Judiciales ⚖️
Las muertes a causa de la represión de 2001 y los procesos vigentes
En la causa fueron condenados funcionarios y policías por la represión en la ciudad de Buenos Aires que terminó con la caída del Gobierno de Fernando de la Rúa. La Cámara Federal de Casación Penal inició las audiencias a principios de diciembre de este año.
La Cámara Federal de Casación Penal inició este mes las audiencias para revisar las condenas impuestas a funcionarios y policías por las muertes en la represión el 20 de diciembre de 2001 en la ciudad de Buenos Aires, durante los hechos que concluyeron con la caída del Gobierno de Fernando de la Rúa.
En junio del año pasado la Sala I de la Cámara confirmó las penas a funcionarios y policías pero ordenó revisar el monto de las condenas y para ello se convocó a la primera audiencia con las partes en el juicio para el 14 de noviembre pero luego decidió postergarla para los primeros días de diciembre.
En mayo de 2017, el Tribunal Oral Federal 6 condenó a Enrique Mathov, entonces secretario de Seguridad Interior del Gobierno de Fernando de la Rúa, a una pena de 4 años y 9 meses de prisión, e inhabilitación especial para ejercer cargos públicos durante 9 años y medio, por el homicidio y las lesiones culposas de Gastón Riva, Carlos Almirón y Diego Lamagna.

Por los mismos hechos fueron condenados Rubén Santos –jefe de la Policía Federal- a 4 años de prisión e inhabilitación especial para ejercer cargos públicos durante 8 años; a Raúl Andreozzi –a cargo de Seguridad Metropolitana- a 3 años de prisión en suspenso e inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por 6 años y Norberto Gaudiero –responsable de la Dirección General de Operaciones de la Federal- a 3 años y medio de prisión e inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por 7 años.
La baja calidad de la instrucción fue mencionada por el fallo de primera instancia y numerosos organismos civiles y de derechos humanos recalcaron la “lentitud” de la instrucción que investigó los episodios criminales de la policía del 20 de diciembre.
Uno de estos organismos, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) incluso acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para recurrir el sobreseimiento, en 2014, del ex presidente ya fallecido, Fernando de la Rúa por estos episodios.
El reclamo para confirmar las penas por las muertes del 2001
La querella por familiares de víctimas de la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 había reclamado a principios de noviembre a la Cámara Federal de Casación que confirme las condenas al ex secretario de Seguridad del Gobierno de Fernando De la Rúa, Enrique Mathov y al ex jefe de la Policía Federal, Rubén Santos.
Por su parte, las defensas de ambos pidieron anular las penas, al exponer en una audiencia virtual a través de la plataforma Zoom que mantuvieron ante la Sala I del máximo tribunal penal federal del país.
«Estos hechos están calificados como una grave violación a los derechos humanos y debe haber una adecuada proporción entre la pena fijada y la gravedad de los hechos», sostuvo el abogado del CELS, Rodrigo Borda, querellante por los familiares de tres fallecidos ese día y 25 heridos.
Mathov está condenado a 4 años y 3 meses de prisión efectiva y Santos a 3 años y 6 meses por el homicidio culposo de tres fallecidos en las protestas que precedieron a la renuncia del fallecido De la Rúa, Gastón Riva, Carlos Almirón y Diego Lamagna.

En mayo de 2017, el Tribunal Oral Federal 6 condenó a Mathov a 4 años y 9 meses de prisión y a 4 años a Santos, pero estas penas se recalcularon por orden de Casación. Ahora los jueces Daniel Petrone, Diego Barroetaveña y la jueza Angela Ledesma, quedaron en condiciones de resolver si confirman los nuevos montos fijados.
Tanto Mathov como Santos asistieron a la audiencia virtual, al igual que familiares de víctimas y heridos durante la represión policial que derivó en la renuncia de De la Rúa. En esa instancia, el abogado Borda, por la querella de familiares que representa el CELS, se opuso a cualquier reducción de penas.
«Sin lugar a dudas pretender bajar aún más la pena es un despropósito, perdón el énfasis, no puedo evitar decirlo de manera menos enfática», dijo el abogado. Además remarcó que «hace falta» que la Justicia «se pronuncie en forma definitiva» a casi 20 años de los hechos.
