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Análisis

Milei en Israel: la búsqueda desesperada de la Argentina perdida

¿Que es el “darwinismo social del mercado”? Milei impondrá la ley del más fuerte y el inexorable exterminio de los débiles, de los feos, los estéticamente repugnantes, los brutos (según Macri, “los orcos”). Por algo habla recurrentemente de la “superioridad moral, política e inclusive estética” de quienes comparten sus delirios.

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El Argentino Diario-Javier Milei.

Por Atilio Borón

Milei se fue de gira a Europa, y comenzó por el peor lugar posible: Israel, país que por desconocer más de treinta resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU es caracterizado como un rogue state (un estado fallido o un estado canalla). Es sede de un gobierno que impuso un criminal apartheid en abierta violación a lo aprobado por la ONU en 1948; que hizo de la violenta usurpación de tierras palestinas una constante de su vida política; que discrimina, persigue, encarcela y asesina con total impunidad a cualquier palestino o palestina que se le venga en gana y que ha erigido un régimen político neonazi encabezado por Benjamín Netanyahu, el mayor genocida de nuestra época con quien seguramente Milei sostendrá una amable conversación.

¿Puede sorprendernos la decisión de comenzar su gira precisamente en Israel? Para nada. Milei responde casi milimétricamente a lo que Theodor Adorno, ya exiliado en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, y sus colaboradores describieron como una “personalidad autoritaria” y por lo tanto se debe sentir muy cómodo en compañía de un asesino serial de poblaciones indefensas como el Primer Ministro Israelí.

La batería de preguntas contenida en el test utilizado por Adorno y sus asociados en su célebre estudio para medir los diversos grados de autoritarismo de una persona rehusaba a todo eufemismo y decía la verdad: se llamaba la “Escala F”, por fascismo. El libro, publicado en 1950 con el título La Personalidad Autoritaria, causó furor y desató un intenso debate en el mundo de las ciencias sociales y en general en la esfera pública norteamericana y europea. Mediante este instrumento se medía la presencia y la intensidad de una constelación de actitudes, comportamientos y valores autoritarios, intolerantes y prejuiciosos en los sujetos sometidos a estudio. Tanto el test como la teorización que le daba sustento fue creada por académicos identificados con la Escuela de Frankfurt, una fecunda combinación entre marxismo y psicoanálisis.

La traumática experiencia de los fascismos europeos y sus fanatizadas bases de masas hizo que muchos sociólogos, psicólogos e historiadores trataran de comprender las raíces de esa aberrante patología política. No sorprende por eso que una primera formulación en torno a esta problemática haya visto la luz unos años antes. Hablamos de Erich Fromm, un psicoanalista judío alemán tempranamente exiliado en Estados Unidos y también influenciado por la Escuela de Frankfurt que en 1941 sintetizó sus ideas en un libro que se convertiría en un clásico: El Miedo a la Libertad.

En esa sugerente obra combinó la tradición humanista del joven Marx con las revolucionarias tesis propuestas por Sigmund Freud en el campo de la psicología. Para Fromm la personalidad autoritaria sintetiza dos rasgos que conviven conflictivamente, a veces de modo desquiciante, en un sujeto: el sadismo y el masoquismo. El primero porque quien siente -o le ha sido revelado por algo o alguien- que tiene un mandato extraordinario para cumplir debe imponer su voluntad a cualquier precio, sin amilanarse ante el sufrimiento que la búsqueda de esa “nueva Arcadia” o ese “mundo feliz” provoque en los demás. Estos pueden tener múltiples concreciones: desde el milenio del tercer Reich de Hitler hasta el mito de una economía donde reine la absoluta libertad de los mercados porque el Estado, el supremo mal, no existe, como pregona Milei.

En una nota reciente el analista internacional Juan G. Tokatlian apela acertadamente al concepto de “retrotopía” acuñado y desarrollado ampliamente por Zigmunt Bauman en un libro del 2017 que lleva por título ese concepto. Según este autor con él quiso describir ciertas construcciones ideológicas que refieren a “mundos ideales ubicados en un pasado perdido/robado/abandonado”.

