han desplegado tropas y agencias de seguridad, se han forzado reformas de leyes al margen de la Constitución, como es el caso de la ley de Hidrocarburos y la ley de Minas, entre otras; los ingresos de la nación venezolana son depositados y administrados en una cuenta del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y se ha impuesto un plan político de transición, entre otras graves violaciones a la soberanía de Venezuela y al derecho internacional.
Bajo esta situación de amenaza, coacción y administración colonial, el pasado 26 de agosto nos enteramos, por un posteo de Donald Trump en su red social, de un acuerdo donde el gobierno de Venezuela cedía el control sobre la explotación de 17 campos petroleros, propiedad de la nación venezolana, estimados en 65 mil millones de barriles, por 100 años, según su versión. Al momento, el pueblo venezolano no conoce, y creo que tampoco el pueblo estadounidense (dado el reciente cuestionario enviado por senadores a la Casa Blanca sobre este tema), el texto de ese acuerdo, que debió ser conocido, estudiado, discutido y ratificado por el Poder Legislativo de Venezuela, como lo manda la Constitución nacional:
Artículo 150: La celebración de los contratos de interés público nacional requerirá la aprobación de la Asamblea Nacional en los casos que determine la ley. No podrá celebrarse contrato alguno de interés público municipal, estadal o nacional con Estados o entidades oficiales extranjeras o con sociedades no domiciliadas en Venezuela, ni traspasarse a ellos sin la aprobación de la Asamblea Nacional. La ley podrá exigir en los contratos de interés público determinadas condiciones de nacionalidad, domicilio o de otro orden, o requerir especiales garantías.
Comentarios: Cabe la duda si en verdad hay un acuerdo firmado o es un despojo arbitrario por parte de la potencia ocupante. NABEP es una empresa privada domiciliada en Barbados y el Departamento de Guerra es una entidad oficial extranjera, por tanto el acuerdo, de existir, debió ser aprobado por la Asamblea Nacional. No se hizo así.
Es casi imposible analizar el alcance operacional y financiero del pretendido acuerdo al no haber documentos oficiales publicados por Venezuela. Solo hay una nebulosa de datos contradictorios declarados por funcionarios de ambos gobiernos. Por lo tanto solo nos referiremos en este artículo a algunos elementos jurídicos y administrativos señalados en el único documento oficial publicado: la nota informativa de la Casa Blanca de fecha 30 de agosto de 2026, donde se informa de los puntos más relevantes del írrito acuerdo. Veamos:
Este acuerdo asegura nuestro dominio energético para el próximo siglo, sin costo alguno para Estados Unidos. El acuerdo, firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth, otorga al gobierno de Estados Unidos poderosos derechos de gobernanza, propiedad económica y un convenio de compra garantizada a bajo costo a un nuevo actor petrolero privado de Venezuela, que será la segunda compañía petrolera privada más grande del mundo en términos de reservas
Sin costo alguno para el contribuyente estadounidense, NABEP ha otorgado a la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra de Estados Unidos una participación accionaria del 35 % en su sociedad matriz, lo que representa un valor y dividendos de hasta cientos de miles de millones para Estados Unidos.
NABEP también otorgó al Departamento de Estado de Estados Unidos el derecho de adquisición preferente del 80 % restante de su producción, lo que proporciona una fuente garantizada de energía en nuestro hemisferio en situaciones de emergencia.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 302. El Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico.
Comentarios: No puede haber una privatización de la actividad petrolera en Venezuela, mucho menos ejecutada por un gobierno extranjero que ejerce el papel de ocupante. Una empresa privada no puede otorgar derechos de la nación a otro Estado. La ley no puede ser contraria a la Constitución.
Más adelante expresa la información oficial de la Casa Blanca:
El Gobierno de Estados Unidos tiene poder de veto sobre el nombramiento de cualquier miembro de la junta directiva, y la mayoría de quienes integren la junta de NABEP deben ser ciudadanos estadounidenses. NABEP contará con auditores, abogados y asesores estadounidenses de renombre y el acuerdo del Gobierno de Estados Unidos con NABEP se rige por el derecho estadounidense y está sujeto a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 151. En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”.
Sin comentarios.
Sigamos las afirmaciones escritas por la Casa Blanca:
Las concesiones de NABEP se rigen por la nueva ley de hidrocarburos de Venezuela, adoptada con el apoyo de Estados Unidos, que prevé la modernización, la privatización y el desarrollo histórico del sector petrolero en declive de Venezuela.
¿Qué dice nuestra Constitución?
Artículo 303. Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela, S.A., o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas y cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela, S.A.