«Debe cumplirse con el objetivo de una sentencia definitiva en tiempo y en forma, la defensa ya tuvo éxito en la impugnación de las penas, es un circuito de impugnaciones para que nunca quede firme la pena», evaluó.
El letrado sostuvo que la Justicia «no debe prestarse a este juego», y que las víctimas y los familiares necesitan que este proceso se defina», agregó el abogado al resaltar los «graves daños ocasionados a la salud» de quienes padecieron la represión.
Borda habló de los muertos y de los lesionados en la represión policial ese día y formuló un interrogante ante los magistrados: «¿Bajarle más la pena a los acusados? Me resulta difícil de explicar a las víctimas. Es como decirles que la salud de ellas no valen o valen menos».
«Esta sentencia tiene que ver con el valor que se le otorga a la vida perdida, las vidas de Diego Lamagna, Gastón Riva y Carlos Almirón y la integridad física de todos los heridos tiene valor», concluyó.
En algunos casos «el daño es irremediable y no me refiero sólo a los homicidios , me refiero también a las lesiones. No se puede seguir menospreciando ese valor con penas aún más a la baja», afirmó.
La defensa de Mathov
A su turno, las defensas pidieron que se declare la nulidad de las penas resueltas por el Tribunal Oral, o en todo caso, se reduzcan para que sean de cumplimiento condicional y evitar que los exfuncionarios queden presos.
En el caso del ex secretario de Seguridad, su abogado Jorge Valerga Aráoz planteó además que el delito está prescripto y le pidió a Casación posponer cualquier decisión hasta que pueda manifestarse sobre este punto, a estudio todavía en el Tribunal Oral Federal (TOF) Número 6.
La defensa de Mathov argumentó que la «acción penal está extinguida» y solicitó «diferir el dictado del fallo hasta que este incidente de prescripción esté en condiciones de ser resuelto por este Tribunal».
El abogado pidió «invalidar» la sentencia que recalculó las penas de cumplimiento efectivo. «Mathov actuó sin el conocimiento propio del dolo, fue un delito imprudente», agregó al remarcar que el ex funcionario «mantuvo su vida paralizada hace 20 años por esta acusación».
«Hace 20 años que está penando por este proceso» dijo el abogado y pidió que «se tenga en cuenta la pena natural que ha sufrido Mathov, estuvo preso seis meses , hace 20 años que pesan sobre él restricciones patrimoniales, no puede salir del país,tiene que pedir permiso».
El letrado sostuvo que su cliente «no fue libre en estos 20 años» y que «perdió su carrera política». «Está sometido al constante escarnio público, es hostigado por medios de comunicación masiva cada vez que se evoca el 20 de diciembre, padece juicio civil, problemas de salud», acotó.
«El peso simbólico de la condena tiene peso específico por sí mismo y ante este panorama» se busca » enviarlo a la cárcel como pretende la acusación y como resolvió el TOF 6″, concluyó.
La defensa de Santos
La defensa de Santos, a cargo del abogado Adolfo Vázquez, remarcó que la condena no está firme y sostuvo que el ex jefe de la PFA «actuó convencido de estar actuando a derecho».
«No tuvo en cuenta el Tribunal Oral que los hechos se dieron en un contexto único, sin precedentes del 20 de diciembre de 2001», acotó al coincidir en que Santos también es víctima de una «pena natural porque está sometido a proceso hace 20 años»
«Ya se ha castigado bastante a Rubén Jorge Santos por cumplir su deber el 20 de diciembre de 2001», agregó al pedir a Casación que anule la pena e imponga al acusado el mínimo legal previsto para evitar que quede preso.
Lawfare
Banderazo en Parque Lezama: miles reclamaron la libertad de Cristina
El banderazo convocado para reclamar la liberación de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que cumple prisión domiciliaria en su vivienda de la calle San José 1111 desde hace un año, desbordó las expectativas de los organizadores y se replicó de manera simultánea en más de 135 municipios de todo el país.
