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“Reformas regresivas”: CAME le dijo no al FMI y exigió que el ajuste lo paguen los que más tienen

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa cuestionó este domingo las exigencias del organismo, que incluyen ampliar Ganancias, extender el IVA y elevar el Monotributo. La entidad advirtió que el paquete golpea a asalariados y pequeños contribuyentes, ignora los impuestos distorsivos subnacionales y propuso un Nuevo Consenso Fiscal como alternativa estructural.

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CAME rechazó la reforma tributaria del FMI por “regresiva y antipymes”.

CAME rechazó las reformas tributarias del FMI y propuso un nuevo consenso fiscal entre Nación, provincias y municipios

★ La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) rechazó este domingo, en un comunicado de fuerte impacto institucional, las reformas tributarias que el Fondo Monetario Internacional (FMI) impone como condición al gobierno de Javier Milei. La entidad calificó de «regresivas» las medidas exigidas por el organismo y reclamó la convocatoria urgente a un Nuevo Consenso Fiscal que corrija las distorsiones del sistema impositivo subnacional, al que señaló como el verdadero obstáculo para la producción y el empleo.

Las exigencias del FMI y el rechazo empresarial

Según informó la Agencia NA este domingo, el paquete de reformas tributarias que el FMI exige incluye tres medidas de impacto directo sobre los ingresos populares: ampliar la base del impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría (que grava los salarios), extender el IVA a bienes actualmente exentos y elevar las categorías del Monotributo. Para CAME, estas modificaciones «recaen principalmente sobre los asalariados y el consumo doméstico».

La entidad gremial-empresaria fue categórica en su diagnóstico: «Son reformas regresivas que reducen el poder adquisitivo de los trabajadores y encarecen la formalidad para los sectores de menores ingresos, sin tocar ninguno de los impuestos distorsivos estructurales que verdaderamente frenan la inversión, la producción y el empleo formal en la Argentina».

El nudo que el FMI ignora: Ingresos Brutos y tasas municipales

El comunicado de CAME apuntó directamente contra una omisión deliberada del diagnóstico del organismo: el peso aplastante de la tributación subnacional. El Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) y las tasas municipales, señaló la entidad, «representan entre el 2% y el 6% de las ventas brutas de una empresa», con independencia de si esa empresa tiene rentabilidad o no.

CAME describió al IIBB como un «impuesto en cascada» que se acumula en cada eslabón de la cadena productiva, generando saldos a favor que el fisco demora entre 12 y 36 meses en devolver. En ese lapso, esos créditos pierden entre el 60% y el 80% de su valor real por efecto de la inflación, lo que en la práctica equivale a un «préstamo forzoso sin remuneración» al Estado. La entidad fue directa: «el Estado captura un beneficio financiero real a costa del capital de trabajo de las empresas, sin que ello figure en ningún indicador de presión tributaria oficial».

A este diagnóstico se suman las más de 2.300 tasas municipales que, según CAME, carecen de correlato verificable en servicios prestados, constituyendo una carga opaca e imprevisible para cualquier unidad productiva.

Un sistema regresivo por diseño

El posicionamiento de CAME no es un hecho aislado. Converge con el diagnóstico del Foro Economía y Trabajo, un espacio de economistas y profesionales vinculados al movimiento sindical, que el 4 de mayo de 2026 publicó un documento integral sobre la reforma tributaria necesaria. Coordinado por Eduardo Berrozpe y suscripto por especialistas como Ricardo Aronskind, Noemí Brenta, Roberto Feletti y Felisa Miceli, el Foro advirtió que aproximadamente el 70% de la recaudación nacional proviene de impuestos indirectos, que se trasladan a precios y recaen con mayor fuerza proporcional sobre los sectores de menores ingresos.

El Foro ilustró la inequidad del sistema con un ejemplo de matemática tributaria elemental: una persona que gana $1.000.000 mensuales y los consume íntegramente soporta una carga efectiva de IVA del 17,36% de su ingreso; quien gana $10.000.000 y consume la mitad, paga efectivamente el 8,68%. La alícuota nominal es idéntica; la carga real, radicalmente distinta.

Esta inequidad estructural se profundizó bajo la administración Milei. Según el Foro, los recortes reales acumulados desde diciembre de 2023 alcanzaron el 86% en gasto de capital, el 66% en transferencias a provincias y el 61% en programas sociales, mientras el gasto primario total cayó un 31% y en el primer trimestre de 2026 registró una caída adicional del 5,1% interanual.