El mundo al cual pretende conducir Milei a la Argentina es precisamente eso: una alucinada retrotopía que alude a algo que jamás existió y adonde, según él, es imprescindible regresar. Concretamente, a la Argentina que según esta ensoñación fue primera potencia mundial a finales del siglo XIX. Sólo podrá alcanzarse tan quimérico ideal si los mercados actúan libremente, sin interferencia alguna. Milei y sus también sádicos mentores saben que en esa peregrinación a través de lo que amablemente denominan “el valle de la transición” tendrá lugar la perversa “eutanasia de los pobres”, momento doloroso pero necesario ya que permitirá (¡a quienes sobrevivan a la travesía!) llegar a las luminosas cumbres de la sociedad de mercado y del capitalismo en todo su esplendor. Nótese que Milei y sus fanatizados escribas se mueven en una dirección contraria a la que proponía un “zurdo” tan odiado por Milei -nos referimos a John M. Keynes- cuando para salvar al capitalismo exhortaba a los gobiernos agobiados por la Gran Depresión practicar la “eutanasia del rentista”, o sea, acabar con los especuladores financieros. El problema es que éstos son precisamente los hacedores de la política económica de Milei, de ahí su sesgo profundamente anti-industrialista.

Algunos autores hablan del “darwinismo social del mercado”, para referirse al hecho de que la incontrolada dinámica de los mercados inevitablemente impondrá la ley del más fuerte y el inexorable exterminio de los débiles, de los feos, los estéticamente repugnantes, los brutos. Por algo Milei recurrentemente habla de la “superioridad moral, política e inclusive estética” de quienes comparten sus delirios”.

Sadismo, además, como lo anota Fromm, porque es imposible ignorar que tentativas de este tipo exigen apelar a todo tipo de violencia. No sólo la física sino también la simbólica y que a lo largo del camino producirán un holocausto social de gigantescas proporciones, algunos indicios de los cuales son ya observables en la Argentina actual de hombres, mujeres y niños buscando comida en contenedores de basura, durmiendo en la calle, vestido con harapos y abandonados por un estado indiferente con su suerte.

Algunos autores hablan del “darwinismo social del mercado”, para referirse al hecho de que la incontrolada dinámica de los mercados inevitablemente impondrá la ley del más fuerte y el inexorable exterminio de los débiles, de los feos, los estéticamente repugnantes, los brutos. Por algo Milei recurrentemente habla de la “superioridad moral, política e inclusive estética” de quienes comparten sus delirios.

Pero también masoquista, porque el profeta de la nueva edad de oro debe someterse a una fuerza superior que es la que define su misión en este mundo, un lugar que no lo comprende, que lo persigue y lo arrincona en los márgenes. La “casta” es quien presuntamente se encarga de esa tarea. En el caso de Milei, esa fuerza superior que emite el mandato redentor tiene nombre y apellido: son “las fuerzas del cielo”. Pero Fromm aporta además otro dato inquietante: la destructividad. En su alucinado mesianismo la personalidad fascista está dispuesta a destruir todo lo que se oponga a la instauración del Nuevo Edén bíblico, y en eso Netanyahu y Milei tienen una perfecta coincidencia. El primero destruye escuelas, universidades, hospitales y hogares con bombas y balas; el segundo con la letalidad de su política económica. La destrucción es un acto salvífico necesario para la epifanía del nuevo orden. La “motosierra” de Milei, o la detonación simulada del Congreso o varios edificios públicos en videos de sus seguidores ilustra muy claramente lo que venimos diciendo. Basta con recordar las múltiples ocasiones en que el presidente amenaza con destruir todo lo que se oponga a sus planes, dicho y expresado además con un lenguaje y una gestualidad extremadamente violentas, con una furia desencajada, para concluir que Milei tiene muchos puntos de contacto con el carnicero de Tel Aviv, que encarna a la perfección estos rasgos definidos por Adorno y Fromm en sus trabajos. La violenta reacción verbal de Milei ante la derrota de sus proyectos enviados al Congreso ilustra muy bien esta actitud.