Comentario: Constitucionalmente PDVSA es la que desarrolla cualquier negocio o asociación petroleras. NABEP no es parte de una iniciativa empresarial de PDVSA, la empresa estatal no tiene ni uno por ciento de participación accionaria, ni es parte de la directiva de la misma. Ninguna ley ni acuerdo está por encima de la Constitución.
Afirma la Casa Blanca en su hoja informativa:
Las disposiciones sólidas sobre gobernanza y auditoría del Gobierno de Estados Unidos, junto con la reforma bancaria, la fiscalización de pagos y la supervisión financiera de la Administración Trump, asegurarán que los pagos de impuestos y regalías se usen en beneficio del pueblo venezolano.
¿Qué dice la Constitución?
Artículo 156. Es de la competencia del Poder Público Nacional: Numeral 12: La creación, organización, recaudación, administración y control de los impuestos sobre la renta, sobre sucesiones, donaciones y demás ramos conexos, el capital, la producción, el valor agregado, los hidrocarburos y minas; de los gravámenes a la importación y exportación de bienes y servicios; de los impuestos (…)
Comentario: ¿El supuesto acuerdo es en beneficio del pueblo venezolano o de la administración Trump? Ya que según el Decreto Ejecutivo presidencial (Orden Ejecutiva) emitido el 9 de enero de 2026: “Los recursos —provenientes de transacciones del Estado venezolano, el Banco Central de Venezuela y Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA)— deben depositarse en cuentas específicas denominadas Fondos de Depósito de Gobiernos Extranjeros (Foreign Government Deposit Funds) dentro del Departamento del Tesoro de EE. UU.”.
Preguntas: ¿Quién realiza el control o auditorías de las cantidades de petróleo extraídas en los bloques entregados, para determinar las regalías e impuestos? ¿El Ministerio de Petróleo de Venezuela? ¿Con cuál plataforma tecnológica? ¿Pueden inspectores de dicho ministerio supervisar la actividad de extracción y exportación? ¿Lo permitirá el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, socio de la empresa privada NABEP?
Compatriotas, bajo amenaza, coacción e intervención política y administrativa de una potencia extranjera se están extrayendo de manera inconstitucional los recursos petroleros de la nación, garantía futura del desarrollo y el bienestar para el pueblo venezolano. No hay texto del acuerdo, por lo tanto, no pudo ser aprobado por la Asamblea Nacional. Hay una asignación arbitraria para la explotación de bloques petroleros. La nación no conoce cómo y quién contabiliza la extracción que hace NABEP. Los ingresos supuestos que generará este acuerdo por regalías e impuestos serán administrados por la potencia ocupante, que a su vez es accionaria de esta empresa a través de su Departamento de Guerra. No es un acuerdo, es un robo a misil en mano.
Compatriotas, este supuesto acuerdo es nulo desde el inicio, de acuerdo a nuestra Constitución y a los principios universales y del derecho consuetudinario establecidos en diversos instrumentos del derecho internacional acerca de la invalidez de todo acuerdo, convenio o contrato realizado en condiciones de amenaza o uso de la fuerza.
El pueblo venezolano debe informarse, debe tomar conciencia del daño patrimonial que supone un acuerdo nulo, y en consecuencia luchar de manera política, cívica, jurídica y democrática para recuperar la independencia del Estado nacional y la restitución de la vigencia de la Constitución con el fin de preservar su patrimonio económico, y recuperar el derecho inalienable a la autodeterminación política y a la soberanía y dignidad nacional.
PD 1. A la falaz afirmación de que “no podemos tener una riqueza que está en el subsuelo mientras vivimos en la miseria y por eso necesitamos entregar estos campos petroleros a Donald Trump”, responde la realidad histórica: En Venezuela, hasta el año 2012, se producían cerca de 3 millones de barriles de petróleo diarios, extraídos y desarrollados por PDVSA y sus empresas mixtas con socios internacionales (incluyendo empresas estadounidenses) con apego a la Constitución y respetando nuestra soberanía y dignidad nacional, que generaron ingresos que se tradujeron en los más altos indicadores de bienestar para el pueblo venezolano en general. Tras la muerte del Presidente Chávez, el incremento de las sanciones y la instauración del bloqueo a la libre comercialización del petróleo por sucesivos gobiernos estadounidenses, e internamente una serie de malas decisiones y desfalcos cometidos contra la industria petrolera, postraron la actividad y disminuyeron a mínimos históricos los ingresos nacionales petroleros, generando la actual situación de precarización de las condiciones de vida del pueblo venezolano.
PD 2. Llega tarde el arrebato de soberanismo sobre esta cuestión por parte de los sectores políticos que durante 25 años solicitaron, propiciaron, facilitaron y finalmente celebraron la intervención militar del 3 de enero de 2026, con las graves consecuencias para la autodeterminación política y el patrimonio nacional.
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