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Lobby y polémicas: el Gobierno prepara un proyecto a favor de la publicidad del juego y las apuestas online

Justo cuando Diputados había logrado media sanción de una ley contra la ludopatía, el rumor de una normativa oficialista para legalizar la promoción de apuestas digitales encendió las alarmas en diversos bloques parlamentarios.

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El Argentino Diario-Congreso de la Nación.

La oposición unida contra un posible «retroceso» en la lucha contra la ludopatía

Las versiones sobre un supuesto proyecto de ley que prepararía el Poder Ejecutivo para regular -y favorecer- la publicidad del juego online generaron un fuerte rechazo entre legisladores de diferentes espacios políticos. La información, revelada inicialmente por la periodista Déborah de Urieta en Radio con Vos, describe una iniciativa que, bajo el pretexto de prevenir la ludopatía, carecería de controles efectivos sobre la promoción de las apuestas en línea.

Maximiliano Ferraro, diputado de la Coalición Cívica, fue uno de los primeros en expresar su indignación. «El gobierno dice que quiere prevenir la ludopatía, pero impulsa un proyecto que es una verdadera vergüenza. Un intento burdo de encubrir lo que realmente defienden: los negocios del juego online», publicó en su cuenta de la red social X.

El legislador referenciado en Elisa Carrió fue más allá y denunció que el texto parecería estar «redactado por los Chiqui Tapia y las empresas de apuestas», ya que «protege la publicidad que engancha a menores y normaliza la adicción como parte del consumo cotidiano».

«No hay libertad donde hay adicción»

Ferraro adoptó un tono contundente al señalar que «promover el juego de azar entre menores no es solo irresponsable: es moralmente inaceptable», y agregó que «no hay libertad donde hay adicción, ni progreso en una práctica que destruye voluntades, esclaviza el alma y desvaloriza el esfuerzo y el trabajo digno».

El legislador concluyó con un compromiso: «Vamos a enfrentarlo porque es un veneno silencioso. No vamos a dejar que la complicidad y el lobby sean más fuertes que el derecho de nuestros pibes a crecer libres».

La preocupación cruzó las filas partidarias. Micaela Morán, diputada de Unión por la Patria, calificó la supuesta iniciativa como «un retroceso enorme en la lucha contra la ludopatía juvenil» y recordó que «la media sanción que logramos en Diputados dejó claro en su debate que la adicción de los menores y adolescentes al juego online es un flagelo que causa desastres en su salud mental y en las familias».

Acusaciones de «negociados» y «lavado de dinero»

Mónica Frade, también de la Coalición Cívica, no dudó en vincular la situación con intereses económicos turbios. «El gobierno y sus socios priorizan los negociados y el lavado de dinero que fluye detrás», aseguró, comparando esta batalla con la que «en otros tiempos, con buenos resultados, se dio con el tabaco».

Su compañera de bancada, Marcela Campagnoli, cuestionó si «el gobierno no sabe el daño que hacen las apuestas online» y lanzó una crítica directa al señalar que hay «un ex Codere en la SENAF (Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia)», en referencia al empresario Juan Bautista Ordoñez, vinculado a una importante empresa de apuestas.

Desde Unión por la Patria, Eduardo Toniolli se sumó a las críticas con dureza: «¡Sorpresa! El gobierno de timberos no solo opera contra el proyecto aprobado en @DiputadosAR que prohibe la publicidad de apuestas online, ahora impulsa uno para promoverla». El diputado santafesino llamó a ir «de frente contra el régimen de ocupación antes de que termine con la salud mental de los argentinos».

Entre la media sanción y la amenaza de retroceso

El punto más controvertido de esta situación radica en que la Cámara de Diputados ya otorgó media sanción a un proyecto para combatir la ludopatía, con especial énfasis en la protección de menores de edad. Ahora, según las versiones que circulan, el Ejecutivo podría estar preparando una iniciativa opuesta, que facilitaría la promoción de las apuestas digitales.

La postura oficial del Gobierno aún no ha sido revelada, mientras crece la expectativa por conocer si efectivamente existe tal proyecto y cuáles serían sus alcances concretos.

Puntos clave:

  • Diputados de distintos espacios políticos denuncian un posible proyecto del Gobierno para favorecer la publicidad del juego online.
  • La Cámara de Diputados ya dio media sanción a una iniciativa para combatir la ludopatía, especialmente entre jóvenes.
  • Legisladores acusan intereses económicos y posibles conexiones entre funcionarios y empresas de apuestas.
  • El debate sobre las apuestas online se intensifica en un contexto de creciente preocupación por la salud mental de adolescentes.
  • La oposición promete resistencia parlamentaria ante cualquier intento de facilitar la promoción del juego en línea.

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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