El FMI condiciona mientras el ajuste avanza

El contexto en que opera esta discusión no es menor. En abril de 2025, el gobierno de Milei suscribió con el FMI un programa de Servicio Ampliado por USD 20.000 millones (equivalente al 479% de la cuota argentina), con un desembolso inicial de USD 12.000 millones, inédito para este tipo de instrumentos. En abril de 2026, una segunda revisión habilitó un desembolso adicional de USD 1.000 millones pese a incumplimientos previos en la meta de reservas. A cambio, el organismo exigió acumular al menos USD 8.000 millones en reservas netas durante el año y sostuvo la presión por una mayor devaluación del tipo de cambio.

Al cierre de 2025, la deuda total de Argentina con el FMI ascendía a USD 57.100 millones, con vencimientos de capital e intereses que superan los USD 13.400 millones solo en concepto de intereses para el período 2026-2030, según datos del organismo relevados por el Foro Economía y Trabajo. En ese marco, las reformas tributarias que el FMI exige no solo son regresivas en su diseño: también responden a la lógica de garantizar el flujo de recursos hacia el pago de la deuda, financiado con el consumo y los salarios de los sectores que menos tienen.

Tampoco es un dato menor que el propio discurso libertario sobre la «alta presión tributaria» argentina no resiste un análisis comparado. En 2023, la presión tributaria bruta total del país equivalía al 27,9% del PIB, por debajo de Francia (45,4%), Alemania (40,1%), España (37,3%) y Brasil (33,3%), según datos del Foro Economía y Trabajo. El problema, como señala esa entidad, no es el nivel agregado de imposición, sino su composición regresiva y su incapacidad para gravar de manera efectiva las rentas concentradas.

La propuesta de CAME: Nuevo Consenso Fiscal

Frente a ese cuadro, CAME convocó al Gobierno nacional, a las provincias y a los municipios a avanzar en un Nuevo Consenso Fiscal con ejes concretos: racionalizar el IIBB eliminándolo en las etapas intermedias de producción y aplicándolo solo en la venta final al consumidor; fijar una alícuota máxima de retención del 1% por actividad; establecer la indexación automática por CER de los saldos a favor desde el día 31 de su generación; garantizar la devolución en un plazo máximo de 90 días corridos con interés resarcitorio automático; y poner fin a la proliferación de tasas municipales «opacas» sin correlato verificable en servicios prestados.

La entidad fue explícita en su diagnóstico de fondo: «el objetivo no debe ser la reducción nominal de alícuotas, que puede revertirse por decreto, sino el establecimiento de reglas de juego permanentes que armonicen la base imponible, los regímenes de retención y percepción, y los mecanismos de devolución en todo el territorio nacional».

El planteo coloca en el centro del debate una pregunta que el gobierno libertario sistemáticamente elude: si el ajuste ya destruyó el poder adquisitivo de los trabajadores, redujo a la mitad los programas sociales y desfinanció las universidades, ¿quién financia el Estado, y para qué?

Puntos clave

  • CAME calificó de «regresivas» las reformas tributarias exigidas por el FMI, que incluyen ampliar Ganancias, extender el IVA y elevar el Monotributo.
  • La entidad señaló que las medidas del FMI recaen sobre asalariados y consumidores sin tocar los impuestos distorsivos estructurales que frenan la producción.
  • El IIBB genera saldos a favor que el fisco demora entre 12 y 36 meses en devolver, con pérdidas de entre el 60% y el 80% por efecto de la inflación.
  • El Foro Economía y Trabajo advirtió que el 70% de la recaudación proviene de impuestos indirectos que golpean más a los sectores populares.
  • CAME propuso un Nuevo Consenso Fiscal que incluya la eliminación del IIBB en etapas intermedias y la devolución de saldos en 90 días con interés resarcitorio automático.

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Dos años y medio de promesas: los salarios reales caen 18,7% y el Gobierno sigue hablando de “recuperación”

El vocero presidencial Adrián Ravier afirmó este martes que «a partir de junio» comenzará una mejora en los salarios, pero los propios números del organismo estadístico oficial muestran que en mayo los sueldos registrados volvieron a perder contra la inflación. El CEPA advierte que, con una metodología actualizada, la pérdida de poder adquisitivo desde noviembre de 2023 supera el 18%.

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El Gobierno maquilla el índice salarial con datos informales mientras los trabajadores formales siguen perdiendo poder adquisitivo.

El vocero presidencial Adrián Ravier salió este martes a instalar la idea de que el peor tramo de la crisis salarial ya quedó atrás. «Hay expectativa de que a partir de junio se produzca una mejora en la situación salarial por la baja de la inflación», dijo en conferencia de prensa, aunque reconoció que el proceso «lleva tiempo» y «genera tensiones». Para apuntalar su argumento, recurrió a una comparación con noviembre de 2023, el mes previo a la asunción de Javier Milei, como punto de referencia.

