Economía 💲
Corralito, megacanje, default, devaluación y pesificación: escenas de la crisis de 2001
El final gobierno de De la Rúa, aquel 20 de diciembre, marcó el fin de una era económica, signada por la Ley de Convertibilidad, basada en la paridad 1 a 1 del peso con el dólar para evitar la inflación, pero sus efectos ocasionaron la devastación de todo el engranaje productivo y financiero del país.
Por Mara Laudonia
El «corralito» marcó el inicio del fin del gobierno de Fernando De la Rúa, y si bien se diseñó para intentar salvar el modelo de la Convertibilidad, basado en la paridad 1 a 1 del peso con el dólar, frenar la caída de las reservas, y evitar un default, sus efectos ocasionaron todo lo contrario.
El final gobierno de De la Rúa, aquel 20 de diciembre, marcó el fin de una era económica, signada por la Ley de Convertibilidad y las políticas del Consenso de Washington y el comienzo de una etapa caracterizada por una flotación «administrada» del tipo de cambio combinadas con medidas más heterodoxas.
Pero en la transición al nuevo modelo se desarrolló por medio de una secuencia de medidas económicas que significaron un ola de quiebras y un duro golpe al bolsillo de los ciudadanos, ahorristas, consumidores, inversores y lasa arcas del Estado.
El denominado «corralito» marcó el inicio del fin del gobierno de Fernando de la Rúa, y si bien se diseñó para intentar salvar el modelo de la Convertibilidad (basado en la paridad 1 a 1 del peso con el dólar) frenar la caída de las reservas, y evitar un default, sus efectos ocasionaron todo lo contrario.





El sábado 1 de diciembre, luego del cierre de una semana llena de versiones, corridas bancarias y un clima generalizado de desconfianza en la City porteña, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunciaba el congelamiento de los depósitos en dólares existentes en los bancos, que sumaban 16.000 millones de dólares en cajas de ahorro y alrededor de 42.000 millones en plazos fijos.
Con el «corralito» se buscó ponerle un tapón a la fuga de depósitos que había comenzado en octubre de 2000, en medio de la crisis política que generó en la administración de La Alianza con la renuncia del entonces vicepresidente, Carlos ‘Chacho’ Alvarez.
La fuga de divisas pasó por una efímera recuperación gracias al anuncio del «blindaje», y luego volvió a incrementarse a partir de marzo de 2001, con la renuncia del ministro de Economía, José Luis Machinea.
Con el propósito de aferrarse a su promesa de mantener la convertibilidad y evitar una devaluación, De la Rúa acudió a Cavallo, «el padre de la criatura» y mentor de esa norma que, en 1991, durante la presidencia de Carlos Menem había establecido que, por cada dólar que ingresara a las reservas, se emitiría un peso.
En sus primeros meses de gestión, Cavallo logró un aparente respiro, cuando en junio del 2001 la salida de depósitos se aminoró en función de la reprogramación de la deuda pública conocida como «megacanje», pero sus beneficios tuvieron un corto alcance.
La última corrida comenzó en julio de ese año, y fue tomando velocidad. En agosto, el secretario del Tesoro de EEUU John Taylor, visitó la Argentina «preocupado» por la volatilidad de los depósitos bancarios.






Una vez más, la Argentina acudió al FMI para solicitar una ampliación del acuerdo de «stand by» pero tampoco así se frenó la fuga, como tampoco lo hizo un nuevo canje de deuda en dólares «compulsivo», por préstamos garantizados bajo ley nacional, a fines de noviembre, para las AFJP y bancos, entre otros. El ultimo manotazo de ahogado resulto entonces el «corralito», que estableció el 2 de diciembre de 2001, un límite de 250 pesos semanales para el retiro de fondos bancarios.
Hacia fines de ese año, los gobiernos provinciales, escasos de dinero, comenzaron a instaurar las denominadas cuasimonedas para pagar sueldos y contratos a proveedores. Eran una especie de bonos, que se usaron como moneda corriente para intercambio de bienes.
Entre 2001 y 2003 se habían emitido cuasimonedas por el equivalente a 2.500 millones de dólares, que fue finalmente el costo del rescate que pagó el Gobierno nacional para terminar con esos instrumentos, de los cuales el más difundido fue el Patacón, emitido por la provincia de Buenos Aires.
