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Sociedad

De entrenamientos hasta peluquería: cómo viven los caballos de Granaderos que escoltan a presidentes

Ejemplares de esta raza, entre otros, se mostrarán en la 20° edición de la exposición Nuestros Caballos que se realizará en La Rural del 28 de marzo al 2 de abril y tendrá entre sus principales atracciones campeonatos, remates, jornadas académicas y de equinoterapia.

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Los caballos entrenados para ser escolta presidencial y desfilar por la ciudad requieren cuidados intensivos que incluyen desde servicios de peluquería equina hasta vacaciones en el campo, dijeron integrantes del Regimiento de Granaderos a Caballo «General San Martín», mientras que criadores de estos animales destacaron su inteligencia y versatilidad.

Ejemplares de esta raza, entre otros, se mostrarán en la 20° edición de la exposición Nuestros Caballos que se realizará en La Rural del 28 de marzo al 2 de abril y tendrá entre sus principales atracciones campeonatos, remates, jornadas académicas y de equinoterapia.

En una recorrida por el histórico cuartel ubicado en la Avenida Luis María Campos al 554, en el barrio porteño de Palermo, los Granaderos contaron los secretos para cuidar a los 200 caballos que consideran sus «amigos más fieles».

Creada por el General San Martín en 1812, esta unidad histórica está conformada hoy por siete escuadrones, de los cuales cuatro son montados: Riobamba, Junín, San Lorenzo y Maypo, que llevan nombres de las batallas en las que intervinieron hace más de 200 años por la independencia de nuestro país y Latinoamérica.

Desde 1907, por disposición del entonces presidente Figueroa Alcorta, el Regimiento de Granaderos se desempeña como escolta presidencial y sus misiones principales son prestar seguridad y custodia al presidente tanto en Casa de Gobierno como en la Quinta de Olivos y transmitir el legado sanmartiniano.

Una de las actividades más importantes que realizan tiene lugar cada 1° de marzo cuando el regimiento entero escolta al presidente hacia el Congreso para la apertura de las sesiones legislativas.

Dos semanas antes del acto, los caballos vuelven de sus vacaciones en campos de Córdoba, Corrientes o del destacamento «Los Talas» de Campo de Mayo.

«En diciembre empieza la licencia para el personal militar y los caballos se toman vacaciones de diciembre a marzo», indicó el teniente Joaquín Molinari y agregó que cuando los animales regresan se les corta el pelo y las crines.

En una jornada al mediodía, decenas de caballos estaban en los patios de las caballerizas tomando agua de piletones y aguardaban el horario del almuerzo.

«Del campo vienen peludos y a veces lastimados porque se pelean. Así que la preparación comienza con el bañado y la rasqueta (un cepillo rústico)», explicó el soldado Carlos Romero, encargado de cuidar desde hace seis años a los 34 caballos del escuadrón Riobamba.

«Le pasamos la rasqueta para que quede más brilloso y para que no se le caiga todo el bodoque de pelo al tocarlo. Queda todo lisito el caballo; es como su maquillaje», agregó riendo Romero, de 24 años y oriundo de Corrientes.

Mientras Romero terminaba de bañar con baldes de agua a Nene, un caballo «temperamental, pero muy manso», contó que para él es «un lujo» poder trabajar con estos animales.

«Lo que a mí más me gusta es, primero, el perfume de ellos. Y después, que son unos amigos fieles, no te van a abandonar nunca», precisó mientras se escuchaban resoplidos de los animales.

Una vez terminado el baño, Romero soltó a Nene y éste salió corriendo hasta su box en el interior de la caballeriza, ya que estos equinos recuerdan solos el box que les pertenece.

El escuadrón Riobamba está compuesto exclusivamente por donaciones de caballos Criollos, raza que fue declarada por la ley 27.414 como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina.

«Para cualquier criador es un honor que su caballo sea parte del Regimiento de Granaderos», dijo a Télam Raúl Etchebehere, presidente de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos.

«El caballo criollo es sumamente rústico, de una gran funcionalidad y versatilidad. También es muy inteligente y está acostumbrado al humano que le transmite la capacidad de aprendizaje», señaló.

