CABA
Desbaratan banda narco en barrio Fraga: cocaína, pasta base y efedrina
Un hombre y dos mujeres fueron detenidos acusados de integrar una banda narco en el barrio Fraga de Chacarita, donde se secuestró cocaína, pasta base, fentanilo y efedrina, informaron este miércoles fuentes policiales.
Las detenciones estuvieron a cargo de agentes de la División Antidrogas Norte de la Policía de la Ciudad, que investigaban a la organización desde agosto luego de denuncias anónimas que reportaban su funcionamiento.




Con respecto a la banda, fuentes de la investigación señalaron que se obtuvo una gran cantidad de pruebas mediante la realización de tareas de campo y filmaciones con drones que revelaron la existencia de la organización.
En ese sentido, los voceros explicaron que la organización narco estaba creciendo en estructura a partir del lugar vacío que dejó la narco conocido como “Shakira”, quien ejercía el dominio narco en el territorio a partir de «un ejército de soldaditos y dealers» hasta su detención el pasado septiembre.
Con esa información, la Unidad Fiscal Especializada en la Investigación de Delitos Vinculados con Estupefacientes (Ufeide), a cargo de Cecilia Amil Martín ordenó cuatro allanamientos en viviendas del barrio Fraga y en un departamento de la avenida Triunvirato al 2400.
Como consecuencia de los procedimientos, fueron detenidos un hombre y dos mujeres, mientras que se encontraron 83 envoltorios de cocaína, 98 de pasta base, siete ampollas de fentanilo, cinco de efedrina y una del bloqueador neuromuscular conocido como rocuronio, utilizado como anestesia en intervenciones quirúrgicas.
Además, se incautaron 11 envoltorios de marihuana, 3 cartuchos de escopeta, 13 municiones de calibre 9 milímetros, 25 municiones calibre 45 milímetros, una balanza de precisión, un sello médico perteneciente a un anestesiólogo, dos remeras de color azul con insignias de la policía bonaerense y un chaleco refractario con la misma inscripción.
Durante uno de los operativos, un efectivo de la policía porteña resultó herido tras ser mordido por un perro, por lo que debió ser asistido por médicos del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME).
Por su parte, el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas 30 dispuso el secuestro de la droga hallada y la detención de los tres imputados por infracción a la Ley de Drogas.
En relación al fentanilo, expertos de la Drug Enforcement Administration (DEA) aseguran que la mezcla del fentanilo con otras drogas, como la cocaína, «provoca riesgos peligrosos» y que dicho opioide se suele utilizar por «cuestiones económicas».
«El fentanilo puede producir un potente subidón en pequeñas cantidades. Es posible que los usuarios de drogas no se den cuenta de que están consumiendo fentanilo», explicó en abril del 2022 el analista de la DEA, Richard Candelaria, al participar del Primer Consejo de Seguridad Interior, organizado por el Ministerio de Seguridad de la Nación.
El especialista destacó que el opioide suele mezclarse a la cocaína por «cuestiones económicas» y que «una dosis muy pequeña puede ser letal», tal como ocurrió en el caso de la cocaína adulterada que hace un año provocó 24 muertes y al menos 80 intoxicaciones en la zona noroeste del Gran Buenos Aires.
CABA
Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo
La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.
Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.
En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.
Criminalizar la infancia, una respuesta ligera
Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?
- Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
- Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
- Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.
El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.
El fantasma de las redes y la coartada perfecta
La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.
En la Ciudad, docentes vienen denunciando:
- Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
- Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
- Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.
Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.
Protocolos sin comunidad
El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.
Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.
Lo que no se dice
Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:
- ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
- ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
- ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?
La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.
Entre el control y el abandono
El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.
En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.
La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?
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