Lo anterior para nada pretende ser un diagnóstico de la personalidad del presidente y las raíces profundas, inconscientes, de su comportamiento, algo que escapa por completo a mi competencia profesional. Como sociólogo y politólogo me limito a tomar nota de sus actitudes públicas, gestos, verbalizaciones y conductas que se encuadran sin reservas en la caracterización de una personalidad fascista. Empero, dicho esto no habría que sacar como conclusión que la democracia argentina se degradó al punto de convertirse en un régimen fascista. El fascismo como “forma excepcional” del estado capitalista no emana de la personalidad de su primer magistrado, sino que es producto de una constelación de factores económicos, sociales, políticos y culturales que van mucho más allá de los rasgos autoritarios del jefe de estado. Dicho lo cual hay que añadir que hay algunos indicios muy preocupantes que hablan del vigor de un proceso de fascistización que habría que contrarrestar sin más demora. Uno de ellos son las propensiones claramente despóticas e intolerantes de la personalidad presidencial, reacio a reconocer la necesidad del diálogo y la legitimidad del disenso en la esfera pública, cosa que ha sido subrayada con preocupación inclusive entre los amigables analistas políticos de la derecha que habitan en los multimedios de La Nación y Clarín. No sólo esto: recordemos que cuando en una entrevista realizada por la periodista Luciana Geuna se le preguntó a Milei si “creía en la democracia” el actual presidente se negó a responder. Y cuando fue presionado insistentemente con tres repreguntas -algo rarísimo en canales afines al pensamiento y la política de Milei, y mérito de Geuna- el por entonces candidato respondió con evasivas e, inclusive, “pateando la pelota afuera” citando el Teorema de Arrow, que nada tiene que ver con el tema de si creía o no en la democracia. O sea, a diferencia de otros presidentes anteriores que en mayor o menor medida creían que la democracia era un buen sistema de gobierno, Milei no cree en la democracia. Su fascismo no está exento de una brutal sinceridad que le permite decir y actuar como lo hace. Claro que el hecho de que un jefe de estado de un país hasta ahora democrático confiese no creer en la democracia es una aberrante anomalía que presagia graves problemas en el corto plazo. Especialmente cuando pretende forzar al Congreso, a cuyos integrantes ha insultado soezmente en más de una ocasión, para que deleguen en el Poder Ejecutivo facultades extraordinarias con las cuales un personaje de tales características podría llevar adelante buena parte de su proyecto de destruir al estado y acabar con esa entelequia llamada nación. Sus intentos fracasaron rotundamente el 6 de Febrero, pero seguramente volverá a la carga para reunir en sus manos la suma de los poderes públicos y convertirse en un autócrata, un profeta iluminado que con la fuerza de un león conducirá a las y los argentinos a la tierra prometida.

Otro indicio de la fascistización en curso es el deterioro y la fragilidad del orden republicano fue puesto en evidencia en los últimos días con el intento del gobierno de hacer aprobar una ley conteniendo cerca de novecientos artículos referidos a los más diversos temas de la vida nacional -Ley Ómnibus, enviada por el Ejecutivo al Congreso- y que fuera objeto de un extravagante y escandaloso tratamiento en general ¡sin que se conociera a ciencia cierta su articulado!, amén de las presiones, chicanas, insultos y extorsiones que el gobierno nacional ha venido destinando a gobernadores y legisladores por igual, inclusive los de su propia alianza política para que aprobaran ese adefesio jurídico. Afortunadamente, también en el día de ayer, ese proyecto naufragó en la Cámara de Diputados gracias, en buena medida, a la fenomenal torpeza y desconocimiento de las prácticas parlamentarias de los rústicos representantes de la derecha argentina, no sólo los de “La Libertad Avanza”, el partido de Milei, sino también de las otras fuerzas aliadas: principalmente el “PRO” de Mauricio Macri y la decrépita “Unión Cívica Radical”, partido que fuera una vez liderado por Raúl Alfonsín y convertido ahora en un indigno lamebotas de los fascistas.

Por último, otro elemento que carcome al sistema democrático (desde hace tiempo) es la ilimitada voracidad de nuestras clases dominantes, para las cuales la democracia y la justicia social siempre fueron un estorbo. Se las aceptaba cuando no había ninguna alternativa antidemocrática a mano. Y cuando ésta aparece, aunque se trate de una figura irritante e impredecible como Milei, se encolumnarán detrás de él esperando que haga las tareas sucias largamente anheladas -modificar la legislación laboral, avanzar en el desguace del estado, privatizar todo lo privatizable, abrir y desregular la economía, liquidar el régimen previsional, etcétera- para luego reemplazarlo por una figura más confiable y previsible y relegando al obcecado profeta al olvido.

