Economía 💲
Récord de morosidad: las familias argentinas ya no pueden pagar tarjeta ni créditos
El Banco Central confirmó que casi el 8% de los créditos familiares están en situación irregular, impulsados principalmente por préstamos personales y tarjetas de crédito. El deterioro se profundizó durante el último año del gobierno de Milei.
— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.
★ La capacidad de pago de los hogares argentinos llegó a un punto crítico. El Banco Central (BCRA) reveló que la morosidad familiar alcanzó el 7,8% en octubre, marcando el duodécimo mes consecutivo de suba y estableciendo un nuevo récord desde que el organismo comenzó a medir este indicador en 2010.
Los datos oficiales, publicados en el Informe sobre Bancos del BCRA, exponen el deterioro acelerado de la situación crediticia: en apenas doce meses, el ratio de irregularidad en los créditos a familias trepó 5,5 puntos porcentuales, reflejando las dificultades que atraviesan los sectores populares y las clases medias para sostener sus obligaciones financieras.
Préstamos personales y tarjetas, los segmentos más castigados
El informe de la autoridad monetaria discriminó el problema por tipo de crédito. Los préstamos personales mostraron la situación más grave: casi uno de cada diez (9,9%) no se cumplió en tiempo y forma. Este segmento experimentó el mayor salto interanual, con un incremento de 6,5 puntos porcentuales.
Las tarjetas de crédito, herramienta de supervivencia para miles de familias en contextos de caída del poder adquisitivo, registraron una morosidad del 7,7%, con un aumento de 6 puntos en el último año. Los créditos prendarios, por su parte, llegaron al 4,8% de irregularidad (+1,1 p.p.).
Solo los préstamos hipotecarios mantuvieron una estabilidad relativa, con un ratio cercano al 1%, posiblemente por el perfil socioeconómico de quienes pueden acceder a este tipo de financiamiento y por los montos más significativos en juego.
Las empresas también sufren el ajuste
La morosidad no es un problema exclusivo de los hogares. Las empresas también vieron deteriorarse su situación crediticia en el último año: el ratio de irregularidad en el sector corporativo pasó del 0,7% al 1,9%, con la suba más pronunciada concentrada en los préstamos prendarios.
Al consolidar familias y compañías, el ratio de irregularidad del sistema financiero trepó al 4,5% en noviembre, lo que representa un alza anual de 3 puntos porcentuales y la cifra más alta registrada desde noviembre de 2021.
Un panorama que refleja el impacto del ajuste
Los datos de morosidad familiar corresponden a octubre, mientras que los del sistema consolidado reflejan la situación de noviembre. Esto significa que fueron registrados antes de que se verificara el leve alivio en las tasas de interés implementado tras las elecciones legislativas de octubre.
El deterioro sostenido de estos indicadores se inscribe en un contexto marcado por la recesión, la pérdida del poder adquisitivo y las políticas de ajuste implementadas por el gobierno de Javier Milei desde diciembre de 2023. La caída del consumo, el desempleo creciente y la reducción de ingresos reales impactaron directamente en la capacidad de los hogares para afrontar sus compromisos financieros.
Puntos clave:
• La morosidad familiar alcanzó el 7,8% en octubre, el nivel más alto desde que se comenzó a medir en 2010
• Los préstamos personales muestran la mayor irregularidad: 9,9% no se cumple en tiempo y forma
• Las tarjetas de crédito registraron un 7,7% de morosidad, con un aumento de 6 puntos en el año
• La morosidad empresarial saltó del 0,7% al 1,9% en doce meses
• El ratio consolidado del sistema financiero llegó al 4,5%, el más alto desde noviembre de 2021
Consumo
Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa
Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.
En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.
Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.
La lista de precios, producto por producto
En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:
Filete de merluza: $13.900 el kilo
Filete de lisa: $13.900 el kilo
Pollo de mar: $11.800 el kilo
Pejerrey: $10.900 el kilo
Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo
Paella de mariscos: $40.000 el kilo
Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900
El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.
“No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio
Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.
“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.
En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:
“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.
Tradición religiosa vs. crisis económica
El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.
Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados
Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.
Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo
Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.
Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.
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