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El amor no paga las cuentas: el trabajo invisible de las madres argentinas
En Argentina, el trabajo invisible de las mujeres sostiene hogares, infancias y economías enteras, pero sigue sin reconocimiento ni salario. Un reciente fallo judicial volvió a poner en debate el valor económico de las tareas de cuidado y la salud mental de las madres, sobrecargadas por la desigualdad estructural.
En la Argentina, cada tercer domingo de octubre se celebra el Día de la Madre, una fecha atravesada por emociones, publicidades y ramos de flores, pero también por una contradicción profunda: mientras se celebra el “amor incondicional”, se invisibiliza el trabajo cotidiano que ese amor sostiene. Cuidar, criar, acompañar y sostener —sin sueldo ni descanso— sigue siendo una carga que recae de manera casi exclusiva sobre las mujeres.
Según el último informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía (2023), las tareas de cuidado no remuneradas representan el 16% del PBI argentino, una cifra que supera a sectores como la industria o el comercio. Sin embargo, ese aporte no figura en los balances ni se traduce en derechos económicos concretos.
Un fallo histórico: el cuidado también produce valor
El debate sobre el valor económico del trabajo doméstico volvió a cobrar fuerza tras un fallo emblemático de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) en el caso “G., L. c/ O., M. s/ indemnización por ruptura de unión convivencial” (2021), donde el máximo tribunal reconoció que las tareas de cuidado realizadas por una mujer durante casi 27 años de convivencia tenían valor patrimonial indemnizable.
En su voto, el juez Ricardo Lorenzetti sostuvo que “el trabajo doméstico y de cuidado realizado en el hogar genera valor económico, y su falta de reconocimiento constituye una forma de desigualdad estructural entre varones y mujeres”.
El fallo ordenó que el excónyuge indemnice a la mujer por el tiempo dedicado a las tareas del hogar y a la crianza de los hijos, sentando un precedente clave para los tribunales de familia y laborales de todo el país.
Para la abogada feminista Mariana Iglesias, este fallo “marcó un antes y un después, porque reconoció que el amor no puede ser excusa para naturalizar la desigualdad. El cuidado es trabajo, produce riqueza y debe ser reconocido como tal”.
Cuidar hasta el cansancio: la salud mental de las madres
Las estadísticas también muestran el costo invisible del cuidado. Según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA, 2024), el 62% de las madres argentinas manifiesta síntomas de agotamiento o estrés crónico. Entre las jefas de hogar, esa proporción asciende al 73%.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en su último informe regional (2024) que las mujeres que asumen tareas de cuidado intensivo —madres, abuelas, cuidadoras de personas mayores o con discapacidad— presentan tasas más altas de ansiedad, depresión y trastornos del sueño.
“Nos enseñaron que ser madre es sinónimo de entrega total, pero nadie nos dijo lo que implica cuidar sin red, sin descanso y sin reconocimiento”, expresó la psicóloga Paula Pueyrredón, especialista en salud mental perinatal. “El mandato de la maternidad perfecta genera culpa y autoexigencia. La salud mental de las madres sigue siendo un tema pendiente en las políticas públicas”, agregó.
El cuidado como cuestión de Estado
En Argentina, la Ley 27.611 de los Mil Días (sancionada en 2020) y el proyecto de Sistema Integral de Cuidados “Cuidar en Igualdad”, elaborado en 2022, buscan avanzar hacia el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidado como un derecho y una responsabilidad colectiva.
El proyecto —aún sin tratamiento en el Congreso— propone licencias parentales igualitarias, la creación de centros de cuidado infantil y el reconocimiento jubilatorio por tareas de cuidado, una medida ya implementada parcialmente por el ANSES desde 2021, que permitió a más de 200.000 mujeres acceder a la jubilación reconociendo los años dedicados a la crianza.
