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Repatrían uno de los aviones Skyvan de los vuelos de la muerte

En el N190WW volaron sedadas fueron arrojadas con vida por los genocidas las monjas francesas y las Madres de Plaza de Mayo de la Iglesia de la Santa Cruz.

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Uno de los aviones Skyvan que pertenecía a la Prefectura durante la dictadura cívico militar genocida comandada por ladrones de bebés fue recuperado por organismos de Derechos Humanos. Se espera que el 24 de marzo esté en el centro clandestino de detención y tortura donde funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada.

El Skyvan fue usado por los genocidas el 14 de diciembre de 1977 para perpetrar la masacre de Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco y las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, víctimas del cobarde de Alfredo Astiz.

Durante la Guerra de Malvinas, el cobarde Alfredo Astiz se rindió en las Islas Georgias sin disparar un tiro

Según reseña Página 12, en la noche del 14 de diciembre de 1977, un avión Skyvan despegó desde el Aeroparque con doce militantes que habían sido secuestrados días antes, trasladados a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), torturados y sedados para ser arrojados vivos al mar.

Cecilia De Vincenti, hija de Azucena motorizó junto con Mabel Careaga el pedido para que el Skyvan vuelva a aterrizar en territorio argentino y quede como una pieza del Museo de la Memoria. Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, las acompañó en el reclamo.

La Santa Cruz

Para diciembre de 1977, las Madres de Plaza de Mayo estaban dedicadas a reunir firmas y dinero para publicar una solicitada en el diario La Nación. El 8 de diciembre, un grupo de tareas se llevó a Esther Ballestrino de Careaga y a María Eugenia Ponce de Bianco junto con otros militantes que participaban de las actividades de la Iglesia de la Santa Cruz en el barrio de San Cristóbal. De allí también secuestraron a Alice Domon, una de las monjas francesas. Hubo también un operativo en el atelier del pintor Remo Berardo y otro en el bar Comet.

La solicitada se publicó el 10 de diciembre de 1977. Ese mismo día, secuestraron a Azucena Villaflor de De Vincenti cuando salió a hacer las compras en Sarandí, donde vivía. A Leonie Duquet fueron a buscarla a Ramos Mejía.

El grupo de la Santa Cruz fue torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), como relataron los sobrevivientes. Los doce de la Santa Cruz fueron “trasladados” el 14 de diciembre de 1977 en un vuelo de la muerte. Gracias a los esfuerzos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se hallaron los restos de las tres Madres, Duquet y Ángela Auad. Los genocidas cobardes se van muriendo sin decir qué hicieron con los cuerpos.

El Skyvan todavía vuela

El Skyvan PA-51, de la Prefectura Naval Argentina, despegó del Aeroparque Jorge Newbery a las 21.30 del 14 de diciembre de 1977. Lo piloteaba Enrique José de Saint Georges. De copilotos estaban Mario Daniel Arru y Alejandro Domingo D’Agostino. El mecánico era David Fernández.

El avión todavía está activo. Hace dos semanas hizo un un vuelo. Actualmente tiene la matrícula N190WW y es propiedad de Win Win Aviation. Según la página web Flight Aware, está estacionado desde el 13 de enero.

Hace casi tres años que Cecilia, Mabel, Héctor Francisetti –marido de Mabel– y Taty empezaron a tener reuniones para pedir que el Skyvan vuelva al país. Se entrevistaron con el presidente Alberto Fernández; fueron al Ministerio de Defensa y al Ministerio de Justicia.

Taty sugirió verlo al ministro de Economía, Sergio Massa, para que dispusiera de los fondos para recomprar el avión. En simultáneo le llevaron la documentación al senador Oscar Parrilli y él a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien pidió que se avanzara con la repatriación.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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