DDHH
Referentes de DDHH advierten que Villarruel quiere «borrar la historia» con sus dichos sobre ESMA
«Villarruel quiere borrar la historia, pero no va a poder porque para eso estamos los organismos de Derechos Humanos y el pueblo argentino. La ex Esma es una imagen mundial de lo que fue el horror en la Argentina», afirmó Estela Carlotto.
Referentes de derechos humanos y políticos advirtieron hoy que la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza (LLA), Victoria Villarruel, quiere «borrar la historia» de memoria, verdad y justicia y reivindicaron el rol del Museo Sitio de Memoria ESMA, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que la dirigente libertaria propone convertir en un paseo para ser «disfrutado por todo el pueblo argentino».
«Villarruel quiere borrar la historia, pero no va a poder porque para eso estamos los organismos de Derechos Humanos y el pueblo argentino. La ex Esma es una imagen mundial de lo que fue el horror en la Argentina», afirmó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, en declaraciones a la radio FutuRöck.
Carlotto salió a responder las declaraciones de Villarruel a TN, donde afirmó que la exESMA «son 17 hectáreas que podrían ser disfrutadas también por todo el pueblo argentino» y sostuvo que «habría que tener una visión amplia de los derechos humanos, que nos incluya a todos y nos permita, con el paso del tiempo y con mucho respeto, cerrar las heridas que nos duelen como sociedad».
La compañera de fórmula de Javier Milei insistió en que las personas que «murieron por una pastilla de cianuro ordenada por Montoneros o poniendo una bomba que les explotó» no son víctimas y propuso a «revisar» las indemnizaciones que pudieron haber recibido sus familiares.
«Que Villarruel diga las payasadas que quiera. No hay que perder tiempo en esta persona», sostuvo Carlotto, quien definió a la diputada como «una mujer desquiciada». Añadió que «se cree una reina que puede borrar todo y el país es de todos los argentinos».
El secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti, invitó a recorrer el Museo Sitio ESMA que fue «declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco».
«Se trata de un espacio de 17 hectáreas que pueden ser recorridos por todxs lxs argentinxs y visitantes de otros países», recordó el funcionario y nieto restituido en su cuenta oficial de X.
Recordó que en el predio también se pueden visitar el Museo Malvinas y sus muestras, que «expresan la historia y memoria colectiva sobre nuestras islas».
En el debate presidencial Milei reiteró una postura cuestionable sobre la cuestión Malvinas, ya que reivindicó el rol histórico de la exprimera ministra inglesa Margaret Thatcher, y evitó ser contundente sobre su posición respecto a la autodeterminación de la población ocupante de las islas.
«Hay un concepto erróneo en lo que dice la candidata a vicepresidenta porque este predio ya está abierto a todos los argentinos y argentinas que al visitarlo pueden disfrutar de la entereza que tuvo nuestra sociedad para saber, juzgar, condenar y promover las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y visibilizar las violaciones sistemáticas de derechos humanos y los delitos de lesa humanidad», dijo Pietragalla.
Reafirmó que «el predio de la ex ESMA hoy, sin duda, educa a nuestras sociedades y a las nuevas generaciones en materia de memoria, verdad y justicia».
Pietragalla remarcó que la Argentina «lleva adelante una política muy clara» sobre derechos humanos y que no se trata de una cuestión «partidaria».
«No es un partido político el que reconoce que en Argentina hubo delitos de lesa humanidad sino que es el Estado en sus tres poderes. El Poder Legislativo, con leyes para profundizar la agenda en materia de derechos humanos; el Poder Judicial, a partir de sus fallos por delitos de lesa humanidad y también el Poder Ejecutivo a partir de fomentar políticas públicas con las heridas del pasado, pero también con las problemáticas del presente», argumentó el secretario.
Por su parte, los trabajadores de la Secretaría de Derechos Humanos rechazaron «enérgicamente» los dichos de Villarruel y advirtieron que se suman a un «patrón constante» de discursos contra «los principios fundamentales de los derechos humanos, la democracia y la convivencia pacífica».
«Solo a través del compromiso colectivo con la verdad y la justicia podremos construir un futuro donde los derechos humanos sean respetados y protegidos», sostuvieron y reafirmaron su «compromiso hacia la preservación de la Memoria, la búsqueda de la Verdad y la aplicación irrestricta de la Justicia, así como el respaldo inquebrantable a los valores democráticos», enfatizaron hoy en un comunicado.
Para el subsecretario de Derechos Humanos bonaerense, Matías Moreno, el Espacio de la exESMA «es un orgullo y parte central de las políticas de derechos humanos de la Argentina, que son reconocidas como un ejemplo en todo el mundo».
Las declaraciones de Villarruel también fueron repudiadas por la exdiputada peronista Fernanda Vallejos, quien sostuvo que «además de mentirosa y perversa», es «cínica», ya que «no quiere memoria».
«Es parte de su estrategia prodictadura en defensa de los genocidas. Fascistas y procesistas: nunca más», escribió en su cuenta de X respecto a los discursos negacionistas de la diputada libertaria.
La sobreviviente de los centros clandestinos «Banco» y «Olimpo» Elsa Lombardo se preguntó si la propuesta de Villarruel es «para hacerle un monumento» al dictador Jorge Rafael Videla.
«El lenguaje de ella, por más que lo quiera edulcorar, es de cerrar espacios. Van a venir a avasallar todo. Lo que me sacó de casa y de la comodidad de la militancia anónima y me llevó al subte no fue tanto Milei, fue ella», reconoció al hablar de sus recorridas por los vagones del subterráneo dando a conocer su historia para generar conciencia de cara al balotaje.
«Esos mensajes cuasi demoniacos, malignos, es algo espantoso esta mujer. Villarruel habla de respeto encubriendo otras ideas mucho más tremendas que es borrar la Memoria, la Verdad y la Justicia», advirtió Lombardo por Radio Nacional.
El referente del MST del Frente de Izquierda Alejandro Bodart le recordó a la diputada que la ex ESMA se usa «para recordar lo que vos negas: el terrorismo de Estado que llevaron adelante los genocidas que visitas en las cárceles».
«Si quisieran soltar se lo impediríamos los millones que saldríamos a las calles», dijo Bodart en X, y sostuvo: «No olvidemos, no perdonemos. Fueron 30.000!!».
Daniel Schiavi, coordinador del equipo de Investigación y Archivo del Espacio de Memoria y Derechos Humanos de la ex ESMA, valoró que el predio mantiene «una ligación directa con la construcción de una sociedad democrática» y «una función educativa fundamental».
«No solo aquí se hace memoria, sino que se promueven derechos y se educan derechos. Se trata de prevenir la violencia institucional», remarcó al guiar una recorrida por el predio en una entrevista a C5N.
Añadió que allí «se resuelven y gestionan los asuntos indígenas» y «el acceso a las tierras» y funciona el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que «se dedica a detectar el origen por ADN de huesos y restos humanos» que ayudó a encontrar a los desaparecidos.
«En lo que fue la escuela de guerra naval hoy es el Archivo Nacional de la Memoria. Recopila todos los registros de la represión de la última dictadura militar como el registro de los desaparecidos y acumula historias de vida», añadió.
Ante las declaraciones de Villarruel advirtió que «estos grupos vienen trabajando como muy minoritarios, pero seguíamos sus publicaciones. La novedad es la proyección pública inédita a cuarenta años de democracia. Es una alerta de cómo llegamos a esta situación».
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A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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