El problema es que los datos del INDEC publicados horas antes de esa conferencia cuentan una historia diferente. En mayo de 2026, los salarios privados registrados subieron 2%, pero la inflación del mismo mes fue del 2,1%. La diferencia parece mínima en términos porcentuales, pero se acumula mes a mes sobre un salario real que ya viene muy erosionado. La situación se repite en las comparaciones interanuales y en el acumulado de los primeros cinco meses del año.

Lo que el promedio oculta

El vocero hizo referencia al índice general de salarios, que en mayo registró una suba del 2,2%, apenas por encima del IPC. Pero esa cifra consolida sectores con dinámicas muy distintas. Según el propio INDEC, en el período enero-mayo de 2026, el acumulado del sector privado registrado fue del 12,3%, el más bajo de todos los segmentos, frente a una inflación acumulada del 14,7% en el mismo lapso. El sector público anotó 13,7%, también por debajo de los precios.

El único sector que superó la inflación fue el privado no registrado, con una suba acumulada del 23,9%. Se trata, paradójicamente, de los trabajadores informales: los que no tienen aportes jubilatorios, ni obra social, ni protección ante el despido. El propio organismo estadístico aclara además que ese componente se construye con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) con un rezago de cinco meses, lo que reduce su precisión y lo hace menos comparable con los datos de los otros sectores. El Gobierno utiliza ese número para mejorar el promedio general.

La metodología que Caputo bloqueó

El análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) agrega una variable que el discurso oficial evita: la metodología. Su director, Hernán Letcher, señaló que «si ajustamos el índice de salarios registrados por inflación utilizando la canasta de consumo de la ENGHo 2017/2018 que el INDEC no aplicó por intervención del Ministerio de Economía, la pérdida del poder adquisitivo entre noviembre 2023 y mayo 2026 alcanza el 18,7%«.

La referencia no es menor. El INDEC tenía lista una actualización del índice de precios basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/2018, que hubiera reflejado de manera más precisa la estructura de consumo actual. El organismo mantiene vigente una canasta de 2004. En febrero de 2026, el director del INDEC, Marco Lavagna, renunció precisamente por la negativa del Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, a permitir esa actualización. La decisión tiene consecuencias directas: una inflación medida con una canasta más actualizada hubiera arrojado números más altos, y la pérdida salarial real hubiera quedado expuesta con mayor nitidez.

Exportaciones, PAMI y la promesa del 2027

Ravier aprovechó la conferencia para sumar otros argumentos al relato de recuperación. Destacó «el récord de las exportaciones» como señal de fortaleza del frente externo y descartó la discusión sobre atraso cambiario: «El alentador desempeño del sector exportador contradice la postura del tipo de cambio atrasado», sostuvo, y atribuyó esa competitividad a «la disminución de impuestos y regulaciones, el llamado costo argentino».

También reconoció «tensiones» en el PAMI y admitió que a veces hay partidas «que se demoran», atribuyendo la situación a las «restricciones presupuestarias». La admisión resulta relevante en un contexto en que el organismo previsional atiende a más de cinco millones de jubilados, muchos de los cuales perciben haberes por debajo de la línea de pobreza. Para cerrar, el vocero proyectó que en 2027 se completarán «tres años consecutivos de crecimiento económico», una afirmación orientada a posicionar al Gobierno en el inicio del ciclo electoral.

La historia que los datos ya cuentan

La apuesta de Ravier a la recuperación salarial futura convive con un presente que las cifras oficiales no logran maquillar del todo. Los trabajadores formales del sector privado acumulan en 2026 una pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación. La pérdida se monta sobre la erosión de 2024 y 2025, cuando los servicios públicos acumularon subas superiores al 525% desde diciembre de 2023, el transporte rozó el 912% y el gas superó el 748%, según datos del IIEP (UBA-CONICET). El salario disponible real se comprime en un doble movimiento: los sueldos no alcanzan a los precios y los gastos fijos crecen a un ritmo muy superior al del índice general.

La pregunta que Ravier no respondió es cuánto tiempo más «llevará» esa recuperación que el Gobierno promete desde hace dos años y medio.

Puntos clave

  • En mayo de 2026, los salarios privados registrados subieron 2%, por debajo de la inflación del 2,1%.
  • En el acumulado enero-mayo, el sector privado formal subió 12,3% frente a una inflación del 14,7%.
  • El CEPA estima una pérdida de poder adquisitivo del 18,7% desde noviembre de 2023, aplicando metodología de canasta actualizada.
  • La renuncia de Lavagna al INDEC en febrero de 2026 expuso la negativa de Caputo a actualizar la canasta de 2004.
  • El Gobierno mejoró el índice general incluyendo los salarios informales, que no son comparables en precisión con los datos del sector formal.

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