Los hasta aquí mencionados son signos que hablan de una crisis de la legitimidad democrática, que si bien no es irreversible sería suicida desestimar su peligrosidad. Pero, insistimos: esas tendencias no bastan para caracterizar al orden político de la Argentina actual como fascista. Está amenazado por un proceso de fascistización, pero nada permite concluir que tan lamentable proyecto vaya a verse necesariamente coronado con el éxito. Dependerá, como casi todo, de la lucha de clases y de la resistencia que las masas plebeyas -con su organización, conciencia, capacidad táctica- opongan a tan siniestros designios. Por ahora seguimos teniendo una democracia corroída por las insalvables pulsiones antidemocráticas del capitalismo que al generar incansablemente pobreza y desigualdad deslegitima y debilita a los estados democráticos. Cuánto más se extienda y penetre la lógica del capital en la vida social, mercantilizando todo cuanto existe, menos posibilidades tendrán nuestras sociedades de construir democracias dignas de ese nombre, una asignatura pendiente en la inmensa mayoría de las naciones.

Concluyo sobre el viaje de Milei a Israel: sabemos que EEUU y los gobiernos europeos acompañarán al genocida israelí hasta que logre el exterminio o la expulsión de los palestinos de sus tierras. Netanyahu es el grado superior del fascismo: un nazi hecho y derecho, y Milei acude en su auxilio. No sorprende que renovase su promesa de trasladar la embajada argentina a Jerusalén, algo que sólo lo hicieron un millonario caprichoso y autoritario como Donald Trump (y mantuvo el blandengue de Joe Biden); el hipercorrupto gobierno de Jimmy Morales de Guatemala que la trasladó en 2018; y Papúa Nueva Guinea. El nuevo presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, hijo del exiliado ex presidente Juan José Arévalo, vivió diez años en Israel y se graduó como sociólogo en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Pese a ello ha manifestado una tibia intención de regresar la embajada de Guatemala a Tel Aviv. En todo caso, de concretarse lo anunciado por Milei, la Argentina se convertiría en un estado-paria en el orden mundial, un mero fantoche manejado por el trumpismo norteamericano y el sionismo dado que la casi totalidad de los países no reconoce a Jerusalén como perteneciendo exclusivamente a Israel. Es más, un comunicado de la Cancillería argentina del 6 de diciembre del 2017 (¡durante el gobierno de Mauricio Macri!) recoge una saludable y muy arraigada postura diplomática de ese órgano que ratificó el apoyo y respeto al “régimen internacional especial de Jerusalén, conforme lo establece la Resolución 181 (1947) de la Asamblea General de la ONU, así como el libre acceso, visita y tránsito sin restricción a los Lugares Santos para los fieles de las 3 religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam), por lo que Argentina lamenta medidas unilaterales que pudieran modificar este estatuto especial.” Obviamente Milei no va a ser disuadido de actuar como lo hace por este tipo declaraciones, que refleja un consenso universal en el sentido que ninguna embajada debería instalarse en Tierra Santa. Lo hizo Trump, en un gesto prepotente y caprichoso típico de su personalidad autoritaria y fascistoide, pero salvo Guatemala y Papúa Nueva Guinea nadie más lo hizo, hasta que ahora Milei decide romper esa norma. El tiempo dirá si lo consigue.

Esta penosa involución es posible porque Milei no concibe la política exterior en función del interés nacional. La razón es bien simple: en su confuso universo mental, dominado por la distopía libertaria, la nación no existe, o es tan solo una entelequia. Lo que existe son los mercados que deben ser liberados de la esclavitud a la que los someten las intervenciones gubernamentales. Entelequia molesta, además, porque la nación para su realización requiere, tal como lo anotara Hegel, de la construcción de un estado. Y dado que éste es el problema y no la solución, como dijo en Davos, aquella, la nación, se desvanece de su horizonte intelectual.

Por otra parte, su mapa cognitivo de la escena internacional y sus conflictos es rudimentario y anacrónico. Ignora los recientes movimientos de las placas tectónicas del sistema que han modificado irreversiblemente su fisonomía y puesto de manifiesto la declinación del antaño omnipotente hegemón norteamericano, la pérdida de gravitación de las antiguas metrópolis coloniales europeas y la declinante gravitación del G7 en la economía mundial, superada ahora por el creciente dinamismo del BRICS. Lejos de percibir el irresistible ascenso económico, político y tecnológico del policentrismo lo que aparece ante los ojos de Milei es un etéreo y virtuoso Occidente, mortalmente amenazado por la hidra de mil cabezas del colectivismo que se ha infiltrado en sus entrañas. Discurso éste que, pronunciado en Davos, provocó el estupor primero y la fría indiferencia después de los dueños del mundo que esperaban oír a un jefe de Estado hablar de los proyectos económicos de su gobierno y se encontraron en cambio con un pintoresco profeta alucinado que les hablaba de un mundo que jamás había existido y que no existiría jamás.

