Análisis
«Foradori-Duncan»: el fin de un pacto entreguista
Este año, el Gobierno nacional dio por concluido el lesivo acuerdo firmado en 2016 por la administración macrista, que suponía el abandono de todas las medidas que había tomado la Argentina para proteger nuestros recursos naturales en las Islas Malvinas.
Por Laura Graneros
Este año, el Gobierno nacional dio por concluido el lesivo acuerdo firmado en 2016 por la administración macrista, que suponía el abandono de todas las medidas que había tomado la Argentina para proteger nuestros recursos naturales en las Islas Malvinas
Poco antes de cumplirse 41 años del inicio de la Guerra de Malvinas, el canciller Santiago Cafiero informó a su par del Reino Unido, James Cleverly, que el Gobierno argentino dio por finalizado el Comunicado Conjunto del 13 de septiembre de 2016, conocido como “Pacto Foradori-Duncan”.
El acuerdo, firmado por el gobierno de Mauricio Macri (Cambiemos/Juntos por el Cambio) y la administración británica, fue uno de los hechos de la historia reciente más lesivos para el legítimo e imprescriptible reclamo de nuestro país por el ejercicio de soberanía sobre las Islas Malvinas.
¿Por qué era tan perjudicial?
Porque por medio de ese pacto se intentó garantizar al Reino Unido la remoción de todas las medidas administrativas, legislativas y judiciales que había tomado la República Argentina para proteger sus recursos naturales frente a la explotación ilegal de la pesca y los hidrocarburos, desarmando una estrategia que buscaba poner límites a la ocupación ilegal y a la expoliación del archipiélago.
Ese documento no solo realizaba concesiones a los intereses británicos respecto de la explotación de los recursos naturales argentinos en la región. A tal punto era entreguista que ninguno de los históricos reclamos argentinos estuvo presente en el texto. Tampoco mencionaba la base militar que existe en la zona de paz y cooperación del Atlántico Sur.
Se trató de un acto con características manifiestamente ilegítimas y agraviantes para los intereses nacionales. La declaración recogía las dos principales demandas británicas que la entonces primera ministra Theresa May le había realizado a Macri en una carta enviada poco tiempo antes: la remoción de los “obstáculos” para la explotación de los recursos y los vuelos al continente.
Funcionarios borrachos: la vergonzosa génesis de un pacto espurio.Si algo le faltaba a esta triste historia, recientemente se conoció el patético escenario en el que se acordó el “comunicado conjunto”.
El ex vicecanciller británico Alan Duncan publicó el año pasado sus memorias como funcionario en un libro titulado “En el medio de eso”. Allí relató que viajó a la Argentina en septiembre de 2016 porque Reino Unido necesitaba “relaciones directas con Argentina para asegurar concesiones comerciales y acceso aéreo” a las Malvinas.
El funcionario narró que se reunió el lunes 12 de septiembre con el vicecanciller Carlos Foradori “debajo de la residencia de la embajada (británica) donde hay una fabulosa bodega, bien iluminada, con las paredes llenas de botellas de Merlot”. Y cita textual: “a medida que una botella tras otra se movía de alguna manera desde la pared del sótano a la mesa, las negociaciones mejoraron”. Al punto de llegar a un acuerdo bien regado alrededor de las 2 de la mañana.
En esta parte de las memorias cobra protagonismo Mark Kent, Embajador del Reino Unido en Argentina. Recuerda Duncan sobre la mañana del martes 13: “Kent dice que Foradori acaba de llamar para decir que estaba tan borracho anoche que no podía recordar todos los detalles. Como un verdadero británico Mark le recordó lo que había acordado”.
Qué lamentable que alguien “bajo los efectos del alcohol” pretenda echar por la borda un reclamo legítimo de más de 180 años. Una siniestra coincidencia con la conducta del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, quien junto a los otros miembros de la Junta Militar ordenó el desembarco de las tropas argentinas el 2 de abril de 1982, llevando a la muerte a 649 argentinos en las Islas y condenando a la misma suerte a tantos otros veteranos que perdieron su vida en la posguerra.
Un llamado a reanudar el diálogo
En el marco de la Cumbre de Cancilleres del G20, a principios de marzo en Nueva Delhi, el jefe de la diplomacia argentina, además de dar por finalizado el “Pacto Foradori-Duncan”, formuló una propuesta para reiniciar negociaciones por la Cuestión Malvinas e invitó a concretar una reunión para concertar la agenda de negociaciones en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.
La nota entregada por Cafiero a Cleverly señaló que nuestro país ha buscado colaborar en asuntos concretos como vuelos, actividad científica en la Antártida o conservación y preservación de recursos pesqueros, ‘‘sin que la disposición demostrada por la Argentina haya sido respondida de manera recíproca por su gobierno’’. En el texto se señaló que, por el contrario, ‘‘el Reino Unido ha realizado continuadamente actos unilaterales, que han sido oportuna y debidamente protestados por la República Argentina.