Los animales llegan al Regimiento alrededor de los 4 años y pasan por un período de adaptación para que el granadero pueda montarlos. Recién entre los 7 y los 10 años alcanzan la madurez y, cuando tienen más de 20, les dan vida de campo para que disfruten sus últimos años después de haber conocido a presidentes, ministros y embajadores de múltiples países.

Otra raza que se incorporó en los últimos años al Regimiento es el caballo Cuarto de Milla, que es de origen estadounidense y se distingue por «la fortaleza física y por ser muy dócil», indicó a Télam Diego Orazi, presidente de la Asociación de Criadores Argentinos de Caballos Cuarto de Milla.

Durante la visita al Regimiento, también recorrió los jardines sobre la Avenida Luis María Campos. Allí, Mercurio, un caballo de pelaje alazán de color marrón rojizo caminaba montado por un granadero que, con suaves silbidos y tirando de las riendas, le indicaba el camino hasta el monumento que homenajea a todos los equinos del Regimiento y reza «¡La Patria se hizo a caballo!».

Al pie de la escultura de un caballo, Mercurio, de carácter tranquilo, jugaba masticando el freno y posaba para las fotos que acompañan esta nota. Vestido con la montura de gala, llevaba alrededor de su cabeza galones enchapados en bronce que son lustrados antes de cada desfile.

Sin embargo, unos minutos después empezó a «manotear» golpeando una de sus patas delanteras contra el suelo, como si escarbara la tierra, en señal de protesta.

«Ya quiere almorzar», indicó el granadero. Es que los animales tienen tanta buena memoria que, cuando llega la hora, «se desesperan por ir a comer», agregó.

Los caballos comen diariamente cuatro kilos de pasto divididos en tres raciones y cuatro kilos de avena.

Respecto a cómo se entrenan para desfilar por la ciudad, el teniente Molinari indicó que cada semana realizan «prácticas de galas montadas» y todos los días los caballos caminan 40 minutos por la pista de arena o recorren el cuartel para evitar cólicos y otros problemas de salud.

Los granaderos aseguraron que para dirigir al caballo por la ciudad el truco está en el manejo del jinete. Consultados si alguna vez un animal se descontroló durante un desfile, Molinari contó que «nunca pasó algo grave más que una caída del caballo».

«En la apertura del Congreso por momentos se descontrolan porque está la multitud con tambores, papelitos, bocinazos o fuegos artificiales y eso asusta al caballo. Ahí ya depende puramente del jinete porque el caballo siente lo que uno le transmite», señaló.

Para Molinari, la experiencia del desfile es «única» y relató: «El reconocimiento de la gente cuando uno sale del cuartel es una sensación increíble porque uno se remonta a la época donde estaban los primeros granaderos. Hoy el reconocimiento es por lo que ellos obtuvieron, entonces nosotros tenemos que mantener el legado sanmartiniano tanto en la ceremonia como en el día a día».

Es justamente en el día a día donde unos 750 efectivos trabajan en el cuartel para que cada vez que se los necesite todo esté listo para servir a la Patria.

Sociedad

Hipódromo de Palermo: 150 años entre el festejo oficial y el turf que lucha por sobrevivir

El centenario predio porteño llegó a su sesquicentenario con festejos multitudinarios, nueva identidad de marca y el respaldo del Gobierno libertario, mientras la industria del turf, según reconoce la propia institución, atraviesa una lucha permanente por su supervivencia.

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Hipódromo de Palermo: 150 años entre la historia popular y el negocio privado

★ El Hipódromo de Palermo cumplió 150 años entre fanfarrias institucionales y una pregunta que pocos se animaron a formular en el marco de los festejos: para quién es este espacio hoy, y quiénes quedaron al margen de la celebración.

La primera carrera en lo que se conocería como la «catedral del turf» se disputó en 1876, en un predio que entonces parecía alejado del centro porteño. Aquellas primeras tribunas de madera y techos de zinc tuvieron, desde el inicio, una característica que sus impulsores destacaron: la de ser un espacio donde distintos sectores sociales compartían la misma pasión, en una Buenos Aires que aún dibujaba sus contornos urbanos.

Con el cambio de siglo, el Hipódromo fue transformado bajo el diseño del arquitecto Louis Faure Dujarric, quien proyectó las tribunas monumentales, los salones majestuosos y la emblemática confitería La París, convirtiendo al predio en una referencia del patrimonio arquitectónico porteño, en sintonía con la ciudad que aspiraba a emular a la capital francesa.