Esta radical incomprensión del tablero geopolítico y geoeconómico actual explica la sucesión de disparates que su gobierno ha cometido en materia de política exterior, a los que ahora se suma su promesa de trasladar la embajada argentina a Jerusalén. Su remake de la fracasada política menemista de las relaciones carnales con los Estados Unidos; su rechazo a la invitación que le realizara el BRICS y que abría una oportunidad excepcional para la Argentina; su apoyo al régimen racista y genocida de Israel así como su total menosprecio de cualquier iniciativa que tenga que ver con la Patria Grande o la integración latinoamericana implican un grave daño a los intereses nacionales.

Es en este marco signado por la irresponsable soberbia de un aficionado que hay que entender su insolente ataque -uno más entre tantos propinados a otras figuras mundiales, donde ni siquiera se salva el Papa Francisco- al presidente colombiano Gustavo Petro que tiene el timbre de honor de haber sido el primero entre sus homólogos de la región en acompañar a Sudáfrica en su demanda en contra de Israel por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia. No sólo eso los diferencia. Petro será recordado en los anales de la historia como el presidente que pacificó a un país destrozado por décadas de violencia, que combatió los prejuicios y la opresión padecida por los pobres, los débiles, los diferentes, los negros, las mujeres, los pueblos originarios y que, además, exaltó los derechos humanos y la defensa del medio ambiente. Sea cual sea el final de su mandato Petro tiene asegurado el ingreso por la puerta grande de la historia. Milei, en cambio, en pocos días de gobierno ha hecho los méritos suficientes como para entrar por la puerta trasera, reservada a los autócratas fascistas que ultrajaron los valores fundamentales de su época, infligieron enormes sufrimientos a sus pueblos y se convirtieron en amenazas a la paz mundial.

Análisis

Guerra, inflación y ajuste sin fin

El ajuste libertario analizado por el Foro de Economía y Trabajo.

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Por Foro de Economía y Trabajo

La “guerra económica” abierta cuyas consecuencias sufre toda la humanidad, se agravó al perpetrarse la barbarie bélica de EEUU e Israelcontra Irán, agresión que el presidente Milei respalda y tiene como uno de sus objetivos – como también se verifica desde la intervención del presidente estadounidense en Venezuela –  el control de la producción y comercialización de los hidrocarburos. 

La repercusión en los precios internacionales del gas y el petróleo fue inmediata. Como la energía atraviesa transversalmente toda la economía, involucra también al precio de los alimentos, golpeando las condiciones de vida de cientos de millones de personas.

Llamativamente el gobierno de Javier Milei y sus economistas vienen afirmando que Argentina en esta situación tendría condiciones «ganadoras» y aumento de las exportaciones.

Al mismo tiempo, asignan el mismo motivo – el salto de los precios mundiales – al actual empuje inflacionario para justificar el empeoramiento inflacionario económico y social, a pesar de que Argentina cuenta con capacidad superlativa para la producción – tanto de energía como de alimentos – para satisfacer la demanda interna con la producción propia y permitir excedentes crecientes de exportación,  con costos muy menores a los precios internacionales.

Con esa excusa del «aumento de los precios internacionales » se oculta quién se apropia de la renta diferencial y extraordinaria que, en razón de esas ventajas de nuestro país, y  a costa de las condiciones de vida de la población cuando se imponen esos precios en el mercado interno.

Con guerra o sin guerra, con la política de “hagan plata, evadan y fuguen divisas cuanto quieran” de Luis Caputo y Javier Milei, la población paga sin justificación a precio internacional los consumos e insumos que produce y consume en pesos, empeorando las condiciones de trabajo, de pérdida de empleo, de calidad de vida y competitivas para producir con trabajo argentino agregado. 

Es la repetida experiencia de planes económicos en favor de pocos muy ricos, que perjudican al conjunto de la sociedad y el país. Como ya ha sucedido, se suma la apertura importadora; y la respuesta que dan un alto número de empresas es profundizar una reconversión de sus estrategias de negocios: desplazan producción local, avanzan en la importación de bienes finales, recortan empleo y sostienen elevados márgenes de rentabilidad en la comercialización.