Una vez más, para desarmar esta lamentable jugada diplomática del gobierno de Juntos por el Cambio/Cambiemos, fue crucial la reacción de amplios sectores políticos y sociales, especialmente del Congreso de la Nación y de los Veteranos de Guerra. De no haber opuesto resistencia a este avasallamiento de nuestros legítimos derechos, las consecuencias del acuerdo Foradori-Duncan habrían sido irreparables.
En ese sentido, en su informe de gestión de esta semana ante la Cámara de Diputados de la Nación del Jefe de Gabinete de ministros Agustín Rossi destacó que “el ignominioso pacto Foradori-Duncan nunca debería haber existido” y precisó que “el acuerdo ni siquiera se presentó como tal” y fue comunicado como un “comunicado conjunto, fundamentalmente para evitar su tratamiento en el Congreso de la Nación”.
Rossi explicaba así la maniobra implementada por el macrismo para evitar cumplir con la obligación constitucional de someter a la aprobación del Parlamento los acuerdos internacionales que suscribe el Poder Ejecutivo.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
Un siglo de Fidel
A cien años del nacimiento del líder carismático de la Revolución cubana, su transmisión, que etimológicamente significa, acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá, sigue intacta. Millones de jóvenes y no tan jóvenes recuerdan esta fecha con una vigencia anacrónica, como si el tiempo todavía pudiera ser socialista.
Por Jesús Rivero*
Fidel Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia cubana en la zona oriente de la isla. Hijo de Angel Castro Argiz y Lina Ruz González. Su padre era un migrante español (gallego) que al llegar a Cuba había conseguido cierta propiedad y, campesino de arraigo, en ella se dedicó a la producción cañera. Su madre provenía de una familia campesina acomodada de la Provincia Pinar del Río.
Inquieto, observador, audaz y agudo en sus reflexiones, Fidel Castro comenzó sus primeros estudios en la escuela pública de Birán, continuando los siguientes niveles educativos en escuelas particulares católicas en la ciudad de Santiago de Cuba. En 1945 se graduó de bachiller en letras en el colegio de Belén en la Habana, perteneciente a la campaña de Jesús.
Entonces ingresó a la Universidad de La Habana para prepararse en Ciencias Sociales y Derecho, Nacional e Internacional.
En el ambiente universitario se integró a las luchas socio-políticas de su época, ocupando diversas posiciones en la Federación Estudiantil Universitaria. De ideología marxista-leninista, favorable a las causas justas, libertarias y populares, se integró pronto a actividades revolucionarias como las del Comité Pro Independencia de Puerto Rico.
Fidel Castro tenía 25 años cuando fue designado por el Partido del Pueblo cubano, como candidato al Congreso en las elecciones previstas para junio de 1952, pero el 10 de marzo de ese mismo año se produjo el golpe de Estado del coronel Fulgencio Batista Zaldívar, siendo Fidel uno de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento.
El 26 de julio de 1953 comandó el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, plan que incluía tomar también el cuartel de Bayamo, en una acción concebida como detonante de la lucha armada contra Fulgencio Batista. Los jóvenes no lograron su objetivo y fue hecho prisionero por las fuerzas represivas de la tiranía pocos días después del revés militar. Se le mantuvo incomunicado durante 76 días. Fue sometido a juicio donde hizo su autodefensa y condenado a 15 años de prisión, hecho histórico que quedó plasmado en su libro “La historia me absolverá”. La reacción popular en su apoyo y del resto de los moncadistas logró presionar al gobierno y fueron liberados en mayo de 1955. Semanas después fundó el “Movimiento 26 de Julio».
El 17 de enero de 1957 dirigió la primera acción armada contra el ejército de Batista en el cuartel de La Plata y obtuvo su primera victoria. El ejército rebelde comenzó a crecer y fortalecerse.
En su condición de comandante en jefe, dirigió la acción militar y la lucha revolucionaria de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio durante 25 meses de belicismo. Tuvo bajo su mando directo a la columna Uno “José Marti» y participó personalmente en casi todas las operaciones, combates que tuvieron lugar durante el belicismo interno en el territorio del primer frente rebelde.
Tras la contundente derrota de las tropas de élite de la tiranía, estas, a través de sus principales jefes, decidieron reconocer la derrota el 28 de diciembre de 1958, es decir la victoria rebelde.
Luego de la victoria de la Revolución cubana fue electo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, creada en 1976, en presentación con el municipio de Santiago de Cuba. Desde entonces hasta 2008 ocupó los cargos de presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros.
Fidel recibió un gran número de condecoraciones extranjeras y nacionales, como así también numerosas distinciones académicas y compañías de espacios de enseñanza superior cubana, América Latina y Europa.
El 3 de enero de 1961, el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba por diferencias políticas e ideológicas y ordenó el cierre de la embajada de Estados Unidos en La Habana. El 3 de febrero de 1962 el presidente John F. Kennedy ordenó de manera oficial el bloqueó económico y comercial a Cuba vigente en la actualidad, ejerciendo así un brutal aislamiento de la Isla, y generando severas violaciones al derecho internacional y los derechos humanos fundamentales de la población con efectos directos en la vida digna de la población.