La privatización como salvavidas: el relato que el festejo no interroga

Los festejos del sesquicentenario reproducen sin matices el relato según el cual fue la privatización de 1992 y la posterior incorporación de máquinas de juego en 2002 lo que permitió restaurar los edificios históricos y «revitalizar la actividad hípica en todo el país». El Hipódromo presenta ese proceso como un «círculo virtuoso» que garantizó el sustento de miles de familias vinculadas al turf.

Lo que ese relato omite es el contexto histórico y político en que se produjo dicha privatización: la oleada de desinversión y entrega de activos públicos de la década del noventa, que desmanteló sectores enteros del Estado y que hoy, desde distintos sectores políticos, sindicales y académicos, es evaluada como uno de los procesos de mayor concentración económica en manos privadas de la historia argentina reciente. Que el festejo elija silenciar ese trasfondo no es un dato menor.

El aval libertario y una contradicción elocuente

En el marco de los festejos, el Gobierno nacional declaró de interés turístico el Gran Premio República Argentina 2026, otorgando respaldo oficial a una institución que combina el turf con los slots y el entretenimiento masivo. La contradicción no es menor: la misma administración que recortó presupuestos en cultura, universidades y políticas sociales encontró en el aniversario del Hipódromo una oportunidad de asociarse a un evento de alto impacto mediático y social.

Los festejos arrancaron el 1 de mayo, fecha que para el movimiento obrero tiene un significado histórico irrenunciable. Ese día se disputó el Gran Premio de la República, que según la organización reunió a más de 100.000 personas en el predio de Palermo.

El turf y sus trabajadores: la industria que lucha por sobrevivir

Más allá de los fuegos artificiales del aniversario, la industria del turf atraviesa tensiones estructurales que el discurso institucional prefiere no subrayar. El propio relato del Hipódromo reconoce que el sector «lucha por sobrevivir», una definición que contrasta de manera elocuente con la narrativa triunfalista del sesquicentenario.

Detrás de cada carrera existe una cadena de trabajo que incluye cuidadores, jockeys, preparadores, veterinarios, personal de mantenimiento y apuestas, sectores históricamente precarizados y vulnerables a las variaciones económicas que, en el contexto del ajuste libertario y una inflación interanual que según el INDEC superó el 30% en la Canasta Básica Total a comienzos de 2026, se han profundizado de manera sostenida.

Nueva marca, vieja pregunta

El aniversario llegó con rebranding incluido: el predio pasó a llamarse formalmente Hipódromo Palermo y estrenó una nueva identidad visual, enmarcada en un «plan ambicioso de apertura» orientado a posicionarlo como «el Hipódromo de Todos». La frase es aspiracional; la realidad, bastante más compleja.

Un espacio que combina slots, gastronomía de alta gama, festivales de música y apuestas hípicas no es exactamente accesible para todos los sectores de una sociedad golpeada por el tarifazo, el congelamiento salarial y una canasta básica que sigue presionando hacia arriba. El «Hipódromo de Todos» es, por ahora, más un eslogan de marca que una política de inclusión verificable.

El sesquicentenario merece ser festejado: 150 años de historia urbana, patrimonio arquitectónico y cultura popular son un activo genuino. Pero un aniversario que omite las tensiones del presente, invisibiliza a sus trabajadores y acepta sin incomodidad el abrazo del Gobierno que más ajustó en décadas, no está contando toda la historia.

Puntos clave:

  • El Hipódromo de Palermo cumplió 150 años con festejos que arrancaron el 1 de mayo con el Gran Premio de la República y la asistencia de más de 100.000 personas.
  • El predio fue privatizado en 1992 y en 2002 incorporó máquinas de juego, proceso que la institución presenta como un «círculo virtuoso», sin contextualizar el escenario político en que ocurrió.
  • El Gobierno de Milei declaró de interés turístico el Gran Premio República Argentina 2026, en un contexto de recortes presupuestarios en cultura y universidades.
  • El propio relato institucional reconoce que la industria del turf «lucha por sobrevivir», en contradicción con el tono triunfalista de los festejos.
  • El Hipódromo estrenó nueva identidad de marca bajo el nombre «Hipódromo Palermo», con un plan de apertura que por ahora es más aspiracional que concreto.
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