Así, se agrava el actual desorden macroeconómico con resultados regresivos, reflejados en mayor inflación, el deterioro de los ingresos, una creciente precarización de las condiciones laborales, expansión del pluriempleo, aumento de la marginalidad, endeudamiento para alimentos y servicios básicos con tasas usureras,  empeoramiento de la calidad de vida de los hogares.  Significa más inflación, recesión y desempleo que no se reflejan en las estadísticas oficiales. 

LAS ESTADISTICAS OFICIALES

Una deliberada falta de eficacia estadística – funcional a la estrategia comunicacional del Gobierno- se manifiesta en particular en la medición oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que continúa utilizando ponderadores correspondientes a una estructura de consumo muy anterior (Encuesta Nacional de los Hogares-ENGHo 2004/05), por lo que su nivel general no refleja plenamente la evolución real del costo de vida que enfrentan los hogares.

Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 el IPC Nacional, principal indicador para monitorear la inflación, acumuló una variación en torno al 293% y volvió a acelerarse desde mayo de 2025, con aumentos particularmente regresivos en rubros esenciales como Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (540%) y Transporte (347%), que junto con Alimentos y bebidas no alcohólicas (273%) concentran alrededor del 50% del gasto de consumo de los hogares, de acuerdo al patrón de consumo de la última Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares  (ENGHo 2017/18) cuya aplicación se suspendió. 

La no actualización de la estructura de ponderadores del IPC implica, para el período noviembre de 2023 – febrero de 2026, una brecha acumulada de alrededor de 19 puntos porcentuales, 280% vs. 299%, al comparar el IPC INDEC con el IPC CABA IDECBA (Instituto de Estadística y Censos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) este último con una estructura de consumo más actualizada.

En este contexto, las subas nominales de los ingresos laborales no logran compensar la inflación, lo que se traduce en pérdidas de poder adquisitivo, más acentuadas aún al considerar mediciones alternativas como el IPC CABA. Se verifica así una caída generalizada de ingresos hogareños en términos reales, con pérdidas de alrededor del 6,7% en los salarios del sector privado registrado, y superiores al 20% en promedio para el sector público (-38,4% en la Administración Pública Nacional; -13,7% en provincias, y -35,4% en Universidades a diciembre de 2025).

A febrero de 2026, la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE) se ubicaba apenas por encima de la línea de pobreza para un hogar tipo de 4 personas: $1.734.357 vs. $1.397.672. Mientras que, a marzo de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil – $352.400 – y el Haber mínimo jubilatorio -$369.601- aún permanecen por debajo de la línea de pobreza por adulto equivalente: $464.228, canasta básica total, y cabe preguntarse: ¿quién puede vivir con esta suma?

Es de destacar que, considerando los datos oficiales, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) a marzo de 2026, tiene un poder de compra reducido al 25% de la CBT correspondiente a una familia tipo de cuatro personas: $352.400 vs. $1.434.464.

Este ajuste permanente es la política básica con que el gobierno exhibe con engaño un superávit fiscal artificial, dado que capitaliza intereses de la deuda que no paga, incluso debe tomar la resolución de reducir el gasto público en un 20% con respeto al presupuesto, para poder pagar la deuda. Las consecuencias están a la vista: caída del consumo, de la demanda, la producción, el empleo y la recaudación fiscal.

El deterioro persistente de las condiciones del mercado de trabajo, se evidencia en la caída de la tasa de empleo y de la asalarización, el aumento de la tasa de desocupación —7,5% al 4T25, +1,8 puntos porcentuales respecto de igual período de 2023— y la persistencia de elevados niveles de no registro.

La supuesta reducción de la pobreza por ingresos desde principios de 2024 aparece explicada, también con engaño por el mayor peso de ingresos no laborales (transferencias) y por factores metodológicos asociados tanto a la captación de ingresos laborales y no laborales(cambios en los instrumentos de relevamiento y mejoras en la recordación, que podrían estar vinculadas en parte al uso de billeteras virtuales, entre otros) como a la falta de actualización de la canasta básica total con la que se mide la línea de pobreza, con base en la ENGHo 2017/18. La evolución observada no necesariamente refleja una mejora sostenida de los ingresos laborales.