Cuando el puntano Adolfo Rodríguez Saá fue designado presidente (cargo en el que permaneció durante ocho días), el 23 de diciembre por la Asamblea Legislativa, se declaró la cesación de pagos de la deuda externa y, de esta forma, el país ingresó al default.
La medida afectó inicialmente a U$S 61.803 millones en bonos y títulos públicos bajo legislación extranjera, y a otros U$S 8.030 millones de otras obligaciones. En cambio, se mantuvieron los pagos con organismos multilaterales -U$S 32.400 millones- y los recientemente emitidos préstamos garantizados U$S 42.260 millones emitidos a bancos en el país y AFJP locales.
El 3 de enero de 2002, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde, quien resultó el quinto presidente en menos de 15 días, se anunció que «la devaluación estaba descontada», y el encargado de implementarla fue el entonces ministro de Economía, Remes Lenicov.
Duhalde confirmó la devaluación apenas un día después de haber pronunciado su memorable frase en su discurso de asunción ante la Asamblea Legislativa: «El que depositó dólares recibirá dólares».
En tanto, las reservas del Banco Central eran de 9 mil millones de dólares, regían 14 tipos de cuasimonedas (el 65 por ciento del dinero circulante) y los bancos se encontraban «destruidos», según reconocía el propio Remes Lenicov.
Protestas ahorristas que perdieron ahorros de toda su vida. (Foto: Alejandro Belvedere)
El 6 de enero de 2002 se derogó la Ley de la Convertibilidad, que había estado en vigencia desde 27 de marzo de 1991.
En febrero de 2002, el Gobierno de Duhalde decidió convertir compulsivamente a pesos los depósitos bancarios en moneda extranjera, a una tasa de $1,4 por dólar.
Adicionalmente, se instauró el denominado «corralón», por el cual los depósitos a plazo constituidos hasta fines de 2001, incluyendo los pesificados y los originalmente pactados en pesos, fueron transformados en depósitos de plazo extendido, con vencimientos parciales que llegaban hasta 2005, lo que desató una ola de protestas ante las Justicia.
Asomó así una nueva economía, que tardó tiempo en ordenarse, y que le costó una deuda adicional al Estado argentino de casi 30.000 millones de dólares, en entre 2002 y 2005. Paradójicamente en este tiempo, el FMI pasó de ser prestamista de última instancia a cobrador de primera instancia.
En abril el 2002 tomaba la posta en Economía, Roberto Lavagna, quien negoció con el organismo un nuevo acuerdo bajo la presidencia de Néstor Kirchner y concretó tres años después la primera reestructuración de la deuda en default.
El nuevo modelo económico basado en la flotación administrada, comenzó a dar frutos a partir de 2003, cuando se logró, por un lado, algo inédito en la historia argentina reciente: el pago total de la deuda con el FMI, concretado a fines del 2005 por iniciativa de Kirchner.
CABA
Incendio en el Barrio 31: sin cuartel y dos niños muertos, la Ciudad debe responder
Valentín y Dante, de 5 y 2 años, murieron el jueves en el barrio Mugica, mientras los vecinos denuncian que los bomberos demoraron en ingresar y que el cuartel de la villa fue retirado. El peronismo porteño pidió informes al Gobierno de Jorge Macri, que desplegó 1.500 policías en el operativo Tormenta Negra.
Dos chicos de 2 y 5 años murieron en un incendio en la Villa 31 y los vecinos denunciaron que los bomberos demoraron en ingresar al barrio por los pilotes colocados en las calles. Una Ciudad capaz de desplegar 1.500 policías en una sola noche no habría podido, según la denuncia barrial, llegar a tiempo con un camión de bomberos.
Los niños, Valentín, de 5 años, y Dante, de 2, fallecieron el jueves 5 de noviembre en una vivienda del sector Martín Güemes del barrio Padre Carlos Mugica, en Retiro, según publicó un medio local. La noticia fue difundida por el Movimiento de Villas y Barrios Populares de la Ciudad de Buenos Aires, que habló de una tristeza absoluta y de repudio, y apuntó las responsabilidades contra el Gobierno porteño que encabeza Jorge Macri.
