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Nuevas reglas de estacionamiento en Buenos Aires: no se podrán usar los pasajes

La nueva ley establece que en las calles se permitirá estacionar de ambos lados, en las avenidas estará prohibido de 7:00 a 21:00 los días hábiles de ambos lados y en los pasajes y calles con ciclovías o Metrobus estará prohibido estacionar salvo que haya un cartel que indique lo contrario. También se espera generar 28.000 nuevos espacios para estacionar en los barrios más alejados del centro. La multa por mal estacionamiento es de 10.292 pesos y aumenta en lugares reservados para servicios de emergencia, paradas de transporte público, entradas de vehículos, ciclovías, carriles exclusivos, corredores de Metrobus, y zona de Macro y Microcentro.

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Este lunes comenzaron a regir las nuevas reglas para estacionar en la Ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de disminuir la confusión de los conductores y generar más espacios para estacionar.

La nueva ley establece tres reglas básicas: en las calles estará permitido estacionar de ambos lados, en las avenidas estará prohibido de 7:00 a 21:00 los días hábiles de ambos lados y en los pasajes y calles con ciclovías o Metrobus estará prohibido estacionar salvo que haya un cartel que indique lo contrario.

Las modificaciones también incluyen a las motos, que deberán estacionar de manera paralela al cordón, y se espera que se generen 28.000 nuevos espacios para estacionar en los barrios más alejados del centro.

Según un sondeo, el 76% de los encuestados considera difícil encontrar dónde estacionar, y la nueva señalización ha reducido el 51% de las infracciones por estacionamiento indebido.

La multa por mal estacionamiento es de 10.292 pesos, pero aumenta en lugares reservados para servicios de emergencia, paradas de transporte público, entradas de vehículos, ciclovías, carriles exclusivos, corredores de Metrobus, y zona de Macro y Microcentro.

También será más cara en espacios reservados para personas con necesidades especiales. Además, se espera que se defina la nueva concesión del servicio de grúas de acarreo antes de fin de año.

Claves de las nuevas normas de estacionamiento

  • En las calles está permitido de ambos lados las 24 horas.
  • En avenidas se puede estacionar de 21 a 7 horas, de ambos lados, los días hábiles.
  • En pasajes, arterias que cuenten con Metrobus, calles de convivencia y en el espacio paralelo a las ciclovías está prohibido las 24 horas.

Todas estas normas regirán salvo que la señalización indique lo contrario.

Reglas particulares de estacionamiento:

  • Las arterias de la Ciudad tienen diferentes características viales, con lo cual aplicamos normas particulares que modifican las reglas generales que describimos anteriormente.
  • En esos casos, se instalan carteles que indican la modificación, ya sea para permitir o prohibir el estacionamiento en ese tramo.
  • Antes de estacionar prestá atención a las señalizaciones.

Prohibiciones generales de estacionamiento:

  • En las paradas de colectivos y taxis.
  • Sobre la línea amarilla del cordón, ochavas, sendas peatonales y en las rampas de las esquinas.
  • A menos de cincuenta (50) metros a cada lado de los pasos ferroviarios a nivel.
  • En las entradas a garajes.
  • En la entrada de edificios donde se desarrollan espectáculos públicos, en los horarios en que se realizan funciones.
  • En la puerta de las comisarías y cuarteles de bomberos.
  • Sobre las ciclovías.
  • En el frente de la totalidad del predio donde funcionen salas velatorias habilitadas según las normas vigentes, entre las 8 y las 22 horas.
  • Frente a las bocas de entrada de los subterráneos.
  • En los sectores delimitados con cartelería y/o demarcación horizontal, destinados a la operación de carga y descarga o reservados exclusivamente para otros usos.
  • A menos de diez (10) metros a cada lado de:
    • La entrada de hospitales, sanatorios, clínicas y centros que presten servicios de salud.
    • La entrada de escuelas, colegios y facultades en horas de clase.
    • La entrada de los templos en horas en que se celebren oficios o ceremonias.
    • La entrada principal de los hoteles con permiso de uso concedido que posean treinta (30) o más habitaciones y no presten servicio de albergue por horas.
    • La entrada de instituciones bancarias durante el horario de atención al público.
    • La entrada de sucursales de empresas de correo, durante su horario de funcionamiento.
    • La entrada perteneciente a sedes de instituciones legalmente constituidas de personas con necesidades especiales.
    • Las conexiones para provisión de agua por camiones cisterna que se encuentren frente a los hospitales, las que deberán estar claramente demarcadas.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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