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Trump amenaza con abandonar a Reino Unido en Malvinas si no se suma a la guerra contra Irán

Un correo interno del Pentágono, filtrado y difundido por la agencia Reuters, expuso que la administración de Donald Trump evalúa retirar el respaldo diplomático histórico de Washington a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas. La medida forma parte de un paquete de represalias contra aliados de la OTAN que se negaron a acompañar las operaciones militares contra Irán, entre ellos el Reino Unido.

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El Argentino Diario-Donald Trump.

Trump amenaza con retirar el apoyo a Londres por Malvinas si no se suma a la guerra

★ Una filtración de documentos internos del Pentágono, revelada por la agencia Reuters y confirmada por múltiples medios internacionales, sacudió este viernes la relación entre Washington y Londres: la administración de Donald Trump analiza retirar su respaldo diplomático tradicional a la soberanía del Reino Unido sobre las Islas Malvinas como parte de un conjunto de represalias contra aliados europeos que rechazaron participar en la guerra contra Irán.

El correo interno del Pentágono, que circuló en altos niveles de la administración estadounidense, incluye entre las posibles sanciones la revisión del apoyo a las denominadas «posesiones imperiales» europeas, con mención explícita al archipiélago del Atlántico Sur administrado por el Reino Unido y reclamado por la Argentina desde 1833.

Según la información de Reuters, la frustración de Washington se explica por la negativa de varios aliados a conceder derechos de acceso, base y sobrevuelo para las fuerzas estadounidenses en el marco del conflicto con Teherán.

La grieta con Londres y el contexto de la guerra

La relación entre Trump y el primer ministro británico Keir Starmer atraviesa su peor momento desde el inicio del conflicto con Irán. Starmer reiteró en múltiples oportunidades que el Reino Unido no se «dejaría arrastrar a la guerra» y restringió los permisos para que la aviación estadounidense utilizara bases británicas en Inglaterra y el océano Índico solo a «propósitos defensivos». Esa postura le valió ataques directos de Trump, quien además criticó a Starmer por políticas migratorias y energéticas.

Inicialmente, el Reino Unido no accedió al pedido de Washington de permitir ataques desde bases británicas contra Irán, aunque luego habilitó misiones defensivas para proteger a civiles de la región. Ese gesto parcial no alcanzó para calmar a la administración Trump, que según el documento filtrado evalúa sanciones más amplias contra los aliados remisos, incluida la posible suspensión de España de posiciones clave dentro de la OTAN.

El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, había señalado a principios de mes que la guerra con Irán «dejó al descubierto muchas cosas», en referencia implícita al desempeño de los socios europeos.

Londres respondió: «La soberanía no está en cuestión»

La reacción del gobierno británico no tardó en llegar. Un portavoz de la oficina del primer ministro afirmó que la soberanía de las Malvinas y el derecho de los isleños a la autodeterminación «no están en cuestión» y que esa posición «fue expresada de forma clara y consistente». El funcionario recordó además el referéndum de 2013, en el que el 98% de los habitantes del archipiélago votó a favor de permanecer como territorio británico de ultramar, consulta que Argentina no reconoció.

La respuesta de Londres fue recogida y amplificada por la prensa británica. Medios como The Sun, The Telegraph, The Guardian, The Independent, Sky News, BBC y Daily Mail dedicaron portadas y artículos de análisis a la cuestión. El almirante Lord West, excomandante de la fragata HMS Ardent durante la guerra de 1982, afirmó en declaraciones a The Sun que Trump «no comprende la OTAN ni el liderazgo de alianzas».

La paradoja Milei: aliado de Washington, enemigo de la causa

El posible giro de Washington ocurre en un momento de máxima sintonía entre la Casa Blanca y el gobierno de Javier Milei. Esta semana, el subsecretario de Estado para temas de Seguridad Internacional, Thomas G. DiNanno, concluyó una visita a Buenos Aires en la que elogió el «compromiso de Argentina para enfrentar el terrorismo respaldado por Irán» y anticipó una ampliación de la asistencia en equipamiento militar, ciberdefensa y adiestramiento para las fuerzas locales. En mayo comenzará el ejercicio militar conjunto «Daga Atlántica», sin precedentes en alcance, con 42 días de duración y fases tácticas y operacionales en las bases de Puerto Belgrano, Moreno y Córdoba.

La paradoja es difícil de soslayar: Milei cedió soberanía operativa al alinearse con Washington en la guerra contra Irán, y esa misma alineación es la que podría generar, como efecto secundario de las tensiones entre Trump y sus aliados europeos, una revisión de la posición estadounidense sobre las Malvinas. No obstante, ningún funcionario del gobierno argentino se pronunció públicamente sobre la filtración al cierre de esta nota.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos mantiene en su sitio oficial que las islas están bajo administración británica, aunque reconoce la existencia de la reivindicación argentina. Hasta el momento, Washington no alteró esa postura formal.

Puntos clave

  • Un correo interno del Pentágono, difundido por Reuters, reveló que Trump evalúa retirar el respaldo diplomático a la soberanía británica sobre las Malvinas.
  • La medida se analiza como represalia ante la negativa del Reino Unido de participar plenamente en las operaciones militares contra Irán.
  • El gobierno de Starmer respondió que la soberanía británica sobre las islas «no está en cuestión».
  • La prensa británica (The Sun, The Telegraph, The Guardian, BBC, Sky News, Daily Mail) cubrió la filtración con alarma.
  • El gobierno de Milei, aliado incondicional de Trump, no emitió declaraciones públicas sobre el tema al cierre de esta edición.

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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