Lejos de observarse “la clara mejora distributiva” que clama el gobierno, tenemos una tendencia regresiva en la distribución del ingreso, con pérdida de participación de los ingresos laborales tanto en los deciles más bajos como en los sectores medios, y una mayor dependencia de ingresos no laborales en los hogares de menores ingresos.

INFLACION: PROBLEMA CENTRAL

La inflación se agravó desde la mega devaluación del 12 de diciembre de 2023, potenciada por la liberalización de los precios y la injusticia tributaria, el deterioro social y económico. 

Los salarios, el gasto público social o el “exceso de demanda interna” popular no son las causas del alza del índice de precios. Tampoco lo es la emisión monetaria, siendo que el gobierno oculta con «contabilidad creativa» el crecimiento gigantesco de endeudamiento público para sostener la ola de especulación financiera y fuga de capitales, que sí es la causa principal de la inflación.

La inflación es un problema central para nuestra economía nacional, con múltiples causas: comenzando por una deliberada desregulación y la internacionalización de los precios. Esta resulta favorable a comportamientos  especulativos de posición dominante de grupos monopólicos/ oligopólicos que prevalecen en sectores claves de oferta de productos y servicios. En ella incide la fuga de divisas por diversas vías, las condiciones de los fraudulentos acuerdos con el Fondo Monetario, las altas tasas de interés anti-productivas, la regresividad del sistema tributario donde el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a los precios de los bienes y servicios.

ACUERDO PARA UNA SALIDA ORDENADA

No hay una salida ordenada del desorden económico generado por este gobierno sin comenzar a construir, desde ahora, un acuerdo sobre un plan común que aborde un cambio de rumbo drástico, que contemple metas, compromisos y estímulos regionales y sectoriales de mediano y largo plazo, con eje en el trabajo y la producción. 

En ese sentido, la superación de la actual emergencia económica tiene como requisito un acuerdo sobre conformación y análisis transparente de precios con abastecimiento garantizado. Abordando en primer lugar alimentos y energía asequibles tanto para la emergencia como para el crecimiento económico, siendo que el país cuenta con capacidad superlativa para satisfacer la demanda interna con costos muy menores a los internacionales.  

En su definición, ejecución y supervisión son imprescindibles la participación de los trabajadores, los empresarios, y de los consumidores en general. En este sentido es que coincidimos que puede resultar muy positiva la anunciada constitución de un observatorio anunciado por la CGT para la elaboración de indicadores propios.

Esta participación no será posible sin establecer un adecuado sistema de información pública, que a su vez es requisito para la eficacia y eficiencia de una política de orientación de los precios virtuosa:

● con índices de precios creíbles, basado en una encuesta nacional de hogares que se actualice de manera regular para captar los cambios en los gastos y consumos de los mismos;

● con un seguimiento de carácter público y publicitado, transparente, de la estructura de costos de producción y comercialización de los distintos consumos para vivir y los insumos para producir. 

Esto es imprescindible para inducir márgenes de ganancia razonablesy transparentar las cadenas de valor haciendo pública su integración a la par que se ponen en evidencia sus carencias o “huecos” que redundan negativamente en costos y precios, a fin de planificar su superación.

MEDIDAS A CONSIDERAR EN LA EMERGENCIA

Argentina, país productivo y exportador, puede:

1. garantizar la afirmación de soberanía – en primer lugar, la seguridad alimentaria y energética – para sostener condiciones dignas de vida, con menores costos tanto industriales como de los servicios. Comenzando por desacoplar los precios locales de los mundiales. Con estos últimos en alza y costos locales relativamente más bajos, el interrogante abierto es quién se queda con la renta diferencial y cómo se reparte;

2. por lo tanto, basar el análisis y negociación de tarifas de servicios públicos únicamente en base a costos reales en el país, no por ajustes automáticos por tipo de cambio o indexación por precios internacionales. Determinar tarifas sociales para la energía eléctrica, el gas, el agua, y los combustibles en función de garantizar los derechos humanos y la vida de todas las familias; la producción industrial y de servicios de las Pymes y los emprendimientos sociales. En particular, la energía debe estar al servicio de un modelo económico que priorice la generación de empleo.

3. Controlar el tipo de cambio y regular los valores de las tasas de interés, decretando la emergencia cambiaria y regulatoria para que el BCRA preserve las reservas internacionales y se transparente su utilización a prioridades sociales, productivas y financieras claramente establecidas. Y a su vez que el crédito a los hogares y la producción sea accesible y razonable. 