Sin embargo, en el contexto actual, del régimen libertario, donde predominan los recortes presupuestarios y políticas de ajuste, las redes de cuidado comunitario se encuentran debilitadas. Espacios como comedores, jardines populares y cooperativas de cuidados —sostenidos mayoritariamente por mujeres— funcionan con recursos mínimos, a pesar de sostener la vida de miles de familias.
“La economía de los cuidados es la que sostiene todo lo demás. Si las mujeres dejaran de cuidar un solo día, el país se paraliza”, señaló Mercedes D’Alessandro, economista y exdirectora del área de Economía y Género del Ministerio de Economía.
Entre el amor y el colapso
En los hogares argentinos, la maternidad convive con la precariedad. La crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo empujan a miles de madres a compatibilizar jornadas laborales extensas con el cuidado de hijos, adultos mayores y tareas domésticas, muchas veces sin apoyo ni redes.
“La maternidad es el trabajo más exigente, emocionalmente intenso y menos reconocido que existe. Las madres no necesitan que las feliciten: necesitan políticas que las cuiden a ellas también”, resumió la socióloga Lucía Prieto.
La idealización de la madre sacrificada —la que nunca se queja, la que puede con todo— se traduce, en la práctica, en culpa y sobrecarga. Las madres no solo sostienen hogares; sostienen economías, escuelas, barrios, comedores y redes de solidaridad invisibles que el Estado debería garantizar, no sustituir.
Un día para celebrar… y para exigir derechos
El Día de la Madre podría ser, también, un día para mirar con perspectiva política lo que se esconde detrás de los regalos y las publicidades de perfume: la desigualdad estructural del trabajo de cuidado.
Reconocer el valor económico y emocional de esas tareas es una deuda histórica. No alcanza con flores ni con homenajes simbólicos. El amor materno no paga las cuentas, ni reemplaza al Estado, ni cura el agotamiento.
Detrás de cada madre agotada hay un sistema que naturaliza su sacrificio y una sociedad que aún no aprende a cuidar a quien cuida.
La maternidad en emergencia
- Las tareas de cuidado no remuneradas equivalen al 16% del PBI argentino, según el Ministerio de Economía.
- La Corte Suprema reconoció el valor económico del cuidado en un fallo de 2021.
- El 62% de las madres argentinas presenta síntomas de agotamiento o estrés.
- El Sistema Integral de Cuidados “Cuidar en Igualdad” sigue sin tratamiento legislativo.
- Las redes comunitarias de cuidado enfrentan ajustes y falta de financiamiento.
Femicidio
Fueron 169 las víctimas de femicidio en 8 meses: el mapa de la violencia de género que Milei niega
El Observatorio de Femicidios Adriana Zambrano registró 144 femicidios y femicidios vinculados, 8 transfemicidios y 17 crímenes vinculados de varones entre enero y agosto de 2026. Otros 203 hijos e hijas quedaron sin madre, el 57% son menores de edad. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema constató un incremento del 8% en las denuncias durante la última feria judicial de invierno.
El horror tiene número y el número sigue creciendo. Entre el 1° de enero y el 31 de agosto de 2026, 169 personas fueron asesinadas en la Argentina como consecuencia directa de la violencia de género, según el informe publicado por el Observatorio de Femicidios en Argentina «Adriana Marisel Zambrano», dirigido por La Casa del Encuentro. La cifra desagregada revela la magnitud del problema: 144 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, 8 transfemicidios y 17 femicidios vinculados de varones adultos y niños, todos ellos asesinados en el marco de la violencia patriarcal.
Detrás de cada número hay una historia de violencia previa, de denuncias ignoradas, de medidas cautelares incumplidas y de un sistema que llega tarde o no llega. El 53% de los agresores eran parejas o exparejas de las víctimas, y el 67% de los crímenes ocurrió dentro de la propia vivienda de la víctima o en la vivienda compartida con el agresor. La violencia de género no viene de afuera: habita en el lugar donde debería reinar la seguridad.