Pilotes, un cuartel retirado y un origen sin confirmar
El incendio se habría originado por un desperfecto eléctrico, aunque la causa no está confirmada y se desconoce con quiénes estaban los menores al momento del siniestro. Las llamas avanzaron con rapidez sobre la vivienda. Los vecinos denunciaron que los bomberos demoraron su ingreso porque los pilotes en las calles impidieron el paso del camión, y cuestionaron el retiro del cuartel que funcionaba dentro de la villa.
El Movimiento de Villas y Barrios Populares expresó «bronca y hartazgo» por el desfinanciamiento de las políticas de urbanización y por lo que calificó como violaciones sistemáticas de derechos humanos. Acusó al Gobierno de la Ciudad de ignorar año tras año el riesgo eléctrico y de priorizar el operativo Tormenta Negra.
La Garganta Poderosa: «Exigimos justicia y condiciones de vida dignas»
La organización La Garganta Poderosa publicó un mensaje en Instagram que superó los 9.000 me gusta en pocas horas. Sostuvo que los niños murieron en un incendio «por la desidia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires» y afirmó que ni los bomberos ni la ambulancia llegaron a tiempo, una versión que no fue confirmada oficialmente.
El posteo contrapuso esa situación con los operativos policiales en los barrios: el mismo Gobierno que no garantiza la asistencia en una urgencia aparece con la policía, a través de operativos como Tormenta Negra, para perseguir a familias y laburantes. La organización cerró con una pregunta que resume el reclamo: «¿Cuántas vidas nuestras vamos a dejar en el camino hasta que cumplan con sus obligaciones?».
Tormenta Negra, la prioridad de la Ciudad
El operativo Tormenta Negra desplegó más de 1.500 efectivos de la Policía de la Ciudad en 15 villas y asentamientos, entre ellos el barrio Mugica, según informó el propio Gobierno porteño. Jorge Macri siguió el operativo desde el Centro de Monitoreo Urbano del Instituto Superior de Seguridad Pública, en Villa Lugano.
Tras uno de esos despliegues, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, dijo en una misa en la Villa 31: «Tormenta negra se llama cuando el Estado se retira». La frase, pronunciada antes de esta tragedia, describe con crudeza el debate que reabrió el incendio: qué presencia tiene el Estado en los barrios populares y con qué herramientas llega cuando hay una emergencia.
El peronismo pidió informes en la Legislatura
La legisladora porteña Berenice Iáñez, de Fuerza Buenos Aires (bloque que conduce Claudia Neira), presentó un pedido de informes al Gobierno de Jorge Macri. En el texto, la legisladora calificó la muerte de los niños como «un hecho de extrema gravedad» que exige una respuesta estatal integral.
El pedido reclama que la Ciudad informe qué organismos intervinieron, qué recursos humanos y materiales desplegó, cuáles fueron los tiempos de respuesta y qué asistencia recibió la familia de Valentín y Dante. También solicita el estado de avance de la reurbanización del barrio Mugica y del sector Martín Güemes, las evaluaciones técnicas de la vivienda, el acompañamiento psicológico y social a los familiares y los motivos del cese de actividades del cuartel de bomberos voluntarios.
Iáñez recordó además que presentó en 2025 un proyecto para crear un Protocolo de Actuación frente a Incendios en Villas y Asentamientos, que ingresó a la Legislatura pero nunca fue tratado. Una herramienta pensada para prevenir tragedias como esta quedó sin debate legislativo mientras el riesgo eléctrico seguía sin resolverse en el barrio, según denuncian las organizaciones. Hasta el momento, en el material consultado por este medio no figuraba una respuesta oficial del Gobierno porteño a la denuncia por la demora de los bomberos.
Lo que tenés que saber:
- Dos niños de 2 y 5 años murieron el jueves 5 de noviembre en un incendio en el sector Martín Güemes del barrio Mugica, en Retiro.
- El incendio se habría originado por un desperfecto eléctrico; la causa no está confirmada.
- Los vecinos denunciaron que los bomberos demoraron por los pilotes en las calles y cuestionaron el retiro del cuartel de la villa.
- La legisladora Berenice Iáñez presentó un pedido de informes al Gobierno de la Ciudad.
- El protocolo de actuación ante incendios en villas, presentado por Iáñez en 2025, no fue tratado en la Legislatura.
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