4. Fijar Cupos de Exportación en los sectores que corresponda, como medida de protección para limitar las exportaciones de mercancías en valor o en cantidad que realiza el país durante el período de crisis energética o alzas inusuales de precios o escasez de determinados productos, como alimentos, combustibles, medicamentos, etc., a fin de abastecer en primer lugar las necesidades internas del país.

5. Aumentar los derechos de exportación, que no sólo significa mayor ingreso para el fisco, sino que abarata en el porcentaje de la retención el precio del producto en el mercado interno al desacoplar los precios locales de los internacionales.

6. Establecer un control más estricto de las importaciones, para favorecer el ingreso de bienes y servicios necesarios para el consumo básico y de insumos para la producción, y eliminar o al menos reducir el ingreso de mercancías superfluas y productos a precios de dumping. Restablecer los valores de referencia y el canal rojo aduanero.

7. Fijar provisoriamente los precios – acordes con los costos reales de producción- por un plazo determinado de los productos de la Canasta Básica Total, y de los insumos centrales en la cadena de valor de los sectores productivos. Para garantizar su vigencia resulta importante la participación de sindicatos, organizaciones sociales, y asociaciones de consumidores.

8. Corregir, con los organismos de defensa de la competencia, las ventajas monopólicas u oligopólicas en relación con productos y servicios claves.

9. Coartar las ventajas de “posición dominante” que ejercen las empresas productoras de las materias primas básicas e insumos difundidos, que imponen subas de precios indiscriminadas en cada cadena de valor;

10. Identificar empresas y sociedades, con el fin de diferenciar su tratamiento y los correspondientes requerimientos informativos públicos para lograr una acción positiva y efectiva de la sociedad y el Estado en relación con los desafíos de la producción, la distribución, la fiscalización de la evasión/elusión tributaria la fuga de capitales, el comercio exterior y la inflación. Un paso imprescindible es avanzar en la regulación de la figura jurídica del “grupo económico” en la Ley de Sociedades.

11. Como decimos la regresividad tributaria tiene indudable incidencia en la formación de precios, habida cuenta de que el 70% de la recaudación fiscal se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a precios; ello sin olvidar que los impuestos “directos” suelen transformarse en “indirectos” cuando son pagados por empresas con posición dominante en los mercados. Urge abordar una reforma progresiva, y en un próximo documento actualizaremos nuestra propuesta para superar las inequidades que hacen que soporten más carga tributaria quienes menos tienen.

Por último, señalamos que, para una adecuada administración de los precios, se necesita aplicar normas existentes como ser las Leyes de Defensa del Consumidor 24240, de Defensa de la Competencia 27742, y poner en vigencia efectiva  – con intervención del Congreso de la Nación- las Leyes 20.680 de Abastecimiento, Ley 26.991 Nueva Regulación de las Relaciones de Producción y Consumo.”, 27.545 de Góndolas (con derogación inconstitucional por el DNU 70/23, rechazada por el Senado de la Nación).

Cabe revisarlas estableciendo las condiciones para su aplicación, pero sin resignarlas, habida cuenta la conducta histórica de los formadores de precios y su gravísima responsabilidad en las sucesivas crisis socioeconómicas que todas las familias trabajadoras y nuestro país han sufrido. Este análisis debe comenzarse con urgencia dado el previsible desenlace de la política económica, teniendo presente que esta legislación, necesitamos hacer la salvedad, nunca ha sido estricta ni armoniosamente aplicada en el pasado. Ha faltado estructura y capacidad de acción territorial suficiente para hacerlo, así como un uso eficiente de los avances tecnológicos disponibles, carencia del Estado que necesita superarse. 

Por las razones que se exponen, una de las reformas que cabría realizar y creemos relevante es impulsar que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia(CNDC) pasen a jurisdicción del Congreso de la Nación, para tener autonomía en relación al Poder Ejecutivo de turno.

FORO ECONOMIA Y TRABAJO

Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, Noemí Brenta, Eduardo Codianni, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto,                 Raúl “Rulo” Dellatorre,  Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti,  Néstor Forero,                 José M.Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Nicolás Malinovsky, Jorge Marchini,                   Antonio Mezmezian, Felisa Miceli, Andrés Repar, Alejandro Rofman,Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella,                      Nahuel Silva,Juan Carlos Teso, Rodolfo P. Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)

* FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que participan en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com

 

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