El 20 de junio tuvo este año una doble carga simbólica. Mientras el presidente Javier Milei encabezaba el acto oficial del Día de la Bandera en Rosario, miles de personas se congregaron en el Parque Lezama de la Ciudad de Buenos Aires bajo una consigna diferente: «Cristina libre».

El banderazo convocado para reclamar la liberación de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que cumple prisión domiciliaria en su vivienda de la calle San José 1111 desde hace un año, desbordó las expectativas de los organizadores y se replicó de manera simultánea en más de 135 municipios de todo el país.
El único orador del acto central fue su hijo, el diputado nacional Máximo Kirchner, quien tomó la palabra ante la militancia y agradeció el apoyo sostenido a la expresidenta. «Ustedes no saben la alegría que le da cuando la van a ver», dijo, y subrayó que Cristina «nos marcó el camino». En el momento más personal de su discurso, admitió que su madre «no era la típica madre que te preparaba la torta de cumpleaños o te esperaba en la puerta de la escuela», pero aseguró que fue quien «le abrió la cabeza». Luego vino la frase política de mayor impacto: «Es la mujer que muchos queremos votar y tener de nuevo en la Casa Rosada».
Un acto condicionado por la amenaza judicial
El traslado a Parque Lezama no fue casual. La movilización debió cambiar de escenario luego de que el juez de ejecución penal Rodrigo Giménez Uriburu intimara formalmente a la exmandataria a principios de esta semana. El magistrado advirtió que dejaría sin efecto el beneficio de la prisión domiciliaria si continuaban las concentraciones de militantes frente a San José 1111, con el argumento de que esas manifestaciones «alteran el orden público».

El espacio político de la actual titular del PJ calificó la medida como un «apriete judicial», motivado por las vigilias y muestras de afecto que los simpatizantes organizaron al cumplirse el primer aniversario de su detención. Ante el riesgo concreto de que la Justicia revocara la modalidad del arresto, la militancia optó por trasladar el reclamo a un espacio público abierto para no poner en riesgo la situación de la dirigente. El resultado fue una plaza colmada y una imagen que el oficialismo difícilmente pueda ignorar.
Las voces de la gente
Desde bien antes de las 14, hora prevista para el inicio del acto, llegaron al Parque Lezama jubilados, familias, jóvenes y militantes con banderas y carteles. Los testimonios recogidos en el lugar reflejaron una mezcla de gratitud personal y rechazo político a la condena.
Andrea, que viajó desde Hurlingham con su familia, vinculó la figura de Cristina con su propia historia laboral: «Los jubilados la estamos pasando mal. Siento admiración, amor, es nuestra jefa. Gracias a ella me pude jubilar». Fabiola, llegada desde Malvinas Argentina, sintetizó el estado de ánimo de buena parte de los presentes: «Siento dolor por tenerla presa; no tenemos quién nos ampare con este Gobierno que tenemos hoy». Milagros, de 25 años, agregó que la expresidenta «fue la única mujer en lograr ser presidenta, y eso no es para nada menos».
Máximo Kirchner y el programa político
Más allá del homenaje a su madre, Máximo Kirchner trazó en su discurso algunas coordenadas programáticas. Sostuvo que la justicia fiscal no implica que alguien deje de ganar, sino que muchos argentinos dejen de perder, y resumió la ecuación en una fórmula que el peronismo repite desde sus orígenes: «Los que más tienen, más ponen». Planteó la necesidad de un Estado presente como «vehículo» para que las mayorías puedan ascender, y aclaró que esa presencia no debe limitarse a los sectores más vulnerables sino alcanzar también a la clase media y a las pymes.
«La Argentina necesita recuperar el orden y, dentro de ese orden, las prioridades», afirmó, y dejó en claro que para el espacio que representa, esa prioridad tiene nombre y apellido. «No aflojen, que no les gane la tristeza», cerró el diputado, en un discurso que combinó la reivindicación personal con la apuesta política de cara al futuro.
El banderazo del 20 de junio en Parque Lezama fue también, en el fondo, una declaración de vigencia: la de una fuerza política que sigue moviéndose en torno a su figura más convocante, a un año de su detención.
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