203 hijos e hijas sin madre
El impacto generacional de estos crímenes es devastador. 203 hijas e hijos quedaron sin madre como consecuencia directa de los femicidios relevados en estos ocho meses, y el 57% de ellos son menores de edad. Niños y niñas que crecerán con la ausencia como marca permanente, con la herida de haber perdido a su madre a manos de un hombre, en muchos casos el mismo que debía proteger a la familia.
En términos geográficos, la distribución no es pareja pero el problema es de alcance nacional. La provincia de Buenos Aires concentra la mayor cantidad de casos, seguida por Santa Fe y Córdoba. No existe una región del país que pueda declararse ajena a esta crisis.
349 tentativas: la violencia que no mató pero pudo hacerlo
El informe incorpora también un dato que suele quedar fuera del debate público: 349 tentativas de femicidio en seguimiento. Son mujeres que sobrevivieron, pero que siguen en riesgo. Entre los casos relevados, un 16% de las mujeres agredidas contaba con denuncias previas al crimen, lo que pone en evidencia una falla estructural del sistema judicial y de las políticas de protección: las denuncias existieron, el peligro estaba documentado, y aun así la violencia llegó a consumarse.
Esta brecha entre la denuncia y la protección efectiva es uno de los nudos más críticos del problema. No alcanza con que las mujeres denuncien si el Estado no garantiza que esa denuncia se traduzca en una medida real de resguardo de su vida.
La feria judicial y el termómetro de la OVD
En paralelo, la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación aportó su propio registro sobre el período de la última feria judicial de invierno. La OVD asistió a 600 personas. De ese total, 357 denunciaron violencia doméstica, lo que representó un incremento del 8% respecto al mismo período del año anterior. Se realizaron 491 evaluaciones de riesgo, un 15% más que en el período previo.
Los datos de tipología de violencia son reveladores: predominó la violencia psicológica (97%), seguida por la simbólica (58%) y la física (38%). El equipo médico evaluó a 70 personas y constató lesiones en el 81% de los casos; de ese grupo, el 74% presentaba antecedentes por episodios anteriores. La violencia que termina en femicidio rara vez surge de la nada: tiene historia, tiene señales y, en demasiados casos, tiene expedientes judiciales previos.
El 49% de las víctimas asistidas tenía entre 18 y 59 años, y el 44% de los vínculos correspondió a parejas o exparejas, en línea con los datos del Observatorio Adriana Zambrano sobre el universo de femicidios consumados.
Una crisis que el ajuste profundiza
Las cifras de 2026 se producen en un contexto de desfinanciamiento sostenido de las políticas de género y de protección a las víctimas de violencia. Los recortes presupuestarios ejecutados por la gestión de Javier Milei afectaron de manera directa a los programas de asistencia, a los hogares de tránsito y a los dispositivos territoriales que funcionaban como primera línea de contención para mujeres en situación de riesgo. Un Estado que achica su presencia en los barrios, en los centros de salud y en la justicia de proximidad es un Estado que deja a las mujeres más vulnerables frente a sus agresores.
La violencia de género no es un fenómeno privado ni individual. Es una emergencia pública que requiere respuesta institucional sostenida, financiamiento real y voluntad política. Los números del Observatorio Adriana Zambrano y de la OVD lo confirman una vez más: mientras se debate en abstracto, las mujeres y las disidencias siguen muriendo.
Los números de la violencia de género
- 169 personas asesinadas por violencia de género entre enero y agosto de 2026, según el Observatorio Adriana Zambrano (La Casa del Encuentro).
- 203 hijos e hijas quedaron sin madre; el 57% son menores de edad.
- El 67% de los femicidios ocurrió en la vivienda de la víctima o en la compartida con el agresor.
- 349 tentativas de femicidio en seguimiento; un 16% de las víctimas tenía denuncias previas.
- La OVD registró un aumento del 8% en las denuncias por violencia doméstica durante la feria judicial de invierno.
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
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