El 20 de julio de 2015 como efecto del reordenamiento geopolítico (política internacional) se reanudaron las relaciones diplomáticas en un acto simbólico que marcó el punto final de una ruptura de poco más de medio siglo: Obama visitó Cuba y fue recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución. Fidel Castro quien a causa de una salud endeble había renunciado a sus cargos oficiales el 31 de julio de 2006, fue testigo de todo esto ya que murió el 25 de noviembre de 2016. Sus restos fueron cremados y esparcidos en el Cementerio de Santa Ifigenia.
En lo que respecta a su relación con Argentina, estuvo cuatro veces en nuestro país. La primera fue el 1 de mayo de 1959, durante el gobierno de Arturo Frondizi, apenas cuatro meses después de la Revolución. El día siguiente habló ante la comisión de los 21 de la Organización de los Estados Americanos, en el noveno piso de la Secretaria de Industria.
La segunda visita se dio 36 años después. Fue en octubre de 1995 durante la presidencia de Carlos Saúl Menem. Fidel Castro fue alojado en el hotel Llao Llao por razones de seguridad en donde se reunió con el entonces presidente argentino quien hacía su juego presumiendo que intercambiaba habanos por vinos riojanos con el líder cubano, aunque ideológicamente los separaba un abismo.
Esta segunda visita estuvo enmarcada en la Cumbre iberoamericana que congregó a una treintena de mandatarios, y Fidel Castro era una de las voces más esperadas ya que su intervención tendría una repercusión internacional, más allá del contexto de aplicación de políticas neoliberales, no solo a nivel nacional, sino a nivel global como efecto de la caída del muro de Berlín en 1989.
La tercera visita es la más recordada por su afinidad con el mandatario electo y porque era la primera vez que venía a la asunción de un presidente y porque dio un discurso histórico ante la multitud. Fue en 2003 nada más ni nada menos que para la jura del Flaco, nuestro Flaco, Nestor Carlos Kirchner. El día después, el 26 de mayo, fue muy activo, ya que primero se congregó a la plaza San Martín para homenajear al libertador, luego al Rosedal, para hacer lo mismo con José Martí y más tarde almorzar con unos doscientos invitados en el hotel Four Seasons.
Para finalizar su visita dio una charla histórica en la Facultad de Derecho, pensada inicialmente para 800 personas pero el acto debió trasladarse a las afueras donde se concentraban unos 30.000 asistentes que llegaron a ser alrededor de 50.000.
La cuarta y última visita es recordada también porque fue la última actividad internacional de Fidel Castro. Fue en julio de 2006 para la cumbre del Mercosur.
Además de los actos protocolares Fidel Castro y el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, hablaron ante unas 40.000 personas en el cierre de la llamada Cumbre de los Pueblos, en un descampado de la Universidad de Córdoba. Al día siguiente y acompañado por Chávez visitó en Alta Gracia a casi 40 kilómetros de la capital cordobesa el museo montado en una de las casas de la infancia de Ernesto Guevara de la Serna. Esa misma noche Fidel Castro regresó a la Isla y ya no volvería a dejar Cuba.
Nombrar a Hugo Chávez no es en vano. Nos retrotrae a la lll “Cumbre de los Pueblos de América» en 2005, que se realizo en el marco de la lV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en la que Estados Unidos no consiguió imponer su voluntad de que se firmará el acuerdo de apoyo al ALCA.
“Estoy un poco sorprendido, acá pasó algo que no tenía imprevisto” le dijo George Bush (hijo) a Nestor Kirchner. Y, Chavez regalo a la historia aquel “¡Alca, Alca, al carajo!”. “Hoy en Mar del Plata hemos enterrado al ALCA, y no solo debemos ser enterradores del ALCA, sino enterradores y en mucha mayor dimensión, complejidad y profundidad del modelo capitalista neoliberal que desde Washington arremete contra nuestros pueblos desde hace tanto tiempo” dijo, el ex presidente venezolano y discípulo de Fidel.
Ese día Chávez llamó a impulsar el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América), organismo creado por Fidel Castro quien convocó a todos los países de América Latina y el Caribe a construir una alternativa justa y solidaria: la Patria Grande para hacerle frente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) u tratado de Libre Comercio impulsado por el imperialismo estadounidense con el legado de próceres como San Martín, Sucre, O` Higgins, Petión, Bolívar, Morazán, Garvey, Tupac Katari, Julián Apaza, Bartolina Sisa, Sandino y Martí y un presente marcado por mandatarios como Lula da Silva, Nestor Carlos Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa.
Fidel fue quien junto al pueblo revolucionario de Cuba, a pesar de que la Isla sigue sometida al bloqueo férreo de Estados Unidos, consiguió sostener la soberanía, en varias ocasiones limitada, y se convirtió en referencia del siglo xx para todos los pueblos que buscan autonomía.
Fidel es símbolo de lucha global. No solo hizo signo en el pueblo cubano, sino también escribió historia a nivel mundial, abriendo espacio para que otros reescriban su propia historia, la historia de todos.
*escritor y activista político (fundador del Frente de Liberación Socialista).
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